Héctor Yunes: rompimiento sin agallas

* Javier Duarte lo ridiculiza * Que vaya a pescar a sus parientes, le dice * Le regala una caña de pescar * A Pepe Yunes le recuerda que votó por incrementar el IVA * La carta de Yunes Landa * Víctor Rodríguez compra taxistas * ¿Y el aumento a las tarifas? * Ibarra y su pandilla en Obras Públicas

Pusilánime y timorato, Héctor Yunes Landa rompe con Javier Duarte… a medias. Ser ridiculizado lo irrita. Lo agravian las mofas del gobernador, ser incitado en público, entre las risas de los priístas, a pescar “peces gordos” pero entre su parentela, en el feudo de Yunes Linares e hijos, los Yunes azules. Y le responde de refilón.

Rompe el senador priísta sin llamar por su nombre a Javier Duarte, sin adjetivos que dimensionen al delincuente, ni le imputa al ladrón qué tanto daño le ha causado a Veracruz.

Protagonista del nuevo sainete por la sucesión, Héctor Yunes recibió respuesta —domingo 27— a su promesa de proceder contra los “peces gordos” que han saqueado a Veracruz. También avizoraba que iría contra lobos y pececillos. A algunos rateros menores los entretendría, a los que con salarios de 30 mil pesos mensuales presumen escoltas, autos de lujo el mismo día que asumen un cargo o que exhiben la riqueza malhabida.

Yunes Landa había tocado una fibra sensible: los políticos drogadictos. Dijo:

“Desde el más alto nivel para abajo incluyendo hasta el que vaya a ser el gobernador tendrán que someterse a exámenes médicos. A ver si los funcionarios públicos de la siguiente administración estatal no son metodistas, que son esos que meten de todo, desde cocaína hasta otros polvos. El rastro queda en el pelo que es donde más permanece, además que no tengan antecedentes penales.

“Y muchos de ellos —sentenció— hasta contratan despachos contables para que tapen los hoyos de la corrupción. Muchos compran talonarios foliados de facturas en la ciudad de México, en imprentas ubicadas en la Plaza de Santo Domingo de la ciudad de México, pero todos los que sean sorprendidos con esas prácticas deshonestas serán castigados”.

Ambos, y también Pepe Yunes, asistieron al relevo en la CNC estatal, y ahí les tocó chubasco a los Yunes rojos. A Pepe Yunes le recordó el gobernador que siendo diputado federal votó por el incremento al IVA y ahora como senador apoyó la reforma hacendaria.

Ironizaba Javier Duarte, teniendo a los senadores veracruzanos a su merced, golpeando en cada palabra, ridiculizándolos, exhibiéndolos. A Pepe Yunes al adoptar medidas fiscales contra el pueblo, pero supuestamente necesarias para el desarrollo. Luego le diría que está muy orgulloso de su trabajo. La burla total.

Minutos después, José Francisco Yunes Zorrilla devolvería el golpe. Primero la rendición de cuentas —dijo— y la reingeniería administrativa y luego las medidas fiscales.

Pero a Yunes Landa le fue peor. Desvió su discurso Javier Duarte. Citó el cumpleaños del senador choleño. Le dijo que como sabía que le gustaba la pesca deportiva, y sobre todo capturar “peces gordos”, ahí estaba su regalo: una caña de pescar.

Entonces llegó la ironía. Que se vaya a pescar al Estero, al feudo de los Yunes azules, a los dominios del diputado federal panista Miguel Ángel Yunes Linares y sus hijos.

“Le recomiendo —agregó el gobernador—, aquí, muy cerquita de aquí, en el Estero, hay unos peces gordos también muy importantes que puede pescar con esta caña”.

Y de ahí caminó hacia Yunes Landa. Entregó la caña de pescar. Héctor se mostraba complacido, sonriente, hasta azorado frente al alarde y la osadía de quien en 14 meses dejará de ser gobernador. Pero aceptó el obsequio sin chistar.

Javier Duarte lo remató pidiendo que mida con la misma vara a los de enfrente, a los Yunes del Estero, que son peores que los priístas:

“Que son peores todavía y que sin importar que sean familiares también estén presentes de las corrupciones evidentes que existen de aquel lado”, le restregó.

Reían los priístas. Gozaban el momento. Pasaban a la carcajada franca, al agravio secundado hacia quien en 14 meses mas pudiera ser gobernador de Veracruz.

El video da cuenta del agravio: https://www.youtube.com/watch?v=PXNuddpkoQo

Horas después, Héctor Yunes rompió con quien hasta entonces lo había impulsado para ser su sucesor. En una carta abierta, precisó:

“El día de hoy me vi obligado a abandonar el evento de la toma de protesta de la dirigencia estatal de la CNC Veracruz, al sufrir una falta de respeto a mi familia y a mi persona, pero sobre todo, a millones de veracruzanos que escucho a diario reclamar con toda justicia el castigo a los culpables del saqueo que ha sufrido Veracruz.

“Al hacer uso de la palabra, el gobernador del estado de Veracruz aprovechó la circunstancia de mi cumpleaños para regalarme una caña de pescar, sabiendo —dijo— de mi afición por la pesca. De ahí procedió a personalizar su crítica y a ofenderme.

“AL RESPECTO, MANIFIESTO:

“1) No soy aficionado a la pesca deportiva, pero sí al combate a los depredadores, particularmente los del erario público, que han hecho un inmenso daño a Veracruz.

“2) Hace unos días hice pública mi convicción de que Veracruz requerirá que el próximo gobernador encarcele a los corruptos que han defraudado las finanzas públicas, traicionando a los veracruzanos y ofendiendo a la sociedad con sus abusos y su arrogancia. Lo reitero.

“3) Esa declaración, por cierto, no debería ofender a nadie ni mucho menos sorprender. La única sorpresa es que no sea la autoridad en funciones la que asuma esa tarea, pese a los expedientes que la Auditoría Superior de la Federación ha integrado contra diversas dependencias del estado por el manejo de los recursos federales.

“4) Nunca mencioné en mi declaración que los ‘peces gordos’ a los que hacía alusión fueran ni funcionarios estatales, ni correligionarios, ni mucho menos a miembros de su familia. Si él así lo interpretó, debe ser por información que obra en su poder.

“5) De ser así, debería dejar de obsequiar artículos deportivos y facilitar en cambio una adecuada integración de carpetas de investigación e investigaciones ministeriales para que se ejerciten las acciones penales correspondientes.

“6) Me referí a malos funcionarios de todos los niveles. Cualquier veracruzano puede dar referencias de quiénes son. La omisión en política no sólo es una incompetencia: también es constitutivo de responsabilidad legal.

“7) No es con ocurrencias ni con escándalos como se gobierna. Lo escandaloso es la incapacidad de resolver los problemas de la gente y ser permisivo con quienes, según el dominio público, han defraudado a Veracruz.

“8) México no admite más corrupción. Veracruz tampoco. Esto es un tema de gran importancia que no debe tratarse con ligereza ni con burlas, porque además de saqueada la sociedad veracruzana percibe el escarnio que hacen de esto los responsables de la corrupción y de la impunidad en Veracruz.

“9) Nunca he permitido que se me ofenda y siempre he sido respetuoso de las familias de los demás, pero sobre todo, del clamor popular de los veracruzanos traicionados. Esta no será excepción.

“10) Le devuelvo al gobernador su caña que sólo sirve para pescar charales. Me es inútil. Si quiere ayudarme, que me envíe un barco para pescados de gran tonelaje. Apenas será suficiente para lo que vendrá”.

Horas después, el Héctor Yunes que sonreía al recibir el presente del gobernador, envió a un representante a Casa Veracruz. Ahí entregó la caña de pescar que nunca debió haber recibido y que habría sido la respuesta inmediata al agravio de Javier Duarte.

Rompe Héctor Yunes pero en su carta no hay mención alguna a Javier Duarte por su nombre. No le imputa los delitos que han significado su paso por el gobierno de Veracruz. No hay reclamo por el saqueo y la impunidad, citando cifras, mencionando datos concretos.

Entre Yunes Landa y Yunes Linares, su primo, hay una diferencia sustancial. Yunes Linares le dice ladrón al ladrón y ratero al ratero. Yunes Linares acusa al gobernador y su pandilla de haber dispuesto del erario público y haber amasado fortunas insultantes en agravio de la sociedad. Yunes Linares impulsó las denuncias que se ventilan en las instancias federales —Auditoría Superior de la Federación y Procuraduría General de la República— por desvío de recursos públicos. Héctor Yunes no.

Chapado al viejo estilo priísta, político de signos y de mensajes cifrados, Héctor Yunes tiene un discurso contradictorio. Dice que no pesca pero quiere captura mayor. Sostiene que hay delitos qué perseguir pero lo dicen los demás, no él.

He ahí sus palabras:

“4) Nunca mencioné en mi declaración que los ‘peces gordos’ a los que hacía alusión fueran ni funcionarios estatales, ni correligionarios, ni mucho menos a miembros de su familia. Si él así lo interpretó, debe ser por información que obra en su poder.

Otro:

“6) Me referí a malos funcionarios de todos los niveles. Cualquier veracruzano puede dar referencias de quiénes son. La omisión en política no sólo es una incompetencia: también es constitutivo de responsabilidad legal.

Uno más:

“7) No es con ocurrencias ni con escándalos como se gobierna. Lo escandaloso es la incapacidad de resolver los problemas de la gente y ser permisivo con quienes, según el dominio público, han defraudado a Veracruz.

Yunes Landa no se compromete. Hay corruptos en el gobierno de Veracruz porque “es del dominio público” o porque “cualquier veracruzano puede dar referencias de quiénes son”. O sea, que acusen los demás; él solo cacha.

Cierra el círculo Javier Duarte. Faltaba un Yunes en romper con él. Con los Yunes azules el pleito data del sexenio fidelista cuando despuntó para ser el sucesor de Fidel Herrera Beltrán, para ser la máscara, el parapeto, la tapadera del sultán del Golfo.

Pepe Yunes lo increpó desde que esbozó que el próximo gobierno sería de dos años, no para homologar el calendario electoral de Veracruz con el de la Federación en 2018, sino para descarrilar a los Yunes rojos y alejarlos de la próxima candidatura.

Héctor Yunes jugó con los tiempos. Apretó a Javier Duarte, negoció, ganó espacios en el gabinete duartista y salió de Casa Veracruz con el estribillo de que está listo para ser el próximo gobernador.

Rebasado por Pepe Yunes, quien mantuvo su posición crítica ante el minigobierno, aunque necesario entrarle para atajar a fidelistas y duartistas, y su postura contra el mal manejo de la crisis financiera, el déficit de 900 millones de pesos al mes, la falta de un plan B para reducir el gasto corriente, a Héctor Yunes se le ocurrió hablar entonces de “peces gordos”, de encarcelarlos, de políticos drogadictos, de fortunas malhabidas, de facturas apócrifas. Sólo le faltó hablar de marranas paradas.

Y Javier Duarte reaccionó. Unificó a los cinco Yunes, a los rojos y a los azules, a Pepe y Héctor, a Miguel Ángel y a sus hijos Fernando y Miguel Ángel Yunes Márquez.

Descompuso la sucesión con sus ataques a unos, sus amenazas a otros, sus denuncias penales, sus burlas y reproches, presa de las vísceras con que gobierna. Y en política, golpe que no mata, fortalece.

Fuera de control, el gordobés no mide el alcance de la afrenta. Debilita a los Yunes rojos y fortalece al Yunes azul. Pepe y Héctor quizá lo confronten; Yunes Linares va más allá. Si llega a gobernador lo perseguirá y lo encarcelará. Y el PRI no volverá al poder en Veracruz.

Sin embargo, pudo Yunes Landa lucrar con el agravio. Pudo increparlo in situ. Pudo romper la caña de pescar frente a todos. Habría ganado ahí la candidatura del PRI. Pero prefirió sonreír y guardarse el regalo. Y después devolverlo.

Le faltaron agallas.

Archivo muerto

Como Santa Clós, va Víctor Rodríguez Gallegos comprándole el voto a los priístas y a los no priístas también. Suple su impopularidad con la Farmacia del Taxista, convenientemente en Coatzacoalcos, donde nadie lo fuma, donde ha sido el rey del drenaje para embarrar de lodo a los enemigos de su patrón y mentor, Marcelo Montiel Montiel, el aún delegado de la Sedesol federal en Veracruz, y donde aspira a ser diputado local para luego convertirse en alcalde. Así engatusa al priísmo, en un evento del Movimiento Territorial del PRI —viernes 25— ofreciendo lo que el gobierno priísta da a medias, los servicios de salud que no disfrutan los trabajadores del volante —¿y el Seguro Popular, apá?— y les suelta el rollo de que ahora sí los políticos dejan de lado las promesas y se promueven con hechos. Don Víctor Rodríguez es todo, menos sincero. Y mucho menos sensato. Le da aspirinas a los taxistas pero no se compromete en dos puntos torales de ese gremio: el incremento a las tarifas por corrida y la derogación del Reglamento de Tránsito. O sea, taco de lengua para encantar ingenuos. Habría que ver de dónde se va a sostener la nómina y los medicamentos de las farmacias. Como sea del erario, entonces es peculado y mala leche de Víctor Rodríguez… Diego Estrada es un personaje clave en la vida de Guillermo Ibarra Macías, director de Infraestructura en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Es quien ejerce el poder. Es más, es el poder real. Por sus manos corren facturas de supuestos trabajos realizados y cobrados a la Secretaría de Infraestructura, donde se maneja un superpresupuesto, inagotable fuente de riqueza de alcaldes y sus respectivos grupos políticos. Otros personajes, como Esteban Ramírez, director de Atención Ciudadana en la Secretaría de Obras Públicas, tienen que ver con la nómina de aviadores que cobran por la limpieza de canales, pero sin hacer nada. Otros más, como Adriana Pamela Casas, son la voz que más escucha el socio incómodo del alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, el director de Infraestructura, Guillermo Ibarra Macías. Sobre todo ella. Es su conciencia…

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