Javier Duarte y el crimen organizado, añeja complicidad

* Yunes Linares acusa al gobernador * Le dieron millones de dólares y los deja operar, afirma * Pedirá comisionado federal para Veracruz * Lavador de Zetas que financió campaña de Duarte * Benita, Namiko y el caso Rubén * La CEAPP, tapadera del gober * Marcelo y la SIOP * Diezmos, autos y viajes de placer

Funesto retrato, perfil de un cómplice. Es Javier Duarte inmóvil, tolerante, más que omiso, más que ajeno a la realidad. Calla y no actúa cuando la violencia devora a Veracruz, cuando el crimen de Rubén Espinosa le atrae el repudio, el juicio internacional.

Construye ese retrato su enemigo frontal, el cáustico Miguel Ángel Yunes Linares, cuyo conflicto viene por herencia fidelista. Lo describe solapador, implicado con la delincuencia, añeja la complicidad.

A Yunes Linares sólo lo aguanta Yunes Linares. Y ese día, lunes 17, peor. Había afianzado Ricardo Anaya su triunfo en la contienda interna de Partido Acción Nacional, en una elección en que pulverizó al senador Javier Corral, frustrado convocante a la “rebelión de las bases”.

Yunes, operador de Anaya en Veracruz, como antes lo fue de Gustavo Madero, el presidente nacional saliente, sentía amarrada así la candidatura a la minigubernatura de dos años en el 2016.

Horas después del triunfo anayista, preconizaba el diputado federal electo:

“Frente a la violencia que azota a Veracruz, Duarte guarda silencio por complicidad. Por eso no se atreve a actuar. Por eso no cambia a Bermúdez (Arturo, secretario de Seguridad Pública) y no toma decisiones de fondo; ni han detenido, ni detendrán a nadie porque son cómplices de la delincuencia organizada”.

Y reiteraba:

“Lo digo con todas sus consecuencias y toda responsabilidad: Duarte y su pandilla son cómplices de la delincuencia organizada y por eso los dejan operar libremente en Veracruz y esa complicidad viene desde hace mucho tiempo”.

Su discurso sacudía a las estructuras del duartismo, conscientes todas que Yunes Linares podrá ser un paranoico de la palabra, un enemigo irreconciliable, un vesánico con sed de venganza y obsesión por llevar a prisión al gordobés y al padrino del gordobés, Fidel herrera Beltrán, pero lo que a todos les queda claro es que, cierto, irrefutable, Javier Duarte ni hace ni dejar hacer contra la delincuencia organizada.

Decía Miguel Ángel Yunes que el Veracruz duartista es un Veracruz donde la violencia crece sin control, donde la muerte ronda, donde la sangre corre a lo largo de la geografía del estado y donde de esa sangre están manchadas las manos del gobernador.

Duros, los datos del INEGI reflejan esa realidad: en el primer años de gobierno de Javier Duarte los homicidios se incrementaron en más del 100%, al pasar de 461 en 2010 a 1,000 en 2011, y las cifras preliminares de 2014 indican que ese año se cometieron casi mil 500 homicidios en Veracruz, más de 4 por día.

“Por esa razón —planteó—, según cifras del propio INEGI, el 70% de los veracruzanos se sienten inseguros y han cambiado su forma de vida y sus rutinas para evitar ser víctimas de los delincuentes”.

Abordó la masacre de la Narvarte, en el DF, el múltiple homicidio en que fueron ejecutados, el 31 de julio, el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, fotógrafo de la agencia AVC y colaborador de Proceso y Cuartoscuro; la activista Nadia Vera Pérez, antropóloga y productora cultural; la maquillista Yesenia Quiroz Alfaro; la colombiana Milena Virginia Martín, y la empleada doméstica, Alejandra Negrete, quien cubría apenas su segundo día de trabajo.

Criminalizados, filtrada la información de que ambos —Rubén y Nadia— consumían drogas, inhibida la pista que guía hacia Veracruz, las amenazas y el hostigamiento que sufrían, perseguidos por la policía de Javier Duarte, decidida la Procuraduría del Distrito Federal a atribuir el multihomicidio a un robo y a una vendetta entre bandas dedicadas al tráfico de drogas, Yunes Linares se mofa de la versión de que las víctimas son culpables de andar con malas compañías.

“Que mala memoria tienen Duarte y su pandilla —decía—. Hay que recordarles que quienes han convivido con individuos vinculados con la delincuencia organizada son ellos: uno de sus financieros de campaña hoy está sentenciado a 20 años de prisión en Estados Unidos por delitos vinculados al tráfico de drogas”.

Alude a Francisco “Pancho” Colorado Cessa, dueño de la empresa ADT Petroservicios, quien fue procesado por vínculos con Los Zetas, por admitir que compraba caballos de carreras para lavar dinero. Fue sentenciado a 20 años de prisión. Apeló y el juicio inició de nuevo.

Con Pancho Colorado se ve a Fidel Herrera en una cabalgata en Ozuluama, al norte de Veracruz, el 27 de mayo de 2006, trepados ambos en caballos de fina estampa, irrefutable la fotografía que apareciera en la primera del periódico Reforma. “Espléndidos”, dijo el ex gobernador cuando le preguntaron sobre los equinos del lavador.

Diría luego el sultán del Golfo que de Pancho Colorado ni recibió los afamados pura sangre, ni los montó en aquella cabalgata. O sea, todos lo vieron, existen fotografías publicadas y él responde que no es lo que parece.

Incuestionables también los 22 contratos que su gobierno otorgó a ADT Petroservicios y las casi 7 hectáreas en la reserva territorial de Coatzacoalcos que le vendió a precio a precio de ganga, y que luego, estando en prisión Pancho Colorado, regresaron al gobierno de Veracruz para evitar que en un embargo se perdieran. ¿De quién eran las tierras: de Fidel o del lavador de Los Zetas?

Yunes Linares también ha sido señalado de vínculos con Pancho Colorado, vía el portal Reporte Índigo, que afirmó que hasta un avión le rentó al empresario para transportar a la ex candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota.

Yunes se trabó en una disputa pública con Reporte Índigo, acusándolo de ser usado por la mano de la fidelidad y de Javier Duarte y de atribuirle nexos y operaciones que no puede probar. “Publican infamias”, dijo a la periodista Carmen Aristegui.

Su descripción del Veracruz violento, se explica en la tolerancia y complicidad institucional de un gobierno que solapa a la delincuencia.

“Hay un pacto, ellos los dejaron operar en Veracruz a cambio de muchos millones de dólares y hoy no pueden echarse para atrás”, dice filoso Yunes.

Avizora el diputado electo una tormenta en el Congreso federal. Ahí propondrá la integración de la comisión especial que investigue los vínculos “entre Javier Duarte y la delincuencia organizada”.

Yunes quiere incendiar al duartismo. Plantea solicitar, vía punto de acuerdo, que el presidente Enrique Peña Nieto designe un comisionado federal que se haga cargo de la seguridad pública en Veracruz.

Quiere, pues, un gobernador alterno, al estilo Michoacán, suplantando al gobernador en funciones, como le ocurrió a Fausto Vallejo, deshecho políticamente por el nivel de penetración del narcotráfico en su gobierno y en diversas esferas de la sociedad.

“Sólo así podrá romperse el vínculo perverso entre Gobierno del Estado y la delincuencia organizada”, precisó Yunes Linares.

Vapulea al gobernador de Veracruz cuando la presión internacional sobre el caso Rubén Espinosa sacude las estructuras duartistas, señaladas de hostigar y amenazar al fotoperiodista.

Describe a un gobernador omiso, que permitió la operación del crimen organizado en Veracruz, señalado de haber financiado su campaña con recursos del narco, con un empresario, Pancho Colorado, que admitió haber suministrado recursos a Fidel Herrera y luego a Javier Duarte, que provenían del crimen organizado.

Lío grande el que le arma Yunes Linares a Javier Duarte. Lo toma en el momento crucial, debilitado políticamente, avasallado mediáticamente, repudiado dentro y fuera del PRI, mal visto en Los Pinos.

Añeja complicidad con el crimen, le dice.

Archivo muerto

Ni falta hacía su testimonio. Benita y Namiko dirán que Rubén Espinosa no se acogió a la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, que lo buscaron pero rechazó el cobijo. Benita González para eso está. Preside la CEAPP con más penumbra que destellos, alardeando apoyo al gremio, a los compañeros en riesgo o enviándoles que si los 100, que si los 200, que si los 500 pesos para medicamentos. Y no es que sea marra; es que el presupuesto se va en la super nómina y en cursos, conferencias y charlas que, por lo que se ve, no sirven para un carajo. Nunca se le verá fijando la posición crítica de la CEAPP. Nunca condenará el régimen de agresión, insidia, hostigamiento, represión, violencia, que distingue al fascistoide duartismo. De Benita González no vendrá un juicio crítico, contundente, medianamente moral, en torno al ambiente de hostilidad generado por Javier Duarte contra la prensa veracruzana, provocado e inducido en todas las esferas de gobierno, contra la prensa libre, contra ese sector de los periodistas a los que no pueden comprar con convenios de publicidad, chayos y embutes, viajes, viejas o viejos, programitas de pseudoayuda social. ¿Sirve de algo que se duela Benita de las agresiones y persecución contra compañeros periodistas, sin identificar al autor de la villanía, al solapador de la violencia, al Javier Duarte que pasará a la historia por los 14 crímenes de comunicadores cometidos en su gestión? Namiko Matsumoto es igual o peor. Es la verdadera dueña de la CEAPP, la que maniobra, la que medra y lucra con un organismo que sirve de tapadera del gobernador Javier Duarte y su pandilla. Su CEAPP fue creada para simular que Javier Duarte siente preocupación por el gremio de prensa. Es maquillaje y farsa. Benita y Namiko son extras en la parodia. Su testimonio ante la Procuraduría del DF en torno al crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa, es irrelevante, solo para ir acreditando que en la ejecución de la Narvarte no tiene que ver el desgobernador de Veracruz… Con Buganza o sin él, con Tomás Ruiz o sin él, la pandilla marcelista maniobra y controla el contratismo en la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas del gobierno de Veracruz. Su alfil es Miguel Ángel Trujillo, director de Obras Públicas del Estado, sobre quien pesan quejas y denuncias, reclamos y advertencias de constructores que por un contrato tuvieron que aportar recursos, automóviles o viajes de placer. Dice un detallado informe: de la oficina de Trujillo sale la instrucción, remarcando que el beneficiario sería el subsecretario Caleb Navarro Kloss. En un principio, el avance de obra era aprobado. Luego venía el apriete. Dice el informe elaborado por un constructor, que el operador del negocio es Miguel Ángel Trujillo. Su tarea es objetar la obra, apretar al contratista, vía los supervisores, y exprimirlo. Navarro Kloss feliz mientras el negoció marchó. Ocurrió, pues, que donde hay dos diablos, sobra uno. Caleb Navarro no volvió a ver un peso partido por la mitad. Ha pataleado, se ha quejado, ha despotricado, pero legalmente no puede hacer más. A menos que esté consciente que si cae Trujillo, cae él, y que si incrimina al marcelista, se incrimina él. Se suponía que Marcelo Montiel es un apestado en el gobierno duartista, reñido a muerte con Javier Duarte. Se suponía, pero en los hechos, controla la obra pública de la SIOP y los diezmos que de ella emanen…

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