Héctor Yunes: "su caña solo sirve para pescar charales"

Héctor Yunes: y de pronto le dolió la parentela

* No chistó cuando a Yunes Linares lo exhibieron en el Congreso * El show mediático por la caña de pescar * De pronto se volvió crítico del gobernador * Pleito fingido * Los navales y los crímenes * Empresas ficticias y obras inexistentes

Ni un gesto, ni una palabra, ni un reclamo. Héctor Yunes no se dolió por su parentela cuando a los Yunes azules les imputaron enriquecimiento inexplicable y los denunciaron, y los exhibieron, y los tildaron de ladrones. Se dolió cuando Javier Duarte lo ridiculizó a él, al senador, con una caña para pescar “peces gordos” en el Estero panista. ¿Es show mediático? Sí.

Sobre Miguel Ángel Yunes Linares, su primo, hay una investigación ministerial en curso, indiciado, a partir de la denuncia que le endilgaron las huestes fidelistas y duartistas, los 400 Pueblos de César del Ángel, que nace del apriete de tuercas en los días en que gobernaba Veracruz alentado por Patricio Chirinos Calero.

Le atribuyen cuentas bancarias hasta en Indonesia y una mansión de 35 millones de pesos en el Estero, municipio de Alvarado, edificada por una de sus empresas, que aparece a nombre de su esposa Leticia Isabel Márquez Mora.

Le imputan desvío de recursos del ISSSTE en sus tiempos de director, al inicio del calderonismo, por 159 millones en la compra de medicamentos, que supuestamente observó la Auditoría Superior de la Federación.

Insólito caso en que en su primera acción legislativa, el 2 de septiembre, la fracción parlamentaria priísta en pleno, no anunciara una iniciativa de ley, ni un pronunciamiento sobre el tema de la violencia, o la posición mexicana ante el fenómeno migratorio, ni el respaldo a las reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto, sino los pecados del diputado federal panista Miguel Ángel Yunes Linares.

Lo acusaban los priístas, jefaturados por Alberto Silva Ramos, diputado por Tuxpan, cuyo hermano Francisco “El Negro Silva” fue personaje clave en la empresa ADT Petroservicios, propiedad de Francisco Colorado Cessa, la misma que sirviera para la compra de caballos cuarto de milla mediante la cual le lavó millones de pesos al grupo criminal Los Zetas, como el mismo Pancho Colorado reconociera ante un tribunal de Austin, Texas, donde se le enjuició y fue condenado a 20 años de prisión, sentencia que dejó en suspenso al interponer una apelación que ordenó reponer el procedimiento.

Enviado a denostar, Alberto Silva acudió a la zona conurbada Veracruz-Boca del Río a afianzar la embestida contra el primo del senador priísta, señalado de corrupto.

No se defendió Yunes Linares de las imputaciones pues había viajado a Estocolmo, Suecia, donde su hijo, el senador Fernando Yunes Márquez, se hallaba aquejado por una neumonía.

Cuando volvió, les anunció que habría más denuncias contra Javier Duarte y su pandilla por desvío de recursos federales, incluido el ejercicio presupuestal 2012.

Entonces respondió el gobernador con un exabrupto. Lo tildó de “perro chihuahueño”, pues decía que para suplir sus deficiencias físicas el can se dedica a ladrar y escandalizar. No se sabía que el gobernador fuera psicólogo animal.

Nunca, que se sepa, se dolió Héctor Yunes Landa de las ofensas a su familia, a los primos y sobrinos azules, como ahora reclama tras el incidente de la caña de pescar, usada para ridiculizarlo a él, pues si quiere ir contra “peces gordos”, como el choleño había ofrecido si llega a ser gobernador de Veracruz, le dice Javier Duarte que vaya al Estero y que comience con su parentela.

Le recomendaba el gordobés —domingo 27— que midiera a la oposición con la misma vara con que a los correligionarios y terminó por decir que los familiares de Héctor Yunes, los del Estero, Yunes Linares y sus hijos, eran peores que los priístas. O sea que los priístas no son honestos, pero los Yunes azules son peores.

Recibió Héctor Yunes el obsequio, su caña para “peces gordos”, con una sonrisa de oreja a oreja. Le estrechó la mano con severidad el gobernador. Le dirigió una palabras para que le quedara claro el mensaje y le soltó una palmada seca en el hombro. Eso es actuación.

Retornó a su lugar, sonriente, el senador Héctor Yunes. No soltó su caña para pescar “peces gordos” mientras los priístas reían y gozaban la burla.

Después vino el show mediático. Envió a un propio a Casa Veracruz, la residencia oficial. Abrieron la puerta. Un guarura le tomó los datos y recibió la caña maldita. Hay video de ese momento. En él se observa a los fotógrafos apostados a los costados de la puerta, captando la escena. Es el espectáculo de hoy.

Luego vendría el deslinde del mentor. Héctor Yunes se dolió de la afrenta a sus familiares. Tomó el agravio como propio. Lo suyo, lo de la caña para “peces gordos” fue irrelevante. Lo que le puede es lo que le dijo el gobernador a Miguel Ángel Yunes y sus hijos.

Convirtió ese hecho en el vértice de una protesta que de inmediato fue cuestionada por inverosímil. Fijó su posición en una carta en que reiteró que el problema es el agravio a su familia. Y un día después, el lunes 28, se volvió convenientemente antiduartista.

Expresa que Javier Duarte representa un antivoto para el PRI, que practica política de kínder, de ocurrencias, de chistes. O sea, Veracruz gobernado por la “chistocracia”.

Y agregó:

“Estoy muy molesto, no se vale el acto de ridiculización que se intentó a mi persona. Yo soy respetuoso y no voy a permitir que nadie, ni el gobernador Javier Duarte quiera ridiculizarme (…) y tampoco voy a permitir que Javier Duarte, ni nadie se meta con mi familia. Miguel Ángel Yunes es mi muy querido primo hermano (…) y no se vale que se metan con mis sobrinos”.

Que se sepa, hasta antes del episodio de la caña para “peces gorditos” Héctor Yunes no salió en defensa de los Yunes azules. Los dejó al aire. Los dejó a su suerte mientras el priísmo gozaba con los epítetos de corruptos, ladrones que desviaban recursos públicos, que se enriquecían, que se construían mansiones de 35 millones de pesos y hasta del apodo de “perro chihuahueño”.

Hoy dice Héctor Yunes que el gobierno de Javier Duarte, al que en los eventos de su agrupación Alianza Generacional llevaba como invitado de honor y al que se refería como el líder de Veracruz, es un fiasco.

Zalamero, servil, en 2010 colmaba Héctor Yunes de miel a Javier Duarte, gobernador electo, al que hoy enloda en su fingido deslinde. Decía el 22 de agosto de ese año:

“El triunfo indiscutible de Javier Duarte ha generado entre los aliancistas un especial ambiente festivo por el significado de esta victoria electoral que nos lleva a confirmar nuestra pertenencia priísta, así como la premisa que dio origen a Alianza Generacional: unidos los priístas de todas las épocas somos una fuerza realmente imbatible.

“Javier conjuga la juventud con la experiencia, la visión de futuro con la fuerza innovadora de quien se preparó para ser un político con compromiso social. Esto ha sido lo que los veracruzanos aprecian en Javier Duarte, y por ello, los aliancistas nos congratulamos por quien será Gobernador de Veracruz. Estoy seguro que Javier Duarte estará a la altura del reto que implica gobernar Veracruz y sabrá realizar una gestión de gobierno eficiente y con resultados a favor de la sociedad, sustentada en una amplia convocatoria de todas las fuerzas políticas y todos los sectores sociales”.

Qué limitada visión política, la de Héctor Yunes. Hoy despotrica en su comunicado:

“El nuevo Plan de Ajuste al Gasto consistente en la disminución al gasto corriente, captación de más recursos fiscales y un segundo Programa de Retiro Voluntario, es una medida tardía y deficiente, consideró el senador por Veracruz, Héctor Yunes Landa.

“Entrevistado antes de impartir en una Universidad privada de Xalapa, la conferencia denominada ‘Experiencia Legislativa’, subrayó que en vez de mandar a los empleados a la calle, ‘deberían de dejar de robar y en segunda que saquen a los aviadores de la nómina porque al parecer hay uno que cobra en la Tesorería del Estado medio millón de pesos mensuales, aproximadamente’.

“Yunes Landa al referirse al cobro del dos por ciento al hospedaje señaló que, ‘es un error quitar un impuesto que no pagamos los veracruzanos, lo pagan los turistas, lo que tienen que hacer es seguirlo cobrando e invertirlo, son más de 90 millones de pesos que se han captado y de acuerdo a los últimos reportes financieros en caja solo hay unos cinco mil pesos’.

“De igual manera, precisó que el aumentar el dos por ciento al impuesto a la nómina le pega a la ‘gallina de los huevos de oro’, porque el Gobierno del Estado debe crear las condiciones para generar empleo, y aquí tal parece una ‘operación cucaracha’ donde todos se van a ir a vivir a Puebla, Tlaxcala u otro lugar y el estado se va quedar vacío.

“Insistió que va suceder lo mismo que con el cobro de la tenencia vehicular, donde todo mundo se fue a pagar a Puebla y Morelos, pero son medidas deficientes y tardías, y de esa manera no se podrá lograr un desarrollo armónico.

“Hizo un llamado para que el mandatario estatal haga un ejercicio de autocrítica, que salga de Casa Veracruz o que reciba ahí a la gente, que se vaya a una colonia de Xalapa, que escuche lo que escuchamos lo que caminamos el estado. El empresario, los padres de familia, maestros, campesinos, ganaderos, del norte, centro y sur, hasta en Los ángeles, California, están molestos, por la forma de gobernar Veracruz”.

Y dejó de ser duartista, supuestamente. Y acusa que no permitirá que lo vete Javier Duarte, que le impida ser candidato del PRI al gobierno de Veracruz.

Su show mediático es intragable. Yunes Landa intenta un deslinde ficticio, pactado, fabricado para alejarse de Javier Duarte, dejando las filas de los repudiados y tratando de convertirse en el candidato respondón.

Sería creíble si no hubiera apretado al gobernador, si no lo hubiera obligado a pactar, si no hubiera suavizado el discurso, si no hubiera recomendado a sus amigos en secretarías y cargos de dirección en el gabinete duartista.

Pero no. Su entrega al duartismo es verdad que pesa entre los priístas, pregonando que será el próximo gobernador de Veracruz, filtrando que él es la propuesta del gobernador, quien hoy le obsequia la caña para “peces gordos” y de ahí finge un rompimiento político porque a los familiares no se les agravia.

En meses no se dolió de los denuestos a su primo Miguel. Ahora sí. Ajá.

Archivo muerto

Toman las calles e increpan al gobierno. Reclaman a los suyos. “Basta de corrupción”, le dicen al gobernador. “Ya no más plagios”, exigen. “Indignados por la inseguridad”, expresan. “Los queremos de regreso”, instan. Son los familiares de los cuatro ciudadanos levantados el viernes 25 en un taller mecánico de la colonia Prócoro Alor. Uno de ellos, Omar Omar Shamed Wreden González, es hijo de Omar Wreden Sandoval, quien laborara en la Dirección Jurídica del ayuntamiento de Coatzacoalcos, en tiempos de Marcos Theurel. Los Wreden tienen estirpe priísta. Su abuelo, Fernando Wreden Alarcón, fue líder de taxistas, hombre de las confianzas del notario Francisco Montes de Oca López, ex líder del Congreso veracruzano durante el acostalagunismo. Se los llevaron hombres que vestían ropa tipo militar o naval. Y de ahí plantean que la Fuerza Civil, el Ejército o la Naval pudieran estar involucrados en el levantón. O son malosos que emplean ropa castrense. Hay un caso anterior, el de Bernardo Rajoy Long, ocurrido el 2 de septiembre, asesinado al resistirse a ser levantado cuando se hallaba en una vulcanizadora de la avenida Madero y Pedro Moreno, y también mencionan a plagiarios con “ropa militar”. Marchan sus familiares, atrapados en la angustia, alentados por una esperanza, ceñidos a la táctica de presionar para hacer ceder al gobierno. Convocan a Víctor Rodríguez Gallegos, líder estatal del Movimiento Territorial del PRI a secundarlos, porque ellos siempre han apoyado las campañas priístas. Acuden a la Fiscalía Regional sin éxito, ausente la titular, Samyra del Carmen Khourie Colorado. Vendrán luego las acusaciones de que los desaparecidos son malosos y que sus parientes están coludidos con la mafia. O sea, de víctimas a “por algo les pasó”. Es la criminalización a la que siempre apela el duartismo… Qué mejor negocio que cobrar sin invertir. Qué mejor que pasar la factura por un servicio inexistente, por una estimación de obra no realizada, por un trabajo ficticio. Tiene ese encargo Diego Estrada en la Secretaría de Obras Públicas Municipales, acopiar la documentación que soporte el fraude, según la versión de insiders que ven que esto es peor que durante el theurelismo. Un legajo de información da cuenta de las tretas que sirven para agotar el presupuesto sin que la obra exista. Y de ahí la estrechez financiera, secas las arcas, sin que el programa anual de obras se vea reflejado en la realidad. Hay otro personaje, funcionario también, ligado a un “préstamo” de maquinaria de una obra que realiza en el puerto de Veracruz. Quien conoce el caso a fondo es el director de Infraestructura, Guillermo Ibarra Macías…

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Foto: Formato 7