* Armando Ortiz sacudió al Club de Periodistas * Reventó el discurso patriotero de Villamil y Celeste Sáenz * Bajo presión, Jorge Faibre dejó MVS * Las intrigas del Gusano Bouzas * ICA en la vida de Nahle y de Pedro Miguel * Morena, en Coahuila, iba a perder, pero terminó masacrado * Marido herido reclama al juez Cristóbal Hernández
A Jenaro Villamil no se le va a olvidar el 7 de junio. No olvidará el rostro de Armando Ortiz, ni las palabras de Armando Ortiz, ni los gritos de “fuera, fuera”, ni el reclamo airado porque a los periodistas veracruzanos no los va a manipular.
Tampoco a Celeste Sáenz. Ni las voces que secundaron a Armando Ortiz, el periodista, escritor, de lenguaje punzante y sarcasmo brutal, el que los sacudió diciendo que no vengan con que sólo la CIA se amafia con el narco cuando ahí tenemos a los niños héroes de la 4T, a Rocha Moya, Villarreal, Durazo y Marina del Pilar.
Nunca el Club de Periodistas, en Xalapa, había salido del tedio y el hastío como cuando Jenaro Villamil –o Villa Vil, como se le rebautizó– tomó la palabra y quiso adoctrinar a los periodistas de Veracruz, colgado de Manuel Buendía, de la CIA, de Caro Quintero, hasta de Javier Juárez, el periodista del que ni siquiera sabía de su existencia aunque en Coatzacoalcos, donde editaba el semanario Primera Plana, todos conocemos –lo tratábamos a diario– quién era, cómo escribía y cómo murió.
Allá, entre los convocados, se escuchó un “fuera, fuera” que anunciaba el zafarrancho que minutos después robó cámara y espacios en las redes sociales, que estropeó el show del Club de Periodistas y su entrega de premios a lo mejor de los cuates y, en algunos casos, de los cómplices.
Villamil, el presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, llegó a vender un cuento imbécil: el caso Buendía, la hipótesis de la información que el columnista de Excélsior recibió –el tip de Javier Juárez Vázquez– sobre un rancho del narco Rafael Caro Quintero en Veracruz, que sirvió para que la CIA entrenara “contras” para enfrentar al gobierno sandinista de Nicaragua. O sea, el rol de la CIA implicada con narcos. Y según Villamil, la prensa mexicana “patriota” debe rechazar a la CIA y alinearse con la 4T.
La tomada de pelo sólo se la dio él. Armando Ortiz saltó, increpó, habló como suele hacerlo él, con prosa, con verso, con agallas y de frente.
Celeste Sáenz de Miera, la mercenaria que por años ha lucrado con el Club de Periodistas, hoy como secretaria general, alineada siempre con el gobierno en turno, sea del color y sabor que sea, quiso retar. Que pase al frente y que hable “la persona que tenga argumentos y que hable en contra de la Patria en el cual nos podamos sumar los mexicanos”. Así de locuaz.
Y el director de Libertad Bajo Palabra los desenmascaró.
Y de frente le soltó que no viniera Jenaro Villamil a vender el argumento de la prensa, la CIA y los narcos cuando la 4T tiene a los gobernadores Rubén Rocha Moya, Américo Villarreal, Marina del Pilar Ávila y Alfonso Durazo.
Los alegatos de Celeste Sáenz son basura. El Club de Periodistas es el basurero. La heredera de Antonio Sáenz de Miera, su padre, es una matraquera del obradorismo que coopta y somete a la prensa maleable, hambrienta y servil. Alineada con la 4T, hace suyo la falacia del injerencismo yanqui cuando hay juicios en la corte de Nueva York, cuyos testimonios de narcos vinculan a Rocha Moya y nueve coacusados, entre ellos el senador Enrique Inzunza, con el Cártel de Sinaloa. De ahí la solicitud de extradición.
La matriarca del Club de Periodistas quiso alegar, sumada al rollo de Villamil, que cuando se asume un punto de vista partidista y se olvida la parte histórica, “nos ponemos al servicio de los extranjeros”.
Y soltó una charada: fuera de partidos e intereses, “quien no quiere a su patria, no quiere a su madre. La patria es nuestra patria. Viva Mexico”.
Villamil, claro, le aplaudió. Son une para la otra, el manipulador y la patriotera en su badoo intento de alinear a la prensa crítica en el proyecto de asociar que el episodio de los agentes de la CIA en Chihuahua, sin enterar al gobierno federal, lo que es delito, sin duda, y un juicio por narcotráfico en Estados Unidos, que involucra a un gobernador obradorista, Rubén Rocha Moya, es un agravio a la patria.
Armando Ortiz reventó a Jenaro Villamil y le arrancó la máscara a Celeste Sáenz, súbdita hoy de la Cuarta Putrefacción, del gobierno que apadrina a los capos de Sinaloa, del gobierno que entrega territorios, que ata de manos al Ejército, que financia sus campañas con dinero del narco y el huachicol, que usa a los sicarios de los cárteles como secuestradores de candidatos rivales para imponer gobiernos.
Armando Ortiz estableció las coordenadas entre el periodismo que le sirve a la sociedad y el pseudoperiodismo que se prostituye ante el narcogobierno gestado y operado por Andrés Manuel López Obrador.
Fue su derecho a la libertad de expresión.
METADATO
Bajo presión, Jorge Faibre dejó MVS Veracruz. No fue una decisión fácil ni tersa. Fue producto de la intriga de un enano moral, acomplejado, mediocre y frustrado, llamado Rodolfo Bouzas Medina, el opaco coordinador de Comunicación Social del gobierno de Veracruz. Tan inútil como incapaz de procesar la crítica, el célebre Fito Bouzas llevó su queja ante los altos mandos de Multivisión, la empresa de los Vargas Guajardo, por el trabajo de Jorge Faibre Álvarez, por la exposición de la realidad veracruzana, por las voces que relatan la debacle que se vive a diario, por el retrato de la parodia de gobierno que encabeza Norma Rocío Nahle García, los conflictos dentro y fuera de palacio, la queja de miles de veracruzanos que apenas pueden asimilar los desatinos de la zacatecana y el paupérrimo nivel de su staff, entre ellos el gusanito de rincón, Rodolfo Bouzas. Y como el periodismo de Jorge Faibre y su equipo, lo mismo en MVS que en TV Azteca Veracruz donde es titular del noticiario Meridiano, rebasa las taras del buen Fito, lo único que se le pudo ocurrir fue darle rienda a la intriga y poner en el tablero la disyuntiva de los aprendices de tirano: es Faibre o es el gobierno de Veracruz. Y Faibre se fue. Ha de suponer don Gusanito Bouzas que así ya mejora el Veracruz de Nahle, cuya percepción ciudadana es tan precaria como el nivel de aprobación de la química –o cómica–, o sea lugar 31 de 32 gobernadores en el país. Dentro de cuatro años y medio, cuando Rocío Nahle ya sólo sea un mal recuerdo para los veracruzanos, Jorge Faibre seguirá haciendo periodismo y don Gusanito Bouzas volverá al charco del que no debió salir… ICA está metida en la vida de Morena, de AMLO, de Nahle y de Pedro Miguel. ICA es la constructora favorita del obradorismo. Construyó tramos del Tren Maya, de la fallida refinería Olmeca en Dos Bocas, y tendrá a su cargo el puente de Boca del Río. Esa misma ICA, hace años rentó una casa en Coatzacoalcos, en la esquina de Bellavista y 16 de Septiembre, propiedad de un miembro de la familia Melchi, que hoy ocupa el alcalde Pedro Miguel Rosaldo García. Curioso, porque las viviendas de los cercanos a la gobernadora Norma Rocío Nahle García siempre tienen ligas con constructores de los proyectos obradoristas. Hay otra en la colonia petrolera y lo que ahí se descubrió –¿les suena Energy?– es una bomba para la zacatecana que mal gobierna Veracruz… Morena, en Coahuila, iba a perder, pero no así; terminó masacrado. Hasta Rubrum, la encuestadora tan proclive a Morena, le daba el triunfo al PRI en los 16 distritos en el sondeo de mayo, pero ni remotamente con los porcentajes que al final arrojó la elección legislativa. No es el resurgimiento del tricolor, que en Coahuila es gobierno y controla el Congreso estatal. No es el regreso de un partido que fuera de Coahuila y Durango, vive una debacle derivada de los años de abuso y corrupción, del saqueo al erario, del dispendio y el cinismo. Sólo es Coahuila y la capacidad operativa del priismo, del ex gobernador Miguel Riquelme y el gobernador Manolo Jiménez. Más allá del marcador brutal, 16 a cero, están los números para Morena. Ahí, donde operó Andy López Beltrán, el hijo del Peje López Obrador, la paliza fue de antología. La derrota de los candidatos morenistas de 3 a 1 y hasta 4 a 1. El PRI se llevó el 55 por ciento de los votos emitidos. Se replegó al abstencionismo, saliendo a emitir el sufragio más del 50 por ciento de los electores. Y esa intención de voto contra Morena se precipitó luego de los escándalos de narcopolítica en Sinaloa, el caso Rocha Moya, la defensa impúdica y cínica de la presidenta Claudia Sheinbaum del narcogobernador. Ya vendrán otras denuncias, peticiones de aprehensión provisional con fines de extradición, revelaciones de colusión con cárteles o con traficantes de huachicol. Y los números de Morena, de Sheinbaum, de AMLO, volverán a bajar. Ojo: fue Coahuila. Fuera de ahí, el PRI no vale nada… Marido herido reclama al juez Cristóbal Hernández. La esposa, una secretaria del Juzgado Primero de lo Civil, dejó abierta la sesión de su computadora; el esposo hurgó y se llevó una sorpresa. Al día siguiente armó un escándalo en el juzgado. Algo pesado halló en los mensajes. Alguien en el juzgado Primero Civil de Coatzacoalcos le anda pedaleando la bicicleta. Y el reclamo fue directo contra Cristóbal Hernández, por ser el titular. Luego ocurrió un cristalazo en el juzgado; después, la suspensión de actividades durante varios días, entorpeciendo los procedimiento legales en curso, y al final Cristóbal Hernández ordenó instalar cámaras de videovigilancia, presuntamente ignorando al Tribunal de Disciplina Administrativa, que debió aprobar, o no, esa acción. Las cosas que se tejen en el juzgado de Cristóbal Hernández Cruz, donde lo prioritario debiera ser la justicia y no los deslices de amor… ¿Quién es ese funcionario municipal, de corazón grande, que tiene la casa grande en Bellavista y la casa chica en el malecón?…