Arturo Bermúdez Zurita

Moisés Sánchez: los policías de Bermúdez bajo sospecha

* El alcalde pide a la PGR atraer el caso  * Las autodefensas, la pista olvidada  * El vínculo policías-crimen organizado  * “Culín” entrampa al secretario de Seguridad  * Las dos caras de Yunes Linares  * Gonzalo se la puede cobrar a Bringas  * Viene el recorte marcelista  * Derrota segura del PRD en 183 de los 300 distritos 

Arturo Bermúdez Zurita no tiene una policía confiable. Es acreditable y también delictiva. Está implicada en secuestros y crímenes, acoso y tortura. Le hallan vínculos con el crimen organizado. Y ahora la acusan de la desaparición del periodista José Moisés Sánchez Cerezo.

Día 12. Nada se sabe del editor, reportero y fotógrafo del semanario “La Unión”, combativo informador que recoge las demandas sociales en su pueblo, El Tejar, en la cabecera municipal Medellín de Bravo, y las zonas residenciales, y retrata la violencia derivada de la inseguridad que produjo un muerto, dos heridos, dos desaparecidos y el miedo entre toda la población.

Doce días después, el escenario sigue igual. Moisés Sánchez puede estar vivo, en medio de la polémica y las versiones que apuntaban a que uno de los tres cadáveres hallados en Miralejos, municipio de Soledad de Doblado, el lunes 5, era el suyo. Su hijo Jorge Sánchez Ordóñez realizó el reconocimiento y lo descartó.

Aún así, versiones de prensa, unas publicadas, otras simplemente trasladadas en las redes sociales, sostienen que el cuerpo mostrado a los familiares no corresponde al hallado en Soledad, obvia la intención de evitar que Moisés Sánchez pase a ser el undécimo periodista asesinado durante el gobierno de Javier Duarte.

En el día 10, el 12 de enero, el alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, implicado por el fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, como autor intelectual, abrió la boca y sacudió la estructura policíaca y los espacios mediáticos.

Repitió en su comparecencia ante el Ministerio Público que nada tenía contra el periodista, que eran amigos, que respetaba su crítica y que lo acusan sin prueba alguna.

Nada más difícil de creer. Pasa por alto el alcalde panista que el semanario “La Unión” y el blog en internet registra la tirantez entre Omar Cruz y Moisés Sánchez, los atropellos al pueblo, el abandono de los servicios públicos y el abuso en su cobro.

Moisés Sánchez lo increpa en los medios de comunicación que dirige y cara a cara. Siendo presidente de la junta vecinal, demandaba acciones a las que como candidato Omar Cruz se había comprometido y que en más de un año de gobierno, no cumplió.

A los medios de comunicación, Omar Cruz les repetía que es inocente, que lo implican en un “levantón” en el que nada tuvo que ver.

Un día después, el martes 13, Omar Cruz encara al gobierno de Javier Duarte y desliza una denuncia que da en el círculo rojo del gobernador de Veracruz.

Dice el alcalde de Medellín que los 13 policías arraigados por el fiscal Bravo Contreras, alias “Culín”, son de las huestes del secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita. “Son acreditables”, remacha.

Suelta el dardo. “Soy un chivo expiatorio”. Reclama al fiscal Bravo Contreras que sólo siga la línea de investigación que lo implica en el “levantón” por las declaraciones realizadas por los familiares del periodista. Omar “te va a dar un susto”, le habría dicho un enviado a Moisés Sánchez, expresó su hijo Jorge.

“Debe seguir todas las líneas de investigación”, insiste el alcalde de Medellín.

Dice que debe analizarse el contenido de la información divulgada por Moisés Sánchez sobre la conformación de los comités de autodefensa en Medellín y que el caso sea atraído por la Procuraduría General de la República.

En un momento, exhibe Omar Cruz las acreditaciones de la policía municipal, que supuestamente no existían.

“En primera instancia —punzó— se manejó que los policías municipales no estaban acreditados. Aquí les traigo a mostrar que están certificados por la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Veracruz. Los primeros dos que fueron arraigados, José Francisco y Luigi, están certificados”.

E insistió, documentos en mano: “Aquí todos los certificados de los policías acreditables por la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz”.

“Culín” Bravo apuesta a una tesis política: el alcalde panista de Medellín ordenó el “levantón” y lo hizo con elementos de la policía municipal. Y no sigue otra pista.

Se deslizó en un primer momento que esa corporación carecía de certificación y que por lo tanto no era “acreditable”. Se trataba de sembrar la sospecha, en tela de duda la solvencia de la corporación, presumiblemente sin aprobar los exámenes de confianza, las pruebas antidoping. Pero el argumento se fractura.

Bermúdez Zurita es un prima donna en el gobierno de Javier Duarte. Su voz es ley. Es intocable y temible. En el staff duartista es el que mayor influencia tiene sobre el gobernador.

Omar Cruz toca, sin embargo, el hilo más sensible del caso Moisés Sánchez: el fiscal implica a la policía de Medellín y eso equivale a implicar a la Secretaría de Seguridad Pública.

Bravo Contreras “retuvo” primero a dos elementos; luego ordenó el traslado de los 36 policías a Xalapa; finalmente actuó sobre 13 de ellos. Pero, contra lo que se había deslizado en un principio, sí son “acreditables”, o sea, certificados por la dependencia de Bermúdez.

Ser acreditable no es sinónimo de honradez ni ética. La policía de Bermúdez está implicada en secuestros y asesinatos. Un caso explosivo fue el del cantante Gibrán Martiz Díaz, finalista en La Voz México, levantado en Xalapa el 11 de enero de 2014, cuyo padre, Efraín Martiz Aguirre, hoy acusa al gobierno de Javier Duarte de encubrimiento.

Sus asesinos obtuvieron su libertad bajo fianza mediante el pago de 5 mil pesos cada uno, y así siguen su proceso legal. La familia es objeto de amenazas de muerte por exigir justicia.

Los casos se agolpan. En Córdoba dos meseros de un bar son levantados por la policía acreditable y días después aparecen asesinados. En Xalapa los robocops de Bermúdez arremeten contra maestros, defensores de derechos humanos y periodistas para desalojar plaza Lerdo. En Veracruz, decenas de personas acusan que sus familiares fueron levantados por elementos policíacos y no volvieron a saber de ellos. En Xalapa, una mujer policía acusa un levantón y tortura por parte de “acreditables” para forzarla a dejar su puesto de trabajo. En Atoyac, en patrullas de la policía estatal se llevaron a 20 personas en 2013 y nunca fueron halladas.

Moisés Sánchez escribía y exaltaba la conformación de las autodefensas en Medellín, lo que restaba poder a la policía acreditable de Arturo Bermúdez y le complicaba el escenario al crimen organizado. Esa pista no la sigue el fiscal Bravo Contreras.

Sin embargo, sobre los policías del secretario Bermúdez descarga todo el peso de la investigación.

“Culin”, quiéralo o no, tiene a Bermúdez bajo sospecha.

 

Archivo muerto

 

Metralla pura sobre Miguel Ángel Yunes Linares, herido el fidelismo, reapendejado el duartismo, tras saberse que será diputado federal panista al ocupar el primer sitio en la lista de candidatos por la vía plurinominal en la tercera circunscripción. Le soltaron a los bots, las páginas en internet, la prensa comprada, los lacayos del gobernador. Lo crucifican también los panistas, algunos de ellos enemigos enconados y otros que hasta hace semanas eran sus aliados. También le da duro la prensa independiente, que sabe de su pasado, de su intransigencia. De Yunes Linares teme la fidelidad próspera que use la Cámara de Diputados para vapulear al gobierno de Veracruz actual y al que le antecedió; que ventee la corrupción y la complicidad entre Javier Duarte y Fidel Herrera; que evidencie el saqueo de las arcas para financiar a los candidatos del PRI en pasadas y futuras elecciones. Yunes Linares tiene una personalidad controvertida que polariza el ambiente. Destruye alianzas, olvida promesas y todo puede esperar menos el proyecto de los Yunes. Por eso pierde afectos, por su individualismo, por la ambición de ser él y sólo él, o su hijo Fernando, o su hijo Miguel Ángel… Analiza Gonzalo Guízar Valladares qué hacer. Puede permanecer como líder estatal del Partido Encuentro Social o contender por la diputación federal en el distrito de Coatzacoalcos. En 2012 aspiró a alcaldía por el PAN y sería Rafael García Bringas el candidato a diputado local en una mancuerna demoledora. Pero una llamada de Javier Duarte destruyó esa alianza. García Bringas salió del PAN, pasó al PRI, le fue otorgada la posición 2 de la lista plurinominal del PRI y llegó al Congreso de Veracruz. Hoy García Bringas contiende por la diputación federal en el antiguo Puerto México, sin más aire que el que le sopla el gobernador Javier Duarte, venido a menos, sin estructura y desdeñado por los propios priístas. Gonzalo Guízar le puede cobrar la traición, entrar a la contienda y arrebatar una diputación federal que revitalizaría su alicaída carrera política… Recorte de personal que será recorte de marcelistas en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Por austeridad se van los seguidores de Víctor Rodríguez Gallegos, el gran perdedor en la contienda por la candidatura a la diputación federal del PRI. Volarán las cabezas de sus seguidores, sus operadores y las rémoras que no pueden faltar. Ahora verán si su líder los sostiene o, como suele hacerlo Marcelo Montiel, los deja a su suerte en el momento de la desgracia. Son los días de llorar y, diría el versículo bíblico, el tiempo de rechinar dientes… Terrible, por decir lo menos, el panorama que confronta el Partido de la Revolución Democrática de cara a la elección federal 2015. De 300 distritos electorales, carece de posibilidades de triunfo en 183. Lo dice el “Análisis de rentabilidad electoral que forma parte de la estrategia electoral del PRD para 2015”, difundido por el periódico Milenio. Incluso, su bastión, el Distrito Federal, está amenazado por la fuerza del Movimiento de Regeneración Nacional, el partido de Andrés Manuel López Obrador. Otra estimación asegura que en Veracruz el PRD sólo es competitivo en Xalapa y con una mínima posibilidad en Coatzacoalcos, por la debilidad de su candidata, Rocío Nahle García, que se pelea hasta con su sombra…

 

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