Funesto retrato, perfil de un cómplice. Es Javier Duarte inmóvil, tolerante, más que omiso, más que ajeno a la realidad. Calla y no actúa cuando la violencia devora a Veracruz, cuando el crimen de Rubén Espinosa le atrae el repudio, el juicio internacional.
Construye ese retrato su enemigo frontal, el cáustico Miguel Ángel Yunes Linares, cuyo conflicto viene por herencia fidelista. Lo describe solapador, implicado con la delincuencia, añeja la complicidad.

