Rocío Nahle: ahora a encarcelar alcaldes

* Es la nueva Bola 8  * Juicios de desafuero amañados * Caso Roxana Berenice, usado para someter a MC  * Pedro Miguel recluta pastores religiosos  * Guayabera y dinero para controlar a los fieles  * Alcalde de Tatahuicapan, un cero a la izquierda  * Jueces arrodillados ante la fiscal Aurelia

Tirana en ciernes, Rocío Nahle se moría de ganas por ser la nueva Bola 8 de Veracruz, por asediar opositores, por robar alcaldías, por acusar de un crimen al presidente municipal de Ixhuatlán del Sureste y de desaparición al de Úrsulo Galván. Y lo logró.

Al estilo de Eric Patrocinio Cisneros Burgos, un sátrapa al que encumbró en el gobierno de Cuitláhuac García, usa el poder para doblar, por la buena o por la mala, a Movimiento Ciudadano, partido que amaga con cachar los votos que ya no se le dan a Morena.

Al alcalde de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González Martínez, lo traen a tiro por viaje. Primero se la hicieron de jamón porque policías municipales resultaron implicados en el levantón y secuestro de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez; luego había que desaforarlo por no presentar a tiempo el Plan Municipal de Desarrollo, y ahora doña Rocío y su pandilla lo convierten en el autor intelectual del asesinato de la reportera.

Al alcalde de Úrsulo Galván, Bertín Bravo Montero, le arman un guión tipo Netflix. Un empresario llegó a su casa en compañía de sus escoltas y ya no se le volvió a ver. Entraron pero ya no salieron. Sabrá Dios debajo de qué alfombra los metió.

Ambos están en proceso de desafuero, en manos del Congreso de Veracruz, cuyas comisiones de Gobernación, Justicia y Puntos Constitucionales elaboraron los dictámenes ipso facto para retirarles la inmunidad y se vean enfrentados a la ley.

Rocío Nahle, la gobernadora de Veracruz, tiene una aliada sin par, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, la fiscala carnala, alumna y protegida de Eric Patrocinio Cisneros desde que alias Bola 8 era secretario de Gobierno y ella, doña Aurelia, violaba la ley presidiendo el Poder Judicial de Veracruz y encarcelaba jueces –Florencio Hernández Espinosa y Ángelica Sánchez Hernández– que no se prestaron a sus trapacerías.

Este gang es capaz de todo. Los gangsters así son. Se coluden para urdir sus crímenes. Y ahora el objetivo es desaforar a los alcaldes emecistas, enviando el mensaje de que votar por Movimiento Ciudadano es votar por la delincuencia organizada. Y eso no es justicia; es política de arrabal.

Como diría Jack, vamos por partes.

Algo no cuadra en la embestida contra Raúl González, alcalde de Ixhuatlán del Sureste. Se confeccionó la coartada de que tres policías municipales y su comandante eran abastecedores de comida de los secuestradores de la periodista Roxana Berenice Guzmán y que la hacían de operadores logísticos de los malosos. El objetivo era –y es– el alcalde, emanado de Movimiento Ciudadano. Raúl González respondió que los policías habían sido contratados a partir de que aprobaron el examen de control y confianza.

La segunda imputación fue la omisión en la entrega del Plan Municipal de Desarrollo. Raúl González tuvo cuatro meses para acatar ese mandato de ley y no lo hizo. Le configuraron el delito de incumplimiento del deber legal. No es el primer caso. Hasta quienes hoy son funcionarios del gobierno, como es Giovanni Auli Moo, ex presidente municipal de José Azueta, incurrió en esa omisión, en 2022, pero la desgober lo premió.

La tercera es de fábula: un “testigo protegido” de la Fiscalía escuchó cuando el alcalde Raúl González ordenó el secuestro de Roxana Berenice porque supuestamente la periodista contaba con una fotografía en la que el edil de Ixhuatlán aparece con un arma larga en las manos. A eso se le llama “testimonio de oídas” y jurídicamente no vale.

Rocío Nahle ya desvaría. Del crimen de Roxana Berenice han filtrado por lo menos dos versiones más explosivas que el choro de la fotografía del alcalde. El periodista Ignacio Carvajal apuntó que el móvil fue una disputa entre narcomenudistas; el levantón nada tenía que ver con la libertad de expresión.

El columnista de El Universal, Héctor de Mauleón, señaló que uno de los sicarios del Grupo Sombra aprehendidos reveló que Jesús Chavarría, alias Tommy o Shelby, ordenó ultimar a la directora del portal Pulso Informativo del Sureste luego de un terrible interrogatorio. Otro, José Simón Castro Cayetano, alias “Águila”, la acusó de trabajar para el Cártel Jalisco Nueva Generación. Y Rocío Nahle validó esa versión señalando que todo se expuso en la mesa de seguridad.

Y de pronto, el autor intelectual del crimen es el alcalde de Ixhuatlán del Sureste por una supuesta fotografía en la que aparece él portando un arma. Ya se verá si se sustenta su responsabilidad con la revisión de sus comunicaciones vía teléfono celular.

Lo de Bertín Bravo Montero, alcalde de Úrsulo Galván, es de principiantes. Como bien dice el periodista Bernardo Gutiérrez Parra, en su columna Desde el Café, si un empresario y su escolta llegaron a su casa y ya no salieron de ahí, lo menos que debió hacer la fiscal Aurelia Jiménez Aguirre, socia de fechorías de Eric Cisnertos, era tramitar la orden judicial para catear el lugar y hallar los restos, si es que los hay.

Y como apunta la periodista Quetzali Vázquez, si Rocío Nahle alertaba desde la campaña a las alcaldías, en 2025, que algunos candidatos de MC tenían ligas con el crimen organizado, ¿por qué no los denunció y evitó que se apoderaran de las presidencias municipales?

Si conoció la existencia de delitos y calló, incurrió en complicidad. O los delitos son producto de su perversa invención.

Y mientras el aparato de poder –político, policíaco y judicial– se lanzan contra MC, una ex alcaldesa de Morena, Lorena Sánchez Vargas, de Sayula de Alemán, señalada de encubrir a huachicoleros que trafican combustible y asesinan policías municipales de San Juan Evangelista, es protegida de Eric Cisneros y de la propia gobernadora Nahle.

El objetivo es político, no judicial. El destinatario es Movimiento Ciudadano, único partido que le quita electores a Morena, el que se posicionó como segunda fuerza política en los comicios municipales en 2025, el que apunta a llevarse la tercera parte del Congreso de Veracruz en 2027. Y Nahle está al borde de un ataque de nervios.

Nahle y su gang ya le robaron las alcaldías de Poza Rica y Papantla a Movimiento Ciudadano, coludida con los órganos y tribunales electorales, incurriendo en un fraude al estilo priista, un fraude rompiendo la cadena de custodia cuando se salieron con la suya al trasladar los paquetes electorales a Xalapa, y luego invalidaron los votos de MC al marcar el emblema de otro partido en la misma boleta. Nahle, la mapache, en acción.

Obsesiva como es, la gobernadora de Veracruz quiere matar a Movimiento Ciudadano. Sería un crimen político. Si se lo propone, pondrá a todo MC en prisión. Si Nahle se pone en modo Nahle, regresaría a Dante Delgado a la cárcel, y con él a Luis Carbonell, a Sergio Gil, a Agustín Torres Delgado y a José Manuel del Río Virgen, lo que equivaldría con éste a una revictimización, pues ya Cuitláhuac y Patrocinio lo tuvieron tras las rejas con delitos inventados, también acusado de ser autor intelectual del asesinato del candidato a la alcaldía de Cazones, Remigio “René” Tovar Tovar, confinándolo en la cárcel seis meses para luego tener que dejarlo en libertad. Fue un infundio, una denuncia sin pruebas, como sólo lo pueden hacer los rufianes con poder.

Veracruz vive una vergüenza histórica. Rocío Nahle es una vergüenza total. Aquella izquierda que denunciaba el abuso de poder del PRI y del PAN, que aguantó fraudes y despojos electorales, hoy con la bandera de Morena, reprime, embiste a sus adversarios, inventa delitos, fabrica culpables.

Rocío Nahle terminó siendo una réplica de Eric Cisneros, Bola 8, un rufián.

Es Nahle 8, la tirana en ciernes de Veracruz.

METADATO

Pedro Miguel Rosaldo recluta pastores religiosos. Al estilo Marcelo Montiel, el alcalde de Coatzacoalcos tiene en la mira a los ministros de culto, guías espirituales de miles devotos, la feligresía que oye y sigue al que interpreta la palabra, al que invoca al Creador. Los operadores del alcalde de Coatzacoalcos, que antes fueron los operadores del priista Marcelo Montiel Montiel, acuden a los templos, se acercan a los fieles, pero sobre todo a sus líderes. Una de ellas es Beatriz San Miguel. Es la encargada de reunirle gente al gobierno en turno. Antes lo hizo con Iván Hillman Chapoy, luego con Marcelo Montiel Montiel y ahora con Pedro Miguel Rosaldo. A los pastores –sacerdotes y ministros– les van a celebrar su día. Recibirán una guayabera el segundo domingo de octubre, Día del Pastor. También habrá apoyo económico. Eso es lo visible porque el flujo de recursos es constante, tras bambalinas. El enlace lo hace el área de Asuntos Religiosos del ayuntamiento de Coatzacoalcos. En el fondo, hay una infiltración de las iglesias y un control. A cambio, los pastores tiran línea y dirigen el voto en cada elección. Un tiempo sirvieron al PRI; hoy sirven a Morena. Incluso trabajan en el seno de los partidos políticos. Es el falso laicismo o la política simulación… Vladimir González es un cero a la izquierda. Si no le estalla un conflicto por la elección de agentes municipales, le sacan casi a patadas al líder estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, en su visita a Tatahuicapan, y si no, resulta reprobado en el Plan Municipal de Desarrollo. La imagen en que Ramírez Zepeta es echado del pueblo a empujones y mentadas, retrata a un alcalde tan inmaduro como impolítico, sin olfato y sin sensibilidad para advertir la reacción que habría de provocar entre los tatahuis ver al cazachichifos morenista avalando a Vladimir González luego que éste ganara la elección municipal bajo las siglas del Partido del Trabajo y días después de asumir el cargo perpetrara la traición a sus electores y regresara a Morena. Un signo de la división morenista en Tatahuicapan, en la sierra de Soteapan. Y cuando la sierra se prende, termina ardiendo. No amainaba esa tormenta cuando se reveló que 55 municipios de Veracruz aprobaron a medias o tuvieron calificación reprobatoria en el Plan Municipal de Desarrollo. El diputado Paul Martínez Marié, un pájaro de cuenta del gang de Juan Javier Gómez Cazarín, se dio el lujo de exhibirlos. Y entre ellos apareció de nuevo Tatahuicapan por la pobre integración del documento y el incumplimiento de requisitos. Vladimir González es, en lo político, un fracaso, y en lo administrativo, un fiasco… Jueces se arrodillan ante la fiscal Aurelia Jiménez Aguirre, no ante la presidenta del Poder Judicial. Tres de ellos se proyectan posando la fotografía y subiéndola a las redes sociales. Uno es Christopher Galeana Morales, titular del Juzgado Primero de Primera Instancia de Justicia Familiar del Distrito Judicial de Coatzacoalcos. Antes, durante una gira de la fiscal Aurelia Jiménez en Coatzacoalcos, los que se mostraban solícitos eran José Guadalupe Nucamendi Albores, titular del Juzgado primero de Primera Instancia de Proceso y Procedimiento Penal de Coatzacoalcos, y Cristóbal Hernández Cruz, entonces juez Primero Civil, hoy despachando en el juzgado de Veracruz puerto. Y así, jueces, secretarios de acuerdos, proyectistas y hasta notificadores. Nada tienen que hacer en eventos de la Fiscalía de Veracruz, pero ahí están. Ni los fiscales de distrito acudieron a rendirle pleitesía. Entre líneas, dejan claro que su lealtad está con la abusiva fiscal Aurelia Jiménez, no con la presidenta del Poder Judicial de Veracruz, Rosalba Hernández Hernández… 

 

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