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Caso Regina Martínez: al “asesino” ya ni lo buscan


* “El Jarocho” entra y sale de Xalapa * La justicia que no llegó * Al IVAI, un peón del PRI * Duarte, la opacidad y la impunidad * Posponen arremetida contra el gobernador * Inés y el juez Vargas * El acuerdo pendiente * 29 asesinatos en Coatza de enero a junio * Duartilanda y sus Pingüinos

Hay asesinos con suerte y asesinos sin suerte. José Adrián Hernández Domínguez, alias “El Jarocho”, la tiene. Dicen que mató a Regina Martínez, que fingía ser su novio, que con sus manos la estranguló, que la policía lo cercó, lo tuvo a su alcance y lo dejó ir. Y de paso, dejó de buscarlo.

Va y viene por Veracruz. Saben cuando va a llegar a Xalapa, la capital. Lo monitorea el gobierno duartista sin traerlo a cuentas, sin enfrentarlo a la justicia, sin demostrar su responsabilidad en el crimen de la corresponsal de la revista Proceso.

Oficialmente, “El Jarocho” es el autor material del asesinato. Su cómplice, Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva”. Ambos, según la entonces Procuraduría de Veracruz, conocían a Regina Martínez Pérez, la frecuentaban, bebían hasta desfallecer.

Infamia pura la de Javier Duarte, su aparato judicial usado para enlodar a los muertos y para cazar a los amigos de los muertos, periodistas que debieron huir, acudir a organismos defensores de derechos humanos o al exilio.

Infame fue la versión de que Regina, una de las periodistas más serias e intachables que ha dado Veracruz, convivía con el par de raterillos y se había hecho novia de José Adrián Hernández Domínguez, “El Jarocho”.

Nadie, que se recuerde, los vio en juerga alguna. Refieren los vecinos que Regina era toda integridad, metódica, cuidadosa de sus pasos, extremadamente precavida, máxime cuando sufrió una invasión a su hogar, sin ser violentadas las chapas de las cerraduras, trabajo pues de expertos y de perversos.

Murió la tarde del 28 de abril de 2012. Hallaron su cuerpo un día después, golpeada a mansalva, la quijada expuesta por la agresión, asfixiada, víctima de la mano del criminal. Estaba en el baño y las pruebas advierten que ahí quedó, arrastrándose o arrastrada, después de tremenda lucha por salvar su vida.

Regina muerta, fue una herida a Proceso. Reaccionó la revista. Increpó Julio Scherer García, su fundador y dueño, a Javier Duarte, oyendo decir que esta vez habría justicia, que no habría impunidad, que caería el o los asesinos. “No les creemos”, respondió el legendario periodista.

Scherer tenía razón. Ha sido un fiasco la investigación del crimen de Regina Martínez, plagada de errores, saturada de abusos como aquel de filtrar que era lesbiana y que alguna de sus amigas, y compañeras de profesión, la había mordido en una escena de desenfreno sexual para finalmente quitarle la vida.

Varios periodistas pasaron por la Procuraduría. Ahí se les conminaba a morder una placa de plastilina y dejar la huella de su dentadura. Así darían con el asesino material.

Tejió la pandilla judicial de Javier Duarte el guión de la telenovela. El asesino era “El Jarocho” y su cómplice en el robo de las pertenencias de Regina, era “El Silva”.

Al “Silva” lo pescaron de inmediato. Establecieron que era cómplice, siendo “El Jarocho” el asesino material. Uno en prisión, sujeto a juicio; el otro libre.

Una versión publicada en prensa advertía que “El Jarocho” tenía vara alta en la Procuraduría, que sus vínculos tocaban a funcionarios allegados al entonces procurador, Felipe Amadeo Flores Espinosa. Y que era parte del equipo.

Al “Silva” le echaron 38 años de prisión, el 10 de abril de 2013. Apeló y el magistrado Edel Álvarez Peña realizó una ponencia en que acreditaba que se violó el debido proceso, que fue torturado para incriminarse, que no fue asistido por ningún abogado y que tenía que ser liberado. Y por mayoría pasó la ponencia, el 19 de junio de 2014. “El Silva” salió de prisión y se perdió por algún tiempo.

Un amparo federal recompuso el caso para Javier Duarte. Determinó que “El Silva” no era culpable del crimen de Regina Martínez, pero sí del robo ocurrido cuando la mataron. Y así reaprehendieron a Hernández Silva, el 22 de octubre de 2014.

Se ufanaba el fiscal Luis Ángel Bravo que pronto tendría en sus manos al “Jarocho”, la puerta hacia el esclarecimiento del crimen de Regina Martínez.

Al “Silva” lo están matando en episodios. Es seropositivo. Carece de atención médica. Está recluido en el penal de Pacho Viejo, en Coatepec, cerca de Xalapa, quizá con Sida, debilitado, tácitamente desahuciado.

Su abogada, Diana Coq Toscanini, fue abogada del caso Regina Martínez, crítica y categórica cuando acusó que la juez encargada actuaba por consigna al imponer una pena de 38 años dos meses a “El Silva”. Hoy la juez Beatriz Rivera Hernández es magistrada en el Tribunal Superior de Justicia de Veracruz. Sí era juez de consigna. Y tuvo premio.

Acusa vicios de origen en la investigación. Dice que “El Silva” es inocente, que se le acusó de oídas, sin pruebas contundentes que acrediten su participación en el crimen de Regina Martínez.

Hoy está incomunicado. Lo están dejando morir. Afectado por el virus de inmunodeficiencia humana, cualquier enfermedad acabará con su vida. “El Silva” muere por lo que sabe. Su silencio es oro para Javier Duarte.

“El Jarocho”, en cambio, goza de la impunidad duartista. Llega a Xalapa, se pasea, sabedor que nadie lo tocará. ¿Por qué?

Acusa Diana Coq Toscanini que la Fiscalía General de Veracruz desistió de la orden de aprehensión contra “El Jarocho”, según información del periodista Noé Zavaleta, corresponsal de Proceso. “Lo anterior, pese a que Hernández Domínguez continúa paseándose por Xalapa, incluso con visitas constantes a una comerciante del Pasaje Tanos —ubicado a un costado del palacio de gobierno donde despacha Javier Duarte— con quien procreó una hija”.

Refiere Coq Toscanini:

“El gobierno del estado intercedió para suspender la búsqueda del otro coacusado, y por ello actualmente “El Jarocho” tiene plena libertad de tránsito, pues se sabe hasta cuando viene a Xalapa”.

Decía el fiscal Bravo Contreras que tarde o temprano reaprehendería a “El Silva”. Así fue. Y presumía que la detención de uno llevaría a la captura de “El Jarocho”. No fue así.

Tiene vía libre en Veracruz. Pasó por la Procuraduría cuando ocurrió el crimen de Regina Martínez y lo dejaron ir. Hacía valer su amistad con un alto funcionario de esa área judicial. ¿Amistad?

Ahora llega a Xalapa. Saben cuándo lo hará. Vigilado, se deja ver cerca del palacio de gobierno, de la Plaza Lerdo o Plaza Regina, como le llaman ahora a la explanada. Camina a unos metros de la Secretaría de Seguridad Pública.

Visita a la mujer con la que tiene una hija, en el Pasaje Tanos, en el corazón de Xalapa, entre todos, sin el riesgo de la detención por el crimen que cimbró al medio periodístico y a las esferas de poder de Veracruz.

Coq Toscanini ya midió a la justicia duartista. La sabe podrida. Anuncia ahora que el caso Regina Martínez va a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tras haber sido consignados los vicios y las corruptelas en la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México.

Sigue la ruta que sacude a Javier Duarte: el ámbito internacional.

Así fue con Moisés Sánchez Cerezo, levantado el 2 de enero pasado, cuyo cuerpo apareció tres semanas después, cerca de Medellín, donde vivía y dirigía el portal La Unión. Su caso escaló al noticiario de Carmen Aristegui, a la ONU, al cuerpo diplomático acreditado en México, con el embajador estadunidense Anthony Wayne.

Con eso bastó para que el cuerpo de Moisés Sánchez apareciera. Quería el gobierno duartista dejarlo en condición de desaparecido. Terminó siendo el periodista número 11 en ser asesinado durante la gestión de Javier Duarte.

Vía libre, pues, para el supuesto asesino de Regina Martínez.




Archivo muerto

Van juntas la impudicia y el descaro. Asume José Rubén Mendoza chamba como consejero presidente del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información. Es un atraco vil, pues su pasado es priista y el presente también, porque milita en las filas del duartismo, porque lleva al PRI en las venas, porque no hace mucho era parte de la burocracia estatal. Aparece aún José Rubén Mendoza como secretario de Acción Electoral del PRI y eso, simplemente eso, le atribuye parcialidad. Lo impugna en change.org el periodista Jair García, quien convocó a los veracruzanos a impedir el asalto al instituto que debe velar por la transparencia y la rendición de cuentas. Dijo Jair García: “El nombramiento de Rubén Mendoza Hernández como consejero del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI) es impresentable porque ha sido, en el PRI, consultor jurídico electoral; representante ante el Consejo Distrital Federal de Córdoba; coordinador electoral Distrital en Córdoba del precandidato Roberto Madrazo en 2005; miembro de la Comisión de Justicia Partidaria; representante ante el Consejo Distrital Local de Xalapa; y, hasta el año pasado, subdirector de adquisiciones en la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), todo lo cual lo hace persona claramente vinculada y condicionada a los intereses priístas gubernamentales”. O sea, la iglesia en manos de Lutero. Algo así como que El Trampas fuera presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Burdo y desaseado el gobernador Javier Duarte, que es quien lo impulsa, el que lo quiere en el IVAI para atajar todo intento transparentar el manejo de los recursos de los veracruzanos, o el que le garantice la impunidad… En suspenso, la arremetida contra Javier Duarte en el Congreso federal. Se programó para el martes 7. Tomarían la palabra la senadora Angélica de la Peña Gómez, del PRD, y Manuel Huerta Ladrón de Guevara, de Morena. Ambos presentarían punto de acuerdo para exhortar a la Procuraduría General de la República a atraer los casos de periodistas veracruzanos asesinados. Presuntamente lo harán este miércoles 8. Citarán el famoso “pórtense bien” de Javier Duarte cuando dijo que hay periodistas de Veracruz vinculados al hampa, que sirven con sus informaciones al narco. Menuda sanjuaneada la que le espera al gordobés… Ampara la justicia federal a Inés Valladares Lavín, en el litigio contra las propietarias del Instituto Educativo Margarita Olivo Lara, por la falsificación de su firma, estampada por manos ajenas en la supuesta renuncia voluntaria a su cargo en esa escuela. Inés, que buscó justicia, que demostró que no era su firma, que así lo corroboraron dos peritos, terminó perseguida y acosada, acusada y enjuiciada, creyendo los abogados de Helen Arens, Alicia Mena Brito Trejo y Margarita Ortiz que así la iban a doblegar. Le dictaron auto de formal prisión y una aberrante orden de aprehensión. El juez 14 de distrito, Pedro Antonio Hernández Díaz, concedió un amparo para efectos, mal sustentada la orden de aprehensión, mal dictado el auto de formal prisión. Vuelve el caso al fuero común. Lo tiene ahora en sus manos el juez Guillermo Vargas, en una crucial decisión porque la infamia contra Inés Valladares Lavín ha tenido una altísima exposición pública y así seguirá. Guillermo Vargas debe emitir el acuerdo donde queda sin efecto la orden de aprehensión. Tiene el expediente en sus manos desde el 29 de junio… Mientras no sean Frutsis y Pingüinos no hay problema. Lo demás es irrelevante. Dice el Observatorio Ciudadano que en el primer semestre de 2015 ocurrieron 29 asesinatos en Coatzacoalcos. En 2014, en el mismo período, fueron 24. Un joven de 17 años se halla en calidad de desaparecido. A nivel regional, ocurrieron 13 asesinatos dolosos, siete privaciones ilegales de la libertad, dos secuestros y tres desapariciones. Es el paraíso duartista, el Veracruz donde se supone que no pasa nada y que el que la hace la paga. La inseguridad en todo su apogeo, aunque se la rasque el gobernador Javier Duarte. Vamos bien.

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