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Los dejaron morir



 


* Gabriel Huge, Guillermo Luna y Esteban Rodríguez debieron ser protegidos * Gobierno federal y de Veracruz incumplieron protección: Amnistía Internacional y Artículo 19  * La marcha frustrada de la Asociación de Periodistas de Coatza  *Comunicadores de Minatitlán sí toman las calles  * Mensajes amorosos para Rocío Nahle

 

Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez murieron por la violencia del crimen organizado y por la negligencia del Estado —la negligencia del gobierno federal y la del régimen de Javier Duarte— que, avisado que sus vidas corrían peligro, nada hizo para protegerlos.


 

Se les perdió la pista el miércoles 2 de mayo. Pasado el mediodía no se tuvo contacto. Ilocalizables, no atendían sus teléfonos celulares ni sus radios Nextel, raro en ellos pues nunca se desconectaban.

Un día después, el jueves 3, sus cuerpos aparecieron en el canal La Zamorana, en el puerto de Veracruz. Presentaban golpes, huellas de violencia, rastros de tortura, salvajemente desmembrados.

Con ellos se hallaba, también Irasema Becerra, pareja sentimental de Guillermo Luna, trabajadora ella del diario El Dictamen, en el área de publicidad, la misma suerte, el mismo destino.

No se sabe, bien a bien, quien los ultimó. Por la violencia, por la saña, se presume que fue una banda del crimen organizado. Gabriel Huge “El Mariachi”, Guillermo Luna y Esteban Rodríguez, tenían algo en común: habían sido amenazados de muerte.

Huge y Luna, tío y sobrino, fueron reporteros gráficos del periódico Notiver, el más influyente del puerto de Veracruz; Esteban Rodríguez lo fue del diario AZ. Los tres, sin embargo, habían huido hace casi un año y sobre ellos pendían amenazas siniestras.

Según los relatos de prensa, las pistas que ilustran sobre el tema, Gabriel Huge, Guillermo Luna y Esteban Rodríguez renunciaron a sus medios cuando fue ejecutada la reportera de Notiver, Yolanda Ordaz de la Cruz, el 26 de julio de 2011. Un mes antes, la madrugada del 20 de junio, un comando asaltó la casa del columnista Miguel Angel López Velasco, también de Notiver, y lo ejecutó junto con su esposa, Agustina Solana, y su hijo Misael López Solana, quien realizaba trabajos fotográficos para ese diario.

Huge, Luna y Esteban Rodríguez fueron parte de los periodistas que renunciaron a sus empleos y se autoexiliaron, agobiados por las amenazas de muerte del crimen organizado.

Gabriel Huge, según el texto titulado “Fin de un exilio”, del portal Noticias Mexico.com, fue al sur del país y luego al norte de Veracruz. Buscó empleo, sin conseguirlo. “Estaba boletinado”, aseguraban que decía de su mala suerte para enrolarse en alguna empresa y dedicarse a lo que fue su pasión por 20 años: el periodismo. Regresó en enero y comenzó a trabajar como freelance y en una estación de radio de la cuenca del Papaloapan, donde transmitía reportes policíacos.

Guillemo Luna Varela había sido reportero gráfico de Notiver durante algunos meses. Tras el asesinato de Yolanda Ordaz se fue de Veracruz o se hizo ojo de hormiga. Regresó y durante cuatro meses publicó sus fotos en la agencia Veracruznews. Mantuvo una relación sentimental con Irasema Becerra, a quien sus vecinos identificaban como trabajadora de El Dictamen, en el área de publicidad.

Esteban Rodríguez fue reportero de AZ a lo largo de cinco años. “Durante un año fue reportero policíaco nocturno del canal local de TV Azteca. Tras los asesinatos de Miguel López Velasco y Yolanda Ordaz, se fue de Veracruz. Regresó más tarde tratando de encontrar empleo en medios, pero no tuvo suerte, por lo que se dedicaba a la mecánica automotriz. Ya no intentó conseguir trabajo en medios”, refiere el portal Noticias México.com.

Dos reportes señalan que el Estado mexicano, tanto el gobierno federal como el gobierno de Veracruz, estaban alertados de la frágil situación en que se hallaban los tres reporteros. Consta en dos pronunciamientos de las organizaciones Amnistía Internacional y Artículo 19 de protección y seguridad de los periodistas, las cuales, incisivas, denotan la negligencia oficial. Pudieron protegerlos pero no lo hicieron.

Amnistía Internacional establece que los crímenes de los tres periodistas “no ocurrieron sin previo aviso”. Sus nombres “figuraban en una lista que desde el año pasado circulaba con amenazas en su contra”.

Un despacho de prensa, aparecido en la revista Proceso, el viernes 4, precisa:

“A pesar de que las autoridades estaban informadas de esta situación, no tomaron medidas para asegurar la protección de los periodistas en riesgo, varios de los cuales se vieron obligados a salir del estado por motivos de seguridad, señaló AI”.

Artículo 19, por su parte, evidencia una grave negligencia por parte de los gobiernos federal y de Veracruz en torno a la suerte de Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez. Sabedores que eran periodistas en situación de alto riesgo, nada hicieron para protegerlos.

Se les informó desde el 27 de octubre de 2011, durante una audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Sin embargo, los hechos previstos, sucedieron”.

Fueron desoídas las alertas de Artículo 19. Ni la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación del régimen calderonista, ni el gobierno de Veracruz “tomaron medidas para garantizar la seguridad de los periodistas, quienes formaban parte de un grupo aún mayor de (periodistas) desplazados”.

En ese informe se enlista a un total de 13 periodistas que tuvieron que dejar estado de Veracruz por amenazas; uno de ellos es de Coatzacoalcos, del periódico Orale.

Para Artículo 19, “las autoridades —según despacho del portal Desde Abajo.com— han incumplido reiteradamente con sus obligaciones internacionales de garantizar el libre ejercicio de la libertad de expresión y los mecanismos actualmente establecidos no atacan el problema central que es la impunidad que sigue a estas acciones, las cuales tienen un efecto silenciador en varias regiones”.

Negligentes por partida doble, tanto el gobierno federal como el que encabeza Javier Duarte de Ochoa en Veracruz son corresponsables, por omisión, de la muerte de Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez, e indirectamente de Irasema Becerra, por no haber emprendido acciones que garantizaran su seguridad y el libre ejercicio de su actividad periodística.

Hostil, alevoso, arbitrario, el gobernador de Veracruz agrava el ambiente con su actitud persecutoria hacia los medios de comunicación críticos que advierten el desastre en que se halla convertido Veracruz, su seguridad hecha añicos, su territorio transformado en un santuario zeta.

Sacudido por el nuevo escándalo de sangre, Javier Duarte no puede eludir su responsabilidad. En octubre fue informado de los 13 periodistas que se autoexiliaron por ser amenazados de muerte, y nada hizo.

Simplemente, junto con el gobierno federal, los dejaron morir.

 




Archivo muerto

 

Vergüenza pura produce la Asociación de Periodistas de Coatzacoalcos. No quiso hacer su protesta pública, marchar por la calles, ante el crimen de la corresponsal de Proceso, Regina Martínez Pérez, y los ex fotorreporteros del Notiver, Gabriel Huge y Guillermo Luna, así como el del ex reportero de AZ, Esteban Rodríguez. Su líder, Gerardo Enríquez Aburto, anunció la marcha para el jueves 3, y convocó a todo el gremio. Horas antes de la manifestacion, vía mensajes telefónicos, la APEC desactivó la protesta. Optó por reunirse con el secretario de Gobierno de Veracruz, Gerardo Buganza Salmerón, a quien le entregaron una carta “enérgica” en la que le “exigían” al gobernador Javier Duarte se aplicara a resolver los crímenes. En corto, en el confortable Centro de Convenciones de Coatzacoalcos, se produjo el encuentro. Buganza nada arregló. Fue el portador del mensaje. A diferencia de agrupaciones periodísticas como la de Minatitlán y la Unión de Comunicadores del Sur de Veracruz, que sí expusieron su protesta en las calles, la APEC se exhibió en su naturaleza real: una asociación política sometida a los designios del gobernador en turno… ¿Amoroso El Peje? No, amoroso el admirador secreto de Rocío Nahle García. Pinta bardas con frases como: “Rocío, me gustas” y “Territorio Nahle”, nada estéticas pero sí efusivas, letras en color rosa. ¿O será el ingeniero Peña Peña, esposo de la candidata del Partido de la Revolución Democrática a la diputación federal por Coatzacoalcos, que así patentiza quién es la dueña su corazón?…