Luis Ángel vivía con la amenaza del narco y el asedio de la policía

* Tercer periodista asesinado en tiempos de Nahle  * El fantasma de Duarte en palacio  * Del secuestro de Roxana al robo a Edgar  * Empresa ligada al Porky  * Ser privilegiado de Pedro Miguel  * Isaac cree que el escándalo sexual ya se olvidó  * Los delirios de Márquez Acopa * Un ratón petrolero en Agua Dulce

Tres horas antes de ser asesinado, Luis Ángel López Valdez cubrió el hallazgo de un taxi en el que dos personas, la tarde del 10 junio –miércoles rojo en Poza Rica–, fueron secuestradas. Pasada la medianoche, la violencia lo alcanzó.

Le asestaron 18 disparos. Usaron armas de alto impacto, el sello de los cárteles y de la policía que opera en la zona oscura.

Acribillado a mansalva, amagado y perseguido, el reportero de Vanguardia de Veracruz, vivía con la amenaza de la delincuencia y el hostigamiento de la Secretaría de Seguridad Pública que se suponía lo debía cuidar.

Joven de sonrisa fácil, el ánimo que solía contagiar, Luis Ángel López combinaba su actividad reporteril con el auxilio a la gente desde la organización Cruz Ámbar, de la que era subdelegado en Poza Rica, el municipio más violento del norte de Veracruz.

Aquel miércoles 10 fue extremadamente particular. Se reportaron cuatro levantones en Poza Rica. Y Luis Ángel López fue a todos.

Tras el área acordonada, el cerco amarillo con el que la Policía delimita la escena del crimen, daba detalles, citaba relatos de testigos cuyos nombres sabía resguardar, hacía énfasis en los niveles de violencia seguían convulsionando a la sociedad.

Cubrió el hallazgo del taxi en el que viajaban dos de los secuestrados. Eso fue a las 10 de la noche del miércoles 10. Tres horas después, López Valdez era asesinado.

A la 1 AM, el jueves 11, conducía un taxi de su propiedad con el que se allegaba recursos. Todo indica que se percató que era seguido. Tomó la Avenida 20 de Noviembre y dobló a la derecha en la Calle 18, intentando escapar.

Instantes después, según video de una cámara de vigilancia, regresaba intentando correr, herido, sobre la avenida 20 de Noviembre y a media calle es alcanzado, rematado por las balas de un sicario. En total, su cuerpo recibió 18 disparos. El sello de los cárteles. O la huella de la policía.

Hacía tiempo que contaba con medidas cautelares, ese escudo de vida tan invisible que un comando puede llegar, activar sus armas, derramar la sangre del periodista y luego irse a tomar un café. 

Luis Ángel López fue resguardado por la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas. Le tramitaron medidas ante la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz y aún así lo mataron.

Lo peor fue que Luis Ángel López se quejaba de hostigamiento por parte de policías estatales. La SSP que lo debía proteger era su principal preocupación. Y eran su sombra, su fantasma, su verdugo potencial.

Su caso es similar al de Carlos Castro, periodista, director del portal Código Norte, asesinado el 8 de enero pasado, en la misma avenida 20 de Noviembre, en Poza Rica. 

Carlos Castro no sólo se quejaba. Presentó videos en que la policía estatal lo amedrentaba. Lo retaba. Impedía su trabajo. Y él los enfrentaba.

Hay un policía, identificado con el alias de “Chagala”. La prensa de Poza Rica lo acusa de hostigar a los reporteros. Se transporta en la patrulla 4751 de la Policía Estatal y suele amedrentar a los periodistas con el rollo de que tiene el visto bueno de superiores, incluso de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, la que llama miserables y carroñeros a los comunicadores.

El modus operandi los define. Hostigan para alejar a los periodistas de la escena del crimen. ¿Por qué? 

La escena se repite en Coatzacoalcos. La Policía Municipal, aún pasando por encima de las disposiciones de la Guardia Nacional, amedrenta a los reporteros alejándolos de la escena del crimen, colocando cintas amarillas cada vez más retiradas del lugar en que se hallan ejecutados o narcomantas, impidiendo que graben o tomen fotografías. ¿Por qué?

Las policías son apéndices del crimen organizado. Están cooptadas. Son informantes. Alertan al narco sobre acciones y operativos. Y la prensa, en su afán de divulgar detalles, es su enemigo natural.

El 7 de junio se conmemoró el Día de la Libertad de Expresión. El jueves 11, a la 1 AM, Luis Ángel López Valdez fue acribillado. Cuatro días entre el festejo y el dolor.

De nada sirvió la custodia de la Policía Estatal, la medida cautelar que se tramitó a través de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas.

De nada sirve que la gobernadora Nahle vocifere y reitere que “se avanza” en la investigación y “hay que esperar”. Al final, los casos no se aclaran. O se los lleva la FGR.

La Fiscalía de Veracruz es como la policía china: misteriosa e ineficaz. Su titular, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre da palos de ciego. No aclara el crimen de Carlos Castro. No pudo con el secuestro de Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo del Sureste, en Nanchital, caso que fue atraído por la Fiscalía General de la República, y se le filtran los datos y los videos en el de Luis Ángel López Valdez.

Ricardo Ahued, secretario de Gobierno, ofrece que se investigará la línea de investigación sobre las amenazas de policías a Luis Ángel López. A menos que la FGR también atraiga el caso y la Fiscalía de Aurelia Jiménez vuelva a ser relevada.

Y mientras el “conserje de palacio” Ahued habla, al periodista Edgar Hernández, comunicador de línea crítica hacia el gobierno de Rocío Nahle, le atacan su hogar en Xalapa.

No es un robo común. Es una amenaza. No fueron por objetos de valor. Se llevaron documentos personales y su equipo de cómputo con toda la información que esto implica.

Edgar Hernández, desde su columna Línea Caliente, lanza críticas punzantes, sustentadas, con tono irreverente, reveladoras, exhibiendo el caos político, el abuso de poder, el saqueo, la falacia, la radiografía del morenismo y sus trapacerías y la corrupción en que Morena y Nahle se mueven.

Pero su caso es tema aparte.

Con Luis Ángel López Valdez van tres crímenes de periodistas en los tiempos de Rocío Nahle. Y suma dos desapariciones de comunicadores. Cinco casos de violencia contra la prensa. Cinco casos en 19 meses de un desgobierno brutal.

La sombra de Javier Duarte se comienza a sentir. Y el desdén a la prensa se acentúa, como en los días de Duarte. Y la descalificación a los periodistas, como en el gobierno de Duarte. Y la soberbia de Nahle, como en el régimen duartista, cuando la sangre de los periodistas inundó Veracruz.

Luis Ángel López Valdez vivió entre la amenaza de los cárteles y el asedio de la policía. Y la madrugada del 11 de junio, pese a tener protección policíaca, lo asesinaron.

Mal augurio. Augurio duartista. Viene lo peor.

METADATO

Muy honesto Pedro Miguel pero una empresa ligada al Porky tiene certificado de impunidad. Se llama Consultoría Global del Sureste y está vinculada al director de Gobernación, José Luis López Cabañas, alias Porky. En los sótanos del palacio municipal le atribuyen trato preferencial, en la categoría de “succionar el presupuesto hacia sus amigos, familiares, allegados de incondicionales”. A la empresa porkiana, según un bien informado insider, le pusieron en sus manos la realización del evento en que el alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, rindió su informe de los primeros 100 Días de Gobierno. No se tienen datos precisos si los facturó o se empleó, como es costumbre, a empresas fachada. Lo que sí se tiene claro es que Consultoría Global del Sureste será la encargada de otros eventos en lo que resta del 2026. Es la honestidad del bienestar. O los negocios del Porky López Cabañas, administrador de los intereses de Andrés Rosaldo García, hermano del presidente municipal… Isaac Férez imagina –sólo imagina– que el pueblo no tiene memoria. Anda surcando la milpa buscando ser popular, intentando verse flota, unos días en Villa Allende, otra en el malecón de Coatzacoalcos. Con tal de armarse de algo de imagen se come hasta fierro y se bebe mezcal. Isaac Férez Esparza es el mismo que pasó por el Partido Verde Ecologista de México en Coatzacoalcos; el que hizo alharaca por un punto de acuerdo por un ecocidio provocado por Pemex, aunque se mantuvo en silencio oprobioso con el derrame de petróleo en las costas del Golfo de México, que mató especies marinas, sumió en la pobreza –más pobreza– a los pescadores y que contaminó las aguas y manglares sin que hasta ahora se le haya dado seguimiento a la salud de quienes tuvieron contacto con el petróleo. Pero hay algo peor. Isaac Férez fue el candidato del PVEM a diputado federal por Coatzacoalcos, en 2021, y se bajó cuando detonó el escándalo de las “chicas de la Anáhuac”. Le llovieron acusaciones de hostigamiento, abuso, engaño. Algunas de las compañeras de universidad dieron sus nombres, otras no. Estalló el escándalo cuando Me Too Anáhuac reveló el caso y lo potenció la organización Brujas del Mar. Hay por lo menos cinco relatos que implican a Isaac Férez. Lo que dijeron fue asqueante. Los relatos cimbran. Fueron colgados en el tendedero de lo público y siguen ahí. Isaac Férez lo negó todo. Dijo, con razón, que no existió una denuncia formal contra él. Pero tuvo que dejar la candidatura del PVEM. Fue una vergüenza. Lo que hizo fue guardar la inmundicia bajo la alfombra. Pero la alfombra no la pudo extinguir. Y ahora apuesta al olvido. Ahora que es de la cuadra de Norma Rocío Nahle, la gobernadora de Veracruz. Es jefe de Departamento de Proyectos Emprendedores de la Secretaría de Desarrollo Económico. Isaac Férez no entiende al sistema. El volcán se apacigua pero tarde o temprano se vuelve a activar… Héctor Márquez Acopa no sólo es un líder charro; también es un iluso soñador. Aspirante a cacique en la Sección 22 del sindicato petrolero, repudiado por las bases, defensor de su propio bolsillo, encantador de obreros que se deslumbran con los farsantes y un consumado servil al dirigente nacional, Ricardo Aldana Prieto, el papá de los reyes del diesel. Márquez Acopa ahora quiere ser presidente municipal de Agua Dulce. Quiere calzar los botines que un día tuvo Roberto “Beto” Ricárdez, un líder que expandió los dominios de la Sección 22 a la Sonda de Campeche, a los jugosos contratos, al suministro de obreros y técnicos especializados. A la muerte de Beto Ricárdez, diezmada la Sección 22 por los efectos del quinazo que mandó a los líderes nacionales a la cárcel, surgieron dirigentes menores para usufructuar la riqueza sindical. Uno de ellos es Márquez Acopa, el minicacique que hace y deshace en la Sección 22. Su testaferro –o peón– es Roberto Wong García, secretario general de pacotilla que no mueve un dedo si no lo decide su patrón. Márquez Acopa ya prendió los motores para el proceso municipal de 2029 como si el PRI de Agua Dulce o la Sección 22 tuvieran con qué ganar. Márquez Acopa, guardadas las proporciones con los Ricárdez Orueta, sólo es un mísero ratón…

 

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