* Fotografía incriminatoria no aparece en el expediente * “Disputa entre narcomenudistas”: Carvajal * Vínculos con el CJNG: De Mauleón * Nahle lucra con el crimen * Héctor no deja de engañar incautos * A Pulgoso Lagunes la ética no se le da * Acoso sexual y meretrices en sus días de regidor
A Roxana Berenice Guzmán Ramírez, según las filtraciones de las fiscalías, la mataron por lo que publicaba, por lo que no publicaba, porque investigaba a la gobernadora Nahle, por su marido zeta asesinado, por pleito entre narcomenudistas o por colaborar con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Así de insólito.
Y ocho semanas después, literalmente le cargan el muerto al alcalde de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González Martínez, por una supuesta fotografía –otra filtración de la Fiscalía– donde aparece con un arma larga.
Y de ahí se cuelga la gobernadora de Veracruz para armarle un juicio de desafuero en el Congreso de Veracruz, enviarlo a prisión y arrebatarle otra alcaldía a Movimiento Ciudadano.
Ocho semanas de un galimatías político-judicial, de un enredo dirigido, calculado. El objetivo no es hacerle justicia a la ex directora del portal Pulso Informativo del Sureste sino erosionar la presencia política del partido de Dante Delgado en el sur de Veracruz.
El móvil del crimen ha sido –y es– el quid de la cuestión, la esencia del conflicto, la motivación de los asesinos. Y ese móvil, la razón real del crimen, se mantiene oculto desde el poder.
Han sido las fiscalías federal y de Veracruz, las áreas de seguridad, Rocío Nahle, Claudia Sheinbaum, García Harfuch, los ministeriales, los encargados de ocultar la verdad oficial. Y son ellos los artífices de las filtraciones.
No revictimiza el gobierno pero filtra información para que revictimicen los periodistas, los medios, las redes.
Ignacio Carvajal, avezado reportero de información policíaca, fue el primero en plantear que el móvil del crimen, ocurrido el 2 de junio, nada tenía que ver con el oficio periodístico de Roxana Berenice.
“Disputa entre narcomenudistas”, dijo Carvajal.
Fueron por ella. La sometieron. La retuvieron en el patio de su casa. La tundieron a golpes. Encañonaron a su hija. Le querían sacar información.
Todo eso lo dijo la mamá de Roxana Berenice, doña Rubicelia, entrevistada por medios nacionales como TV Azteca y Milenio.
Luego, el 26 de junio, cuando se halló el cadáver, Ignacio Carvajal abundó: “se sabe que la línea de investigación más robusta y sólida que tienen las autoridades es la relacionada con la venta de droga (cristal) al menudeo”.
Por eso la torturaron en el interior de la casa, en Nanchital. Por eso la amedrentaron poniéndole a su hija el cañón del rifle en la cabeza.
Héctor de Mauleón, autor de la columna En Tercera Persona, en El Universal reveló que el Grupo Sombra ultimó a Roxana Berenice porque trabajaba para un cártel rival.
“La orden fue ir por la periodista, directora del Portal Pulso Informativo del Sureste, así como por uno de sus hermanos, a su domicilio ubicado en Nanchital, Veracruz. Águila (José Simón Castro Cayetano, segundo al mando de la célula delictiva) la acusaba de estar vinculada a sus enemigos del Cártel Jalisco Nueva Generación”, señaló De Mauleón.
El líder de la célula delincuencial, Jesús Chavarría Ramírez, alias “Tommy” o “Shelby”, fue quien ordenó matarla.
“Tommy y/o Shelby interrogó y torturó a la periodista. Cuando el brutal interrogatorio terminó, le ordenó a Flanders que la asesinara”, agregó.
Quien soltó la sopa de ese momento crucial y sádico fue Javier Iván López Brito, alias Delta 7, según el contenido de la investigación ministerial.
Nahle avaló esa versión. Cuestionada sobre la revelación de Héctor de Mauleón, dijo que eso se había expuesto en la Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz.
“No voy a revictimizar”, argüía entonces la zacatecana, al tiempo que daba sustento a la versión publicada por De Mauléon.
No revictimizaba la gobernadora pero sí confirmaba que el móvil no fue el trabajo periodístico sino su vida personal.
Al aparato de poder le convenía que la verdad se conociera a partir de filtraciones, que la prensa expusiera los hechos, que la prensa dijera que el levantón y muerte de Roxana Berenice obedecía a un pleito entre narcomenudistas o que la razón fuera por estar vinculada con el Cártel Jalisco Nueva Generación, sin que el móvil tuviera que ver con su trabajo periodístico.
Después le tocó metralla a Rocío Nahle. En redes sociales, desde cuentas apócrifas, acusaron que Roxana Berenice investigaba casos de corrupción de la gobernadora de Veracruz. Falso. Sólo había que visitar el portal Pulso Informativo del Sureste para percatarse que esa no era su línea. Ahí sólo hay información de accidentes, policías abusivos, garnachas y empanadas.
Hasta el 3 de julio, un mes después del crimen, cuando Héctor de Mauleón reveló detalles de la captura, tortura y muerte de Roxana Berenice Guzmán, tampoco había referencia a la supuesta fotografía del alcalde de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González Martínez, portando un arma larga, la coartada que mejor le va a Rocío Nahle para desaforar al presidente municipal de Movimiento Ciudadano. Otra falsedad.
Oficialmente, la Fiscalía de Veracruz no ha difundido que sea ese el móvil del asesinato. Su portal digital no lo dice; la fiscal Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, tampoco. En sus 20 últimos comunicados, no hay una sola palabra relacionada con el caso Roxana Berenice, ni menciona que la solicitud de juicio de procedencia en el Congreso de Veracruz para retirarle el fuero al alcalde de Ixhuatlán del Sureste tenga que ver con el crimen.
Lo único cierto es que a Raúl González Martínez lo emplazó el Congreso de Veracruz por el incumplimiento del deber legal por no presentar en tiempo y forma el Plan Municipal de Desarrollo. En el expediente no aparece la fotografía de la toda la prensa habla.
Asociaciones de abogados han alzado la voz. Nahle, con sus jueces del Bienestar, está llevando la justicia a sus límites. Los jueces fabrican culpables y venden expedientes.
Roxana Berenice Guzmán no disfruta de la paz de los sepulcros. Hay un lucro político por parte de la gobernadora Rocío Nahle, emanada de Morena. A Nahle no le interesa hacerle justicia. Usa el caso para embestir a MC, el partido que destrozó a Morena en la contienda municipal, en 2025, el que le hizo perder al obradorismo un millón de votos.
El laberinto en que se metió Nahle no tiene salida. Grupo Sombra o Mafia Veracruzana no es una organización criminal afín a Movimiento Ciudadano, como la gobernadora pretende hacer creer. Es un cártel cuyo crecimiento se dio con Cuitláhuac García, de Morena, y que terminó de empoderarse en los 20 meses de gobierno de Rocío Nahle en el norte, centro y sur de Veracruz. Son los matones del Bienestar.
Roxana Berenice no duerme el sueño de los justos. No la mataron por lo que sabía, ni por lo que publicaba, ni por el pasado criminal de su ex esposo, ni porque supuestamente investigaba corruptelas de la gobernadora Nahle, ni por el pleito entre narcomenudistas o por colaborar con el Cártel Jalisco Nueva Generación.
No, cuentan Nahle y sus corifeos que el crimen fue por la fotografía del alcalde de Ixhuatlán del Sureste portando un arma larga.
Pero en el expediente de desafuero, en el Congreso, esa fotografía no está.
METADATO
Héctor Yunes no deja de engañar incautos. Regresa al sur de Veracruz con el rollo de siempre, la perorata de sacrificio por el pueblo, la crisis de violencia, el abuso de autoridad. Viene a vender su nueva patraña, el Partido Alianza Generacional, su partido recién aprobado por el Órgano Público Local Electoral. A ese cartucho quemado ya nada se le puede creer. Dejó el PRI porque Alejandro Moreno Cárdenas, su líder nacional, le dijo categórico que ya no repetiría como candidato a diputado plurinominal. Se declaró enchilado, sabiendo que no hay piojo que pueda sobrevivir si no halla dónde extraer sangre. Le aprobó el Ople su nuevo juguete, el Partido Antipopulista, al que de inmediato le cambió el nombre por Partido Alianza Generacional, como a su grupo político se le conoce desde hace años. Ahora anda en plan de pepenador. Intenta reclutar incautos a los que ofrece una candidatura. Los usará para allegarse votos y así lograr repetir como diputado plurinominal. Héctor Yunes Landa requiere atención especializada. Hay buenos psiquiatras políticos. Le hará bien… A Pulgoso Lagunes la ética no se le da. Entre 2011 y 2013, fue un regidor deplorable, arbitrario, gandalla, un depredador del presupuesto cuando los ediles disfrutaban del privilegio, de los dineros, de los renglones torcidos del poder. A Pulgoso Lagunes, alias Federico Lagunes Peña, le da por pontificar. Siempre lo ha hecho. Ataca y enloda desde el pantano en el que suele habitar. En su portal Municipiosur arremete contra los regidores de Movimiento Ciudadano, imputándoles que son oposición al alcalde de Coatzacoalcos, el morenista Pedro Miguel Rosaldo García, por no disfrutar de recursos extras, por no poder lucrar. La falacia es de antología. Siendo regidor del PRI, impuesto por el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y amigo de Javier Duarte, Pulgoso Lagunes se convirtió en el peor ejemplo a seguir. Un día, sus secretarias citaron a conferencia de prensa y exhibieron los excesos y desvaríos del edil: sexo en la oficina con las meretrices que acudían en busca de su tarjeta de salud; secretarias obligadas a difundir sus textos “periodísticos” vía internet, en horario de trabajo; acoso sexual a las secretarias, quienes denunciaron que les ordeñaba el salario. La Unión General Obreros y Campesinos de México (Ugocem) lo señaló de violar y embarazar a una militante de esta organización, que era menor de edad. Pulgoso cobraba salario, bono trimestral, bono anual, caja chica y aún así agitaba contra el alcalde Marcos Theurel. Los videos de aquella denuncia y de una entrevista en el Congreso de Veracruz, luego de llevar el caso hasta la Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos por Servidores Públicos, lo retratan como es. La regidora Genara Yep, en 2017, lo denunció por violencia de género al llamarla “muñeca fea”. Marcelo Montiel lo denunció por llamarlo Dragón de Komodo, el “come hombres”. Y ahora fustiga a los emecistas, financiado por el alcalde Pedro Miguel. ¿Para eso son los convenios de publicidad? ¿Para atacar, vía los plumíferos a sueldo, a los enemigos políticos? Que lo transparente Pedro Miguel. Que diga a cuánto asciende cada convenio de publicidad y cuánto paga por golpear. Por lo que se ve, el alcalde Rosaldo y Pulgoso Lagunes comparten la misma calidad moral…