Gutierritos y la lengua floja de López Obrador

A todo sobrevivió Sergio Gutiérrez Luna. A sus disparates y excesos, al protagonismo desbocado, a la obsesión por insertarse en la sucesión de Veracruz y hasta al insulto de usar el salón de plenos de San Lázaro como cancha de futbol. Así hasta que la lengua floja de López Obrador lo mató.

Gutierritos se volvió nada en un click. Concluyó sus días presidiendo sesiones en la Cámara de Diputados, dispensando entrevistas, lanzando denuestos, tramitando denuncias contra consejeros del Instituto Nacional Electoral, arrogándose funciones más allá de lo que la ley le da, olvidando el equilibrio y los consensos, saltándose la trancas como un paranoico sin bozal y reculando cuando Andrés Manuel exhibió de viva voz su desacuerdo con la acción penal. Y entonces el peón dio marcha atrás.

A Gutierritos se le aplicó la caducidad. Amaneció el 30 de abril sabiendo que su tiempo en la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de Diputados llegaba a su fin, que el lucimiento fenece cuando no hay luz propia, que el cargo vale mientras se está en él, que al concluir el período ordinario de sesiones inicia el receso formal, que entra en funciones la Comisión Permanente, presidida por Olga Sánchez Cordero, y que ya no volverá a ser figura ni el enemigo a vencer.

Se fue con la vergüenza a cuestas y la cola entre las patas, exhibido por partida doble, la de López Obrador y la de Rubén Moreira, líder de la fracción del PRI en la Cámara de Diputados, uno de los artífices del desenlace adverso, funesto, la amarga derrota para el obradorismo que tuvo la encomienda se sacar la reforma eléctrica y no la pudo cuajar.

El presidente balconeó al tal Gutiérrez. Exhibió su novatez. Lo mostró torpe. Refirió López Obrador que Gutierritos le había revelado que el PRI ofreció votar a favor de la reforma eléctrica y a la hora de la hora no cumplió. Andrés Manuel pidió saber quién había formulado tal compromiso. “Moreira”, respondió Gutiérrez Luna.

Horas después, Rubén Moreira refutaba y exhibía a Gutiérrez Luna. Tildó de falsa la aseveración y le recomendó tomar su balón e irse a Veracruz.

¿Acaso Sergio Gutiérrez Luna era el interlocutor válido para cabildear y pactar el voto priista a favor de la reforma eléctrica? ¿Dónde dejó a Ignacio Mier, coordinador de la fracción de Morena en la Cámara de Diputados? ¿Se saltó las trancas? ¿O simplemente le mintió a López Obrador?

La anécdota, obra de la lengua floja y larga de Andrés Manuel, retrata a Gutierritos: o es torpe, o es ingenuo, o suele mentir. Y mentirle al presidente en política es pecado capital.

Un año al frente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados confirma que cuando el chivo es loco destruye la cristalería. Gutierritos —apodo de la autoría del colega Jorge Luis Torres Marcos— pasó de grillar en Minatitlán, su tierra de origen aunque sólo unos cuantos lo conozcan, a recorrer Veracruz deslizando el rollo de acarrearle presupuesto, desarrollo y bienestar.

Vulneró el proyecto de López Obrador para Veracruz, sacudiendo los enclaves de Rocío Nahle, cuyos números decaen, desgastada por las transas y corruptelas en la refinería de Dos Bocas, el disparo en el costo de construcción, los 5 mil millones de pesos en el primer contrato a Juan Carlos Fong, cuya empresa carga un historial de trastadas a Petróleos Mexicanos, y el impulso a un energético contaminante cuando el mundo gira hacia las energías limpias.

A Sergio Gutiérrez Luna le abrieron los brazos empresarios, constructores, maestros y los otrora aliados de Rocío Nahle, el priismo en pleno, el fidelismo y el duartismo que van a todas con tal de permanecer en el poder.

En cambio, a Gutierritos se le fueron encima Cuitláhuac García y Eric Cisneros. El gobernador recomendaba que se dedicara a revisar el presupuesto federal para allegarle beneficios a Veracruz, pero lo más lejos de Veracruz, y el secretario de Gobierno con su estilo de peleador callejero, pendenciero y hocicón, al grado de llamarle “mequetrefe”.

Pues el mequetrefe no paró. Se dio cuerda solo y le dio cuerda a su prensa, corifeos que imaginaron hallarse ante el nuevo mesías tropical, ensalzándole embustes y ocurrencias, alardes que irritaron en palacio nacional.

Gutierritos no tiene alcances políticos pero los compra a bajo precio. Unos tamales, un café, los volovanes y así logró cooptar a una prensa que supuso podría comer las migajas de Cuitláhuac y a la vez las sobras de Gutiérrez Luna.

El doble cobro se esfumó pronto ante la orden tajante de suspender los convenios de publicidad con el gobierno de Veracruz a quienes le concedieran espacio al célebre Gutierritos. Y entonces se le mutiló de fotografías, videos y reseñas.

Las veladores que le prendió su prensa se han consumido. Queda el humo y el recuerdo, las loas y la alabanza impresas, en audios, en imagen. Quizá persistan hasta agosto cuando la Cámara de Diputados sea presidida por Santiago Creel, del PAN.

Las andanzas del chivo loco son históricas. Una, cuando siendo presidente de la Cámara de Diputados, se acreditó como representante de Morena ante el Instituto Nacional Electoral a fin de rebatir los criterios sobre la revocación de mandato. 

El 30 de septiembre de 2021, Gutiérrez Luna provocó una sacudida en el INE. Aquello fue inédito. El representante del Partido de la Revolución Democrática, Arturo Prida, lo repudió así:

“¿Cómo hubiera sido la reacción de su partido político si cualquier otro presidente de un poder como es la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión hubiera aparecido en una discusión de este Consejo General como representante de su partido político? Sé que es un asunto que no está prohibido, la ley no dice, pero es asunto de ética”.

Y agregó:

“Él no representa a su partido político ni a su bancada, él representa a la Cámara de Diputados del país, a los 500 diputados, al Poder Legislativo, no a los de su bancada. Su presencia aquí, lejos de ser ilegal, es inmoral”.

Gutierritos es limitado pero lo suple con audacia. Cuando seis consejeros del INE aprobaron posponer la fecha de la revocación de mandato, interpuso denuncia penal ante la Fiscalía General de la República. Imaginó que López Obrador se lo habría de agradecer.

Una frase, un misil, y Andrés Manuel casi le quita el alma. No compartió el presidente la decisión de tomar la vía penal contra los consejeros electorales. Y Gutierritos tuvo que recular.

Luego armaría circo en Minatitlán, movilizando medio centenar de diputados federales —Patricia Armendáriz, el papá del corredor de autos Fórmula Uno, Sergio Pérez—; un aplaudidor abyecto, Antonio Attolini; algo de prensa y los cirqueros de la mañanera, Lord Molécula, entre otros. Hubo desayuno, rollo a favor de la reforma eléctrica que finalmente fue desechada, baile, foto, video. Y su prensa con cargo al presupuesto de la Cámara de Diputados reseñando el show.

Nada, sin embargo, como la cascarita con Luis Hernández, ex futbolista, ex seleccionado nacional, en el salón de sesiones de San Lázaro. Uno dominando el balón, disparando, y el otro, en la tribuna, atajando.

Grotesco, irrespetuoso, Gutiérrez Luna recibió una andanada, reclamos, burlas y mentadas y el amago de ser llevado ante el Comité de Ética de la Cámara. Agravió un recinto oficial, la máxima tribuna del país, con un alarde de frivolidad e insensatez, comparable sólo con las grescas entre panistas y perredistas-obradoristas en 2006. El chivo loco arrasando la cristalería.

Si así piensa gobernar Veracruz, no quedará nada en pie.

Pudo sobrevivir a sus disparates y excesos, al protagonismo desbocado, a la obsesión por insertarse en la sucesión de Veracruz y hasta al insulto, la frivolidad de usar el salón de plenos de San Lázaro como cancha de futbol. Pudo sobrevivir políticamente porque Morena lo quiso ahí.

A lo que no sobrevivió fue a la lengua floja de López Obrador, al balconeo, a la ingenuidad de haber imaginado que el PRI validaría la reforma eléctrica o a la audacia de mentirle al presidente.

Y llegó el click. Andrés Manuel abrió la boca y políticamente lo mató.

Archivo muerto

Veracruz naufraga en un mar de angustia, dolor, muerte, el feminicidio in crescendo. Dicen que las cifras son frías pero cómo arden. Y si no, cómo duelen los 28 feminicidios y 28 homicidios de mujeres de enero a marzo de este 2022, según cifras del Observatorio de la Universidad Veracruzana. Y cómo indigna el ataque que le costó la vida a Juana Ovando de los Santos, activista por los derechos de la mujer, joven de 21 años con ansias de estudiar, con compromiso social. No murió, dicen los colectivos, la mató su vecino. La hallaron en un baño de su hogar, atacada en la cabeza presuntamente con un martillo y sufrió heridas de arma blanca. Se detuvo al presunto agresor, un vecino, maestro, originario de Orizaba, con el que presuntamente había ocurrido un conflicto. Procedente de Agua Dulce, municipio al sur, se instaló en Xalapa. Trabajaba para labrarse un destino. Tenía en mente ingresar a la Universidad Veracruzana. Destacaba en las lides juveniles del sector popular del PRI. Y de pronto su muerte. Su familia, los colectivos, sus amigos, la sociedad demanda, exige justicia para Yohana Ovando, como era conocida en redes. Que no sea una cifra más en la estadística de violencia. Son 28 feminicidios y 28 homicidios de mujeres de enero a marzo, y otros ocho crímenes de mujeres en abril. Veracruz naufraga en un mar de violencia que no se ha podido frenar… A la mala, Rocío Nahle va de nuevo por la agencia municipal de Villa Allende. Se vale del chismorreo, la intriga, la infamia, la presión política sobre el Tribunal Electoral de Veracruz. En breve se resolverá la impugnación interpuesta por su pupila, Yolanda Sagrero, y todo indica que la elección será anulada. Así pues, funcionan las tretas de una maniática del poder. Habrá nueva convocatoria. Lo que no habrá serán contendientes. Salvo Yolanda Sagrero, no se sabe quién se inscriba ante la Junta Municipal Electoral. Yolanda Sagrero va de casa en casa pregonando que la elección se habrá de repetir y ella —¡faltaba más!— será la próxima agente municipal de Villa Allende. A Yolanda Sagrero la impugnaron por el uso de la imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador en dos vehículos con leyendas alusivas a la revocación de mandato. Yolanda Sagrero carga un historial nefasto, desvío de recursos, uso indebido del servicio público, usurpación de funciones, lanita a asociaciones civiles de las que no enteró al cabildo de Coatzacoalcos cuando fue directora de Contabilidad en el ayuntamiento que encabezara el morenista Víctor Manuel Carranza Rosaldo, y 5 millones de pesos para la Universidad Politécnica de Coatzacoalcos que maneja como si fuera de su propiedad. Si le cuaja, si los contrincantes no participan y si no se llevan el caso al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Rocío Nahle habrá arrebatado la agencia municipal. A la mala, como el Peje de Macuspana. Maniática, pues… Maritza, la torpe Maritza, abre la boca y se enreda más. Maquilla la trastada de haber galardonado a un fantasma, asignarle el premio al diseño de los 500 años de la fundación de la Villa del Espíritu Santo, antecedente indirecto de lo que hoy es Coatzacoalcos, y hacerlo merecedor a 60 mil pesos, recurso que proviene del peculio municipal. De inmediato sobrevino el escándalo. Se multiplicaron las voces que advertían un plagio, o el uso de plantillas prefabricadas con herramientas de diseño digital. No era un diseño original. Y ardió Troya. Y el autor, Claudio Jaramillo Zapata, simplemente no apareció. Cerró cuentas en redes sociales y se esfumó. O simplemente nunca existió. Nada amainó el vendaval. Ni siquiera que el ayuntamiento haya retirado el premio y convocado a un nuevo certamen, que volvió a declarar sin ganador, pudo calmar los ánimos. Peor cuando a Maritza Mijares Díaz, directora de Turismo Cultural, se le señaló como parte de un amaño en el que surgió el nombre de Raziel Tamayo Mortera, hijastro del alcalde Amado Cruz Malpica. Y cuando el infierno continúa avivándose, Maritza tiene la genialidad de redactar un texto impregnado de soberbia y lo monta en su espacio de Facebook. Gracias le da a los amigos que la respaldan con mucho amor, y gracias a los que la hacen pedazos. Y todavía se le ocurre afirmar que le dan lástima. La soberbia es pecado capital. Y se agrava cuando al escándalo del logo plagiado y el diseñador fantasma se agrega saber que las Mijares son beneficiarias del influyentismo: Maritza es directora de Turismo municipal; Tania Pamela, su hermana, es directora de Atención y Participación Ciudadana, y su mamá, Raquel Díaz Páez, es directora del DIF. La triple designación es un error, pero lo del logo es cosa aparte. Despide tufo a corrupción, el primero de la naciente administración municipal en Coatzacoalcos. Y así seguirá mientras no aparezca y dé la cara Claudio Jaramillo, y demuestre que no es un fantasma…

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Fotos: NTR Zacatecas, Futbol Total