El gobernador y el Congreso: uno roba, el otro lo tapa

* Mil 338 millones sin destino * La diputada no sabe lo que dice * “Sí soy priista”, admite el titular del IVAI * Que transparente el derroche de Javier Duarte en prensa * Agua Dulce: alcalde encubierto por el Congreso * Obra que viola la ley * Drenajes para recibir al turismo * Amenaza a otro periodista

Javier Duarte no está solo. Tiene al Congreso estatal de su lado, servil, dócil, maiceado, para encubrir el endeudamiento y el despilfarro, para administrar la corrupción y el saqueo, para robarse el futuro de Veracruz y acabar con los sueños de los veracruzanos. En eso van juntos.

Se cubren con el mismo sarape, cómplice la mayoría priísta, los legisladores a modo del gobernador en todo acto de gobierno, sea la seguridad un caos y la violencia una ola que inunda todo el territorio, que golpea y disuelve familias, en el campo y la ciudad los cuerpos desmembrados, y a diario el secuestro, la extorsión, la trata y el levantón.

Van juntos, Javier Duarte y sus peones en el Congreso, en el agandalle de la reforma electoral, a su gusto el nuevo código, plagado de ventajas para el grupo en el poder, para garantizar la continuidad del duartismo o para encubrir el fenomenal desfalco, el robo a los bienes de Veracruz.

Avala todo el Congreso lacayo, los priístas y sus aliados, no sólo porque el papel de súbditos les viene como traje a la medida sino porque el gobierno es generoso, magnánimo, obsequia favores y concede poder.

Encubren los duartistas legislativos las tropelías del secretario de Seguridad Pública, que lo mismo apalea maestros, defensores de derechos humanos y periodistas en Plaza Lerdo, en 2013, porque había que limpiarle el lugar al gobernador Javier Duarte en la víspera de desafinado Grito de Independencia, que lanza a su grupo parapolicíaco contra estudiantes de la Universidad Veracruzana porque cometen el delito de ser “incómodos” o “anarquistas”.

En Plaza Lerdo fueron por ellos, los atacaron con toletes y bastones eléctricos, con escudos y cascos hasta replegarlos y echarlos. Y les salió lo pillos. Dirigieron su agresión contra los fotorreporteros que cubrían la protesta. Les quitaron cámaras, les borraron imágenes, los tundieron a placer.

Y cuando el “general” Arturo Bermúdez, titular de la SSP, el padre de los represores con uniforme estuvo en el Congreso, soltó un histórico “Pinches medios” que lo inmortalizó. “Pinche secretario”, “Pinche general”, “Pinche represor”, “Pinche burro”, le respondió la prensa seria, la que increpa y critica, la que no está en la órbita del Javier Duarte.

Nada dijo la bancada priísta y sus indignos aliados en el Congreso. Fuera del diputado Ricardo Ahued, del PRI pero con destellos de rebeldía, ninguno se alebrestó.

Ha sido cómplice el Congreso en todo. Le solapan a Javier Duarte el rezago, el estancamiento, la falta de obras, las corruptelas de su gobierno, las transas de los alcaldes del clan, los fidelistas y los duartistas.

Convertida en una oficina legislativa del gobernador, el Congreso le aprueba deuda y saqueo. Fluyen los créditos bancarios aunque Veracruz se ahogue y se avizore un naufragio. Fluyen los créditos sin saber para qué, en qué se usarán, cómo habrá de saldarlos.

Reaviva el tema un hallazgo: el crédito de mil 338 millones de pesos tramitado y obtenido por Javier Duarte el 17 de febrero de 2015, enterada la Secretaría de Hacienda en marzo 19 y subido al portal de la SHCP el 2 de julio.

Ahí lo vio la prensa. Ahí se enteraron los diputados duartistas. Nadie puede explicarlo porque es tal la mansedumbre de la mafia menor, sometida y maiceada, financieramente bien atendida, que no hay quien le pida cuentas al gobernador, como debiera ser.

De entre el escándalo, destaca una declaración, quizá la más aberrante. La expresa la diputada Mariela Tovar Lorenzo, presidenta de la Comisión de Hacienda del Congreso de Veracruz.

Dice que el dinero del crédito “al parecer” se usó para pagar otros créditos contraídos por el gobierno duartista.

¿Al parecer? Quien lo dice es la presidenta de la Comisión de Hacienda del Congreso y, por lo que expone, o no sabe qué tan crecida anda la uña del gobernador, o prefiere hacer como que sus neuronas no andan en este mundo.

“En este año no ha habido una autorización del Congreso (…) es parte del dictamen de ingresos, al parecer es así (es para reestructurar deuda), necesitamos informarnos con el secretario de Finanzas, que la Sefiplan dé un pronunciamiento”, agrega doña Mariela Tovar.

Al parecer, dice la diputada, se usó el crédito para pagar otros créditos, pero en todo caso debe ser el secretario de Finanzas, el enésimo al servicio de la pandilla duartista, Antonio Gómez Pelegrín, quien tiene que explicar el uso —o el supuesto uso— de los mil 338 millones de pesos.

La aporreaban los medios con preguntas. Capoteaba el vendaval la legisladora. Insistían en el destino del crédito. Cuestionaban por qué un crédito simple, que debió ser para inversión productiva, era usado para pagar otros créditos. Y ella, que estaba más agobiada que un ratón cuando no puede salir del rincón, seguía en su desastrosa intervención. “Al parecer” será para liquidar otros préstamos bancarios.

“En la página de la secretaría de Hacienda está registrado, ya que es parte de la reestructuración de la deuda, porque el Congreso no ha aprobado un nuevo crédito”, dijo la diputada.

Hace esfuerzos el Congreso para evitar que comparezca el secretario de Finanzas estatal, Antonio Gómez Pelegrín, en lo que si acaso enfrentará la arremetida del PAN, el PT, el PRD y quizá Ricardo Ahued. El resto de la Legislatura es un flan. Después de eso, no habrá mayor lío.

Sirve para eso el Congreso. Ninguna cuenta del gobernador Javier Duarte tiene mayor problema. Hallan inconsistencias en parte de su gobierno que de inmediato solventan. El saqueo está a la vista de todos, el despilfarro, la vida de jeques de los peones del duartismo, la compra del voto, la compra de candidatos de oposición, la compra del órgano electoral, la compra de los medios lacayos. Y no hay cuenta qué objetar.

Veracruz vive una debacle financiera. Es un quiebra total. No hay dinero. No hay obra pública. Sobra deuda, bursatilización, adeudos con empresarios y pensionados, con contratistas, con becarios.

Y el Congreso le solapa todo al gobernador.

No son 40 mil millones la deuda de Veracruz. Sumados todos los rubros, los créditos bancarios, el pago a proveedores, a pensionados, la bursatilización, la cifra se elevó a 50 mil millones. Y hubo una más, la del diputado panista Juan Bueno Torio: 80 mil millones de pesos.

Nada hace el Congreso ante el peculado y el saqueo. Barniza el desastre, maquilla las cifras, administra la corrupción y el atraco institucional.

Sirven para poco sus áreas de fiscalización, cómplices de todo, mágica su habilidad para convertir las cifras rojas en números negros, para encontrar carreteras donde no las había, escuelas donde no existían, o para encubrir desvíos de fondos destinados a combatir la pobreza que fueron usados para obras se escaso valor social.

Exhibe el crédito de los mil 338 millones de pesos a un Congreso cómplice. Cinco meses después, los diputados desconocían que Multiva, del Grupo Imagen, Excélsior, los Vázquez Raña, había corrido esa cantidad al gobierno de Javier Duarte. Y cuando se enteran, no les informan qué tienen que decir, cómo lo tienen que justificar.

Se cubren con el mismo sarape. Para eso sirve un Congreso estatal servil, dócil, maiceado, que come de la mano del gobernador, que no es contrapeso del poder, que está al servicio de Javier Duarte.

Así funciona la corrupción. Uno roba y el otro lo tapa.

Archivo muerto

“Sí soy priísta”, dice José Rubén Mendoza Hernández. “No renunciaré a mi militancia”, agrega. Y así rubrica el nuevo consejero del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información que neutral no es. Se consumó el asalto. Rindió protesta ante el Congreso de Veracruz, acuerpado por la pandilla duartista, impuesto por Javier Duarte. Priísta, servidor del duartismo, pieza del sistema que ya hiede, por descompuesto, Mendoza Hernández pide un voto de confianza para dar resultados. Sí pues. Lleva el priísmo en las venas, madracista y duartista, el nuevo titular pregona que hará valer la autonomía del IVAL. Ajá. Puede empezar por transparentar cuanto paga Javier Duarte a los medios de comunicación estatales y nacionales, la millonada a las televisoras, los chayotes a los textoservidores, algunos en rebeldía porque se acabó la función antes de lo programado. ¿Lo hará? No, va a alegar Mendoza Hernández que esa información está reservada. ¿Por qué? Porque así lo instituyó Su Majestad Fidel I, el sultán del Golfo que gustaba de la mordaza sutil, hacedor de riqueza, dispensador de negocios para su prensa. Javier Duarte le siguió los pasos. Derrochó en una prensa que nunca le pudo cuidar la imagen. Que José Rubén, el priísta, comience con esa agenda. El IVAI se lo agradecerá… Lo que es no saber. O saber y tener gusto por violar la ley. Daniel Martínez se ufanaba de la construcción del bulevar Las Palmitas, obra que dignifica a Agua Dulce, el municipio que preside. Decía que daría mayor realce a la zona turística. Presumía una inversión inicial de 2.5 millones de pesos, sólo en el arranque. Y le dio vuelo a su proyecto. Para ello estaban los recursos del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios, el llamado Fortamun. Pintaba bien el proyecto de no ser porque usó recursos que debían ser destinados a otros fines. Ignorante de las nuevas reglas de operación, el alcalde Daniel Martínez incurrió en lo que cualquier abogado llamaría “desvío de recursos federales”. Alertado de la pifia, buscó cómo maquillar el delito. No pudo. Lo aguanta el Congreso de Veracruz, lo solapa, entretiene el caso que tarde o temprano detonará. Así como Daniel Martínez hay varios alcaldes en el sur de Veracruz. Aplicaron los recursos a su antojo, sin usarlos para atender problemas sociales reales. Para ellos hay impunidad. Para ellos no hay ley que los sancione. Obvio, operación maquillaje en el Congreso de Veracruz… De rechupete las playas de Coatzacoalcos. Se nutren de los drenajes que derraman las aguas negras en la zona céntrica, en la llamada área turística. Su olor es nauseabundo, atestadas de heces fecales en las que suelen bañarse quienes desafían a su suerte, los que desdeñan el impacto en la piel, los que desconocen los daños que los coliformes causan a la salud. Con esa estampa recibe Coatzacoalcos al turismo en esta próxima temporada de vacaciones, sin que Semarnat haga o diga algo, sin que la Comisión Nacional del Agua aplique la ley, sin que alguien invoque la Ley de Medio Ambiente y Equilibrio Ecológico que establece que quien contamina tiene que resarcir el daño y pagar multas estratosféricas. Aquí no. Coatzacoalcos es una burbuja. Nada le afecta. Se viola la ley y no ocurre nada. Ni hay multa, ni hay responsable, ni hay obligación de revertir el daño ambiental… Aún se respira el clima de muerte y Alberto Ayala recibe es amenazado. “Deja de publicar mamadas o te va a llevar tu chingada madre”, le expresó una voz anónima en una llamada telefónica a su hogar. Alberto Ayala es reportero policía del periódico Notiver, que se edita en el puerto de Veracruz. Hace un año, en agosto de 2014, fue levantado por un comando armado. Lo amedrentaron. Le dijeron que le bajara. Lo obligaron a decir que no le había ocurrido nada, que fue una confusión, producto de una noche de copar. Conoció los detalles la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas y tramitó su seguridad. Ahora trae escoltas de la Secretaría de Seguridad Pública. Todo iba bien hasta el lunes 6. Sonó el teléfono. Lo tomó. Escuchó entonces una voz masculina: “Deja de publicar mamadas o te va a llevar tu chingada madre”. Es un aviso. Muchos han pasado por lo mismo. Llega la amenaza directa, una llamada, un mensaje de texto, un whatsapp, un inbox. Veracruz es el peor estado para ejercer el periodismo. Su clima es hostil. Lo propicia el gobernador Javier Duarte que cada vez que puede externa su desdén por la prensa crítica, la encara, la descalifica, le reclama. Si así se comporta el gobernador, así se comporta todo el aparato de poder, los policías, los hijos del duartismo. Van 13 periodistas veracruzanos asesinados en los días de Javier Duarte en e gobierno. Y ahora la amenaza a Alberto Ayala…

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