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El preso político que venció al gobernador

* Amparo a Rogelio Franco * Cuitláhuac, como si fuera gobernador del viejo régimen * Refundar al PRI con lo peor del PRI * Dulce Valeria, acusada de vínculos con el Cártel Jalisco * Cercana a Orozco y Bulmaro, todopoderosos del Itesco * Eusebia Cortés y el programa “Tú lavas, yo transo” * Acoso laboral en Instituto de la Mujer de Coatza

Tierra de nadie, el penal de La Toma, en Amatlán de los Reyes, es un infierno que alberga demonios de alto nivel, psicópatas violentos, narcos y secuestradores, asesinos sin alma que se hablan de tú con las dagas y las balas, que transpiran pólvora y muerte. Y entre ellos aún anda Rogelio Franco, el preso político del gobernador.

Se roza con el bajo mundo, el crimen organizado que opera a sus anchas. O los ve y se sigue de frente. O a los malos malísimos se los topa y los evita. Y a los presos comunes los escucha, los entiende. Y así, día tras día, hasta agotar procesos legales que lo tienen a un paso de la libertad.

Cinco meses a la sombra, sintiendo la inquina de Cuitláhuac García Jiménez, el gobernador que lo refundió en La Toma inventándole delitos, violando un juicio de amparo, prefabricando un escenario de conflicto con la Policía de Veracruz, un supuesto altercado para finalmente atribuirle ultrajes a la autoridad y retenerlo en la cárcel por una razón política: evitar que Rogelio Franco Castán fuera diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática.

Van cinco meses y la pesadilla llega a su fin. Cercado en una carretera de su natal Tuxpan, el 13 de marzo vio acercarse a la policía de Veracruz, cerrarle el paso, conminarlo a dejar el vehículo y quedar en sus siniestras manos. Les exhibió la suspensión otorgada en un juicio de amparo contra delitos que le imputaba su ex esposa y aún así los uniformados violaron la orden federal.

Sin argumento válido, sin escuchar razones, le atribuyeron ultrajes a la autoridad, delito grave que amerita cárcel sin derecho a fianza. Y la jueza Alejandra Barrientos Castellanos, le fijó ocho meses en prisión en tanto se desarrollara el proceso penal. La instrucción fue aprehenderlo y no dejarlo ir.

Sintió la rabia de Cuitláhuac con el traslado del penal de Tuxpan al reclusorio de La Toma, en Amatlán de los Reyes, donde pululan narcos pesados, zetas y golfos y jaliscos, secuestradores y extorsionadores, criminales a los que combatió siendo secretario de Gobierno, durante el yunismo.

Una vez tras las rejas, Cuitláhuac le soltó la jauría mediática, los perros amaestrados de la información, de prosa miserable pero que sirven para tejer historias de violencia doméstica desde la visión de Guillermina, la ex cónyuge que un día dice que le hackean la cuenta de feis y otro que es golpeada a mansalva; Guillermina, a la que sus propias hijas públicamente instaron a volver al especialista y tratarse las obsesiones mentales, las que la acusaron de maltrato intrafamiliar.

Otra prensa habría de documentar que la susodicha acusadora y su nueva pareja, se movían por la mano de Morena, con las huestes del gobernador, atizando una hoguera para consumir a Rogelio Franco. Cobrarían la pillada con espacios en la Cuarta Malformación.

Tres voces, sin embargo, reventaron la burbuja de ataques inflada en los pasillos de palacio, urdida en la mente del gobernador. Tres voces, las de las dos hijas de sangre del líder moral del PRD en Veracruz y la de la hija de Guillermina, que abiertamente condenó las acciones de la madre y enalteció el rol de Rogelio Franco en el seno familiar.

Aquel lío judicial fue fraguado y detonado años atrás, en los días en que era secretario de Gobierno yunista. Franco acudió a la vía federal y con una suspensión de amparo siguió su vida normal… hasta que Cuitláhuac García lo reactivó.

Aprehendido en Tuxpan, Rogelio Franco pasó en un instante a ser el preso político del gobernador.

La infamia tiene móviles. Y los móviles son políticos. Tienen mucho de venganza y nada de justicia.

¿Qué movió a Cuitláhuac García a encarcelar a Rogelio Franco? ¿De dónde la inquina y la saña? ¿Por qué Franco y no el ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, al que por falta de agallas Cuitláhuac alude pero no llama por su nombre?

Rogelio Franco fue el número dos del gobierno yunista, el que mantuvo a raya a Morena en 2017, controlando al Órgano Público Local Electoral, frustrando el triunfo morenista en 100 alcaldías y confinándolo sólo a 16 presidencias municipales.

Franco fue pieza clave en la búsqueda y rescate de propiedades —ranchos en México de costo millonario, inmuebles en Estados Unidos y Europa— adquiridas con recursos públicos por los prestanombres de Javier Duarte, el ex gobernador ladrón, cuya corriente priista se alió con Morena y operó en la elección de 2018 en Veracruz.

Franco es el líder de la tribu perredista más sólida en Veracruz y fue pieza clave para la construcción del bloque PRI-PAN-PRD en la contienda del 6 de junio, y se negó a sabotearla.

Su aprehensión, cuando apenas se alistaban las campañas, fue una señal a la oposición. Fue el preámbulo de la violencia política gestada por Morena en el poder que hizo de Veracruz la entidad líder en agresiones a candidatos y el encarcelamiento de los adversarios del gobernador.

Cuitláhuac, que suele pensar con las tripas, ideó el plan: encarcelar a Franco Castán y provocar la cancelación de la candidatura a diputado federal plurinominal por el PRD. Pero la trama falló.

Así se hallara vinculado a proceso, la ley le preserva sus derechos políticos mientras no exista sentencia firme. La candidatura nunca estuvo en riesgo. Llegada la elección del 6 de junio y con los votos logrados por el PRD en la tercera circunscripción, y por el lugar ocupado en la lista pluri, Franco aseguró su llegada a San Lázaro.

Cuitláhuac intentó retenerlo en prisión, evitar que el 1 de septiembre, al arrancar la nueva Legislatura federal, el perredista pudiera asumir el cargo. Pero el amparo otorgado a regañadientes por el juez Ricardo Mercado Oaxaca lo tiene a un paso de la libertad.

Percibiendo los la parcialidad del juez federal, las hijas de Franco, sus amigos, el perredismo de Veracruz que le es afín, salieron a confrontar al Poder Judicial Federal. Y lo acorralaron.

Frente a todos, Viviana Franco formuló el martes 3, un relato preciso, exhibiendo las dilaciones y trapacerías, las audiencias postergadas, las audiencias fijadas con fecha remota, la actuación de un juez federal que baila al ritmo lento que le toca el gobernador.

“Venimos a pedir y exigir justicia para mi padre. La justicia no puede esperar más. Han transcurrido 144 días privado de su libertad, tiempo que sido muy difícil para nosotras pero sobre todo para él porque está en prisión por un delito que no cometió. 

“Esto es un montaje del gobierno estatal por ser opositor y no quedarse callado ante las injusticias del mal gobierno que hoy tenemos en Veracruz. Desconocemos por qué a toda costa quieren impedir que tome protesta como diputado federal.

“Señor juez: usted lleva retrasando la resolución 134 días. Primero, con chicanadas jurídicas tardó 90 días para celebrar la audiencia y ahora lleva 44 días para emitir la resolución del amparo. Usted no tiene elementos para dejarlo en prisión. Por eso ha utilizado prácticas dilatorias y ha usado facciosamente la ley para no resolver”.

Horas después, el juez Mercado Oaxaca emitía una resolución. Lo ampara contra la vinculación a proceso y los ocho meses en prisión preventiva, pero dejó de lado la inconstitucionalidad del delito de ultrajes a la autoridad. Deberá ser un tribunal colegiado el que tome la resolución final.

“Se lavó las manos”, reclamaron los allegados a Franco, viendo que los días transcurrían y el infierno en La Toma no amainaba, que los zetas, los golfos, los jaliscos operaban desde el interior de la prisión, con su olor a muerte, hablándose con las dagas y las balas, sembrando el miedo.

Como sea, llegó el amparo y Franco acaricia la libertad.

El preso político ha vencido al gobernador.




Archivo muerto

Con el lodo a cuestas, el alma sucia, impresentables todos, los Ulises Ruiz, los Lerdo de Tejada, los Héctor Yunes pretenden refundar al PRI. Llevan tatuada la corrupción, la adicción al poder, el escándalo y la complicidad en el saqueo a las arcas publicas, el silencio infame ante los excesos y trapacerías de quienes ejercieron el mando en alcaldías, gubernaturas y la Presidencia de México, o fueron protagonistas de sus propias trastadas, o callaron ante la Estafa Maestra de un Peña Nieto o el robo descarado y aún impune de Javier Duarte, o el acoso judicial y tortura de Mario Marín a Lydia Cacho, o los narcovínculos de Mario Villanueva Madrid, o el silencio ante la corrupción de un Murat, un Yarrington, un Fidel, un Rodrigo Medina. Y convocan —¡faltaba más!— a refundar al PRI. Amén de que el PRI agoniza, qué buen show se chutan Ulises, Lerdo de Tejada, Héctor Yunes, que son más de lo mismo, de los que acumulan tanto denuncias por violar derechos humanos como por disfrazar al padre y a los hermanos de policías para obtener permisos de portación de armas de la Sedena —¿o no Héctor?—, o de los adictos a la nómina oficial, sea en un Senado, en la Cámara de Diputados, en los Congresos estatales o en el gobierno que tengan más a la mano, incluso intentando arreglarse con Morena cuando éste llegó al poder —¿o no, Héctor?—. Con semejante lodo en las manos, terminarán de sepultar al PRI… Dulce Valeria milita en las huestes de Ricardo Orozco, líder real del sindicato charro del Itesco, y ahora está implicada con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Se le aprehendió junto con otros cuatro presuntos delincuentes en Minatitlán, el 23 de julio, imputándoles no sólo actividad delincuencial sino tener en su poder hasta bombas molotov, armas de fuego, droga y mensajes relativos a la delincuencia organizada. Dulce Valeria “N”, la allegadísima a Ricardo Orozco, éste brazo derecho del ex gobernador de Veracruz, Flavino Ríos Alvarado, carga con ser miembro del Cártel Jalisco, según reportes extraoficiales de la Secretaría de Seguridad Pública estatal. A los cinco presuntos integrantes de una célula del CJNG se les intervino en la comunidad de Ojochapa, municipio de Minatitlán, y tendrían en su poder las armas de fuego, cargadores, alrededor de 300 mil pesos en efectivo, cocaína, pastillas psicotrópicas, dosis de cristal, aparatos telefónicos celulares, básculas para pesar la droga, así como mensajes en cartulina relativos a otras bandas delictivas. Dulce Valeria “N” es flamante y prominente integrante del Instituto Tecnológico Superior de Coatzacoalcos (Itesco), pero sobre todo hoy cercana al director Bulmaro Salazar Hernández. O sea, una imputada como miembro del CJNG en la órbita de Ricardo Orozco y del tormentoso Bulmaro Salazar. De película… “Tú lavas, yo transo”, y que le surge a Eusebia Cortés un señalamiento de desvío de recursos en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. No pudo acreditar el destino de 2.3 millones de pesos, de los más de 30 millones usados en el programa electorero “Tú lavas, yo pinto”, que la regidora segunda, de origen morenista, empleara para fingir que hacía algo digno por las escuelas de Coatzacoalcos. La observación está consignada en el informe del Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz sobre la cuenta pública 2020 del ayuntamiento que preside el atarantado alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo, alias “La Iguana Bailadora”. Hoy diputada local electa, merced al efecto obradorista, no por atributos políticos ni perfil para integrar el Congreso de Veracruz, Eusebia “Cheva” Cortés, encara su primer sainete con tufo a corrupción. Eusebia ganó la elección en el distrito 29 de Veracruz, pese a un historial de agitación política, bloqueos en la vía pública, sabotaje al transporte urbano y hasta haber lucrado con una protesta obteniendo del entonces gobernador, Javier Duarte de Ochoa, una buena cuota de placas de taxi. Se convirtió en lideresa de taxistas sin siquiera saber conducir ni tener licencia de manejo, según testigos de aquella deplorable gesta. Hay otro escándalo. Es el de los presuntos vínculos de Eusebia Cortés con el Z45, el Chuky, Alberto “N”, ex líder de una célula criminal, aprehendido en Coatzacoalcos y remitido a Xalapa. Un supuesto reporte interno de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz advierte que la diputada electa morenista pidió al Z45 darle una “calentada” a periodistas incómodos, entre ellos este reportero. Lengua floja, Eusebia Cortés suele ser estridente en sesiones de cabildo, altanera en eventos públicos, echadora y arrogante. Si se fue de la boca, va a dar más de qué hablar. El tema hay que exprimirlo hasta donde dé… Un mar de corrupción, acoso laboral, sojuzgamiento del personal femenil, despidos injustificados y acciones contra mujeres, justamente en el Instituto Municipal de la Mujer en Coatzacoalcos. Y en el vértice del conflicto, la ex directora, hoy alcaldesa electa de Nanchital, Esmeralda Mora Zamudio. Corren historias de atropello, nombres, detalles, captando la atención de los usuarios de las redes sociales. A Esmeralda Mora le imputan haber usado recursos públicos para su campaña, bajo las siglas de Morena, y a su sucesora, Nanci Paola Quirino Flores, “solapadas administrativamente” por Gabriel Ángel Sumano Vázquez, quienes “realizan —dice el texto que circula en internet— hasta la fecha enriquecimiento ilícito mediante convenios con Fortaseg (fondo federal sobre seguridad pública) no signados por sindicatura, y desvío de recursos para beneficio personal y de la campaña de Esmeralda Mora en Nanchital, facturando en desmedida gasolina, comidas y viáticos, artículos varios inexistentes en favor de los tres coludidos, y despidiendo a su paso a todo el personal profesional que no compartió su ilícito proceder”. Amplísimo, el señalamiento describe el asedio laboral, la ola de despidos, acciones injustas contra el personal femenino, hostigamiento a la psicóloga Sobeida Evia, Eva Fabián, Karla Olán, Alejandra Ruiz y Sonia Santos hasta echarlas de la institución. La denuncia retrata un caos administrativo, el extravío de Esmeralda Mora en un cargo para el que nunca tuvo capacidad y al que llegó sólo por ser la comadre política de Rocío Nahle, secretaria de Energía del gobierno de López Obrador…

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Fotos: El Mundo de Córdoba, La Jornada Veracruz