Tony Macías y Marcelo, a la greña



* Duarte le estorba a Peña Nieto  * Vientos de renuncia  * Amadreo y Yunes Landa, al relevo  * Theurel, el mayor endeudador de Coatza  * 30 años para pagarle a BANOBRAS  * Yuen prepara la jubilación de Hernández Toledo

 

Tony Macías y Marcelo Montiel Montiel son como agua y aceite: uno en su parcela, los negocios, y el otro en la suya, la política. Tony es un político frustrado y Marcelo es un empresario encubierto. Se mastican pero no se tragan; se toleran pero difícilmente se aguantan.

Personajes de doble cara, cuidadosos de las formas, sonrisa fingida, abrazo hipócrita, buenos para la foto, priístas los dos, habían mantenido una relación de respeto, falsa camaradería, hasta que la elección federal los situó frente a frente.

Suegro incómodo de Javier Duarte de Ochoa, el gobernador de Veracruz, Jesús Antonio Macías Yazegey tuvo la tarea de promover el voto en el sur de Veracruz para Enrique Peña Nieto, pero fue un fiasco. Su fracaso fue monumental, avasallado el candidato presidencial priísta por Andrés Manuel López Obrador, que le propinó una derrota humillante: 90 mil votos para la izquierda política contra 56 mil sufragios apenas pepenados por el hijo predilecto de Atlacomulco.

Por las manos de Tony Macías pasó la mejor propaganda para la elección, la más costosa y la más atractiva; la que motiva a los votantes y la que los lleva a las urnas. Pero no supo aterrizarla. Se vendió ante su compadre, el líder nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, como un motor del voto, confiado en el efecto Peña Nieto para vencer el arrastre de la izquierda en el sur de Veracruz, pero nada de eso evitó la debacle.

Ineficaz, desconectado de su entorno político, entregó un saldo rojo, acorde con su falta de tablas y nula sensibilidad. Tony Macías es iletrado en operación política. Lo bueno lo daña, y el terreno fértil lo destruye. Siembra trigo y cosecha cizaña; compra gato y le despachan liebre. Fue, pues, una pifia garrafal darle semejante encargo.

Ignorante de cómo producir votos, carente de visión, negado para la política, derramó todo lo que tenía en sectores que no acuden a las urnas o que reciben las prebendas del PRI y votan por la oposición.

No tiene la geografía electoral bien clara y no hubo un solo priísta que le advirtiera dónde y cómo se debe operar políticamente. Le dio municiones al enemigo, ayudado en sus torpezas por el alcalde Marco César Theurel Cotero, peleado éste a muerte con promotoras sociales y sin realizar obra pública que le diera capital político al PRI. La derrota, pues, fue de antología.

Enconados los ánimos, coincidieron Tony Macías y Marcelo Montiel, el secretario de Desarrollo Social del gobierno veracruzano, en el aeropuerto de Canticas, a 18 kilómetros de Coatzacoalcos. Cuenta la versión que ese día Montiel había acompañado al cónsul de Honduras en su visita a los migrantes varados en Coatzacoalcos, bajo el puente de la Avenida Uno, en espera que se repararan vías y puentes ferroviarios para proseguir su camino a Estados Unidos.

Se hallaban en el hangar que utiliza el gobierno de Veracruz. Despidieron al cónsul. Uno y otro cruzaban palabras con cordialidad fingida. Y de pronto, se encendió la chispa. Súbitamente, Tony Macías reclamó a Marcelo Montiel por la derrota estrepitosa que sufriera Enrique Peña Nieto.

“Teníamos un pacto”, citó Tony Macías en una frase cuidada y puntillosa, y de ahí en adelante nada lo detenía.

Marcelo Montiel se escudó en que su compromiso era con el candidato a diputado federal del PRI, Joaquín Caballero Rosiñol, con Peña Nieto y con los aspirantes al Senado, José Francisco y Héctor Yunes. A todos, dijo, los promovió por igual.

Subía de tono el reclamo de Tony Macías. Marcelo Montiel atajaba. Acusado de no operar más que para Caballero Rosiñol, el secretario de Desarrollo Social enrojecía el rostro, más que por las palabras necias del empresario, por la vergüenza que pasaba frente a los guaruras del suegro incómodo y el personal del hangar. ¿Por qué sí ganó la elección Caballero Rosiñol, su propuesta, su ahijado, su ex secretario de Obras Públicas en Coatzacoalcos y director de Obras en el gobierno de Veracruz, y no Peña Nieto ni los Yunes?

Desde su primera fila, un testigo ocular observaba a Marcelo Montiel imputar desaciertos a Tony Macías. Estiró el brazo. Lo acercó al hombro del suegro incómodo. Tony le puso una mano enfrente, rechazo manifiesto, señal de ira desbordada.

Otra mano impetuosa apareció, la del secretario de Tony Macías, Isaac Pérez Negrón, que enfrentaba con ademán violento al secretario de Desarrollo Social del régimen duartista, con ganas de partirle el alma.

Dice la versión que se interpusieron los guaruras y evitaron una gresca mayor. Junto a Marcelo Montiel se hallaba su chofer y un funcionario de la SEDESOL estatal.

Instruyó Tony Macías que la escaramuza no trascendiera, vedada al gobernador Javier Duarte, faltando a la lealtad familiar, rompiendo los códigos de seguridad y negando la información a las áreas de inteligencia del gobierno estatal. Y si se sabe, negarlo todo.

No lo logró. La tarjeta informativa del incidente violento llegó a Xalapa; está donde debe estar.

Por lo más delgado, dice el refrán, se habrá de reventar el hilo.

 

Archivo muerto

 

Enfermo o no, insostenible eso sí, Javier Duarte de Ochoa parece tener sus días contados en el gobierno de Veracruz. Se da por hecho que en diciembre irá al gabinete de Enrique Peña Nieto, a una subsecretaría o dirección de organismo de gobierno, donde no haga daño, congelado, a un cargo con lustre pero sin poder alguno. Apunta a ser su relevo el actual procurador, Felipe Amadeo Flores Espinosa, amigo del operador peñista, diputado federal, ex secretario de Gobernación y ex gobernador del Estado de México, Emilio Chuayffet Chemor, uno de los arquitectos del regreso del PRI a Los Pinos. Peña Nieto requiere en Veracruz un gobernador con oficio, que mantenga el equilibrio de grupos, que tome los hilos del poder y no los suelte. Duarte no lo es porque llegó a la gubernatura como tapadera, títere a modo, cómplice silencioso del gran peculado, de la quiebra financiera, del Veracruz destrozado, del paraíso de la delincuencia organizada. Amadreo, como se le conoce en el ámbito judicial, es la avanzada del proyecto de Héctor Yunes Landa, virtual senador priísta, que se siente gobernador para el período 2016-2022. Ambos, Amadreo y Héctor Yunes, son líderes de Vía Veracruzana, el Viagra, una corriente priísta que reclama espacios y se los dan, no por viejos pero sí por diablos. Yunes Landa le operó la campaña a Amadreo, en 2009, para hacerlo diputado federal por Huatusco, cuando los priístas ya la daban perdida. Héctor Yunes se imagina más sólido que nadie; por un lado protegido por Manlio Fabio Beltrones Rivera, pero también Atlacomulco adoptivo, dada su cercanía con el ex gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo González, presidenciable en 1988, tío y padrino de Enrique Peña Nieto, próximo Presidente de México. Con Del Mazo, Héctor Yunes fue director jurídico del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR). Ambos, Amadreo y Yunes Landa, encajan en el proyecto peñista para Veracruz. Duarte, en cambio, desgobierna, reprime, agita, no controla a nadie y no sirve para ganar elecciones. A Peña Nieto lo despeñó en la elección presidencial; lo hizo perder ante la panista Josefina Vázquez Mota; lo ridiculizó, pues. Amadreo y Yunes Landa tienen proyecto, pero para ello Javier Duarte se debe ir, quizá a la Dirección de Asuntos sin Importancia del gobierno federal. Ahí sí la haría… Atado a una historia de fracasos, traumado por se una nulidad política, Marco César Theurel Cotero finalmente concretó el agravio a Coatzacoalcos: con un crédito de BANOBRAS por 350 millones de pesos, pagadero a 30 años. De ellos, 200 millones serán para saldar los adeudos heredados de su antecesor en la alcaldía y ex padrino, hoy su tormento y odiado rival, Marcelo Montiel Montiel. Los 150 restantes los invertirá, dice, en obra pública; o sea, en contratos para sus amigos y protegidos. Argumenta el alcalde que con el sistema de refinanciamiento, reducirá sensiblemente la deuda. Falso. Si bien ya no se pagarán 6 millones mensuales, que es como la pactó Marcelo Montiel, ahora se tendrán que saldar 2 millones al mes, es decir, 24 millones anuales. A lo largo de 30 años, la deuda será de 720 millones de pesos. Dice también el alcalde mentiroso, que no se endeudará a las próximas administraciones. Falso, de nuevo. Los próximos siete ayuntamientos –de cuatro años cada uno— tendrán sobre sí la carga hasta la liquidación del crédito. Theurel tiene ya un lugar en la historia: es el alcalde de Coatzacoalcos que provocó el mayor endeudamiento que se recuerde y el que comprometió en mayor medida las finanzas municipales… Sin levantar polvo, sin estridencias, Alfredo Yuen Jiménez tiene armada la jubilación de su padrino e impulsor, el líder de la sección 11 del sindicato petrolero, Ramón Hernández Toledo. Con la venia de Carlos Romero Deschamps, cacique del gremio, programó la salida de Hernández Toledo y su relevo en el cacicazgo local, cargo para el que Yuen Jiménez, dirigente formal de la Sección 11 y alcalde de Nanchital, aún está verde. Suerte chaparra la de Hernández Toledo. Siempre le produjo votos al PRI y ahora que salió raspado en la elección federal, no tiene argumento a su favor. Como césar romano, el que lo acuchilló fue su hijo político