Cuitláhuac: duelo a muerte con la prensa

Bribones sin freno, el pseudogobernador y su títere —Cisneros y Cuitláhuac— atizan un fuego que los va a alcanzar, el de la amenaza y el agravio, la soberbia y el ataque, la calumnia con la que imputan que la prensa crítica los pretende extorsionar.

“Algunos medios —fustiga Cuitláhuac García, gobernador de Veracruz— aprovechan esta libertad para presionarnos, insultarnos, decir mentiras, para que tengamos convenios más allá de lo que nosotros podemos”.

Y agrega:

“Un poquito en ese contexto de querernos presionar, algunos medios que encabezan o meten columnas que nos critican, nos tachan de corruptos, y a nosotros no nos queda más que aguantar vara y respetar, y por eso le di la indicación al secretario de Gobierno de que reiterara el respeto a todos los medios de comunicación. Es una convicción personal”.

Sigue el show de los sucios que se asumen limpios, los altivos que lloran, los corruptos que pregonan honestidad, los transas que esgrimen pureza, los mamarrachos que se sienten machos.

Su dardo evidencia el flanco débil del gobernador, el pasmo ante la crítica documentada, la impotencia frente a la difusión de trapacerías que se perpetran al amparo de una Cuarta Transformación que es paja y engaño, raterías y corruptelas, nepotismo y contratos amañados, asignados con tretas, sin licitación, o con licitaciones simuladas, torciendo la ley.

O la 4T exhibida, usada por delincuentes iguales o peores a los que ofrecían combatir, los que roban en el DIF, los que se apoderan de espacios en Educación, en Infraestructura, en Secretaría de Gobierno, en Seguridad Pública donde el roce con el crimen organizado los mimetiza.

O en la Fiscalía estatal donde se maquillan cifras para enmascarar el feminicidio, el secuestro, o se desatan aprehensiones a mansalva, acusaciones insostenibles en los juzgados donde no se convierten en sentencias o cárcel, provocando impunidad.

O las trapacerías del clan del gobernador emanado de Morena en el Congreso de Veracruz, violando el orden legal, dispensándole a Juan Javier Gómez Cazarín, el esbirro de Cuitláhuac, un poder que usa para deponer alcaldes, hostigar diputados, traficar influencias, volver a la figura del preso político, o a la creación de leyes que por mal fundamentadas incurren en inconstitucionalidad.

O la imposición de la presidenta del Poder Judicial, sacada de un juzgado menor, inventada en una secretaría en el escalafón del máximo Tribunal, manipulada por un ex magistrado, insertando a la nuera en el Consejo de la Judicatura, a los amigos, y peor, violando amparos con los que debe reponer a magistrados en sus cargos hasta incurrir en un desacato al Poder Judicial Federal.

Y Cuitláhuac no quiere que se escriba la verdad.

En la esencia del dardo está la falacia de la extorsión. Nos insultan, dice el títere de Andrés Manuel y de Cisneros; mienten para obtener un convenio de publicidad.

Pero no dice quién lo hace. Ni identifica qué medio de comunicación lo aprieta. Ni acredita cuándo le llegó la exigencia. Ni esclarece dónde se planteó ruido o silencio por un convenio de publicidad.

Lanza la piedra y esconde la mano.

Ante el rasero público, Cuitláhuac y Javier Duarte andan en un fango común: comen las mismas viandas y eructan los mismos sapos, degluten aromas y vomitan hedores.

Duarte pasó a la historia con el célebre “pórtense bien”, seguido del discurso de los dardos a la prensa, las agujas, la ponzoña y la hiel.

Entre la prensa —citó el pupilo de Fidel Herrera, el que llegó rufián terminó en prisión— hay los que sirven a la delincuencia, los que andan en malos pasos. “Todos sabemos —acusó Duarte— quiénes tienen vínculos y quiénes están metidos con el hampa… ¡Pórtense bien, por favor!”.

Bastaba agitar el árbol y ver caer las manzanas podridas, citaba el convicto cuando tenía poder.

Y que le matan a Rubén Espinosa Becerril, reportero gráfico, colaborador de Proceso, Cuartoscuro y AVC Noticias, ultimado en un departamento de la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, donde vivía su exilio, asediado por la policía política de Javier Duarte, que lo espiaba, lo vigilaba, lo seguía y finalmente, cara a cara, lo amagó. Semanas después ocurrió el crimen.

Fue el principio del fin para Duarte, el duartismo, el PRI.

Cuitláhuac García es menos audaz. Torpe y plano, de hablar sin estilo, silvestre, burdo y bruto, suelta la bravata cuando los escándalos de corrupción le estallan como bombas de alta intensidad.

Ya Eric Cisneros había iniciado la escalada verbal contra la prensa. Una vez, en mayo de 2019, el secretario de Gobierno advirtió que ante la embestida contra el ex fiscal yunista, Jorge Winckler, se definiría de qué lado estaría la prensa: con la justicia o con un grupo político.

Otro día, en junio de 2019, levantado el periodista Marcos Miranda Cogco, la esposa reveló amenazas de Cisneros contra el columnista.

“Este señor Patrocinio —acusó doña María del Pilar— le había mandado una persona a decirle que por favor hablara bien de él, si no, no habría ‘chayo’ o que ya sabía lo que le podía pasar”.

En febrero de 2020, tras un enfrentamiento entre pobladores de Ciudad Isla y elementos de la Fuerza Civil que dio por resultado la quema de una patrulla, aprehensiones, agresiones a periodistas que cubrían el evento, Cisneros acusó a los comunicadores de haber sido reclutados por la delincuencia organizada que se había infiltrado entre la gente.

Soez y rústico, extremadamente torpe, Cisneros se hizo de los servicios de un rufián de las redes que responde al apelativo de “El Chuletas”, Francisco Vicente, antiguo operador de medios de los Yunes azules y una vez que rompió con ellos le vendió sus secretos a Javier Duarte.

Con una cuenta de correo en internet, usando el nombre de Eric Patrocinio Cisneros, lanzaron amenazas al periodista Aurelio Contreras, autor de la columna Rúbrica:

“Leo con atención lo que escribiste en el Twitter del ex gobernador Javier Duarte este miércoles, y pues solo quería aconsejarte que midieras lo que escribes o lo que dices, por lo que dicen por ahí ‘el que se lleva se aguanta’.

“Pero si te metes en el juego del insulto, la agresión, la difamación, pues luego viene obviamente la respuesta y es cuando ‘andan chillando’ por lo que les publican y lo que les dicen.

“Y acaban recurriendo a nosotros como autoridad para que los protejamos cuando ustedes son los que inician los conflictos y las agresiones escudándose en tu título de ‘Periodistas’. Así que del modo más atento te pido que si no quieres que te reviren por andar de bravucón y metiche, pues mejor cierres la boca y guardes silencio”.

Aurelio Contreras exhibió el amago. Cisneros, vía el sicario Chuletas, atacaba y una recua de portales afines al gobierno morenista de Veracruz, lo secundaba. Y a fuerza de evidenciar la infamia, obligó a Cisneros al vergonzoso deslinde.

Claudia Guerrero Martínez y Armando Ortiz lograron identificar a Ana Volga Moreno Escalante, titular del Centro de Análisis y Perspectiva Política, el Palomar del palacio de gobierno en que se realiza el espionaje a toda figura pública, como la pieza que contrató los servicios del Chuletas.

Armando Ortiz había sido embestido así:

“Armando, deja de andar ladrando y queriendo ganar fama diciendo que te acosamos. Desde el Gobierno del Estado de Veracruz no se te ‘persigue, ni acosa, ni reprime’, no seas payaso. Por lo visto alguien te mandó un mensaje para que NO le sigas jugando al valiente. Nosotros NO fuimos. Saludos Cordiales. Secretario General de Gobierno Veracruz”. 

Luego vendría la amenaza a Bertha Malpica, directora del periódico El Dictamen, decano de la prensa nacional. Y de nuevo la frase favorita de Cisneros Burgos: “el que se lleva, se aguanta”, en un mensaje de WhatsApp que el rotativo manejó a ocho columnas.

No hubo un revire del gobernador. Entre Cisneros y El Dictamen, optó a Cisneros. Prefirió la colusión, la complicidad. Lo que siguió fue un requerimiento de la Secretaría de Finanzas y Planeación a El Dictamen para revisar su contabilidad.

Y ahora la imputación de Cuitláhuac García a la prensa crítica: nos presionan, nos insultan, mienten para obtener un convenio de publicidad.

Aún se escuchaban las chinampinas de su descarga cuando se filtraron listas de medios de comunicación que reciben publicidad oficial. Maíz para el rebaño. Una sin cantidades ni cuotas; otras con cifras millonarias o con cientos de miles a cambio de aplaudir, festinar o callar.

El discurso de Cuitláhuac es suicida. Su odio a la prensa crítica es patente. El de Eric Cisneros es mezcla de soberbia y estupidez. Son rupestres, incapaces de olfatear que el fuego los va a quemar.

Algo huele mal en Veracruz. Es cuando a la basura se le da chance de gobernar.

Archivo muerto

Pío no termina de resonar cuando Conchis Falcón, cuñada de Andrés Manuel, detona un nuevo escándalo de corrupción. Macuspana, la cuna del presidente, es un nido de ratas, tránsfugas de la ley, y su alcalde, Roberto Villalpando Arias, se va entre protestas y condenas, rechiflas y repudio social. Acusado de malversar más de 200 millones de pesos, de no ejecutar obras que prometió en campaña, de generar una crisis política sin precedente, deja el cargo alegando dio positivo dos veces al Covid 19; o sea, renuncia —pide licencia— por motivos de salud. Tolerado, mantenido en la alcaldía por el clan obradorista, finalmente su suerte se decidió en palacio nacional. Un expediente sustentó todas y cada una de las trapacerías cometidas. Y en el vértice de la transa, la síndica Concepción Falcón Montero, cuñada de Andrés Manuel López Obrador, la que firmaba y avalaba, la que debiendo revisar cada pago, cada contratación, pecó de omisión o de acción. Concepción Falcón es esposa de José Ramiro López Obrador, quien en sus días de alcalde de Macuspana también fue investigado por inconsistencias en su cuenta pública. De los 14 ediles, 10 secundaron a Villalpando Arias en su dimisión. Y ninguno alegó que estuviera contagiado de coronavirus como adujo el nefasto presidente municipal. No termina de salir Andrés Manuel López Obrador del escándalo por los videos de su hermano Pío recibiendo dinero ilegal, millones en sobres y bolsas para Morena, el partido del presidente, cuando a Andrés Manuel ya se le prendió otro fuego, el fuego de la corrupción familiar… Marcelo Montiel y Víctor Rodríguez son más de lo mismo. Son la cara del PRI pervertido, abusivo y sátrapa. Marcelo Montiel y Víctor Rodríguez, una pareja política que donde se para hay denuncias y líos con la justicia, que enfrentan imputaciones graves por más de 800 millones de pesos ante la Fiscalía General de la República, una de ellas interpuesta por el hoy subsecretario de Población, Alejandro Encinas Rodríguez, quien sostiene que va con el tema hasta el final. Ambos, Marcelo y Víctor Rodríguez, insertados en la lista de posibles candidatos de una alianza de partidos por alcaldía de Coatzacoalcos, son cáusticos y corrosivos. Su fin es provocar ruido y suscitar estridencia, tensar el ambiente y destrozar el escenario de un posible frente contra Morena. O sea, recordarle al electorado que en su paso por el ayuntamiento de Coatzacoalcos hubo deuda, abuso de poder, excesos y desvíos, y así enlodar una alianza que no terminar de nacer, provocar crispación, malestar, encono e inhibir la participación de grupos ciudadanos y alejar a los partidos con los que se conformaría el frente para la elección a la presidencia municipal en 2021. Esta semana, sin embargo, un conocido y respetado personaje arribará a Coatzacoalcos y será quizá la carta más sólida de la alianza de partidos y ciudadanos a uno de los principales cargos que estarán en disputa en los comicios del próximo año. Lo de Carlos Vasconcelos, Odebrecht, Etileno XXI, es tema aparte… Cesado, sin más, Noé García Joffre deja la Secretaría de Gobierno y todavía lo agradece. Se va tras el sainete ocurrido en la congregación de Guillermo Prieto en que al alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo lo increparon, le exigieron que devolviera la ambulancia que les retiró. Otros fuegos se le habían prendido a García Joffre, entre ellos el de los comerciantes que repudiaron la instalación de vallas en el centro de Coatzacoalcos para frenar la circulación de vehículos y las retiraron. Pero el punto clave es el del subalterno que teniendo la encomienda de atender a los familiares de víctimas de la masacre en el teiboldans Caballo Blanco, se dedicó a hostigar sexualmente a la madre de una de las bailarinas fallecidas. Una vez interpuesta la denuncia en la Fiscalía Regional, sobrevino la crisis. Un empleado del ayuntamiento, ligado al primer cuadro de Morena, implicado en una bajeza moral. Hay evidencia en mensajes de WhatsApp y el escándalo no lo podría sofocar ni el mismo gobernador. García Joffre se fue cuando otros jefes de área también dejan el cargo por razones políticas, no laborales. El de Acción Social, Rafael Vela, fue cesado junto con su amiga más cercana. Joffre y Vela habían participado en el destape prematuro del diputado Amado Cruz Malpica a la alcaldía, pero lo mismo ocurrió con el director de Comercio, Miguel Espinosa, alias Armillita; el ex coordinador de Comunicación social, Roberto Pérez López, y la encargada de Programas Sociales, Sandra Collins, y siguen ahí. De todos, lo verdaderamente grave es el del subalterno de García Joffre, denunciado por acoso sexual… ¿Quién es ese funcionario del IMSS que armó un mega negocio —casi 100 millones de pesos— liberando a Agronitrogenados de un super adeudo?  Su nombre y el de su padrino son clave en la trama de corrupción de los Peña Nieto, los Salinas de Gortari, los Ancira, los Anaya, obligando a Pemex a comprar una planta chatarra. Y al Peje le viene como anillo al dedo…

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Foto: Sin Recreo