Theurel: lo reventaron sus regidores

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

* Ignora Marcos al gobernador Duarte en su “informe”  * El CENDI de Nanchital, en zona de uso industrial  * Ya tienen “jefa” en el IPAX  * Otras dos de la playmate de Marcos  * ¿Y el tercer personaje?

 

Abusivo con el poder, Marco César Theurel Cotero podrá presumir ya que pasó a la historia como el primer alcalde de Coatzacoalcos en rendir un informe ilegal, enlodado por el repudio de su cabildo, denunciado por un sobregiro de decenas de millones de pesos, acusado por daño moral y, si algo faltara, por amenazas de muerte.

Sospechoso de mil transas y trinquetes, tuvo un día negro este lunes 17 cuando a la par que montaba un show en Coatzacoalcos para aparentar que rendía su segundo informe de labores, era denunciado en Xalapa por diez regidores ante el Congreso del Estado, la Secretaría de Gobierno, el gobernador Javier Duarte y el Órgano de Fiscalización Superior, por un cúmulo de irregularidades. En una frase: le  destaparon el cochinero.

Su informe, pues, no fue legal. Debió rendirlo en sesión solemne de cabildo, validada ésta por la presencia por cuando menos ocho de los 15 ediles —el 50 por ciento más uno, incluido el alcalde— en términos del artículo 29, párrafo segundo, de la Ley Orgánica del Municipio Libre. O sea, si diez regidores no acudieron al circo de Theurel, no hubo quórum y el informe carece de validez. Allá a los pobres invitados, a quienes les tomó el pelo.

Theurel —“Te rompo tu puta madre”— es un tipo obcecado, arbitrario, extremadamente violento y, sobre todo, voraz. También es torpe, insensato, descarado, negado para trabar acuerdos y atrapado en una espiral de altibajos emocionales, su multipolaridad, que lo han vuelto un ser intratable e, incluso, repudiable.

Haberse bronqueado con los diez regidores —seis panistas, un perredista y tres priístas— y tildarlos de chantajistas profesionales, que exigían 700 mil pesos para acudir al informe de marras, es sólo el colofón de un conflicto largamente tejido y el preludio de una denuncia por daño moral que ya se integra en su contra, agravada con su declaración a la prensa, una vez concluido el pseudoinforme, cuando les recetó de nuevo, y para que no quedara duda, que los movía el chantaje.

Semanas atrás, los regidores rebeldes venían cuestionando la reiterada negativa del alcalde Theurel a entregar los estados financieros de septiembre, octubre y noviembre, y a convocar a sesiones de cabildo para tratar los temas de dinero, otorgamiento de contratos de obra y servicios y todo aquello que el presidente municipal gusta hacer a espaldas de todos porque, dice, él “no es empleado de ellos”.

No sería su empleado, pero cuando los ediles enteraron al Congreso de Veracruz y al ORFIS que mister Theurel ocultaba los estados financieros, vino un apercibimiento que le quitó lo hablador: que entregara los expedientes o asumiera las consecuencias. Theurel mordió el polvo.

Poco después, Theurel montó en cólera cuando los regidores deslizaron que no acudirían a su segundo informe porque observaban contradictorio que al pueblo se le tirara un rollo de cifras y logros mientras a ellos, que son ediles, les negara la información. Transparente hacia fuera y opaco hacia dentro.

Se enchiló también ante los reproches de los regidores pues tenía 15 días disparando invitaciones a medio mundo para acudir a su informe en el Teatro de la Ciudad, sin antes tener el acuerdo de cabildo para cambiar de recinto oficial, como señala la ley. Le negaron el voto.

Maromero con mañas viejas y poco seso, Marcos Theurel —“Te rompo tu puta madre”— pretendió que los regidores le aprobaran una ampliación de presupuesto a cambio de entregarles los estados financieros y explicarles por qué ha tenido la mano floja y la chequera abierta.

Fue en ese punto cuando afloró la corrupción theurelista. Con las evidencias en la mano, los regidores pudieron constatar el sobregiro en el presupuesto y el escandaloso gasto que desdibujan los alardes de austeridad y los pataleos de arrogancia administrativa de Theurel.

Uno de los ramos, el llamado Congresos y Convenciones, para el que la Legislatura de Veracruz autorizó 50 millones de pesos anuales, se excedió hasta alcanzar los 110 millones de pesos. Y supuso, erróneamente claro, que le habrían de avalar el aumento.

Le cuestionaron el salario de 100 mil pesos mensuales de la presidenta “honoraria” del DIF Municipal, Guadalupe Félix Porras, su esposa Lu-pilla, malogrado invento político, para quien hay una campaña de prensa permanente, al costo que sea, en los medios de comunicación, a ver si de rebote prende su candidatura a la alcaldía, la diputación local, la sindicatura o un puesto de intendente en el próximo Ayuntamiento. Lo que sea su voluntad.

En su propuesta indecorosa, Marcos Theurel intentó que los ediles le autorizaran trapacerías del 2010, triquiñuelas del 2011 y algo de la podredumbre del 2012. También ahí fue bateado.

No termina ahí el cochinero del alcalde Theurel. Pretendía que le autorizaran un nuevo paquete de obras, las que, como suele hacerlo, las otorgó sin el acuerdo de cabildo. Amén de que lo mandaron por un tubo, los regidores rebeldes presumen que los contratos fueron otorgados mediante licitaciones chuecas y amañadas. Punto en contra, pues con su firma los ediles se habrían ganado un conflicto legal y seguramente la cárcel.

Ya prendido en su guerra privada contra los ediles, comenzaron a recibirse llamadas telefónicas en que los amenazaban de muerte, al estilo de los matarifes de barriada. Por ello y por las imputaciones de “chantajistas”, Theurel va a confrontar una denuncia por daño moral y lo que resulte.

Autorizar la ampliación de presupuesto requerida por el alcalde, habría sido equiparable a solapar el desenfreno presupuestal y convalidar graves irregularidades. De ahí que los regidores desdeñaran la mascarada de informe que presentó el alcalde de Coatzacoalcos y, a cambio, lo denunciaran ante el Congreso de Veracruz, el ORFIS y el gobierno estatal.

No termina ahí el episodio. Hay un voluminoso expediente y un descalabro político qué reseñar.

 

Archivo muerto

 

Ni una mención, ni un elogio, del alcalde Marco César Theurel Cotero al gobernador de Veracruz en su pseudoinforme de labores. Tuvo que ser el representante de Javier Duarte de Ochoa, el subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia Mello, quien lo invocara; quien resaltara la figura de Karime Macías, esposa del mandatario, y citara la presencia del suegro incómodo, Jesús Antonio Macías Yazegey. Así de fría andan esos vientos… Consumada, la instalación del Centro de Desarrollo Infantil de Nanchital en terrenos de la Administración Portuaria Integral, o sea en área industrial. Allí acudirán 120 niños, hijos de madres petroleras, que lamentablemente estarán en riesgo permanente, pues a escasa distancia se hallan tanques con residuos de melaza, se construye una gasolinería y se reparan transportes acuáticos, con manejo de sustancias inflamables. ¿Sabrán de ello el líder nacional del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, aquel célebre receptor del besito de caballeros, y el ex director de Petróleos Mexicanos, Juan José Suárez Coppel, padrinos de tan célebre barbaridad? ¿Habrán leído que hace tres años, en Hermosillo, Sonora, ocurrió un terrible accidente en la guardería ABC, con saldo de 49 niños muertos, y desde entonces se extremaron las precauciones en todas estancias infantiles del país, restringiendo su instalación en zonas industriales y de manejo de residuos peligrosos? A todo esto, ¿con qué uso de suelo concedió la licencia el Ayuntamiento de Nanchital que preside Alfredo Yuen Jiménez, líder petrolero, parte del grupo que intenta reventar y echar del STPRM a Romero Deschamps?… Pierden el sueño los mandos medios y altos cuando ven que de facto, de la noche a la mañana, Verónica Isabel Arellanos se convirtió en su nueva mandamás en el Instituto de la Policía Auxiliar y Protección Patrimonial (IPAX), dueña de la voluntad del aún comisionado, José Martín Gómez. De su mano, pasó de ser simple policía a supervisora sin acreditar los exámenes correspondientes para ascenderla como es la ruta que siguen quienes aspiran a un puesto en el escalafón. Con derecho de picaporte, la terrible Vero se mete y entromete en reuniones con los gerentes de área; opina y toma decisiones en temas de alta relevancia, dejando con cara de ¡what! al de Desarrollo Humano, Ignacio Hernández Berrueco, y al de Administración, Ernesto García Barrientos, rebasados por la entrañable amiga del comisionado del IPAX. No tiene mérito alguno la “Señora Comisionada”, como ya le llaman, pero, eso sí, orejea por todos rincones del edificio del IPAX para saber quién habla mal de su querido jefe, allanando espacios, asaltando reuniones privadas, incrementando la paranoia que a muchos aqueja. No saben los gerentes si deben acordar con el comisionado José Martín Gómez o con la comisionada incómoda, Verónica Isabel Arellanos. Lo de los salarios, compensaciones, estímulos regateados al personal y servicios prestados a políticos, emisarios de la prosperidad, no cobrados o cobrados bajo el agua, es tema aparte… De frente en una, fingidamente dormida en otra, de cuerpo entero en ambas, la playmate de Marcos muestra la anatomía en dos escenas más del morboshow que tiene al gremio político con la respiración contenida. La segunda no la publicarían muchos, ni Hugh Heffner, por eso que llaman “mal gusto”. No es tema íntimo ni privado lo de la playmate de Marcos cuando los grupos en pugna ya han lanzado las primeras piedras y un centenar de escupitajos; cuando priístas y no priístas circulan las imágenes y luego se persignan. No es asunto de sábanas personales cuando develan las lagunas éticas, llámense fantasías eróticas o episodios infieles de la asesora, la misma que en su actuar público probó ser tirana y dijo “de aquí soy”. Así como es en privado, es en público. Diría Reyes Heroles, la forma es fondo. En sí, el show de la playmate de Marcos describe alcances y desenfrenos de la afamada dama, cuyas víctimas cuentan a toda hora su terrible experiencia personal con ella. Historia sin fin, pues, que se va a agravar por un tercer personaje, de cabello envaselinado, que salta a escena en la cuarta foto, la más vulgar