Caso Gregorio Jiménez de la Cruz.

Caso Goyo Jiménez: vivo se lo llevaron, vivo debe regresar

* Levantado y sin saberse de él  * Documentó secuestros en Villa Allende  * Airada protesta de periodistas  * Revientan mascarada del gabinete de seguridad  * El investigador perverso de Javier Duarte  * Despachos contables, por el filtro del Congreso  * Mariano Moreno: días de pobreza y días de riqueza  * El amigo que lo vestía  * Priísta chantajista: el Mustang rojo que le regaló ROMA 

Desde la impotencia de ser sociedad y no gobierno, familiares y amigos, reporteros y editores, todos reclaman que el periodista Gregorio Jiménez de la Cruz regrese con vida, que no sea uno más en la estadística de muerte y que no sea criminalizado por el gobierno de Javier Duarte de Ochoa para evadir su responsabilidad en la ola violenta que azota de nuevo a Veracruz.

Su caso, el levantón que sufriera el miércoles 5, cuando apenas despuntaba el día, sacudió al medio periodístico, irritó a sectores de la sociedad, sumió en el miedo y la zozobra a muchos, pero también reeditó el viejo dilema de que el gobierno veracruzano no puede con la delincuencia o es su cómplice, que no puede con la criminalidad y que fabrica culpables para cubrir su cuota de supuesta justicia.

Gregorio Jiménez —46 años, puntual en su denuncia, reportero de nota policíaca en Notisur, Liberal del Sur y La Red— vio su vida en un torbellino. Al amanecer suponía que sería un día más. Dos horas después, no se sabría más de él.

Llevó a su hija a la escuela. Regresaba a su domicilio, en un callejón, en una colonia sin regularizar, en Villa Allende, situada en la margen derecha del río Coatzacoalcos, frente a la cabecera municipal. Tripulaba un auto compacto, cuando una camioneta le dio el cerrón. Goyo Jiménez la esquivó, maniobró y siguió su camino.

A eso de las 7:15 ingresaba a su domicilio. Dos vehículos —uno de ellos era una camioneta, color gris con franja negra— se detuvieron ahí. Descendieron cuatro o cinco individuos. Se escuchó que uno preguntó: “¿es la casa del fotógrafo?”.

Algo le dijeron y remataron con una orden intimidante: “te va a llevar la…”. Gregorio Jiménez pidió que no se metieran con su familia. Fue inmovilizado. Dicen que lo esposaron. Subido a uno de los autos, se lo llevaron. Desde entonces, pasó al régimen de los “levantados”. ¿Esposado? ¿Acaso fueron policías vestidos de civil?

Horas después comenzó la protesta. Sus compañeros periodistas salieron a las calles. Realizaron una marcha de la clínica 36 del Seguro Social al parque Independencia. Portaban cartulinas improvisadas con el reclamo de justicia, de la inmediata liberación de Goyo, de la falacia del gobernador Javier Duarte de que en Veracruz, el que hace la paga. Hacían la réplica: En Veracruz, el que la hace no la paga. “No más secuestros, no más levantados”, exigían en su demanda pública.

Esa tarde del miércoles 5, sus compañeros de gremio marcharon de nuevo. Se plantaron frente a la base del Mando Único Policial, su feudo en el ex penal de Palma Sola, zona inexpugnable, zona de miedo pues de ahí, siendo inocente, se puede pasar a un separo y luego al Centro de Readaptación Social Duport Ostión. Fueron escuchados, pero no hubo respuesta.

Reclamaban que a los familiares no se les diera protección. Desatada su indignación, expresaban que la policía llegó al domicilio del periodista, tarde como siempre, y sólo pidió datos generales. Luego se retiró. Obtuvieron que la familia de Gregorio Jiménez fuera llevada a un lugar seguro, inermes ante el agravio, el miedo en ellos, la angustia en su alma.

Ese miércoles 5 trascendió la detención de dos personas. Después se hablaría de tres. Gregorio Jiménez había venido documentando la oleada de secuestros en Villa Allende. Escribió sobre cuerpos hallados en parajes solitarios. Describió los hallazgos, los despojos humanos, la saña con que les ultimó, algunos mutilados, víctimas de la violencia del Veracruz bronco.

Una versión se convirtió en línea de investigación: la revelación de que en un bar llamado El Mamey tenían privados de su libertad a dos migrantes indocumentados. Aquello desató la ira de la propietaria, Teresa de Jesús Hernández Cruz. Le reclamó. Le hizo saber que los demandaría. Le hizo llegar la amenaza: “No sabes con quien te metes”. Deslizó lo que vendría: le enviaría gente para “ajustar cuentas”. Otra versión dice que le espetó: “Te vas a acordar de mí”.

Dos meses después, Gregorio Jiménez fue levantado en su domicilio. Airada, la protesta de sus compañeros de gremio pretendió ser sofocada con una campaña de suciedad, al estilo de la pandilla duartista, de bots y hackers que enlodan a las víctimas. A Goyo Jiménez se le criminalizó, se sugirió que si fue levantado era porque se lo buscó, porque tendría vínculos con el crimen organizado.

Humilde su hogar, Goyo no ostenta riqueza ni le sobra el dinero. Colabora con tres medios de comunicación: Notisur, Liberal del Sur y La Red. Vende sus fotos de sociales, de eventos deportivos, de actos escolares para llevar más recursos a casa. El dinero sucio, por regla general, se ostenta, se evidencia. Goyo no era así ni tiene por qué ser criminalizado.

Una tercera marcha prendió el tablero de las alertas del gobierno de Veracruz. Caminaron los periodistas de Coatzacoalcos. Llegaron al parque Independencia. Se apostaron en las escalinatas del palacio municipal. Exhibieron sus cartulinas de protesta. Luego las colocaron en los escalones, y con ellas, sus equipos de trabajo. “Duarte ¿Veracruz Seguro?”, refería una de las proclamas más directas. Amenazaron con tomar acciones drásticas.

Esa noche del jueves 6, llegó el gabinete de seguridad. Erick Lagos, secretario de Gobierno; el procurador Amadeo Flores, y la vocera del gobernador, María Gina Domínguez Colío, recibieron metralla. No los dejaban hablar. Habló Madame Incomunicación y fue abucheada. En plena rebeldía, los reporteros desafiaban y reventaban al gobierno de Javier Duarte. Rodeados de pancartas y mantas, con reclamos las leyendas, hirientes para el gobierno de Javier Duarte, terminaron por exigirles el pronto esclarecimiento y que Gregorio Jiménez regrese vivo.

Este viernes 7, Madame Mordaza volvió a reunirse con la prensa. Rechazó que la Procuraduría General de la República haya atraído el caso. Absurda justificación cuando dijo que la PGR no destinaría tantos elementos policíacos —supuestamente más de mil— como lo hace el gobierno de Veracruz. Embustera profesional, Gina Domínguez falsea la verdad. Que la PGR atraiga el caso no implica que la Procuraduría estatal se desentienda del caso.

Infame, el cinismo de la pandilla duartista es agravio sobre agravio.

Infame, la expresión del investigador del caso, Enoc Maldonado Caraza, siniestro personaje que enreda lo derecho y enloda la justicia: El “levantón” de Goyo Jiménez pudiera obedecer a conflictos con los vecinos, dijo. Tuvo ese tipo el caso Regina Martínez, corresponsal de Proceso, y lo complicó, fabricó a un culpable, a Marco Antonio Hernández Silva “El Silva”, torturado para que confesara, condenado por una juez inicua y liberado por el Tribunal Superior de Justicia en la persona del magistrado Edel Álvarez Peña. No hay vecino, en cambio, que hable mal de Goyo.

Infame el gobernador de Veracruz, pretende desligar el plagio de Gregorio Jiménez de su actividad profesional, de sus denuncias sobre la oleada de secuestros y levantones en Villa Allende.

Infame, el diputado local Eduardo Sánchez Macías, secretario de la Comisión para Atención y Protección de los Periodistas en el Congreso de Veracruz, dueño de los Heraldos de dudosa procedencia, servil al gobierno estatal, a su amo Javier Duarte, al expresar que el plagio de Gregorio Jiménez no impactará a Veracruz. ¿No? Si desde la mañana del 5 de febrero, Veracruz está en la escena nacional e internacional por levantón del periodista.

Infames los dueños de los medios de comunicación que amenazaron a sus reporteros con despedirlos si continuaban acudiendo a las marchas de protesta contra el gobierno pasivo de Javier Duarte. Infames frustrados, pues el gremio se unió, alzó la voz y desafió a los traficantes de la información.

No es un caso de excepción Gregorio Jiménez de la Cruz por ser periodista. Es un referente del Veracruz hincado ante el crimen organizado, apabullado por la violencia, sometido a las bandas delictivas. Desprotegida, la sociedad está en manos de los malosos mientras el gordobés Duarte presume que en Veracruz, el que la hace la paga, y que Veracruz cada vez es más seguro.

Nada tan cierto como la realidad. Veracruz está en manos del hampa, rebasadas sus instituciones, sometido el gobernador Duarte. Entre el miedo vive la sociedad, plagiados y secuestrados los ciudadanos todos los días; descabezados en Tierra Blanca, en La Tinaja, mutilados en el puerto de Veracruz, en todos los rincones del estado.

Le sobra razón a Miguel Ángel López Solana, hijo del periodista Miguel Ángel López Velasco “Milo Vela”, de Notiver, ejecutado éste en su hogar en 2011, cuando desde el exilio en una carta habla de la complicidad del gobierno de Veracruz con la delincuencia, de la fabricación de culpables, de la injusticia cotidiana, del show que Duarte, Erick Lagos, Amadeo Flores y Gina Domínguez armaron y están comenzando a ejecutar.

Justa, la demanda de su familia, de sus amigos, de sus compañeros de prensa, es que Gregorio Jiménez de la Cruz regrese vivo, a prueba la moral del gobernador Duarte, al aire la efectividad del aparato de inteligencia, la fórmula para acabar con las bandas delictivas.

A Goyo se lo llevaron vivo y vivo lo deben regresar.

Archivo muerto

De la mano del diputado Francisco Garrido Sánchez viene el golpe letal a los despachos contables que auditan y engañan a los alcaldes en fuga, que maquillan los estados financieros y que diseñan la cuenta pública municipal. Será de ley ahora que los contadores externos sean certificados por el Órgano Superior de Fiscalización y que tengan el aval del Congreso de Veracruz. Se acaba el negocio del maquillaje de cifras a precio millonario, cómplice el ORFIS. Ahora será la Legislatura la que palomee o no a los contadores de las cuentas municipales… Acaudalado empresario, Mariano Moreno Canepa se da vida de rey, de cantina en cantina, las mejores viandas, los mejores güisquis, y hasta su red de gasolineras donde, en el colmo del cinismo, sus prestanombres resultan ser ex empleados a su servicio cuando era tesorero municipal de Coatzacoalcos, Paco Alemán uno de ellos. De su lado, la fortuna le ha dado todo, aunque no sepa explicar de dónde salió tanto y de 2005 para acá. Antes de asumir la tesorería, su vida era otra, a veces asalariado, a veces no. Tenía un Contour negro pero, miserable su bolsillo, pedía vales de gasolina para poder mover el auto. Un amigo apodado el Tulle —o cuando menos eso creyó que era— le compraba ropa, lo vestía. Pero cuando se convirtió en el hombre fuerte de Iván Hillman en la alcaldía, ni a ese amigo quiso recibir. De la estrechez a la bonanza; de vivir en casas prestadas al negocio gasolinero. Sólo tuvo que pasar por la tesorería municipal… ¿Quién es ese priísta, perfumado y zalamero, premiado con un hermoso Mustang, color rojo, motor al cien por ciento, luego de trabar trámites a la constructora ROMA? Tenía en sus manos números de predial y cédulas catastrales alteradas, de dudosísima procedencia y con ello apretó a Rolando Fernández, dueño de la conocida empresa. Tras la entrega del auto, como por arte de magia esa documentación se volvió legal y pudo concluirse la construcción de viviendas…

[email protected]

[email protected]

www.informerojo.com

twitter: @mussiocardenas