De rodillas ante Javier Duarte, echador ayer, servil hoy, Héctor Yunes Landa ya olvidó que el gobernador de Veracruz es insensato, caprichoso, que impuso un gobierno de dos años para “enmascarar la reelección de una facción” política, sectario, autoritario y factor de desunión entre los priístas.
Lo tildaba así en el clímax de sus frecuentes iras, del odio que lo domina, la vesania y el rencor, en los días de la sucesión adelantada, herido el senador porque Javier Duarte, el inexperto títere de Fidel Herrera, le había roto el sueño y frustrado la ambición de gobernar Veracruz por seis años.
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