Un Peje menos

 


* Ampudia suplanta al PRI  * Quién se acuerda de Erick Lagos  * Suspenden obra de túnel  * Departamento en Miami  * El custodio del tesoro del sur  * Cumplemenos de Rosa Borunda  * El alcalde de Nanchital y “El Pillín”

 

Irse “a la chingada”, como ofreció si perdía la elección presidencial, le resulta impensable a Andrés Manuel López Obrador, frente a otro proyecto que políticamente le viene más a modo: atizar el conflicto poselectoral. Después de ello, puede irse adonde quiera.

 

Ayer, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) configuró la sentencia que desechó la impugnación de la coalición Movimiento Progresista, que pedía declarar inválida la elección por la Presidencia de México, López Obrador activó el detonante que define el camino hacia la rebeldía, su Plan B, en el que el Mesías tropical se mueve como pez en el agua, aunque políticamente no le aporte nada.

Acudir al TRIFE fue sólo cubrir las formas y no salvar conductos. Presentó argumentos sólidos y auténticas bufonadas, trivializando su queja con un marrano, un chivo, tres gallinas y dos patos, supuestamente usados por el PRI para comprar votos, que hicieron suponer que está peor de lo que sus detractores le dicen.

Ganar en el TRIFE era remoto, y López Obrador lo sabía. La lucha del Peje, su apuesta real está en el conflicto poselectoral, que a la postre, mal conducido, como en 2006, desgasta y aniquila.

Nueve agravios contenidos en la impugnación, incluido el rebase al tope financiero de campaña; el pago de una estructura paralela, vía tarjetas Soriana y Monex; la compra de publicidad encubierta; la campaña adelantada del priísta Enrique Peña Nieto; la manipulación de encuestas; la compra de votos mediante despensas y otros beneficios, fueron desechados de tajo, con o sin sustento, por el TRIFE.

De los 10 mil elementos de prueba aportados en su alegato, el magistrado Salvador Olimpo Nava Gomar, dijo que “suelen ser vagos, generales o imprecisos”, sin que hallara elemento para acreditar fraude y reforzando la conclusión de que la elección fue “libre y auténtica”.

Quizá de los siete integrantes de la sala superior del TRIFE, Nava Gomar fue el más descarado y pro-priísta, al lanzar una frase que advierte que la causa lopezobradorista estaba perdida antes de iniciar la batalla: “México tiene a un Presidente electo por el pueblo, el ciudadano Enrique Peña Nieto”.

Otra magistrada, María del Carmen Alanís, también inclinada al PRI, según revelador reportaje de la revista Proceso, tocó el tema de las encuestas. Negó validez al argumento de la coalición de izquierda y aseguró que la afirmación del Movimiento Progresista “confunde la naturaleza y los fines del ejercicio periodístico que se encuentra amparado en el derecho a la libertad de expresión”.

Incluso, fue más allá:

“Con la publicación de encuestas —dijo— y su difusión en medios, el proyecto válidamente concluye que no hubo afectación alguna al principio de equidad en la contienda, como que tampoco se vulneró la libertad del sufragio”.

Pedro Esteban Penagos abordó el apartado de las tarjetas y monederos electrónicos y dijo, con simpleza cínica que la coalición PRI-Partido Verde las adquirió para sus militantes “más no para la compra, coacción o inducción del voto”.

Con esos magistrados para qué quiere México democracia.

Por esa ruta caminaron los santones del TRIFE, dueños finalmente de la elección presidencial y de la suerte del Peje López Obrador, hasta finalmente lograr la unanimidad de votos, siete contra cero, para desechar la impugnación de la izquierda.

A nadie sorprendió. No provocó sorpresa ni en AMLO ni en su círculo de confianza. Días y horas antes de la sesión del TRIFE, López Obrador, Ricardo Monreal, quien fuera su coordinador de campaña; Jesús Zambrano, líder nacional del PRD, cuestionaban la calidad moral de los magistrados y advertían que quienes habrían de juzgar la elección habían recibido línea; que se comportaban como delincuentes, y que “son farsantes con toga y birrete”.

Viene ahora un conflicto poselectoral de dimensiones mayores; la democracia del desmadre; la protesta, mítines y manifestaciones; la toma de plazas y espacios públicos, el cerco a periódicos y televisoras; toma de tribunas en la Cámara de Diputados y el Senado; el intento por impedir que Enrique Peña Nieto rinda protesta como Presidente Constitucional, o quizá López Obrador se reelija como presidente legítimo y se vuelva a imponer la banda presidencial. Se trata de correr la misma película de hace seis años, para llegar al mismo destino.

Convocar a la resistencia pacífica no va a revertir el resultado, pero permitirá al Peje aterrizar la derrota, mostrar dignidad, concentrar capital político, garantizarse vigencia como figura de la izquierda y sostenerse como caudillo de la izquierda beligerante, quizá no de las tribus moderadas, dialogantes, que no tardarán en conminarlo a reconocer el fallo del TRIFE y la legitimidad de Peña Nieto. Fuera de eso, lo demás es show.

Atado a su esencia rebelde, López Obrador sabe del fraude priísta, como millones de mexicanos, pero careció de elementos para sustentarlo ante un TRIFE que le cobró habladas, ataques, descalificaciones, algunas no sin razón, manchados cuando menos tres magistrados con el lodo del PRI. Su suerte, pues, está echada.

Tendrá ahora que mandar al diablo las instituciones y agitar. Será un Peje menos.

Irse “a la chingada” fue su promesa en el escenario de la derrota. En él está. Difícilmente cumplirá.

 

Archivo muerto

 

Yunistas y no yunistas, observan, unos con asombro y soberbia, otros con preocupación e ira, el súbito crecimiento del subsecretario de Gobierno de Veracruz, Enrique Ampudia Mello. A él acuden alcaldes, dirigentes de partidos, líderes sociales, empresarios, dirigentes estudiantiles, para destrabar nudos y abrir candados. Ante la parsimonia, el liderazgo achatado del presidente estatal del PRI, Erick Lagos Hernández, los priístas se han vuelto asiduos de la Subsecretaría de Gobierno, donde trabaja a quien llaman, no el número tres, ni el dos, sino el uno y medio de palacio. Así inicia el congelamiento de Erick Lagos. Así suplanta Ampudia al PRI. Así lo planeó Javier Duarte… Ojeriza, maldición, el túnel sumergido bajo el río Coatzacoalcos es rehén de la mala suerte. El martes 28 se colocaría uno de los elementos por el que circularán los vehículos, bajo el lecho del río, pero de último momento fueron suspendidos los trabajos. La empresa contratada dijo no estar en condiciones de realizar la maniobra, supuestamente porque las lluvias de las últimas semanas arrastraron palotada proveniente de las partes altas del Coatzacoalcos y provocaron azolvamiento. Petróleos Mexicanos y la Administración Portuaria Integral (API) registran pérdidas millonarias al haber suspendido operaciones, entrada y salida de barcos a sus muelles, por la maniobra de colocación del elemento del túnel sumergido, que finalmente se pospuso hasta nuevo aviso. Se trata de la mayor obra de ingeniería, técnica de altos vuelos, del continente americano, pero aquejada por mil sinsabores, cuestionamientos, la suspensión de recursos, la mala calidad de la obra, que obligó a demoler dos elementos, los parches a los trabajos, la conducción errática del proyecto cuando lo tuvo en sus manos el entonces secretario de Comunicaciones de Veracruz, Marco César Theurel Cotero… Bien cubierto, la empresa le sirve para granjearse fortuna y un lugar en el jet-set político. Embozado, empresario milagro, creador de software, genio de comunicaciones, coscolino sin remedio, no repara en que el amor quede en familia —“al fin que a la prima se le arrima”, dice el refrán—, más espirituoso que espiritual, tiene el futuro que otros quisieran, comprado a largo plazo. Hará unos tres años adquirió un departamento en Miami, en la costa de Florida. Allá llevó a sus cuates, desde la costa veracruzana, y la pasaron de reventón, un carnaval con garotas, licor y maldad. Terminado el jolgorio, entregó las llaves, las dejó encargadas y no volvió más. Por ellas pasaría el dueño real del lujosísimo lugar, en el rincón más selecto de Miami. Hoy, el empresario espiritual mantiene su perfil bajo, sin dar de qué hablar. Resguarda el tesoro del sur… Cumpleaños, hace un par de días, de Rosa Borunda de Herrera, esposa del ex gobernador de Veracruz Fidel Herrera Beltrán. Recibió, seguramente, los parabienes de los suyos y de todos aquellos a quienes prodigó cariño y a los que políticamente encumbró. Seguro le llamó el gobernador Javier Duarte de Ochoa, de quien fue la más ferviente impulsora; a quien le operó en campaña. Seguramente le habló Karime Macías Tubilla de Duarte, su sucesora en el DIF Estatal, que en sus días en el Voluntariado no cesaba de alabarla hasta el exceso. Debe haberle llamado María Gina Domínguez Colío, vocera del gobernador, a quien doña Rosa hizo enlace de prensa de Javier Duarte en la Secretaría de Finanzas y después la entronizo en su mausoleo del boletín, la Dirección de Comunicación Social del régimen duartista. Debe haber sido un día para conocer a los verdaderos amigos… ¿Qué hacía el alcalde de Nanchital, Alfredo Yuen Jiménez, en casa del doctor Víctor Manuel González, “El Pillín”, días después de la elección federal del 1 de julio? Corre la pregunta por los pasillos de la Sección 11 del sindicato petrolero, pues “El Pillín” es cuñado de Ricardo Castelo Castillo, ex alcalde de Nanchital y jurado enemigo de Ramón Hernández Toledo, jefe político de Alfredo Yuen. Convenientemente oculta, la comida de la traición tenía filo: ir conformando la candidatura independiente de “El Pillín” a la alcaldía de Nanchital, en 2013, para enfrentar a Hernández Toledo y pulverizarlo políticamente. Desleal, muerdemano, a esas se presta, y a otras peores, el alcalde Alfredo Yuen