Sheyla Jara: se acerca a Morena en medio del escándalo

* Renuncia a Movimiento Ciudadano  * Una regiduría sin moral política no vale nada  * La destrozan en las redes  * “Chapulina, traidora, desleal, mercenaria, ciudadana del trampolín”  * Pedro Miguel compró paja  * El secreto que Porky le oculta al alcalde

Por dignidad o por ambición, Sheyla Jara activó una bomba que estalló en sus manos. Fue la más descarnada exhibición de deslealtad, oportunismo político, pragmatismo sin ética y la incapacidad para advertir su desastre personal.

Se inmoló con una renuncia, la suya, a Movimiento Ciudadano en el cabildo de Coatzacoalcos, y terminó ardiendo en el fogón de su arrogancia, la influencer balconeada en el uso del trampolín político, la que salta primero del PRI a MC y de MC a “independiente”, y terminará en Morena luego de reuniones en corto, casi en secreto, con Pedro Miguel Rosaldo, el alcalde Tijeritas.

Sheyla Jara Balcázar fue una antes del viernes 13 de marzo y otra después.

Muy joven, en el PRI, hiló un rosario de éxitos. Fue lideresa priista, diputada juvenil, un ícono de la nueva generación, ahijada del diputado y ex senador Héctor Yunes Landa.

Pero cuando le impidieron ser presidenta del comité local en Coatzacoalcos –la mano de Carlos Vasconcelos, líder de la CTM, la atajó– y la desecharon para la secretaría general, el enchilamiento la llevó a renunciar.

Halló cobijo en Movimiento Ciudadano. Fue candidata suplente a diputada federal, embelesada con su imagen en los espectaculares de campaña, proyectada como nadie más en el partido naranja, ni sus fundadoras. Y luego la regiduría que le regaló MC. Nadie votó por ella pero llegó como regidora de primera minoría.

Y a las primeras de cambio, de vuelta al trampolín.

Setenta y dos días como regidora de oposición y saltó al oficialismo, al paraíso de los ediles-becarios.

Ese día citó a la prensa. Anunció su salida del bloque de regidores de Movimiento Ciudadano en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Habló de su dignidad, de sus principios, de sus hartas ganas de trabajar, pero no explicó qué la llevó a romper con MC.

Fue cuestionada sobre la presunta cuota que tendría que pagar al partido naranja. Lo evadió.

Fue inquirida sobre su paso hacia Morena. Lo negó.

“No estoy en la política para obedecer órdenes de partidos ni de personas y mucho menos para arrodillarme ante nadie”, soltó hablando en abstracto.

“Es momento de creer más en las personas que en los partidos”, agregó.

El argumento es desaseado, infumable, hueco. Hasta antes del 5 de junio de 2025, día de la elección municipal, cuando aparecía en la planilla naranja como aspirante a regidora, ¿entonces sí había que creer en los partidos?

Luego de un incesante parloteo, su traición a la vista de todos, de morder la mano de quien la sacó del cajón del olvido, se alineó con el alcalde morenista Pedro Miguel Rosaldo García.

Ahí marcó el fin de su carrera política. ¿Quién puede volver a confiar en una desleal?

Minutos después el incendio la devoraba. Ha sido una masacre. La destazan en las redes sociales. La llaman traidora, desleal, trepadora política, cambia capas, ciudadana de trampolín, chapulina, mercenaria, “tanto rebuznó por la comisión que le dieron para salir con esto”, “le llegaron al precio”.

A la par, hay otro debate pero es indecente. Es el de las mujeres atacando a otra mujer, a Sheyla Jara. Improperios, insultos, frases hirientes, el agravio personal. Adjetivos impublicables, el chisme en Facebook. Una vergüenza.

Sin proponérselo, le manda el mensaje a otros ediles que traen en mente cambiar de partido. “Si se pasan, ya saben”, diría Andrés Manuel López Obrador. Así les va a ir.

Devaluada, extraviada en el laberinto al que Pedro Miguel la llevó, Sheyla Jara sólo pudo responder con sus selfies y el mundo rosa en que suele andar. 

Su defensa resulta una torpeza: lo trivial, el gym, la carrera de 5 kilómetros y el uso de la familia, el abrazo de papá, la perorata de los buenos modales, los principios de mármol, la solidez de una buena educación y, por supuesto, el alma generosa que trabaja por los demás.

Eso no ayuda. Su fechoría es mayor. Es gasolina para el incendio en que arde su imagen política. Se consume en una hoguera que ella prendió, siendo denostada por miles, acusada de ser una vival que salta de partido en partido al ritmo de su ambición.

El otro zonzo de la trama es Pedro Miguel Rosaldo, el vendedor de ilusiones, que sólo alcanza a ver cómo las redes, los medios, los analistas hacen añicos a su nueva adquisición política.

De nada sirve una regidora sin peso moral, tildada de traidora, de chapulina, de desleal. Pedro Miguel compró paja. Compró a la chica del gym, no a una figura de respeto.

Los insiders cuentan que a lo largo de varias semanas conminó a Sheyla Jara a dejar Movimiento Ciudadano, a brincar a Morena. Lo mismo intentó con otra regidora a la que le propuso ser “independiente”. Ese es Pedro Miguel, el alcalde chambasucia.

Rocío Nahle, su pilmama política, y él saben que MC es la única oposición, la única que avanza electoralmente. De ahí, las embestidas, la presión política, la amenaza de cárcel, el chantaje con las obras públicas y una regidora que cambia de corral.

Sheyla es cartucho quemado, historia política tirada a la basura. No suma, escandaliza. El día que Pedro Miguel la haga candidata a diputada por Morena, en 2027, la derrota estará asegurada y el distrito, perdido.

Políticamente ciega, Sheyla no vio la bomba de tiempo que encendió. Una vez que la activó, voló en pedazos, se mostró traidora, desleal, pragmática, oportunista y chapulina.

Se ganó el mote. Es la reina del trampolín.

METADATO

Porky sirve para dos cosas: para nada y para nada. José Luis López Cabañas no ha captado qué es un director de Gobernación. Ve a los colonos en las calles y no abre el diálogo. No detecta ni magnitud ni consecuencia. Ve a Salvador Cueto Sosa en las calles, liderando a colonos, y no canaliza sus demandas. Que el alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, no trata con representantes sino con la gente. Esa es la genialidad. Es como si la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, no hablara con los alcaldes sino con la gente. Para eso son los representantes. Porky ve conflicto y se fuga. Envía a sus peones. No llega o llega tarde. Pero lo peor no es eso. Lo peor es la mentira y la verdad que le oculta al alcalde Pedro Miguel, el secreto de su pasado familiar, los males que se volvieron herencia en el poniente de Coatzacoalcos. Pedro Miguel hablando de orden y tiene a su lado al producto del desorden…  

 

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