* “Empezamos antes que se diera a conocer la noticia”: Pedro Miguel * Redes y artes de pesca dañadas por falta de aviso oficial * Se impuso el código de silencio * Votos de Morena en Tamiahua se desplomaron * Hijo de Ramos Alor, en la nómina de Pedro Miguel * Explotan a choferes Quetzalli y hay paro
A Pedro Miguel no le importaron las redes, las lanchas, el hambre de los pescadores. Supo, antes que el petróleo recalara en las playas de Coatzacoalcos, lo que habría de venir. Y calló. El alcalde no alertó.
“De hecho, empezamos antes que se diera a conocer la noticia”, cuenta el vendedor de ilusiones.
“Ya habíamos tenido una reunión con Pemex –agrega–, PMA (Procuraduría del medio Ambiente de Veracruz), Protección Civil estatal, ejidatarios que vinieron a verme todavía antes. Nos preparamos desde el inicio. Todo detonó ese fin de semana”.
Fue un perverso código de silencio. Un silencio criminal.
Antes que el derrame de petróleo impactara Jicacal, en Pajapan, y Barrillas, en Coatzacoalcos, el alcalde lo sabía y calló. No hubo anuncio oficial de lo que estaba por ocurrir. Ni una voz, ni una acción pública.
Llegó el crudo a las playas e impregnó las artes de pesca, redes y motores, el casco de las embarcaciones al tiempo que en la silla de palacio, la que le queda grande a Pedro Miguel, reinaba la parálisis institucional. Antes del 2 de marzo, el títere de Nahle no alertó.
Llegaron las célebres “gotas” de petróleo crudo, como diría la filósofa Nahle intentando minimizar la tragedia, y la arena se tiñó de negro.
Y alzaron la voz los hombres del mar, los que hallan en la pesca su sustento diario. Y con ellos, los restauranteros y todos los que de una u otra forma viven de la afluencia turística.
El alcalde y su séquito de inútiles seguían pasmados. Analizaban las variables y la trazabilidad. Pedro Miguel atascado en su aparato de propaganda que muestra cómo un tonto con iniciativa suele engañar a una manada de tontos funcionales, la recua de la 4T.
Y nada más. Los asuntos gruesos siguen ahí, sin que el tonto de la colina los pueda resolver.
Hasta ese 2 de marzo, el alcalde seguía sin lanzar la alerta, aun sabiendo los alcances que el derrame comenzaba a tener porque el petróleo en el mar es contaminación.
Pedro Miguel se clavó en el silencio. Su galimatías lo retrata.
“De hecho, empezamos antes que se diera a conocer la noticia”, contaba el ‘vende humo’, como lo categoriza Sureste Sur, el 26 de marzo en los bajos del palacio municipal.
“Ya habíamos tenido una reunión con Pemex –agregaba–, PMA (Procuraduría del Medio Ambiente de Veracruz), Protección Civil estatal, ejidatarios que vinieron a verme todavía antes. Nos preparamos desde el inicio. Todo detonó ese fin de semana”.
La realidad dice otra cosa. El simulador de palacio no alertó a nadie, vio las “gotas” de petróleo llegar a las playas, fue un espectador más cuando las víctimas del derrame –pescadores y restauranteros– tomaron el toro por los cuernos y se dispusieron a recolectar las manchas de crudo.
Ya rebasado, Pedro Miguel reaccionó. Envió al personal del ayuntamiento y los vistió con uniformes de la compañía Maya, contratada por Pemex para realizar la recolección de petróleo.
“Primero ayudó con uniformes –abundó– y con equipo al personal del ayuntamiento. Nos los prestó. Y luego contrató personal de ellos para que vinieran a recolectar todo lo que estuviera llegando de hidrocarburo”.
Pedro Miguel confirmó lo que se difundía en redes sociales.
Tuvo otro desliz. No se recolectaron gotas de petróleo, como dijo su pilmama política, Rocío Nahle. Fueron toneladas.
“Platicando con el gerente de Relaciones Institucionales de la empresa, me comentaba que ayer en específico se habían recolectado determinada cantidad de toneladas (de residuos) en el área de Rabón, en el área de Allende, y que en Coatzacoalcos se había recolectado equis cantidad de kilos, que habían estado recolectando diario”.
El alcalde es como la gobernadora de Veracruz, rehén de su parloteo. Son almas gemelas en la verborrea de sandeces, en la omisión ante los problemas mayores, en no asumir culpas, en culpar a los demás.
Pedro Miguel ya enfermó. Anda atiborrado de protagonismo, de personalismo, de simulación.
Si no se trepa en el aparato de propaganda no muestra capacidad. Es el alcalde de los drenajes rebosados, de las calles rotas, de los baches, de las llaves de agua vacías. Es el alcalde extraviado en un laberinto de fotos y videos. Pedro Miguel con basura en las manos. Pedro Miguel junto al drenaje. Pedro Miguel y los baches. Pedro Miguel y las “gotas” de petróleo en la playa.
Pero a la hora de la verdad, es un cero a la izquierda.
Pudo alzar la voz. Pudo alertar. Pudo avisar a pescadores y restauranteros que venía la mancha de petróleo y que había que preservar sus artes de pesca. No lo hizo. Optó por el silencio perverso, el código de silencio.
Espulgar en la arena, levantar el petróleo acumulado, no es atender el ecocidio. La contaminación invisible, se halla en el mar, en los químicos que varían los componentes del agua, en el PH modificado, en la reducción de los niveles de oxígeno. Así mueren las especies marinas, la flora, los manglares.
Pedro Miguel y Nahle son dos gotas de simulación. Peor la gobernadora, que es química y sabe del efecto de los químicos del petróleo en el agua del mar.
La limpieza de playas no es algo nuevo. Desde los años 80, con la monboya frente a Ramón Grande, el desenganche de mangueras, luego de suministrarle petróleo a los barcos que yacían en altamar, provocaba derrames. Eso lo sabe la gente mayor. Los jóvenes no tuvieron esa experiencia o no se informan. Y así, desinformados, suelen hablar. Y si son de la 4T, más jodido aún.
El alcalde sólo es un político útil, manejable, maleable, el eunuco de palacio gusta de agradar a su madrina política, la química que mal gobierna Veracruz.
Pedro Miguel no razona lo elemental. Si sólo hubiera emitido una alerta pública, el daño a pescadores hubiera sido menor. Incumplió su función social.
A Pedro Miguel no le importaron las redes, las lanchas, el hambre de los pescadores. Supo, antes que el petróleo recalara en las playas de Coatzacoalcos, lo que habría de venir. Y calló.
El alcalde no alertó.
METADATO
Debacle de Morena en Tamiahua. Pudo ganar la elección extraordinaria a la alcaldía por los votos del Partido Verde, pero la tendencia morenista se desplomó. Sólo obtuvo 389 votos. Su alianza con el PVEM, que logró 3 mil 785 sufragios, le permitió ganar la presidencia municipal, que estará en manos de Pilar Guzmán Medellín, pariente de la ex alcaldesa y actual diputada, Citlali Medellín Careaga, una política multipartidos y multiacomodos con ansias de cacique local. El Partido del Trabajo alcanzó 4 mil 156 votos, sin alianza, siendo el que mayor respuesta ciudadana obtuvo. Así andará Morena que el PRI, que es una desgracia política, logró 570 votos, situándose en tercer lugar. El partido obradorista sólo superó al Partido Acción Nacional con 335 sufragios y a Movimiento Ciudadano con 187. La lectura es clara: donde Morena va sin alianza pierde. Y cada día la tendencia baja más… El hijo de Ramos Alor en la nómina de Pedro Miguel. Ni amiguismo ni tráfico de influencias; sólo orden, vocifera el alcalde de Coatzacoalcos. Y vuelve a mentir. El director de Patrimonio Municipal en el ayuntamiento es Roberto Ramos Alor Rodríguez, hijo del delegado de IMSS Bienestar en Veracruz, Roberto Ramos Alor. Ahí se ve la mano de la desgobernadora Norma Rocío Nahle García, acomodando a su fauna política en las nóminas municipales, los succionadores del presupuesto. Así que influyentismo, amiguismo, privilegios y tráfico de influencias sí hay. Y un alcalde que miente a placer, también. Ramos Alor Rodríguez es uno; la lista es larga… Explotan a choferes de Quetzalli y suspenden corridas. Concluida la Semana Santa, estalló el conflicto laboral en la línea de camiones de la gobernadora Norma Rocío Nahle García. Más de la mitad de los conductores pararon labores. Advierten una explotación demencial: más de 20 horas dando servicio, maltrato del secretario del fideicomiso, Juan Enrique Santos Mendoza, riesgo de provocar accidentes con daños a pasajeros, transeúntes, a terceros y a los mismos choferes. Ni siquiera se reconoce la relación laboral como empleados de Quetzalli sino de Ulúa, la línea de camiones chinos que opera en el puerto de Veracruz. El conflicto tiene sello, el de Rocío Nahle, su mala selección de personal de confianza, el haber colocado al frente de Quetzalli a Juan Enrique Santos, pese a su pésimo historial en la zona de Coatepec; a ser un diputado sin pena ni gloria en el Congreso de Veracruz bajo las siglas de Fuerza por México, ya desaparecido y haberse trepado a la carreta de la 4T ahora como dirigente de la CATEM (Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México), donde pululan todo tipo de sanguijuelas. La flamante línea Quetzalli ni siquiera cuenta con instalaciones propias, ni patio para estacionar sus unidades, ni sanitarios para los conductores. El aparcamiento se realiza en Plaza Acaya, al poniente de Coatzacoalcos. Vaya fiasco…

