Pepe Yunes

Pepe Yunes: signos de ruptura en el PRI

* Los dos discursos del senador  * El veto de Javier Duarte  * Dejar al PRI y apoyar “al candidato de otro partido”  * La aprehensión del presidente de Odebrecht  * Corrupción en Petrobras  * En México, de plácemes  * Líder de la CNOP fue ejecutado  * García Bringas: infamias en Twitter

Pepe Yunes fue ingenuo y torpe en 2010. Creyó en el piso parejo, en la contienda moral, en la democracia interna, en la palabra de Fidel Herrera Beltrán que desde “la plenitud del pinche poder” ofrecía respetar la voz de los priístas y la decisión de las mayorías. Creyó y sufrió una burla total.

Arrumbado en un rincón, tuvo que esperar a 2012 para ser senador, frustrado su sueño de gobernar Veracruz, en un impasse amargo, viendo a la distancia, como testigo callado, sometido, cómo Javier Duarte iba por lo que ya se esperaba de él: arrasar con el erario, incrementar la deuda pública; ser avasallado por el crimen organizado, las narcofosas, el secuestro; el rezago social, cómo su pandilla se enriquecía a la vista de todos, sin pudor, con descaro, mientras los pobres aumentaban su pobreza, olvidados y ninguneados, sirviendo sólo cuando el PRI exige de ellos su voto.

A punta de golpes va aprendiendo Pepe Yunes. Calló primero y comienza a hablar. Guardaba silencio para no agitar las aguas y varió el discurso cuando los tiempos políticos exigieron definir su posición.

Trabó una alianza con el otro senador veracruzano, Héctor Yunes Landa, su tío político, o mejor dicho su ex tío, que muy pronto valió. Se desdibujó el acuerdo al primer indicio de traición, cuando Yunes Landa olvidó que iban en un proyecto de ocho años, dos en la minigubernatura y seis en la elección de 2018.

Yunes Landa es un político en decadencia. Trepado en el último camión hacia la gubernatura “insensata”, como calificó al minigobierno, sabe que si no es ahora, nunca. Apretó, tensó y negoció.

Yunes Landa se convirtió en el candidato oficial del duartismo. De eso está hecho. Acciona como las víctimas de secuestro que terminan amando a sus verdugos, olvidando que fue el fidelismo y el duartismo quienes lo destrozaron en 2010, vapuleado a diario por los textoservidores.

Hoy, Yunes Landa es el duartista mayor. Su discurso lo delata. Su lisonja lo exhibe. Su doblez lo denigra. Es el candidato oficial.

Son días de traición y de cambio de posición.

Decía hace unos días Pepe Yunes que el veto de Javier Duarte le favorecía, pues todo lo que se oponga al duartismo, a sus desenfrenos y sus imposiciones, es bien visto por el priísmo y por la sociedad.

Decía que el veto de Javier Duarte le venía bien, porque a nadie le ayuda ser besado por el diablo, ni bendecido por un hereje, y menos ser marcado por el estigma de un gobierno rapaz que medró al amparo del poder, que robó con absoluto descaro, que pulverizó las finanzas de Veracruz.

Se sentía bien el senador peroteño, José Francisco Yunes Zorrilla, siendo el candidato no oficial al gobierno de Veracruz.

Pero algo pasó. Lo del veto ya no le cuadró. Y radicalizó el discurso. Planteó una candidatura impuesta, el fraude en la contienda interna, la presión a los militantes, el veto del gobernador Javier Duarte, su salida del PRI y el apoyo “al candidato de otro partido”.

Resume su posición el periódico La Jornada Veracruz, el viernes 19:

“ ‘Estoy dispuesto a soportar la cargada, la coacción del voto, toda la fuerza del aparato gubernamental, pero si con todo eso yo les gano la candidatura a la gubernatura, se presenta un veto hacia mi persona, entonces por dignidad abandonaría el partido o decidiría respaldar a un candidato de otro partido’, expresó el senador José Yunes Zorrilla.

“Dijo ser consciente de que él no es el candidato oficial y lo respeta, pues forma parte de la democracia y de la vida política en Veracruz, y aclaró que tampoco es su intención que mediante una presión obtener la candidatura.

“Mencionó que le gustaría que llegado el momento de que se emita la convocatoria por parte del comité directivo estatal del PRI haya piso parejo para todos los aspirantes, pero si esto no se presenta, él aún así decidirá participar con todo.

“ ‘Yo acepto todo, acepto que no soy el candidato oficial, acepto que no haya equidad en la contienda, acepto que haya la cargada, pero lo que no estoy dispuesto a aceptar es un veto hacia mi persona, que aún ganándoles en la mesa o en el juego que ellos digan, finalmente decidan vetarme’, añadió.

“José Yunes Zorrilla aseguró ser un priísta convencido y que nunca renunciará a su partido, sin embargo, estimó que el único escenario en el cual abandonaría al Revolucionario Institucional es que se presentara un veto hacia su candidatura.

“ ‘Soy una persona que se ha formado en el partido, que he hecho mi carrera política dentro del PRI y así pretendo continuar, pero de igual forma por dignidad y honor, no soportaría que una sola decisión pasara por encima de mí’, refirió.

“Comentó que en este momento él no se encuentra en campaña, por el contrario, los recorridos que hace por la entidad veracruzana son para gestionar recursos y obras, así como escuchar los problemas de los distintos sectores.

“Rechazó estar violando algún precepto de la ley electoral, pues no realiza proselitismo y únicamente ha respondido a los medios de comunicación sobre su aspiración política la cual tiene, y llegado el momento la oficializará ante su partido para competir”.

Se perciben signos de ruptura. Apenas concluye el proceso electoral federal, Veracruz comienza a hervir. Domingo 7, día de la elección; lunes 8, arranque de la contienda por la gubernatura. El priísmo se posiciona y reposiciona. Javier Duarte y el duartismo destapan a Héctor Yunes Landa, su antiguo adversario, su antigua víctima.

Pepe Yunes, en cambio, lanza la advertencia. Si no hay piso parejo, si no hay condiciones para participar, o aún ganando la contienda interna, es vetado, “por dignidad” se va del PRI y apoyará “al candidato de otro partido”.

“Estoy dispuesto a soportar la cargada, la coacción del voto, toda la fuerza del aparato gubernamental, pero si con todo eso yo les gano la candidatura a la gubernatura, se presenta un veto hacia mi persona, entonces por dignidad abandonaría el partido o decidiría respaldar a un candidato de otro partido”, dice.

Pepe Yunes es rojo. Héctor Yunes es verde. Sigue Héctor el proyecto duartista de buscar la postulación el Partido Verde Ecologista de México, la máscara del PRI, una farsa que no gana elecciones, o que las gana con el voto de los priístas, o de los beneficiarios de los programas sociales que deben votar por el partido que más sanciones ha registrado por parte del órgano electoral después del Pemexgate y los Amigos de Fox.

Repudiado, aborrecido por sus excesos, por sus limitaciones para gobernar, Javier Duarte representa una mínima parte del priísmo. Ser excluyente lo aisló. Los priístas se mueven en clanes. Tienen patriarcas y caciques regionales. Desdeñan a su gobernador y más aún a la pandilla duartista.

Pepe Yunes lo sabe. Yunes Landa es el candidato verde, a su lado las contadas corrientes que siguen al desgobernador Javier Duarte. Pepe Yunes y sus alianzas controlan el resto del PRI. Lo único que favorece a Duarte es su facultad de veto, siempre y cuando medite si también quiere vetar al presidente Peña Nieto.

La fractura ya existe, provocada por la impericia del duartismo.

Plantea el senador Pepe Yunes que si gana la contienda interna, si es que la hay, o si Javier Duarte lo veta como candidato, se irá del PRI “o decidiría respaldar a un candidato de otro partido”.

Partido en dos, en un éxodo de priístas hacia otro proyecto, el yunismo azul ya se advierte como la nueva alianza de Pepe Yunes. Mantiene una excelente relación con su homólogo en el Senado, Fernando Yunes Márquez, y con su padre, el futuro diputado federal Miguel Ángel Yunes Linares, ambos potenciales candidatos del PAN al gobierno de Veracruz.

Unido el PRI representa un millón 300 mil de votos; partido, el duartismo no alcanza ni 200 mil. Sin aliados, el PAN de Yunes Linares representa un millón de votos. En una alianza con Pepe, mucho más.

Es un escenario de crisis, agravado por la declaración de Pepe Yunes, el amago de renuncia, la advertencia de “respaldar a un candidato de otro partido”.

Muy pronto comienza a cuartearse el PRI.

 

Archivo muerto

 

A Marcelo Odebrecht se le veía con Enrique Peña Nieto y con Javier Duarte. Hacía visitas formales. Dialogaba. Exaltaba la inversión, carretadas de miles de millones de dólares. Posaba la foto, provocaba la reseña, la crónica y la nota, que por sus inversiones en México, que por Etileno XXI, que por Jalcomulco, que por el Sistema de Agua y Saneamiento de Veracruz, que por los más de 23 años realizando obra pública en nuestro país. Engañaba, pues, a quien le quería creer. Y el viernes 19, cuando apenas despuntaba el día, agentes del gobierno brasileño intervinieron las oficinas centrales de la constructora Odebrecht, arrestaron a su presidente, Marcelo Odebrecht, a una decena de ejecutivos, al presidente de la empresa Andrade Gutiérrez, Otávio Azevedo, acusados de actos de corrupción, fraude en licitaciones, sobornos, alteración de costos, integrar un cártel de más de 20 empresas para obtener ganancias multimillonarias en su relación con la petrolera Petrobras, de capital privado y estatal. Odebrecht es un pájaro de cuentas. Aprehendido su presidente, se reactivan otros escándalos, corridos de Ecuador por su presidente Rafael Correa; señalados de obtener obras en Perú a cambio de la donación del Cristo del Pacífico. En Panamá obtuvo la construcción de la Línea 2 del Metro, junto con la española FCC, cuyo socio mayoritario es ahora Grupo Carso, de Carlos Slim, quien a su vez y detenta la concesión a 45 años del túnel sumergido de Coatzacoalcos, tras una negociación con el gobierno de Veracruz que suena a patraña empresarial. Slim, vía FCC, la constructora española que compró a bajo precio cuando se encaminaba a una crisis financiera, se vincula a Odebrecht por el caso Panamá. Escandalazo pues, porque Odebrecht resultó lo que todo mundo suponía, lo que los políticos desoían, lo que sus auspiciadores, como Enrique Peña Nieto y Javier Duarte, pretendían ignorar: delincuentes de cuello blanco… Salió de la Secretaría de Seguridad Pública, en Xalapa, abordó un taxi y no se volvió a saber de él. Se llamaba José Ramón Coronado Juárez y era delegado de la CNOP, el sector popular del PRI en Coatzacoalcos, ligado al líder transportista y ex líder de la Unión de  Estibadores, Gerónimo Zárate Rodríguez. Lo hallaron el sábado 20 a un costado de la autopista La Tinaja-Cosoleacaque, cerca de la caseta de peaje de Acayucan. Tenía huellas de tortura, una letra Z pintada en la espalda y una leyenda ilegible en el torso. Junto con un grupo de taxistas se reunió con el secretario de Seguridad Pública del gobierno de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, el lunes 15. Después, abordó un taxi y ya no se supo más de él. Lo dieron por desaparecido el día 16. Ingresa José Ramón Coronado a la estadística violenta del régimen duartista. Otro del que ya no se da cuenta es José Manuel Flores, “El Oaxaco”, constructor, originario de Oaxaca, ligado al ex gobernador de aquel estado, José Murat Casab, quien acudió a Xalapa, se reunió con el secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón, salió del palacio de gobierno y desapareció. Supuestamente, un grupo de hombres armados lo abordó y se lo llevó. Ocurrió el 28 de febrero de 2013. “Fue intervenido en la goteras de Xalapa por unas patrullas enviadas por el secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez”, según la versión que difundiera el portal expediente.mx. Se categoriza el hecho como una “desaparición forzada”… Lo que es la miseria política. Iniciaba su campaña Rafael García Bringas y fluían los tuits insultantes, los de los bots, la táctica de los miserables contra los críticos del candidato del PRI a la diputación federal por Coatzacoalcos. Usaban un solo lenguaje, las mismas palabras, el tono de la descalificación, el ataque y una sarta de leperadas dignas, por supuesto, de García Bringas. Advertían de un triunfo que nunca llegó. Mientras, la prensa mercenaria, los textoservidores, preconizaban con el discurso de la mentira, a ocho columnas, porque de alguna manera justificaban los miles o decena de miles o cientos de miles embolsados. Qué pobreza moral. Apelar a campañas de desprestigio, a la fallida táctica del tuit insultante en cascada, no hace ganar a ningún candidato. Sólo exhibe que la infamia tiene adeptos…

 

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