Javier Duarte y Bermúdez, más allá de la complicidad

* Del “fuiste tú” al “lo sabía” Bermúdez  * Veracruz: estadística de sangre  * Dolores Padierna exhibe a Duarte  * Ahora Cesar Camacho contra el gobernador * Yunes azul vuelve al sur  * A ver si no lo desairan de nuevo  * Las obsesiones de Héctor Yunes  * Revienta Morena en Cosoleacaque  * Imposición de esposa de Darío Aburto provoca condena  * “Dedazo del peor estilo”  * Nahle, señalada

“Fuiste tú” le gritan aún a Javier Duarte. Le imputan el crimen de Rubén Espinosa, el fotorreportero. Le increpa todo Veracruz por la violencia y el baño de sangre. Y ahora hay una voz, la que acusa “lo sabía” el secretario Bermúdez Zurita, sabía de la mano criminal de su policía, de los levantones, de su complicidad con la delincuencia mayor.

“Fuiste tú”, le siguen diciendo entre el gremio de prensa al gobernador porque no sólo se mata cuando se jala el gatillo sino cuando se fomenta el odio a un gremio, se destila rencor contra los críticos, se les estigmatiza como “manzanas podridas”, va tejiendo la inquina el clima de hostilidad, se criminaliza a los periodistas asesinados, todos según la versión oficial, excepto la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez Perez, ultimados por el crimen organizado porque algo tenían que ver ahí.

Nadie pierde la vida por lo que escribe, según el evangelio duartista. Nadie es asediado por decir la verdad, según la tesis de Javier Duarte. Nadie recibe golpizas salvajes, según el gobierno criminal, por captar el acarreo de personas a la noche del Grito, a escuchar al gobernador, como le ocurrió a Karlo Reyes, atacado por policías vestidos de civil.

De embustes vive Javier Duarte. Disfrazada de gente normal, decente, su policía infiltra movimientos sociales y desata desmanes; sus agentes se incrustan entre gente que protesta y así saben sus tácticas de lucha; un día son “periodistas” que se mezclan entre reporteros; un día se les ve de civil entre los pensionados o siguiendo y vigilando a reporteros, como Rubén Espinosa denunció antes de partir al DF, alcanzado ahí, asesinado ahí.

Farsante como es, Javier Duarte se exculpa y exculpa a su pandilla, a los cómplices de sus odios, a la policía represora que auspicia la clase política, cuya simbiosis ha derivado en el peor episodio para la prensa crítica y para las voces que se expresan con libertad.

“Fuiste tú, le gritaban los periodistas aún llorando a Rubén Espinosa, colaborador de Proceso, Cuartoscuro y AVC, asesinado en un departamento de la Narvarte, en la ciudad de México, su refugio, su exilio, huyendo de la persecución de los agentes del gobierno de Javier Duarte.

Ahora es “lo sabía”. Y sí, Arturo Bermúdez, el general de cero estrellas, así como Javier Duarte, sabían y saben que la policía veracruzana levanta inocentes, los tortura, los entrega al crimen organizado y los envía a morir.

“Lo sabía” Bermúdez, le dice el alcalde de Playa Vicente, Abdón Márquez Márquez, cuando se refiere al levantón de los cinco jóvenes de ese municipio, el 11 de enero, cuando transitaban en Tierra Blanca.

Sabía Bermúdez que el delegado de la Secretaría de Seguridad Pública, Marcos Conde Hernández, se dedicaba al levantón y que entregaba la gente, sus víctimas, al crimen organizado. Abdón Márquez se lo había expresado de viva voz y la respuesta fue encubrir al criminal.

Era una práctica recurrente en Marcos Conde. Lo había hecho con otros jóvenes. Lo seguía haciendo. “Ese Marcos Conde es un policía malo, se dedica a hacer ese tipo de ilícito, se dedica a entregarlos a la banda organizada”, expresó el alcalde.

En 2014, agregó, instaló retenes en Playa Vicente y ahí levantó jóvenes. Brutal, lo que describe después el edil:

“Los levantó como policía, al otro día los tiró en frente del palacio en camioneta con gente de civil encapuchada y armada, muy golpeados y quemados”.

Llevó su denuncia al secretario Bermúdez. Preguntó entonces el “general” cómo era Marcos Conde. “Es excelente, un hombre que da resultados”, le respondieron.

¿Es excelente o es criminal?

Hoy Marcos Conde está acusado, detenido, sujeto a juicio por el levantón de los cinco jóvenes de Playa Vicente. Sus subalternos los entregaron al crimen organizado. Según la “mentira histórica” todos fueron asesinados y sólo dos cuerpos han sido hallados, calcinados, versión que los familiares se resisten a aceptar, menos a creer.

“Fuiste tú” y “lo sabía”, resumen el caos violento que distingue a Javier Duarte, a su gobierno priista, a la mafia en el poder.

Va más allá de la complicidad por omisión o por disimulo. Delinque el gobierno de Javier Duarte, enterado el “general” Bermúdez que su “excelente” delegado en Tierra Blanca es un policía enfermo, sádico en extremo, que levanta inocentes y hasta policías donde va, sea en Cardel, Úrsulo Galván, Tierra Blanca, Playa Vicente.

No aprobó los exámenes de control de confianza y ahí sigue, por “excelente”, porque “da resultados”.

¿A qué resultados se refiere el falso general Bermúdez? A la cuota de personas que exige el crimen organizado, a la tortura que sufren sus víctimas, a la gente que entrega golpeada y quemada, a aquellos decenas, quizá cientos, de inocentes a los pone en manos de los malosos y ya no se les vuelve a ver?

Rebasa la complicidad el caso Veracruz. Son tan malos los malosos como la policía duartista, como Bermúdez, como Marcos Conde, como los elementos que levantaron a los cinco jóvenes en Tierra Blanca y presuntamente los mataron, apareciendo restos calcinados en el rancho El Limón, en Tlalixcoyan, que supuestamente son de dos de ellos.

Terrible y convulso, el caso Veracruz ya no se queda entre los veracruzanos. Lo aborda la prensa nacional. Lo observan con horror en la esfera internacional. Exigen la caída de Javier Duarte en el ámbito de los derechos humanos, en la oposición, en el mismo PRI.

Lo describe la senadora perredista Dolores Padierna cuando se debate el desastre financiero, la quiebra de Veracruz, en el Congreso federal, crudas las cifras, demoledora la estadística de muerte, la sangre y el horror en todo lugar. Dice la legisladora:

“… los secuestros, las desapariciones forzadas, la persecución a activistas sociales, a los defensores de derechos humanos, los asesinatos de periodistas, las graves violaciones a los derechos humanos que se han vuelto en algo cotidiano, incluso, según la visión del propio gobierno estatal, se han vuelto algo ordinario.

“Ante este escenario deberíamos de preguntarnos: ¿Quién está gobernando Veracruz?

“Entre el 2011 y el 2016, justo en el periodo de gobierno de Javier Duarte, han sido asesinados, al menos, 19 periodistas, cuando menos dos de ellos se encuentran desaparecidos, esta administración ha evidenciado que ejercer el periodismo en Veracruz es una profesión de alto riesgo en la que se puede ir de por medio la vida.

“Contrario a las cifras que pregona el gobernador priísta, la violencia en la entidad ha venido en una escalada incontrolable y contrario también a su frase de que: “en Veracruz solamente se roban frutsis y gansitos”, en Veracruz han robado la tranquilidad y la seguridad de los millones de habitantes en estos seis años que han visto cómo se deteriora su calidad de vida y cómo se violentan los derechos de una manera impune y descarada.

“Tan sólo en el año 2015 fueron encontradas 13 fosas clandestinas con un número aún indeterminado de cuerpos.

“La propia Fiscalía del estado señaló que existían, en este mismo año, el reporte y denuncia de desaparición por la ausencia de 950 personas.

“De estas 950, 155 personas fueron clasificadas en desaparición forzada, es decir, que en ellas intervinieron servidores públicos de la identidad en complicidad con grupos criminales.

“Entre 2012 y 2015, 186 policías municipales y estatales fueron puestos a disposición en la SEIDO por la PGR por sus posibles vínculos con estos grupos delictivos que azotan a Veracruz y que parecen imponer su ley y su control, incluso, en las altas esferas del gobierno.

“Desde luego es el caso de Tierra Blanca que pone en evidencia cómo las fuerzas de seguridad actúan bajo las órdenes de criminales.

“Sobre la violencia feminicida las organizaciones de la sociedad civil reportan que tan sólo en el 2014 desaparecieron 88 mujeres, y se cometieron 74 feminicidios, mientras que para 2015 la cifra de mujeres asesinadas se elevó a 93; y la cifra de desaparecidas subió a 156 mujeres.

“Estas cifras evidencian que Veracruz es uno de los estados donde ser periodista, ser mujer, ser niña, activista de derechos humanos, es una condición que los coloca en alto riesgo, condición de riesgo que aumenta cuando analizamos las redes de corrupción y complicidad criminal que se tejen a lo largo y ancho de esa entidad.

“Todo parece  indicar que desde hace mucho tiempo el gobernador soltó el control del estado y lo cedió a las fuerzas fácticas que a través de la violencia controlan territorios y arrebatan cientos de vidas.

“Compañeras y compañeros.

“¿Cuántos muertos más?

“¿Cuántos desaparecidos más debemos contabilizar para poner un alto a esta pesadilla?

“¿Cuántos miles de millones más vamos a dejar que desaparezcan de las arcas públicas para que el gobernador explique dónde se ha ido todo ese dinero?

“El Poder Legislativo no puede seguir siendo omiso.

“Duarte debe de responder esta política tanto jurídicamente y el Congreso debe de ocupar los cauces legales también para que termine esta pesadilla en Veracruz.

“Es claro que el gobierno de Veracruz le ha fallado a su población.

“Nosotros no podemos fallarle también, la gente de Veracruz nos necesita y mucho, por eso estamos de acuerdo en lo presentado por el Senador Romero Hicks, y agregamos que también en materia de derechos humanos debe de ponerse atención en el estado de Veracruz”, concluye la senadora Padierna.

“Fuiste tú”, le grita la prensa libre a Javier Duarte, dolida por la muerte violenta de Rubén Espinosa, su víctima.

“Lo sabía” el pseudogeneral Bermúdez, exhibiéndolo el alcalde de Playa Vicente, Abdón Márquez, pues él lo había enterado de la conducta criminal del delegado de la SSP, Marcos Conde, un enfermo mental peligroso, que levanta inocentes, los tortura o los entrega al crimen organizado.

Lo dejaron actuar. Lo encubrieron. Le sirvió el “excelente” delegado de la SSP a Bermúdez. Enterado de su conducta criminal, sólo lo cambió de municipio.

Y la ola de sangre no tiene para cuándo menguar.

Ocurre cuando el cómplice tiene sed de muerte.

Archivo muerto

No afloja Javier Duarte y el asedio sigue. Primero Don Beltrone, luego Beatriz Pagés, ahora César Camacho Quiroz, líder de la diputación priista en San Lázaro. “El que la hace, la paga, del partido que sea”, refiere el mexiquense en torno a las culpas del gober de Veracruz sobre la quiebra financiera, los 35 mil millones de pesos que no ha solventado ante la Auditoría Superior de la Federación, su política de complicidad con los cárteles de la droga, el baño de sangre, el atropello a la UV, a los pensionados, eso que en lenguaje coloquial se denomina desmadre a lo jarocho. No afloja los dineros para la campaña, obvio recursos públicos, lo que le da carácter de ilegal a la Aventura del PRI por retener el poder en Veracruz, y eso tiene a los jerarcas del tricolor de uñas contra el gordobés. “La Cámara de Diputados —dice César Camacho—, que por cierto tiene que ver con los juicios políticos y todo esto, ya tiene en su propio calendario, que hemos hecho público, la instalación de la Subcomisión de Examen Previo, que está integrada por las comisiones de  Gobernación y de Justicia”. Y puntualiza: “El PRI, que es afecto a la legalidad, reprueba las ilegalidades provenientes de quien sea. Entonces, vamos a actuar sin ningún sesgo partidario”. O sea, retiene Javier Duarte el billete para Héctor Yunes y va a terminar fuera del gobierno de Veracruz y, seguro, seguro, en la cárcel… Otra vez Miguel Ángel Yunes toca el sur. Llega el jueves 10 a Villa Allende, envalentonado como ha estado contra Javier Duarte, con su discurso carcelario, con la denuncia de los prestanombres del gobernador, con las propiedades que les aparecen dentro y fuera del país. Vuelve Yunes azul, precandidato de la alianza PAN-PRD, llamada “Unidos para Rescatar Veracruz”, con ganas de permear en el feudo del priismo, donde se decidió la elección de 2004 para Fidel Herrera y en 2010 para Javier Duarte, haciendo valer los programas sociales, el control político, el poder de los caciques, la dádiva, la compra el voto, el voto del miedo. Vuelve Yunes y a ver si no le ocurre lo que en Minatitlán, donde el panismo le hizo pasar un mal momento, saboteado hasta por los de casa, desairado por muchos que se dicen yunistas azules y que no son capaces siquiera de llenar un salón de eventos, menos lo serán para mover el voto de los desvalidos, de los marginados, de los olvidados, de los jodidos por culpa del saqueo fidelista primero, duartista después. Lo que ocurra en Villa Allende con Yunes Linares será un catalizador de cómo anda en el sur… ¿De qué Héctor Yunes habla Héctor Yunes cuando expresa punzante: “quienes tengan obsesiones que las resuelvan entre ellos”? De 2010 a la fecha, en seis años, la obsesión de Héctor Yunes ha sido ser gobernador de Veracruz. Lo frustró Fidel Herrera cuando decidió que la opción era Javier Duarte, por manejable, por torpe, por despersonalizado, por servil, sin imaginar que el gordobés terminaría desechándolo, marginándolo y hasta gestionando que pasara los días de la actual sucesión en Barcelona, lidiando con el escándalo de su pasado, sus ligas con narcoempresarios. Seis años, desde 2010, sumergido Héctor Yunes en la obsesión de ser gobernador al precio que sea, pactando y rompiendo, hincado ante Javier Duarte —“es mi jefe político”— y simulando que lo hará pagar por el desastre financiero y el robo a las arcas, colocando a familiares y amigos en la cueva de Alí y los 40 duartistas y después asumiendo el rol justiciero, teatro puro, del que va a aplicarle la ley a quien le financiará la campaña al microgobierno de Veracruz. Obsesivos Javier Duarte, Miguel Ángel Yunes y Héctor Yunes Landa, todos por el poder… Revienta Morena en Cosoleacaque. Difunden militantes carta en que denuncian la imposición de Rocío Pérez Pérez como candidata a diputada local. Se trata de la esposa del ex alcalde perredista Darío Aburto Perdomo, célebre él porque del arraigo que lo distinguía, su liderazgo natural, terminó siendo bailarín en la comparsa fidelista con el Acuerdo para la Gobernabilidad de Veracruz, impartiendo talleres y asesorías con los que se justificaba el presupuesto que generosamente le asignaba Fidel Herrera Beltrán, una forma de untarle la mano a sus otrora enemigos políticos. Acusan al comité nacional del Movimiento de Regeneración Nacional; al comité de elecciones; a la diputada federal por Coatzacoalcos, Rocío Nahle García, y al líder del partido del Peje López Obrador en Veracruz, Manuel Huerta. Señalan que la imposición viola los términos de la convocatoria, que le cursaron oficio a Andrés Manuel López Obrador sin recibir respuesta, que Rocío Nahle no quiso escucharlos, que Manuel Huerta les dijo que no tenía injerencia en el proceso. Califican la imposición de Rocío Pérez como una acción antidemocrática y que así como a ellos se les juzgue por lo que denuncian, que sea juzgados “los que maniobraron para que en Morena no haya democracia sino dedazo del peor estilo”. Suscriben el documento Samuel Pérez, Justiniano Santiago, Antonio Flores, Alberto Hernández, Fidel Cisneros, Donato Gómez y Claudia Laguna. Lo difunde en redes sociales Dimas Roberto López Aquino…

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Foto: Formato 7