El pacto sin dignidad sigue: Nahle y Uribe se humillan y al final se acomodan en la misma pandilla

* “Las Choapas siempre será su casa”, dice el alcalde; terminó sonriéndole a su verdugo, la que recordó que fue sentenciado a 20 años de prisión por el asesinato de un militar

MUSSIO CÁRDENAS

Las Choapas, Ver.— El pacto sin dignidad sigue. Rocío Nahle, la gobernadora, agravia; tilda a Jesús Uribe, el alcalde, de tener un perfil criminal. Y Uribe, luego de vapulear a Morena, y de paso humillar a la mandataria, se rinde, se somete y se pone a los pies de quien desgobierna en Veracruz. Y ambos olvidan. Tal para cual.

Sellan el pacto con una sonrisa y un cinismo que desborda; la lisonja, el aplauso, el tono servil del presidente municipal frente a su verdugo. Y Nahle, que no perdía ocasión para denostarlo, agradeciendo el halago, signo de rendición.

Quiérase o no, Chucho Uribe derrotó a Nahle y a Morena en la elección por la alcaldía de Las Choapas. Los aplastó. Demostró que la fuerza de Rocío Nahle es frágil. Arbitraria pero frágil.

A media campaña luego que la gobernadora Rocío Nahle García asediara al hoy alcalde de Las Choapas, Jesús Uribe Velázquez, y una vez electo lo fustigara y recordara que fue sentenciado a 20 años de prisión y liberado con un amparo, ambos se prodigan sonrisas y una dosis de cinismo.

Uribe abdica. Deja Movimiento Ciudadano y brinca –Síndrome Sheyla Jara– al petate de Nahle. El insulto y la descalificación moral es el resorte para pactar. 

“Las Choapas siempre será su casa”, dijo Jesús Uribe en tono conciliador, abyecto, nublando la memoria, simulando no recordar la cadena de epítetos, el lenguaje malandro de la gobernadora en la batalla por Las Choapas, en 2025, cuando era candidato de Movimiento Ciudadano y contaba con el apoyo del pueblo choapense para desterrar del poder municipal a Morena, como finalmente ocurrió.

Uribe, su familia, sus incondicionales, sonríen ahora, el 26 de marzo, buscándole el rostro a Rocío Nahle, olvidando aquella afrenta en que la gobernadora de Veracruz usaba el episodio en que el choapense fue acusado, juzgado, sentenciado y liberado mediante un amparo concedido por la justicia federal tras ser imputado por el crimen de un militar.

Uribe, su familia, sus incondicionales, ya convertidos a Morena, exorcizados, desbordando felicidad con la gobernadora que apretó con denuncias por la desaparición de vehículos en los corralones del negocio de grúas del alcalde de Las Choapas, días antes de chapulinear al proyecto de la zacatecana Nahle.

De hecho, no es uno sino dos agravios de Norma Rocío Nahle García a Jesús Uribe. Primero lo categorizó como un criminal y ahora es la reciente declaración precisando que aunque el alcalde de Las Choapas se acercó al gobierno de Veracruz expresando su intención de colaborar, dejando atrás a Movimiento Ciudadano, el partido que lo postuló y le prestó sus siglas, Uribe no estaba contemplado en los planes de Morena. Tácitamente le cerró la puerta a la afiliación.

Aun así, a Jesús Uribe no le hizo mella. Cuando la tuvo enfrente, le sonrió. El lacayo dobló la rodilla, perdió la dignidad.

En el evento, realizado en Las Choapas, se hizo entrega de la carretera Las Choapas-Paralelo. Y Jesús Uribe se lució:

“Hoy nuestra ciudad se llenó de alegría –refería el edil– al recibir a la gobernadora del estado de Veracruz, Ing. Rocío Nahle García”.

“Aquí entendemos –abundó– que la igualdad y los derechos son para todas y todos por igual: recibimos sin distinción y abrimos las puertas de nuestro hogar con gusto”.

“Esperamos que vuelva pronto. Las Choapas siempre será su casa”, se proyectó.

En esa, “su casa”, donde Morena fue despedazado en la elección por la alcaldía, se hallaba Raquel Bonilla Herrera, la senadora agitadora, favorita de la gobernadora, la que en julio de 2025 azuzaba a las huestes morenistas en el recuento de votos de Poza Rica, otra alcaldía que Rocío Nahle le robó a Movimiento Ciudadano, vía el fraude, la violación de paquetes electorales, el rompimiento de la cadena de custodia. O sea, el dúo de las mapaches coronando la captura del alcalde de Las Choapas.

Para Rocío Nahle, Jesús Uribe era un criminal.

Para Uribe, Las Choapas no debía ser de Morena sino de la oposición.

Al final sonrieron y se acomodan en el mismo gang.