Zenyazen: las maromas del suicidio

* A media carretera, el cadáver del exsecretario de Educación  * ¿Crimen político? ¿Ejecución?  * “Tu muerte será vengada”, proclaman los maestros  * 36 asesinatos en la tierra de Pedro Miguel Rosaldo  * No hay medicamentos pero sí 864 mil para Diego Ruzzarín  * Sheyla y su cola larga en el PRI y MC

Sórdido mundo el de Zenyazen Escobar. De los congales en que se ganaba unos pesos bailando semidesnudo hasta el círculo de poder, el dinero a manos llenas, la degradación y el tiro mortal con todas las trazas de ser una ejecución.

Inerte, el cuerpo yacía en el interior del lujoso automóvil Mercedes Benz, la cabeza ladeada y a la altura de la oreja izquierda el orificio producido por la bala matona, y un hilo de sangre deslizándose sobre mejilla y cuello, y más rastros de sangre, gotas, en manos y ropa.

Entre las piernas, una pistola calibre 9 milímetros, de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. Los seguros del vehículo, puestos. Los cristales arriba.

El carro no se hallaba en el acotamiento. Lo aparcó en un reducido paraje aledaño a la carretera Xalapa-Veracruz, a la altura de La Gloria. Tenía activadas las luces intermitentes.

Sería un suicidio si el arma se hallara en sus manos o en el piso de carro, no entre las piernas, perfectamente prensada. Y ahí es donde se descompone la versión semioficial, la que desliza el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, cuando se atrabanca con una explicación demencial: no fue atentado, murió por el disparo de un arma de fuego.

Sí, y acto seguido Zenyazen Escobar acomodó el arma entre las piernas y luego murió. La incongruencia es un insulto a la inteligencia.

Aterra a la 4T admitir que puede ser un crimen político. O la mano de un sicario que tuvo contacto con el diputado federal por Córdoba, ex secretario de Educación en el gobierno morenista de Veracruz, en tiempos de Cuitláhuac García Jiménez. O un enigmático personaje con el que Zenyazen Escobar se entrevistó y algo, algo muy especial, salió mal.

Zenyazen no fue interceptado. El Mercedes Benz se hallaba estacionado, sin huellas de haberse frenado de golpe. Cuando el vehículo fue intervenido por la policía, tenía prendidas las luces intermitentes. En el interior del auto no se aprecian huellas de violencia.

La versión del suicidio es inverosimil. El disparo dio en la oreja izquierda. Zenyazen Escobar debía ser zurdo. Sin embargo, hay versiones que dicen lo contrario. Pero aún si lo fuera, la posición del brazo, codo y antebrazo harían imposible el disparo a menos que el cristal del lado del conductor estuviera abajo. Pero se hallaba arriba.

La versión del homicidio es creíble. Zenyazen habría acordado un encuentro. Nadie ha explicado por qué no lo acompañaban sus escoltas. Acudió solo. Esperó o ya lo esperaban.

Con el cristal abajo, se infiere que el disparo se realizó desde fuera del auto, a corta distancia, desde la mano, quizá, de alguien al que el diputado federal por Córdoba, conocía. O un sicario que no llevó un mensaje sino una bala letal.

Un sólo disparo como ejecutan los matones de sangre fría. Zenyazen no alcanzó a tomar la 9 milímetros y madrugar a su verdugo. Y luego a acomodar la escena: los cristales arriba, verificar si no se videograbó el momento del crimen, borrar huellas, eliminar evidencia.

Tiene la pinta de un crimen político. Y para Morena, para Rocío Nahle, tiene un efecto devastador.

Si no es crimen político, suena a un ajuste de cuentas.

Horas después, el conserje de palacio, Ricardo Ahued, dio la primera maroma: no fue atentado, murió por el disparo de un arma de fuego.

No pudo ser atentado, agregan las fuentes oficiales, porque sólo hay un balazo, sin impactos en la estructura del vehículo, sin otro tiro que haya estrellado el parabrisas o perforado los cristales.

Pudo ser un atentado de un sólo disparo.

Llega Norma Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, y aumenta la maroma. Pide no especular, respetar el dolor de la familia, aguardar a que la Fiscalía estatal investigue, que el forense revele si encuadra en suicidio u homicidio.

Y horas más tarde, es Nahle quien suelta datos de la investigación: solo se encontró una bala en el interior del vehículo y los seguros del automóvil se hallaban puestos. Nahle violó la secrecía revelando detalles de la investigación.

Son las maromas del suicidio. Todo para no admitir un crimen. Todo para evadir la hipótesis del crimen político. O un ajuste de cuentas en el bajo mundo. O el cobro de una factura por una promesa incumplida.

Durante el velorio, sus amigos, algunos maestros, lanzaban una proclama: “Tu muerte será vengada”. ¿Por qué si se trató de un suicidio?

Sórdido el mundo de Zenyazen Escobar. De bailar en un antro, semidesnudo, cuando usaba el mote de Tarzan Boy, en un giro negro, a varios hechos funestos.

Lo implican en la muerte de un amigo, Edgar Asurto o Basurto Montiel, en diciembre de 2006. La víctima denunció días antes el robo de 80 mil pesos e implicó a Zenyazen Escobar y su primo, Ricardo Pérez García. Lo hallaron al pie del Mirador de 500 Escalones, en Orizaba, vivo, pero por la omisión de auxilio perdió la vida horas después.

El 5 de septiembre de 2021, cuando ya era secretario de Educación de Veracruz, desapareció la venezolana Jennifer Cristina Velazquez López. La familia asegura que ella mantenía una relación sentimental con “un alto funcionario” de la SEV. Hasta la fecha no aparece.

Zenyazen Escobar salió de la medianía y comenzó a presumir autos de lujo, camionetas, montaba caballos finos, exhibía la vida de millonario, ranchos, casas.

A la par tejió un negocio monumental. Su hija y yerno se quedaron con el relleno sanitario Los Colorines, en Nogales, en las Altas Montañas, cerca de Orizaba. Recibían la basura de 40 municipios. Al año, los ingresos eran de 300 millones de pesos.

Bronco, echador, retó a golpes al diputado priista Mancilla, otro truhán, en plena sesión de la Cámara de Diputados, en el recinto de San Lázaro.

Y el episodio del yate en la Riviera Veracruzana, incendiado con cuatro jóvenes mujeres que resultaron ser empleadas de la Secretaría de Trabajo de Veracruz. Zenyazen negó que la embarcación fuera suya. Dijo que sólo auxilió a las damas, pero que no las conocía. Que se hallaba en una moto acuática junto con su hija al ocurrir el percance. Hoy circula una fotografía que lo desmiente, él y ellas sonriendo, posando para la lente.

Hoy está muerto. Y el disparo tiene las trazas de ser una ejecución.

METADATO

Treinta y seis asesinatos en la tierra de Pedro Miguel Rosaldo, y contando. El Negro Gil, un talachero de la colonia López Mateos, fue abatido la mañana del sábado 5 frente a su vulcanizadora. 36 casos en Coatzacoalcos, la tierra en que el presidente del Consejo Estatal de Seguridad Pública Municipal, Pedro Miguel Rosaldo García, supuestamente el delito va a la baja. A la baja en la imaginación del alcalde. Golpea la violencia y como por arte de magia, la Policía Ministerial captura y desmantela bandas delincuenciales. Y el alcalde se llena de gozo. Y presume la eficiencia policíaca. Y horas después, otra banda, otros sicarios, vuelven a derramar sangre. Y es el cuento de nunca acabar. A Pedro Miguel le inventó Rocío Nahle el pomposo cargo de comisionado para seguridad pública municipal. Pero el comisionado es un fiasco, un cero a la izquierda, un títere parlante. Y hay que oírlo fanfarronear con las cifras, presumiendo que la extorsión aminora, que los comerciantes ya lo sienten, que ya pueden vivir en paz. Así es el rollo; así es Morena. Al paso que va, Pedro Miguel Rosalda va a igualar a su antecesor, Amado Cruz Malpica, el apático ex alcalde que terminó de hundir a Coatzacoalcos. 36 asesinatos en ocho meses y días. Allá por diciembre serán más de 50 en la tierra de Peter Pan… No hay medicamentos pero sí 864 mil pesos para Diego Ruzzarín y Farid Dieck. Colapsa el sistema de salud en Veracruz pero la fiesta no puede faltar. No hay dinero para apoyar al deportista, pero sí para el jolgorio, la jauja, el DJ Martin Garrix y los artistas del Festival del Mar: Manuel Turizo, Nicho Hinojosa, Natalia Jiménez, La Arrolladora Banda El Limón y “Las Tres Grandes”. A Ruzzarín y Dieck, la Secretaría de Cultura del gobierno de Veracruz les pagó 864 mil 200 pesos por sus respectivas conferencias. Otros 17 millones 115 mil 800 pesos fueron para Turizo, Hinojosa, Natalia Jiménez, La Arrolladora Banda El Limón y “Las Tres Grandes” –Eugenia León, Tania Libertad y Guadalupe Pineda– cuya presentación debió sus perderse por el aguacero que azotó a Coatzacoalcos. En total, el gobierno de Veracruz erogó 20 millones 329 mil 580 pesos sólo en los artistas que amenizaron el Festival del Mar. Y mientras, los hospitales colapsan. Faltan medicamentos, insumos. Los médicos protestan. Los usuarios se indignan. La prioridad de la gobernadora Norma Rocío Nahle García no son ellos. Su prioridad es el comunistoide Ruzzarín, Dieck y los cantantes. Pan y circo de la ocurrente Nahle… Con la marca de la traición a cuestas, Sheyla Jara todavía quiere pontificar. Habla de esquiroles, línea partidista, voto en contra por sistema “y cuando algunos confunden lealtad con obediencia, cuotas, dinero y poder”. La superchería se conjuga con el cinismo. Sheyla Jara dejó a Movimiento Ciudadano y se alineó con Pedro Miguel Rosaldo García, el alcalde de Coatzacoalcos. Le vota todo a favor. Confronta a los regidores de MC y no hace poco lo hacía con los del PRI, hasta que recibieron línea de su líder político, Carlos Manuel Vasconcelos Guevara, y se integraron al coro de las focas aplaudidoras de Morena. No por ello Sheyla Jara es bien vista entre los ediles morenistas. La repudian. Saben de sus artes traidoras y su falsa lealtad. Pontifica cuando habla de memoria, boca grande y cola corta. Si de algo peca Sheyla es de tener mucha lengua y un historial de mezquindad, oportunismo y engaño. Una parte de su cola larga está en el PRI; otra cola larga la dejó en Movimiento Ciudadano. Y habrá de tener cola más larga si en Morena la dejan pasar. No se puede pontificar con un pasado así…

 

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