El crimen de Rubén Espinosa: presión internacional

* 500 personajes instan a Peña Nieto en carta abierta * “Investigar con integridad” * Actuar contra funcionarios estatales y municipales * El Chochol defiende a su verdugo * La verdad lo hará pedazos * Pepe Yunes ni se paró ni le aplaudió a Duarte * Joaquín desafía al gober

Tronantes los aplausos, de qué le sirven a Javier Duarte cuando vienen de vasallos, y de mozos, y de una corte de enanos. Truenan por un instante y se apagan, ahogados por la voz de 500 figuras de excepción, algo así como la conciencia internacional, que expresan su repudio al crimen de Rubén Espinosa.

Arma un show el gobernador. Lo rodea el priísmo. Acuden a él en acto menor, la renovación del Movimiento Territorial del PRI en Veracruz, la tarde del miércoles 12. Y escucha una defensa vacía, sin argumento, la pobreza mental del líder tricolor, Alfredo Ferrari, que advierte y amenaza, que enfatiza que el silencio no basta, que increpa a un enemigo al que no se atreve a identificar.

Le sigue el nuevo dirigente del MT, Víctor Rodríguez Gallegos, peón del marcelismo, con una arenga menos provocadora. A quienes calumnian el PRI los enfrentará… trabajando. Y ya.

Cumplen así los priístas con el ritual del engaño. Aclaman de pie a su líder formal, el indeseado, el advenedizo, como lo catalogara con tino Héctor Yunes Landa, en 2010, por robarle la candidatura a gobernador, siendo el gordobés un desconocido en el PRI. Hoy, cosas del descaro y del cinismo, Yunes Landa es la propuesta de Javier Duarte para el minigobierno de dos años a elegirse en 2016.

Simulan como maestros los priístas. Aplauden con rabia a su gobernador, aún sabiendo que el advenedizo sólo ha servido para destruir las finanzas de Veracruz, para hincarse ante el crimen organizado y para provocar el peor período de corrupción y la más grave crisis de impunidad en la historia de Veracruz.

Prolongan el aplauso para consumar el engaño. Luego se van. Allá Javier Duarte con lo que ha de venir, el desenlace del multihomicidio, la masacre, la ejecución en la Narvarte.

Tres días después, vuelve la tormenta. Ya no hay aplausos. Hay condena. Hay repudio. Hay indignación. Hay sospecha.

Son 500 y son una voz que pesa. Hablan artistas, intelectuales, periodistas, y todos expresan, no a Javier Duarte, sino al presidente Enrique Peña Nieto, la urgente necesidad de esclarecer el crimen de Rubén Espinosa Becerril y Nadia Vera, el fotoperiodista y la antropóloga y activista social que tuvieron que irse de Veracruz, exiliados, seguidos, perseguidos y finalmente ejecutados, junto con tres mujeres más.

Demoledora, la carta insta a Peña Nieto a “investigar con integridad”; que se realice la investigación sin contemplaciones de los funcionarios estatales y municipales que, en cada caso, se puedan haber visto involucrados”; cataloga el crimen de Rubén Espinosa, colaborador de Proceso y Cuartoscuro, y fotógrafo de AVC, como un “parteaguas”.

De Javier Duarte, los 500 intelectuales, artistas y periodistas dice:

“Los reporteros de Veracruz que reciben amenazas están convencidos de que éstas provienen de funcionarios del gobierno del estado. Desde que el actual gobernador, Javier Duarte, llegó al poder en 2010, las amenazas, los maltratos, y los asesinatos de periodistas han alcanzado cifras sin precedente en Veracruz: catorce han muerto de manera atroz, y tres han desaparecido. En cada uno de los casos se ha desechado como línea de investigación judicial el ejercicio profesional de las víctimas”.

Y agrega:

“Hasta ahora, 37 colegas de Rubén Espinosa han tenido que abandonar sus trabajos, sus hogares y sus familias, y desplazarse a la Ciudad de México tras recibir amenazas. Rubén Espinosa fue asesinado a las pocas semanas de su llegada a la capital”.

Suscriben la carta 500 personajes, entre ellos Noam Chomsky, Salman Rushdie, John Coetze, premio Nobel, Lydia Cacho, Denise Dresser, Sergio Aguayo, Juan Villoro, los periodistas Carl Bernstein, Tom Brokaw, Jon Lee Anderson, Sandra Cisneros, Margaret Atwood, los cineastas Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro y el actor Gael García, entre otros.

Entre los firmantes se encuentran directivos del PEN American Center, del PEN International, del English PEN: Kwame Anthony Appiah, Louis Begley, Ron Chernow, Maureen Freely, Jo Glanville, Peter Godwin, Suzanne Nossel, Francine Prose, John Ralston Saul y Andrew Solomon, así como Joel Simon, director ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), y Marian Botsford Fraser, titular del Comité de Periodistas en Prisión.

El texto íntegro de la carta es el siguiente:

“Nosotros, periodistas, escritores, y artistas creativos de todo el mundo, con el apoyo de PEN y el Comité de Protección a los Periodistas, vemos con indignación los ataques contra los reporteros en México. Cuando se ataca a un periodista se atenta contra el derecho a la información de la sociedad entera.

“El 31 de julio fue asesinado en Ciudad de México el fotoreportero Rubén Espinosa, junto con una activista de derechos humanos, dos de sus compañeras de piso y la empleada doméstica del lugar. Este crimen ha sido un parteaguas. La Ciudad de México era considerada uno de los últimos lugares seguros para el ejercicio periodístico. Pero ahora no parece haber santuario alguno para los reporteros perseguidos en México.

“Desde el año 2000 decenas de reporteros han sido víctimas de homicidio; se sabe de otros 20 que continúan desaparecidos. La abrumadora mayoría de estos crímenes permanecen en la impunidad. La CNDH apunta a evidencia que involucra a funcionarios públicos en varios de los ataques contra periodistas y medios de comunicación. Las amenazas físicas extremas y generalizadas que padecen los reporteros llama la atención de las organizaciones encargadas de vigilar la libertad de expresión en el mundo, y de grupos como el Comité de Protección a los Periodistas y PEN, que abogan por los derechos de la prensa. Todos ellos han hecho campañas para acabar con lo que se ha llamado censura a tiros.

“Rubén Espinosa, asesinado a sus 31 años de edad, laboraba como fotógrafo en el estado de Veracruz. Tras recibir varias amenazas graves, huyó a la Ciudad de México hace algunas semanas. Los reporteros de Veracruz que reciben amenazas están convencidos de que éstas provienen de funcionarios del gobierno del estado. Desde que el actual gobernador, Javier Duarte, llegó al poder en 2010, las amenazas, los maltratos, y los asesinatos de periodistas han alcanzado cifras sin precedente en Veracruz: catorce han muerto de manera atroz, y tres han desaparecido. En cada uno de los casos se ha desechado como línea de investigación judicial el ejercicio profesional de las víctimas. Hasta ahora, 37 colegas de Rubén Espinosa han tenido que abandonar sus trabajos, sus hogares y sus familias, y desplazarse a la Ciudad de México tras recibir amenazas. Rubén Espinosa fue asesinado a las pocas semanas de su llegada a la capital.

“Señor Presidente; no debe haber mas asesinatos: el homicidio de Espinosa, y de Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz, Nadia Vera, y Mile Virginia Martín —las cuatro jóvenes que murieron con él— deben ser investigadas con integridad. Los verdaderos homicidas tienen que recibir juicio justo y condena pronta. En su país, señor Presidente, las estadísticas de impunidad en los casos contra periodistas son alarmantes: Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 89 por ciento de los asesinatos permanecen sin resolver. La Comisión ha denunciado que sus propias investigaciones son obstaculizadas por las autoridades. La negligencia judicial garantiza la impunidad.

“Hoy el periodismo en todo el mundo vive bajo asedio: los reporteros mexicanos, en particular, viven en peligro mortal. Las organizaciones criminales, los funcionarios de gobierno corruptos, y un sistema de impartición de justicia incapaz siquiera de determinar la responsabilidad de los asesinos son causa de la extrema vulnerabilidad de los reporteros.

“Señor presidente, le urgimos a:

“1.-Garantizar el esclarecimiento inmediato y efectivo de los asesinatos contra Rubén Espinosa y la enorme cantidad de periodistas en México que han caído como él, y la investigación sin contemplaciones de los funcionarios estatales y municipales que, en cada caso, se puedan haber visto involucrados.

“2.- La revisión inmediata de los mecanismos para la protección de periodistas y el compromiso efectivo de su gobierno para garantizar la libertad de expresión en México”.

De poco le sirve a Javier Duarte el aplauso de los enanos. 500 personajes, conciencia internacional, en cambio, presionan a Peña Nieto. Es insostenible el México donde al periodista se le mata por lo que piensa, por lo escribe, por lo que critica.

Pero a Javier Duarte no le da para más. Quiere borrar una masacre con algarabía, discursos melosos, arengas, mensajes, intimidación, el sello de su sexenio.

Le aplauden a rabiar los priístas. Se quejan, se duelen, increpan, reclaman y, por qué no, amenazan. Si el gobernador tiene en su haber 14 periodistas asesinados, crímenes cometidos en su sexenio, el silencio no basta.

“Eso no lo permitiremos —dice el líder Ferrari—”. Y Javier Duarte se da por servido, emocionado, imaginando que ahí termina la masacre de la Narvarte.

Tres días bastaron para que el aplauso al gobernador quedara ahogado.

Archivo muerto

Jodido el Movimiento Territorial del PRI. Su nuevo líder, Víctor Rodríguez Gallegos, emerge del fango en que se ha convertido la Sedesol federal en Veracruz, de los millones sin destino, del uso de los programas sociales para pepenar votos, de la perversidad y el descaro de robarse el dinero de los adultos mayores. Llega Víctor Rodríguez al MT y da cátedra de desvergüenza. Para su verdugo, Javier Duarte, hay solidaridad de refilón, un apunte al escandalazo por el crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa y la antropóloga y activista Nadia Vera, perseguidos del duartismo, hostigados y seguidos hasta el DF, en su exilio y allá ultimados. “Hoy en Veracruz —dijo el paniaguado Víctor Rodríguez— estamos siendo objetos de calumnias infundadas y de descalificaciones dolosas. A todos ellos les decimos que seguimos adelante, unidos más que nunca en favor de nuestro estado”. Y más adelante: “Hoy que las voces radicales salen para desacreditar el trabajo de los priistas en Veracruz, hoy que los inconformes de todo y de siempre, se lanzan a atacar sin sustento, sin razón y el odio al gobierno de Veracruz, a todos ellos les digo que el PRI seguirá trabajando”. A ver, don Chochol. ¿Estamos siendo objeto de calumnias? Que se sepa, quien está en el centro del torbellino por su fobia a la prensa, por las madrizas que su policía le propina a los periodistas, por hacerle al pitoniso advirtiendo que caerían “manzanas podridas”, sugiriendo que se portaran bien y luego han venido ocurriendo los asesinatos, es Javier Duarte. Ni hay calumnia infundada ni hay descalificación dolosa. El señalamiento es al gobernador por hechos consumados, por represión, por expresiones que fueron públicas, porque la lengua lo traicionó, porque su policía se excedió e incurrió en violencia desmedida, porque son 14 periodistas asesinados durante el duartismo. No se desacredita el “trabajo de los priístas en Veracruz”. Se critica el desgobierno de Javier Duarte y su pandilla. Patético, pues, el intento de defensa de Víctor Rodríguez, el más avanzado de los mozos de Marcelo Montiel, en un clásico caso de Síndrome de Estocolmo, justificando a su verdugo, el que lo dejó sin candidatura a la diputación federal por Coatzacoalcos porque, según el gobernador, no garantizaba el triunfo del PRI… Pronunciada por San Pablo, vale. Pero expresada por Javier Duarte, suena a blasfemia. “La verdad nos hará libres”, dijo Saulo de Tarso, el maestro de la ley, perseguidor de Cristo en los primeros destellos del cristianismo. Replica Javier Duarte la frase del apóstol, no con humildad ni sencillez. Trasluce los rencores de la impotencia, apabullado por un escándalo de muerte, un crimen aberrante, la persecución que dio por resultado el quíntuple asesinato de la Narvarte, entre ellos Rubén Espinosa Becerril, el fotoperiodista, colaborador de Proceso y Cuartoscuro y fotógrafo de AVC, y Nadia Vera, antropóloga, activista social y productora cultural. Enésima pifia de Pseudo San Javier. La frase debió ser: “La verdad me hará pedazos”… Muchas porras, mucha melcocha, mucha lisonja priísta, pero Pepe Yunes ni se inmutó. Ni aplaudió ni se puso de pie. Lo hacían todos, Erick Lagos, David Velasco Chedraui, ambos a sus costados, pero el senador veracruzano no secundó la faramalla en torno a Javier Duarte, usada la imposición de Víctor Rodríguez Gallegos como líder del Movimiento Territorial del PRI para respaldar al vilipendiado gobernador. Fue el único, reiterando que ahí hay frío polar, que no hay acuerdo, que la descalificación de los textoservidores, urdida en Casa Veracruz y en palacio, sólo ha servido para que el desgobernador cada vez sea peor visto en el gobierno federal por torpe y marrullero. De Pepe Yunes no recibió Javier Duarte ni un aplauso y cuando todos se pusieron de pie simulando que lo quieren, el senador se mantuvo sentado… No aplica el reglamento de Tránsito en Coatzacoalcos. Lo anuncia el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol en un desafío a Javier Duarte. Aquí, desde marzo se aprobó un reglamento municipal, con multas menos severas. Políticamente es un golpe mayor. Coatzacoalcos es el segundo municipio con mayor presupuesto, el tercero en importancia política, detrás de Xalapa y Veracruz. Son los síntomas de la debacle, el poder que se extingue, la debilidad evidente, dramática, de un gobernador al que un día le aplauden y al otro le dan la espalda…

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