protestas de periodistas ante el gobernador Javier Duarte

Javier Duarte: su infame concepto de periodista

* Tres días después, Moisés Sánchez no aparece * Marchan periodistas en Veracruz * Los cambios del gobernador dan risa * Buganza, dos veces secretario de Gobierno en el mismo sexenio * Marcelo traiciona a Pepe Yunes * Los dos Noeles: uno golpeador y el otro gasero * García Gea tras los pasos de su antecesor

Si no está en su nómina, no es periodista.
Si no tiene convenio de publicidad, no es periodista
Si no se arrastra y lo elogia, no es periodista.
Si no encubre sus fechorías, no es periodista.
Si es periodista crítico, es taxista.
Y si insiste en hacer crítica, es activista vecinal.


Es infame el concepto de Javier Duarte sobre el gremio periodístico. Le son afines los aduladores que lo colman de frases dulces, halagos desmedidos y zalamería rebuscada porque de alguna manera han de justificar el pago de la factura, el viaje todo incluido, la beca en el extranjero.
Conforma ese ejército de lisonjeros el coro desafinado que sólo sirve al gobernador de Veracruz para estar ajeno a la realidad, y que nada dicen de la economía del desastre, la inseguridad sangrienta, el abandono social y el territorio en disputa entre los grupos del crimen organizado, que es ya parte del paisaje urbano jarocho.
Escucha Javier Duarte a quienes le mienten y lo empinan. Y les cree. Pero ese es su ambiente y así desgobierna a Veracruz. Él lo hace mal y ellos le ayudan.
Sujeto a ese lavado de cerebro diario, no hay día que Javier Duarte no dé palos de ciego, sumido en el mundo de los frutsis y los pingüinos como único botín de los malosos, según pregona el gordobés, o reclamante sin razón, desafiante, excedido, de la prensa crítica que acredita y documenta el desastre desde que la fidelidad y ahora el duartismo se adueñaron de Veracruz.

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Le irrita que la prensa crítica aborde el tema de la inseguridad. Es, a sus ojos, agraviar a Veracruz —“yo aquí diría que es como escupir para arriba”—, pues, dice, hay que hablar de las cosas buenas de la entidad.
Cada día peor, su relación con la prensa crítica se agravó el 2 de enero. José Moisés Sánchez Cerezo, editor y reportero del semanario “La Unión” fue levantado en su casa de El Tejar, municipio de Medellín de Bravo, en la conurbación de Veracruz y Boca del Río.
Dormía Moisés Sánchez. Eran las 7 de la noche. Varios individuos llegaron a su humilde vivienda. Descendieron de tres autos. Portaban armas. Allanaron el domicilio y se lo llevaron con rumbo desconocido.
Javier Duarte se resistió a llamarle periodista. “Es taxista y activista vecinal”, dijo con toda seguridad, evidente la intención de desvincularlo de su actividad, de su condición de comunicador. “Tiene una página en Facebook”, agregó el gordobés. Y remató: “hay que decir las cosas como son”.
Pues le faltó. Moisés Sánchez sí es taxista, sí es activista vecinal y sí es periodista. Tiene una página en Facebook, pero también tiene un semanario llamado “La Unión”, tribuna del pueblo, voz de los habitantes de El Tejar, Medellín y Puente Moreno.
Obvio, el gobernador de Veracruz no quiere que el levantón de Moisés Sánchez se sume a los otros cuatro desaparecidos, los 10 periodistas asesinados y los 22 exiliados y autoexiliados, la mayoría de línea crítica, contundente, incluida la corresponsal de la revista Proceso en Veracruz, Regina Martínez Pérez, estrangulada en su hogar de Xalapa, el 28 de abril de 2012, y a quien el gobierno duartista pretendió enlodarla para justificar las causas que le provocaron la muerte.
Enfático en señalar que Moisés Sánchez Cerezo es un “taxista y activista vecinal”, Javier Duarte incurrió en el presunto delito de discriminación, conculcándole el derecho de que se activara el Mecanismo Federal de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas.
Javier Duarte cayó en un desatino. Lo pagó con el descrédito público y la condena de un sector de la opinión pública veracruzana que advirtió la malsana intención de no admitir que en Veracruz ha sido levantado de nuevo un periodista.
Desinformado, el gobernador de Veracruz ha sido presa de quienes a su lado le confeccionan el discurso, quienes lo nutren de notas para abordar los temas, quienes debieron decirle que, en efecto, Moisés Sánchez Cerezo es un periodista con más de 20 años de labor. Y si se lo dijeron, actuó movido por la perversidad.
Como los gatos, ha pretendido reparar su error. Se reunió el lunes 5 con la esposa e hijos de Moisés Sánchez. Les prometió realizar el mayor esfuerzo para dar con el paradero del director del semanario “La Unión”.
Dice el boletín oficial del gobierno de Veracruz que Javier Duarte atendió a la familia del “periodista y activista” Moisés Sánchez. ¿Pues no que no era periodista?
Lo presiona la prensa libre. Marchan por las calles de cinco ciudades de Veracruz y se manifiestan periodistas que exigen que el gobierno encuentre con vida a Moisés Sánchez. Se multiplican los apoyos en diversas ciudades de México y el extranjero. Inundan las redes sociales con sus proclamas. Veracruz nuevamente en el escenario. Veracruz, el estado más agresivo, el más inhóspito, el más riesgo para ejercer el periodismo.
Firmado por 101 periodistas, el desplegado que circula en medios de comunicación y redes sociales llama la atención del presidente Enrique Peña Nieto, la Secretaría de Gobernación y el gobierno de Javier Duarte. Exige la activación de protocolos para garantizar la seguridad de los familiares de Moisés Sánchez y el despliegue operativo para dar con su paradero.
Moisés Sánchez solía denunciar los abusos del alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, un panista mal visto en el PAN, que llegó al poder con el visto bueno del gobernador Javier Duarte. “Le voy a dar un susto”, expresó el edil tres días antes del plagio, según relata el hijo del periodista, Jorge Sánchez.
Javier Duarte gobierna bajo presión. Pretende salir de la ratonera. Para ello, dos policías municipales de Medellín fueron “retenidos” para investigación. Quiere, así, reventar la burbuja mediática y sofocar el escándalo con una telenovela más del procurador Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”.
Hecho un engrudo, el gobernador de Veracruz no comulga con la prensa crítica. Si puede, les reclama. Si se le da la oportunidad, los descalifica. Les niega la condición de periodistas. Les llama “taxista y activista vecinal”, aunque luego tenga que recular.
Javier Duarte premia a periodistas de estado. Los ensalza y los enriquece. A sus comilonas llega la prensa sumisa, la que atiende al llamado del gobernador a cambio de una Ipad, una grabadora, un celular o una cámara, el kit de la sumisión.
Son periodistas los que lo elogian. Son periodistas los que encubren el saqueo. Son periodistas los que están en su nómina. Son periodistas los que tienen convenio de publicidad. Son periodistas los que disfrutan de viajes todo incluido.
Es infame el concepto de periodista de Javier Duarte.

Archivo muerto

Más de lo mismo en el gobierno de Veracruz. Ejecuta Javier Duarte de Ochoa cambios en su gabinete, maquillaje vil, caras conocidas y recicladas, cambiar para que nada cambie. Regresa Gerardo Buganza Salmerón a la Secretaría de Gobierno, donde inició en el sexenio duartista, lo que suena a blasfemia política; releva a Erick Lagos Hernández, quien buscará ser diputado federal por Acayucan. Asume el alemanista Flavino Ríos Alvarado la Secretaría de Educación, cargo que ocupara en tiempos de Dante Delgado Rannauro; sustituye a Adolfo Mota Hernández, que pretende ser diputado por Xalapa. Llega Ramón Ferrari Pardiño a la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca, como antes lo fue con Fidel Herrera Beltrán, y el nuevo vocero es Juan Octavio Pavón González, tildado de ineficiente, capricho de la primera dama Karime Macías de Duarte; releva a Alberto Silva Ramos, “El Cisne”, que contenderá por la diputación en Tuxpan. O sea, la misma melcocha relamida del ayer y antier político. Nada nuevo. Un tránsfuga del PAN, un dantista y alemanista, un fidelista y un soberano desconocido. Total, de lo que se trata es de que el naufragio se consume… Vivo como es, Marcelo Montiel Montiel no bien vio despeñarse a José Francisco Yunes Zorrilla y alejarse la posibilidad de ser gobernador en 2016, que arrió velas, levó anclas y dirigió su nave hacia el puerto de Tuxpan, feudo de Alberto Silva Ramos, alias “El Cisne”. Entre los priístas lo llaman bandazo; entre los comunes, traición. Así le hizo Marcelo Montiel, siendo alcalde de Coatzacoalcos, a Fidel Herrera Beltrán; lo dejó y se fue al regazo de Tomás Ruiz González por órdenes del ex gobernador Miguel Alemán Velasco. Luego recompuso Fidel y Marcelo se le puso a los pies. Cuentan que por eso el de Nopaltepec no lo traga, pues sabe de su deslealtad. Ahora se la aplica a Pepe Yunes, creidísimo que el hoy delegado de la Sedesol federal en Veracruz le operaría campaña, apoyos, amarres. Por lo pronto Marcelo ya le endulza el café al Cisne pues lo ve primero diputado y luego minigobernador… Ambos se llaman Noel: uno, Vázquez, es el golpeador del marcelismo, agresor de un grupo de ciudadanos que protestaba —diciembre 26— por la falta de agua, por la mala calidad, por su sabor salado y por la entrega irregular de las pipas; sacó a relucir sus taras, espíritu de pandillero y arremetió contra quien pudo. El otro Noel es prestanombres en una gasera que opera sin permisos en el poniente de Coatzacoalcos, negocio de un prominente priísta, impune al grado que ni Pemex ni el gobierno federal los meten en cintura, habida cuenta del tamaño del delito que vienen cometiendo. Dos Noeles y dos casos por analizar… Siguen las quejas, los reproches, la denuncia pública sobre el encargado del Registro Público de la Propiedad en Coatzacoalcos, Francisco Javier García Gea. Abunda la mordida para aligerar trámites y para ocultar escrituras. Se suponía que con la salida de Mario Rafael Contreras Castro la corrupción acabaría. Se fue. Dejó el cargo y ahora se vive la segunda parte de una película de sobra conocida por notarios y usuarios del Registro Público de la Propiedad…

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