* Da el chaquetazo: de MC a Morena * Delincuente, le dijo Nahle * Hasta un sicario irrumpió en campaña * Y ahora convive con sus verdugos * Derrame de petróleo es “tema superficial”, dice Pedro Miguel * Ayuntamiento pasa la charola a ligas deportivas * Subsecretario de Marina en Coatza
Tildado de delincuente, de convicto sentenciado a 20 años de cárcel, como lo definió la gobernadora Nahle, Jesús Uribe terminó convencido que su destino no podía ser otro más que Morena, el partido que le cerró las puertas, el que lo vapuleó y asedió y al que pudo vencer.
Fue, a los ojos de Norma Rocío Nahle, un maloso más.
Lo encasilló entre los candidatos con vínculos con el crimen organizado que, dijo la gobernadora, postuló Movimiento Ciudadano.
Nahle lo golpeó. Lo masacró. Bramó desde palacio de gobierno intentando impedir que fuera alcalde de Las Choapas, el municipio clave del sur del Veracruz, el líder en ganadería pero también el que sirve de paso a migrantes, el que tiene frontera con Tabasco, Chiapas y Oaxaca, donde la sierra es paso libre para el narco.
Nahle pintó a Jesús Uribe Esquivel como el prototipo del mal, el que pasó por una prisión, sin decir que a esa prisión lo envió Cuitláhuac García, el ex gobernador de Veracruz, que usó al Poder Judicial para cobrar venganzas.
Norma Rocío enfatizó, con ese tono muy de ella, corriendo la sílaba, alargando la intención, que Chucho Uribe fue sentenciado a 20 años de prisión por un crimen –el asesinato de un ex militar hallado en un tambo, encementado– pero que un juez (federal, vía amparo) le concedió la libertad (por pruebas inconsistentes, como Cuitláhuac y la hoy fiscal de Veracruz, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, solían y suelen fabricar culpables).
Y al final, ya siendo alcalde, Uribe decidió chapulinear. Brincó de Movimiento Ciudadano y Morena, el narcopartido de López Obrador. Siente que ese es su hábitat ideal.
“En las Choapas, Jesús Uribe tenía prisión y sentencia condenatoria a 20 años. Un juez le revoca la sentencia y ahora es presidente municipal electo por Movimiento Ciudadano”, dijo la gobernadora con esa lengua viperina tan suya, tan volátil, tan soez.
Pero si algo tiene Chucho Uribe es ser servil. Ni bien había dejado la cárcel, libre de la imputación de homicidio, cuando ya se arrastraba a los pies de Rocío Nahle. De su ronco pecho, dijo:
“Para la familia Uribe ha sido un verdadero honor abrazar a nuestra querida y respetada Ing Rocío Nahle. Dios la bendiga siempre”.
Y en la foto, don Jesús, esposa e hijos con Nahle. Sonreían todos.
Meses después, ya enfilado a la candidatura a la alcaldía de Las Choapas, Morena le dio un portazo en la cara. Lo intentó y nada. El elegido era Oscar Guzmán, alias Pachocha, un condenado a la derrota por el desastroso gobierno morenista de Mariela Hernández, plagado de corrupción, dineros que pasaron por la alcaldesa y no se ha explicado el destino.
Movimiento Ciudadano postuló primero a Jesús Uribe Velázquez, el hijo, y luego a Jesús Uribe Esquivel, el padre, cuando ya no había ataduras legales.
Nahle amenazó a Jesús Uribe Esquivel desde el primer día. Vació la entraña contra Movimiento Ciudadano. Acusó que postuló candidatos ligados a la delincuencia. Y “ordenó” a la Fiscalía, entonces presuntamente autónoma, que abriera carpetas de investigación.
Uribe hizo campaña con el miedo en la piel, la espada al cuello, la bala en espera que el gatillo amartillado del sicario fuera disparada.
Aguantó el baño de lodo de “nuestra querida y respetada Ing Rocío Nahle. Dios la bendiga siempre”. Las habladas iban y venían. Las amenazas fluían intentando amedrentar.
Chucho Uribe vio caer a unos y replegarse a otros. A Xóchitl Tress, candidata de MC en Rodríguez Clara, le mandaron sicarios, hiriendo de muerte a su coordinadora de prensa, Avisack Douglas. Vio bajarse de la candidatura en Nanchital a Elvis Ventura Juárez.
En campaña, un hombre armado fue detectado cerca de Jesús Uribe. Sus seguidores lo cubrieron mientras otros perseguían al tirador. Abordó su camioneta y abandonó el lugar despavorido. Y en Morena imaginaban que Uribe no iba a aguantar.
Llegó la elección y el candidato de Movimiento Ciudadano destrozó a Morena. Uribe ganó dos a uno, 19 mil 691 votos contra 8 mil 686 de Oscar Guzmán. Aplastó al partido de Rocío Nahle.
Vapuleada, herido el orgullo, a Nahle no le quedó más que volver a las andadas, mitad amenazas, mitad soberbia, amagando con no trabajar con los alcaldes de Movimiento Ciudadano cuando que la ley la obliga a gobernar para todos. Pero el respeto a la ley con Rocío, es letra muerta.
Y al final, siendo ya alcalde, Chucho Uribe se arregló con su verdugo y traicionó a los antimorena que votaron por él. O se arrancó la careta y se mostró como es.
El jueves 5, dio el chaquetazo. Dejó a Movimiento Ciudadano y brincó a Morena, la cuna de los que lo refundieron en la cárcel, la cuna de los que le fabricaron el crimen del militar, la cuna de los padrinos de la fiscal inicua, Aurelia Jiménez, entonces presidenta del Poder Judicial, la cuna del “Pachocha” Guzmán y Esteban Ramírez Zepeta, líder de Morena en Veracruz, los que lo combatieron en campaña.
Nahle asedió a Jesús Uribe hasta el momento final. Dos de sus empresas de grúas fueron clausurados por denuncias de desaparición de vehículos. Otra versión advertía que le arrojaron un cadáver en una de sus propiedades. Eso es terrorismo de Estado y fabricación de delitos.
Aún así, Chucho Esquivel sonríe. Festina ser el nuevo peón de la gobernadora. Lleva a Xalapa al cabildo que contendió bajo la bandera de Movimiento Ciudadano y los pasea frente a palacio de gobierno.
Algo tienen en común Jesús Uribe y Renato Tronco, el ex alcalde de Las Choapas que tocó el cielo y fue desterrado al infierno. Frente al asedio de los gobernadores, se doblegan, se hincan, son premiados, los hacen diputados y luego viene, de nuevo, la persecución.
Habrá de convivir Uribe con Nahle, la que recordó que fue condenado a 20 años de prisión.
METADATO
Es una tragedia pero Pedro Miguel lo ve como un “tema superficial”. No se afectó el ecosistema, dice el alcalde de Coatzacoalcos, mientras el derrame de petróleo toca las playas de Barrillas, las de Jicacal en Pajapan, en Tatahuicapan y Mecayapan, y Laguna del Ostión. “Es un tema superficial que no penetra las profundidades del mar; el ecosistema no ha sido afectado”, dice el biólogo de banqueta, Pedro Miguel Rosaldo García. Son 170 kilómetros afectados por el derrame de petróleo, entre Paraíso, Tabasco, y la zona costera de la sierra de Soteapan. Es un desastre que detona en los días previos al período de Semana Santa cuando arriban miles de visitantes procedentes de diversos puntos del país, golpeando la economía de pescadores y restauranteros. No es esa la única sandez de Pedro Miguel. A priori, sin mayor investigación, da por bueno el parte de Pemex en el que se deslinda de toda responsabilidad. Si no es Pemex, ¿quién más produce petróleo en México? Quizá Rosaldo lo sepa, o si hay piratas que lo trafican, o que hay contrabando de crudo y por razón desconocida algo se les fugó. La posición de Pemex es inaceptable y la de Pedro Miguel, también. Es primera autoridad para ver por los derechos de los pescadores y restauranteros, no para encubrir a Pemex. El otro punto es la ignorancia. Así la capa de petróleo flote en la superficie, el PH del agua ya ha sido modificado y eso reduce el oxígeno, aumenta la acidez y afecta la vida marina. Eso provoca que la fauna marina huya. Por un tiempo, no habrá pesca en la zona afectada y el impacto económico a pescadores será brutal. De ahí la ira y los reclamos. La propaganda mediática, el show en las redes sociales, es inservible cuando el alcalde se tiene que enfrentar al Coatzacoalcos real. En lo trascendente sigue reprobado… El modelo deportivo del izquierdista Pedro Miguel Rosaldo es, neta, neoliberal. Que los deportistas le inviertan a los campos y canchas. Que si hoy pagan 3 mil pesos por partido por el uso de una cancha de futbol, ahora los hijos del humanismo morenista les cobrarán a razón de 3 mil 600 pesos. A puerta semi cerrada, en el gimnasio 20 de Noviembre, uno de los genios del alcalde, Ignacio Martínez Sánchez, director de Ingresos, dictó la línea. “Hay que invertir”, dijo a los presidentes de ligas deportivas. Algo se trae el orizabeño amigo de Pedro Miguel Rosaldo. Si las ligas invierten, tácitamente se hacen copropietarias de los campos y canchas municipales y eso la ley no lo contempla. La obligación legal de procurar el deporte es del ayuntamiento de Coatzacoalcos, según reza la Ley Orgánica del Municipio Libre. Si no lo hace, entonces aporta la infraestructura y la actividad deportiva queda en manos de los particulares. Esa es la fórmula que se ha seguido por décadas. La genialidad de Ignacio Martínez es equiparable a una asociación público-privada, o sea neoliberal. O de plano lo que trae entre manos es autorizar concesiones o contratos de comodato. Pero en el fondo se vislumbra otro atraco. Los Quintanilla, los compadres incómodos de la gober de Veracruz, Rocío Nahle, se frotan las manos sabiendo que quien invierte genera el derecho a controlar los espacios deportivos… Sin mayor ruido, llega a Coatzacoalcos el subsecretario de Marina, almirante José Barradas Cobos, segundo de a bordo en la Semar. Es cercanísimo al titular, Pedro Raymundo Morales Ángeles. Cayó de improviso, el viernes 6, cuando los temas de seguridad y huachicol fiscal están calientes en todo México…

