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Arturo Bermúdez: su policía secuestra

Ilusos los veracruzanos que suponen que el problema es el delincuente. Qué error. El enemigo real está en casa, en las fuerzas de seguridad, en la policía acreditable, en los mariscales y en su tropa, que asaltan, roban, torturan y hasta se dan tiempo para secuestrar. Es la policía del general Bermúdez, Arturo Bermúdez Zurita, condecorado de West Point, vicegobernador de Veracruz, todopoderoso e impune pues para el entrañable amigo de Javier Duarte, el intocable Bermúdez, además de poder, hay disimulo y complicidad.

* Aprehensión en Tlaxcala  * ¿Para eso los acreditan?  * “Yo no fui”, dice Ileana Mortera  * Declaración explosiva ante el juez del caso Columba Campillo  * Amante del “Angi” por tres años  * Acusan tortura los implicados  * Tibia visita de Madero  * Violencia, tema olvidado  * Requisa el general celulares a empresarios

Ilusos los veracruzanos que suponen que el problema es el delincuente. Qué error. El enemigo real está en casa, en las fuerzas de seguridad, en la policía acreditable, en los mariscales y en su tropa, que asaltan, roban, torturan y hasta se dan tiempo para secuestrar.

Es la policía del general Bermúdez, Arturo Bermúdez Zurita, condecorado de West Point, vicegobernador de Veracruz, todopoderoso e impune pues para el entrañable amigo de Javier Duarte, el intocable Bermúdez, además de poder, hay disimulo y complicidad.

Su policía, pues, opera sin freno. Toma gente, la incrimina, le imputa delitos, la secuestra y si es pillada en la faena, no se aplica la ley.

Veracruz es un paraíso. También un feudo. Es una isla donde las fuerzas de seguridad no protegen a la población, la agreden; no respetan la ley, la violan; no previenen el delito, lo cometen.

Dentro de Veracruz nadie los toca. Así se les implique, se les acuse, se acredite que las fuerzas de seguridad incurren en actos de corrupción, gozan de total impunidad.

Fuera de Veracruz, no es así. Bermúdez, Javier Duarte y la policía veracruzana enfrentan un escándalo mayúsculo por un caso de corrupción: elementos policiacos fueron sorprendidos con dos secuestrados en el estado de Tlaxcala.

Ocurrió el lunes 11. Comenzaba a oscurecer cuando en Chiautempa, Tlaxcala, fue advertido el paso de una patrulla de la policía de Cuitláhuac, Veracruz. Llevaba dos detenidos… supuestamente dos detenidos.

Alertada sobre la presencia de policías veracruzanos, elementos de la policía municipal chiautempense acudieron al lugar a realizar una verificación de rutina. Llegaron a la privada Tlahuicole. Hallaron la camioneta Toyota, tipo Hilux, color blanco con azul, con características de patrulla policíaca. Portaba la placa de circulación 007220 y el número económico DSPM-005

Según la crónica del periódico El Sol de Tlaxcala, que registró los hechos y consignó la insólita revelación, “los (policías) detenidos viajaban en una patrulla oficial del municipio de Cuitláhuac, Veracruz, y portaban armas cortas y largas, entre ellas una R-15, mejor conocida como ‘cuerno de chivo’, así como decenas de cartuchos útiles”.

Les cerraron el paso. Solicitaron que descendieran de la unidad. Uno de los policías que se identificó como Martín Rosales Ordaz, “quien se encontraba armado” y dijo ser director de la policía municipal de Cuitláhuac.

Dijo que se encontraban en Tlaxcala con dos elementos a su cargo pues estaban buscando a una menor de edad, supuestamente trasladada a Chiautempan, refiere el rotativo.

Les pidieron que mostraran el oficio de comisión o de colaboración. Debían acreditar que ingresaron legalmente a Tlaxcala, que lo hacían armados y que su encomienda era localizar a la menor sustraída.

Respondió Martín Rosales que no llevaba consigo el oficio. Le pidieron su identificación como elementos de seguridad. Tampoco la mostraron.

Hablaban sin poder justificar los errores de procedimiento cuando uno de los supuestos detenidos que viajaban en la batea de la patrulla, Francisco N., denunció que los policías de Cuitláhuac lo habían privado de su libertad junto a su esposa.

Llevaban así mediodía. Los detuvieron desde las 8:45 de la mañana. Los levantaron en la calle 5, entre 8 y 10, en Cuitláhuac. Escucharon amenazas. Les pedían una suma importante de dinero para dejarlos ir. Remataban con una amenaza. Si intentan hacer algo, les decían, va a “valer madres”.

Martín Rosales y sus muchachos fueron intervenidos. No acreditaron que realizaran diligencia alguna, menos que estuvieran en algún operativo.

Les hallaron armas cortas y largas. Y les fueron aseguradas.

“A Martín Rosales Ordaz, de 36 años de edad, le fue decomisada un arma corta marca Pietro Beretta, calibre .9MM con dos cargadores y 11 cartuchos útiles.

“En tanto, Baltazar Téllez Vasconcelos, de 29 años de edad, portaba un arma corta Smith & Wesson, tipo Revolver .38 especial, con seis cartuchos útiles y un arma larga R-15 marca Colt, calibre .223 con un cargador con 29 cartuchos.

“Mientras que el tercer implicado de nombre Abraham Quintana Díaz, de 33 años de edad, alias el ‘Azteca’, portaba un arma corta tipo revólver marca Taurus, calibre .38 especial con 38 cartuchos útiles y un arma largar marca Galil calibre .223, con un cargador con 20 cartuchos en condiciones de uso”, refirió El Sol de Tlaxcala.

Procedió la policía de Tlaxcala a verificar los datos de los policías de Cuitláhuac en el Sistema Único de Información Criminal (SUIC) de Plataforma México. La respuesta fue que Martín Rosales Ordaz es personal de seguridad activo. Sin embargo, Baltazar Téllez Vasconcelos y Abraham Quintana Díaz aparecen como personal inactivo. Fueron consignados.

Detonó el caso una vez que la prensa veracruzana dimensionó los hechos. Lo publicó el Sol de Tlaxcala, el martes 12, y al día siguiente, en redes sociales y luego en portales informativos se difundió cimbrando al gobierno duartista.

Arturo Bermúdez se jacta de la policía veracruzana. Sostiene que pasa por la Academia del Lencero, cumple con las normas establecidas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, selecciona a los aptos y desdeña a quienes no aprueban los exámenes de confianza y capacidad.

Su policía, sin embargo, tira al monte. Agrede a la sociedad, ofende sin razón, viola los derechos de los veracruzanos.

Se vio involucrada en el levantón al cantante juvenil Gibrán Martiz Díaz, en enero de 2014, en Xalapa, a quien hallaron con huellas de tortura, quemado por toques eléctricos.

Los policías fueron aprehendidos, pero con un amparo se les fijo una fianza de 5 mil pesos y así enfrentan el juicio en libertad.

Sobre Bermúdez se ha desatado una tormenta. Empresarios de Coatzacoalcos lo increpan. Raúl Ojeda Banda, secretario del Consejo Coordinador Empresarial a nivel estatal, demandó la renuncia del secretario de Seguridad. Los abogados cuestionan su falta de efectividad, mientras el delito avanza, la delincuencia despoja, hiere o mata.

Diputados locales, como Fidel Robles Guadarrama, del Partido del Trabajo, demandan su renuncia y que se desmantele la red de corrupción que tiene secuestrada a la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz.

Costosa, la SSP ha invertido miles de millones de pesos en formar una nueva policía, dinero sin destino, tirado a la basura, devorado por la corrupción.

Dos secuestrados en manos de la policía de Cuitláhuac, pillados los uniformados en el estado de Tlaxcala, evidencian que el enemigo está dentro.

Usa el duartismo a la policía para reprimir, para amedrentar, los bastones eléctricos contra los luchadores sociales, los toletes contra maestros y activistas, el robo a periodistas. Ahora queda constancia de que la policía del general Bermúdez también secuestra.

Vamos requetebién.

 




Archivo muerto

 

A simple vista pareciera su autoincriminación. En el fondo no lo es. Dice Ileana Mortera Trolle que no es la autora intelectual del secuestro y asesinato de la joven Columba Campillo González; que sí fue amante de Angi Tonatiuh García Abuerne alias “El Agni”, señalado como el cabecilla de la banda que la ultimó; que detectó conductas extrañas, gastos excesivos, la presencia de amigos del “Angi” que pasaban hasta una semana en su departamento; que le dijo tener relación Los Zetas; que le preguntaba por amigos de ella y su potencial económico. Ante el juez, Ileana Mortera sostuvo que tres años tuvieron una relación extramarital. Intentó, dice, haberla concluido. Había discusiones, peleas y celos. Dice que las vecinas de Angi Tonatiuh García le revelaron que el individuo clonaba tarjetas. Y comenzó el chantaje del “Angi”, abierta la amenaza de revelarle al esposo fotografías en que aparecían los dos. Reitera que no conocía a Columba Campillo y que el 7 de mayo un amigo periodista de nombre Ignacio le comunicó vía whatsapp que la joven secuestrada había aparecido muerta. Le adjuntó una fotografía de la escena, la cual compartió. Su tía, la activista en redes sociales, Maruchi Bravo, le preguntó si estaba confirmado el hallazgo. Respondió que sí y Maruchi difundió el hecho. Ileana Mortera comentó todo ese día lo relativo a la muerte de Columba. Horas después, “Angi” le llamó. Supuestamente no sabía del caso. Más tarde le dijo que dijo: “Tú para qué madres pones eso”. “Angi” le recordó que la podrían encarcelar como a Maruchi Bravo: “Te vas a meter en pedos”, le dijo. Explosiva, la declaración de Ileana Mortera Trolle, ya polarizó las redes sociales. Hay quien la ve como cómplice; hay quien dicen que la incrimina el fiscal Luis Ángel Bravo Contreras. Si Ileana Mortera hubiera negado su relación con Angie Tonatiuh, el fiscal le habría agregado una lápida encima, desacreditada, sentenciada sin juicio. Ileana le quemó la carta. Su pecado es haber sido la amante del presunto secuestrador y asesino, pero no necesariamente se es criminal por vivir con un criminal. “Culín” Conteras sostiene que los detenidos le imputan a Ileana Mortera la autoría intelectual del secuestro y muerte de Columba. Sin embargo, uno de ellos, Jesús Eduardo González Castellanos, sostiene que fue torturado para incriminarse. Duermen ya en el penalito de Playa Linda, al norte del puerto de Veracruz. Frágil, el caso agrava la espiral de descrédito del fiscal, a quien nada se le cree y en los tribunales las pierde todas. Ileana Mortera intentará demostrar que fue apresada sin orden de aprehensión, violándole sus derechos y que no es la autora intelectual del crimen de Columba Campillo… De poco o nada servirán las palabras, la visita, los consejos, el rollo de Gustavo Madero Muñoz, dirigente nacional del PAN. Aterriza en Coatzacoalcos, ahí las candidatas a diputadas federales, el coro azul y las rémoras que no podían faltar. Llegó a decir que las denuncias contra la pandilla fidelista y duartista ahí van, en su curso normal, quizá para diciembre habrá resultados y que de los 7 mil millones robados, ya fueron solventados 5 mil. O sea, al PRI no le han hecho ni le harán cosquillas. Sostiene que el PAN aspira a ser segunda fuerza electoral para revertir la reforma fiscal y en 2018 regresar a la presidencia de México. De veras que la imaginación es canija. Otra cosa se esperaba de Gustavo Madero. Que tocada las fibras del panismo y punzara a la sociedad, que hablara del abandono de las clases más desprotegidas, que señalara al gobierno fallido de Javier Duarte. Tibio, nada contundente, no abordó con bríos el tema e la seguridad, la violencia sin control, la corrupción policíaca, la responsabilidad del duartismo y del priísmo en el caos en que se ha convertido Veracruz. Ya será para la otra elección… Maltratados, agraviados, los empresarios de Coatzacoalcos que se reunieron con el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, pasaron por la báscula de los esbirros del general. Uno a uno, como si fueran tipos de cuidado, debieron entregar su teléfono celular. Era requisito si pretendían estar en la reunión del viernes 8, sobre ellos la sospecha de que podían registrar el diálogo con Míster West Point y luego balconearlo. Lo que es el sospechosismo…

 

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