Caso Gregorio Jiménez de la Cruz.

Caso Gregorio Jiménez de la Cruz: el diputado y socios, bajo sospecha.

Caso Gregorio Jiménez de la Cruz: el diputado y socios, bajo sospecha.

Sabiendo cómo es, sabiéndole la esencia delictiva al diputado Renato Tronco Gómez, y la de sus amigos y socios, la policía de Veracruz no buscó a Gregorio Jiménez de la Cruz en Las Choapas a partir de una corazonada. Lo hizo porque conoce quién, por qué y de a cuanto se protege ahí al crimen organizado.

Tierra de nadie, administrada por un cacique en ciernes, Las Choapas y sus alrededores es un escenario de violencia cotidiana, de levantones, de migrantes extorsionados o asesinados, corredor de droga, de robo de ganado, de agresiones policíacas al amparo de la impunidad, de ejecutados que aparecen a orillas de carretera, torturados y mutilados, de muertos desmembrados que yacen en fosas clandestinas.

Ese feudo, del río Tonalá al río Coatzacoalcos, el distrito electoral 30 de Veracruz, son los dominios, no políticos pero sí extralegales del diputado Renato Tronco, el administrador del bajo mundo con la venia del gobernador Javier Duarte de Ochoa y la bendición del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Ahí, en Las Choapas, del 7 de febrero a la fecha, se vive una cacería humana motivada por el “levantón”, dos días antes, del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, cuyo cadáver apareció en una fosa clandestina, el martes 11, en la colonia J. Mario Rosado, en territorio tronquista.

Presionado por la prensa que exigía hallar con vida al reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, que salía a las calles a protestar, que lo ridiculizaba públicamente —“si no pueden, renuncien”— y que le destazaron a sus enviados —Erick Lagos, el retorcido secretario de Gobierno; Felipe Amadeo Flores Espinoza, desprocurador, y María Georgina Domínguez Colío, la vocera inútil—, la noche del jueves 6 de febrero, el gobernador implementó acciones de fuerza que impactaron en el feudo tronquista.

Al día siguiente, el viernes 7, la policía de élite de Seguridad Pública arremetió contra socios de Renato, protegidos, empleados y también contra taxistas, usuarios, petroleros y ganaderos, en una oleada que incluyó hasta el desarme y detención del jefe de la policía municipal, Wilfrido López Vicente, esbirro número uno del ex alcalde Tronco Gómez.

Aquello fue un festín de agresiones. A unos les pegaron con razón y a otros sin razón. Allanaron domicilios, encañonaron a sus moradores, sembraron miedo. A Ismael Thomé Becerra, jubilado de Pemex, le robaron celulares, un Ipod, alhajas y dinero en efectivo. A su familia, nueve miembros, incluidos niños, los mantuvieron pecho a tierra, con las armas apuntándoles, aterrorizados.

No era casual la acción alevosa de la policía duartista. Thomé Becerra, “El Muñi Muñi”, vive en la colonia J. Mario Rosado, cerca de donde habrían de hallar el cuerpo del periodista Gregorio Jiménez. Pero él nada tuvo que ver.

Jornada de zozobra, ese viernes 7 en cuestión de minutos Las Choapas se llenó de retenes. Decenas de taxis eran revisados minuciosamente. Uno de ellos, el 125, aún más. La policía duartista halló en su interior un teléfono celular. Exigían saber de quién era. Nadie, ni el conductor ni los pasajeros se hacían responsables. Y que se cargan a todos con rumbo desconocido, presumiendo que algunos de ellos fueran “halcones”. Algunos de ellos regresarían a sus hogares intimidados, golpeados, amenazados. Y de ahí a denunciar al MP.

A eso de las 14:40 horas, López Vicente se percató de la presencia de unidades policíacas. Quiso acercarse. De inmediato lo rodearon. Fue desarmado. Le retiraron su pistola, una Pietro Beretta, calibre 9 milímetros; su radio y su credencial de director de Seguridad Pública Municipal. El esbirro mayor de Tronco, tratado como delincuente. Qué agravio para Renato.

Unas 25 patrullas de Seguridad Pública se adueñaron de Las Choapas. Doce se apostaron sobre el bulevar Antonio M. Quirasco. El resto se diseminó en las colonias Tiburoneros, Aviación, Campo Nuevo y J. Mario Rosado, ahí donde cuatro días después hallarían el cuerpo de Gregorio Jiménez, torturado, mutilado y enterrado en una fosa clandestina.

Avanzaban los efectivos de la SSP sobre la avenida 20 de Noviembre. Llegaron al desguasadero de Jesús Uribe Esquivel, uno de los prestanombres de Renato Tronco, sin un centavo en el pasado reciente, ahora millonario constructor y dueño del negocio Grúas Tou. (Uribe fue de los que suscribieron aquel desplegado en que lincharon públicamente al entonces regidor Alfredo Pérez Juárez, asesinado mes y medio después, siendo Renato Tronco alcalde de Las Choapas y, según la Procuraduría estatal, autor intelectual del crimen). Revisaron cada centímetro del lugar, pero no hallaron al periodista.

Una decena de choapenses fueron “levantados” por la policía de élite de Javier Duarte, embozados todos, sin dar la cara, oculta su identidad.

Al día siguiente, Renato Tronco se engalló. En carta enviada a diversos medios de comunicación, arremetía contra la policía “ramboide” del gobierno de Veracruz.

Disfrazado de hombre moral, el diputado por Las Choapas disertaba sobre la conducta honesta de los servidores públicos y el respeto a los derechos de la sociedad. Vaya con el tipo si cuando era alcalde apaleaba ciudadanos con su policía violenta, “ramboide”.

“Entendemos de la necesidad del actuar; pero que sea de manera eficiente, eficaz y respetuosa por parte de las corporaciones policíacas, no como desgraciadamente lo lleva a cabo nuestra policía estatal; quienes no buscan quién se la hizo sino quien la pague. Como lo ocurrido el 7 de los corrientes en Las Choapas con el ciudadano Ismael Thome Becerra.

“En actos por demás desesperados o total incompetencia que son de dominio público. Ahora me explico cuánta razón tienen los periodistas en su reclamo.

“El actuar irresponsable, ilegal y “ramboide” de los policías nos obliga a pensar que hasta podrían haber sido ellos quien levantaron al periodista o ser responsable de más actos que se le achacan a la delincuencia, es la única manera de explicarnos su actitud y prepotencia.

“Sr Secretario

“En realidad es muy lamentable que a la sociedad veracruzana se nos esté obligando a creer que es de la policía “acreditada” de quien deberíamos cuidarnos.

“Esto podría ser también motivo de creer que tienen razón los policías municipales despedidos de Coatzacoalcos, nos puede orillar a que tienen razón los de la sierra de Soteapan-Tatahuicapan y sus alrededores, como también da razón a la sociedad de Jalcomulco quienes enfrentan una problemática con la empresa Odebrecht ; en fin podría dar razón a tanto reclamo social.

“Ofrezco mi criterio, experiencia y análisis de lo antes expuesto, estoy abierto al diálogo, análisis o debate para que juntos busquemos Soluciones, no problemas”.

Evidente y abierta la amenaza, no es la defensa del pueblo choapense lo que mueve a Renato Tronco a enfrentar al gobierno estatal, a increpar de refilón al titular de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, autor del zafarrancho. Le llama “Sr Secretario” pero no se atreve a citarlo por su nombre.

Le duele al cacique en ciernes, aprendiz del poder a la brava, el allanamiento del negocio de Jesús Uribe, constructor beneficiado por su gobierno, en la mira del sistema por su súbito enriquecimiento. Le enchila la redada en la colonia J. Mario Rosado, su feudo, donde tiene una buena cuota de seguidores y esclavos electorales, ahí donde sería hallado el cuerpo de Gregorio Jiménez y la casa de seguridad donde lo tuvieron privado de su libertad, donde lo torturaron para que cantara antes de ultimarlo.

Muy gallo estaría Tronco, pero de nada le sirvió alzarle la voz al gobierno duartista, pues las redadas continúan, ahora con seis desaparecidos más, entre ellos una jovencita de 15 años, todos “levantados” por los de la camioneta blanca, en que se mueve la policía de élite de Seguridad Pública y los AVI’s de Enoc Maldonado Caraza, el fiscal de hierro de Duarte.

De sus casas, del parque Juárez de Las Choapas y hasta de un motel, fueron sacados los seis choapenses. Sus familiares los buscaron en las corporaciones policíacas de aquel municipio y de Coatzacoalcos. Nadie les da razón de ellos.

Intensa, la búsqueda de más implicados en el asesinato del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz no es casual en Las Choapas. En el feudo de Renato Tronco el crimen organizado se mueve a sus anchas: paso de migrantes, muchos de ellos son extorsionados mientras otros mueren por no pagar a las bandas delincuenciales impunes; su territorio es una vía abierta al tráfico de drogas; siendo una zona ganadera de alto registro, el abigeato es cosa de todos los días; los asaltos carreteros, sobre todo en la Ocozocoautla-Raudales-Las Choapas, está considerado de los de mayor incidencia en el país; a diario hay ejecutados y mutilados.

Tronco es el rey en la tierra de nadie, en el territorio sin ley. Regentea el diputado a los sindicatos de obreros y es él, ningún otro, ni el gobernador Javier Duarte, quien decide que obras le son contratadas a las organizaciones gremiales, previo pago del diezmo.

Ese control sobre los sindicatos obreros que le trabajan a las empresas que perforan pozos para Pemex, ha provocado batallas entre los afiliados, agresiones, violencia sin fin, baleados a manos de los “coyotes” del legislador. Y cuando un dirigente se rebela, es “levantado” por la policía municipal, y por el mismo director de Seguridad Pública, el hoy vilipendiado Wilfrido López Vicente, y llevado a la presencia del aprendiz de cacique.

Es Las Choapas el refugio de las bandas del crimen organizado que operan en Villa Allende, Nanchital, Ixhuatlán del Sureste, Moloacán y Agua Dulce, todo el distrito 30, el Coatzacoalcos Rural, representado en el Congreso de Veracruz por Renato Tronco.

Sin protección política, sin encubrimiento oficial, sería imposible que pudieran actuar los sicarios que levantan ciudadanos inocentes en cada uno de esos lugares, que ejecutan, que mutilan, que arrojan a sus víctimas a orilla de la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa, o que los sepultan en fosas clandestinas.

No es casual que la embestida de Seguridad Pública y la AVI se haya dado en Las Choapas. Es el feudo de Renato Tronco, su territorio, donde abundan las casas de seguridad y es refugio de matones. No fue corazonada que ahí hubieran hallado el cuerpo de Goyo Jiménez.

Por eso, Renato Tronco y sus socios están bajo sospecha.

Archivo muerto

Rufián de marras, Federico Lagunes decía defender las áreas verdes, regresar a Coatzacoalcos lo que los vivales le habían arrebatado. Tuvo en la mira hasta aquellas de las que su patrón, Iván Hillman Chapoy, siendo alcalde, dispuso como quiso. Discurso puro, rollo para el que se lo crea, Pulgoso del Istmo terminó sus días de regidor convertido en el ladrón al que siempre aspiró ser. Detenta hoy un área verde de casi 2 mil 382 metros cuadrados. Documentado, el caso muestra que desde hace un año el Ayuntamiento intenta ejercer su derecho sobre el predio pero el señor Lagunes, el ex regidor, otrora cirilista, ahora roblista y mañana quién sabe, se resiste porque, dice, el gobernador Javier Duarte le permite eso y más. O sea, el que hace no la paga. ¿Que dónde está en predio robado? Luego les paso el croquis y la documentación oficial…

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