Mónica Robles y sus mil máscaras

* Diputada roja, verde, amarilla  * La equidad de género, su lado flaco  * El dilema de Duarte: con Fidel o con Peña Nieto  * Paco Alemán, ¿prestanombre de Mariano?  * Brenda y Hernández Toledo y la gasolinera de Nanchital  * La Expo feria, negocio sucio  * Andrés Azuela se hace el inocente  * El fraude en la Expo del papá

Multicolor, tan roja como los priístas, tan verde ecologista o tan amarilla como el PRD, Mónica Robles de Hillman tiene una máscara para cada ocasión. Dice defender a las mujeres golpeadas con las que mantiene tanta afinidad, impulsar la equidad de género o calentarle el ánimo a los taxistas. Con todos va, pero nada puede arreglar.

Histriónica, la diputada local por Coatzacoalcos aboga en el Congreso de Veracruz por causas ajenas, por la calidad de los trabajos legislativos, por las acciones anticrimen y hasta hace como que defiende a los electricistas acusados de asesinar al pastor Claudio Martínez, líder de la Comunidad de Dios.

Tiene cuerda la maestra Mónica —con posgrado en la Universidad de Columbia, en Nueva York— pero en el fondo no es más que la misma dinámica de la succión que heredó de su padre, el periodista José Pablo Robles Martínez, dueño del consorcio integrado por Diario del Istmo, Imagen de Veracruz, Imagen del Golfo, Llave y DI Noticias, todos al servicio de la izquierda pero chupándole recio a la ubre del gobierno priista.

Mónica Robles legisla a punta de ocurrencias. Y abre la boca sólo para proferir absurdos que van dando cuenta de que su estadía en el Congreso de Veracruz es, si acaso, un accidente electoral que le debe a su odiado enemigo, el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, Marcelo Montiel Montiel.

Trapecista del servicio público, a Mónica Robles Barajas se le da política de golpe y porrazo. Antes de ser la primera dama de Coatzacoalcos, entre 2005 y 2007, simplemente no existía. Era la sombra de su traslúcido marido, el repudiado Iván Hillman, al que la familia Succión le allegó la presidencia municipal en un turbio enredo con el ex gobernador Miguel Alemán Velasco, y la complacencia de Fidel Herrera Beltrán, candidato del PRI en 2004 al gobierno veracruzano, creído el sultán de golfo que así tendría a los Robles en la bolsa y con ello la protección y el silencio a su voracidad. De que los hay ilusos, los hay.

De su paso por el DIF de Coatzacoalcos sólo se recuerda cómo se agenció un parque público, convertido en “escuela de educación ambiental” al que le apodó Quetzalli, y con un acuerdo de cabildo de último momento, se lo quedó. O sea, un robo en despoblado.

Fuera de su mausoleo ecológico, con nómina y servicios pagados por el ayuntamiento de Coatzacoalcos, y las cuotas de visitantes para ella, y un refugio para mujeres golpeadas, cuya idea original plagió, Mónica Robles ha gastado litros de saliva en proyectos faraónicos y millones de pesos del erario para recomponer su repulsiva imagen personal.

Amante de los colores cálidos y de las yerbas de olor, fue amarilla en sus días de primera dama municipal mientras su esposo Iván El Terrible llegaba a la alcaldía por el PRI. Eran los días de la imprudencia, nula la visión de lo que habría de venir. Públicamente se pronunciaba la esposa del alcalde priísta contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, promovido por Vicente Fox para enjuiciar al candidato vitalicio de las izquierdas, encarcelarlo y evitar que contendiera por la Presidencia de México.

Ya daba muestras de que la succión era lo suyo.

De 2007 a 2013, la señora Robles de Hillman se fue al cajón del silencio. Volvió a aletear cuando los priístas requirieron de la complicidad de los Robles, cercano el proceso electoral, la renovación del Congreso de Veracruz y la elección de nuevos alcaldes.

Se hizo candidata a diputada local. No la postuló el PRI sino el Verde Ecologista, o sea el PRI verde, en una coalición que evitó una revuelta de las bases militantes. O sea, Mónica Robles entró a la contienda por el traspatio, por la puerta trasera, por el cuarto de servicio, entre las sombras.

Llegó al Congreso, no por méritos pues no los tiene, sino porque su acérrimo enemigo, Marcelo Montiel, el que provocó la derrota de Iván Hillman en la elección para diputado federal en 2009, le allegó votos.

Quiso Mónica Robles caminar sola, al margen del candidato a la alcaldía, Joaquín Caballero Rosiñol, pero su intención de voto alarmó a todos. Sería castigada por las promotoras marcelistas, por las de Gloria Corrales, la ex primera dama municipal, a quien tanto denostó y grilló. Su nave naufragaba y el único camino fue colgarse de Marcelo Montiel.

Hoy en el Congreso estatal es aprendiz de todo y maestra de nada. Preside la Comisión de Equidad y Género, que ya parece obsesión; es secretaria de la de Procuración y Justicia, y vocal de la de Desarrollo Regional.

Fuera de la creación del Centro de Estudios de la Igualdad, que aprobó el Congreso sólo para quemar presupuesto en un elefante blanco, Mónica Robles de Hillman únicamente produce destellos y ocurrencias que magnifican los medios del consorcio de su padre, pues se trata de posicionarla para la próxima alcaldía de Coatzacoalcos.

Un día, al comparecer el procurador Felipe Amadeo Flores Espinosa, le dijo que habían dudas en torno al crimen del pastor Claudio Martínez, líder de la Comunidad de Dios, y el funcionario le respondió que también tenía dudas. Eso bastó para que se orquestara una oleada de elogios para Mónica Robles por “abogar” por los supuestos autores del asesinato.

Otro día hizo alharaca por la iniciativa para certificar los trabajos legislativos. Propuesta del PVEM, los priístas verdes, establece que deben revisarse los procedimientos legislativos y ver que se cumplan; que no se dispense la lectura de iniciativas sin respetar el plazo de 48 horas para cada diputado la conozca y analice. Habrá que ver qué hace doña Mónica, la diputada verde-amarelha, cuando la orden de gober Duarte sea mayoritear a la oposición.

Diputada volátil, apenas si calienta su asiento en los asuntos cruciales. En las comparecencias de los secretarios del gabinete duartista, pasaba lista y abandonaba el recinto legislativo, calca de sus compañeros Juan Nicolás Callejas Arroyo, David Velasco Chedraui, Raúl Zarrabal Ferat, Joaquín Guzmán Avilés, Jesús Velásquez y Jesús Vásquez, según el reporte del corresponsal de Proceso en Veracruz, Noé Zavaleta.

Tiene mil máscaras Mónica Robles. Una de ellas le sirvió para calentar el ánimo del gremio taxista. Dijo que en Coatzacoalcos, por ejemplo, podría acceder el gobierno a subir la tarifa de 13 a 20 o 25 pesos en el primer cuadro de la ciudad. Los taxistas se engulleron el cuento hasta que, días después, el director de Tránsito, Roberto López Santoyo, cerró la polémica con un no rotundo.

Su bandera mayor bandera es la equidad de género. Pero ahí también peca de falsa. Si lo sabrán las reporteras de Diario del Istmo, que han sufrido sus desplantes, su altivez, su soberbia. Si lo sabrán las empleadas del DIF de Coatzacoalcos que la aguantaron tres años. Si lo sabrán las promotoras sociales priístas que padecieron su ninguneo.

Priista por conveniencia, perredista de corazón, verde por accidente, Mónica Robles tiene una máscara para cada ocasión.

Así es el arte de la succión.

Archivo muerto

No fue halago ni gesto de amigos. Javier Duarte de Ochoa recibió la instrucción presidencial, vía el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el titular de Hacienda, Luis Videgaray Caso: o se alinea con el Presidente Enrique Peña Nieto o verá muy a la distancia la sucesión en el gobierno de Veracruz. Ha sabido que la condición para permanecer en Veracruz es romper con su antecesor, Fidel Herrera Beltrán, limpiar la casa, echar a los secretarios fidelistas, y si fuera necesario, dejar fluir las acciones contra el crimen organizado que implican a la fidelidad. Pero no termina de hacerlo. No es pacto político, pues ante el peñanietismo que hoy gobierna a México, Javier Duarte es nada. Sabe Peña Nieto que lo de Duarte es la traición. Pero mientras al gordobés le recomiendan lanzar a la basura lo que queda de la fidelidad, a Fidel lo recibe Osorio Chong, lo invita a sumarse al proyecto de sucesión en que el senador José Francisco Yunes Zorrilla lleva las de ganar y lo quiere en la línea del Presidente de México. Y a todo esto qué dice Miguel Ángel Yunes Linares, el mayor enemigo del fidelismo, que forma con el secretario de Gobernación y el procurador Jesús Murillo Karam, una trinca infernal. ¿O es Yunes el que puso la trampa?… Personaje gris, Francisco Eduardo Alemán Rasgado es un caso para Ripley. Potentado hoy, titular del terreno y de la franquicia de la gasolinera que ha de construirse en la colonia San Miguel Arcángel, en Nanchital, debe tener una fortuna —10 millones por lo menos— para un proyecto de tanto nivel y que arrastra tantas violaciones a la ley. A su nombre está el predio, que en realidad es un área verde vendida por el ex alcalde Alfredo Yuen Jiménez, con la complicidad del cabildo anterior y el Congreso de Veracruz actual, pero sin la anuencia de los vecinos. También detenta los derechos otorgados por Petróleos Mexicanos para operar la estación de servicio. Sentado ahora en un polvorín de varios megatones, a Paco Alemán se le recuerda cuando era uña y mugre de la ex vocera de Iván Hillman Chapoy en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, Norma Martínez Cuervo, una de las tres únicas seguidoras de Mariano Moreno Canepa; luego fue director de Catastro, por supuesto para validar más trafique de áreas verdes, vía cuentas de predial y cédulas catastrales. Y hoy, según acusan los vecinos del lugar, Paco Alemán es prestanombre de Mariano Moreno, ex tesorero del ivanismo, y el villano más villano entre los priistas de la comarca. Así habrá ahorrado Mariano que le ha dado por fundar gasolineras por aquí y por allá, en Coatzacoalcos y Nanchital, su tierra natal. Su suerte inicial está en manos de la alcaldesa Brenda Manzanilla Rico, otra fan de los negocios personales con cargo al erario público. Y en última instancia, Ramón Hernández Toledo, líder petrolero y cabeza de la Sección 11, quien acata cuanto Iván Hillman y el Clan de la Succión del Istmo le ordenan. Vaya show: o Brenda y Ramón se ponen del lado del pueblo o le cumplen el negocio a los políticos de riqueza inexplicable… De feria en feria, dentro y fuera de Veracruz, como si la calidad le importara, Andrés Azuela Berchelmann ha ido moldeando lo que será su proyecto para Coatzacoalcos. Negociante, administrador de hoteles en litigio, lo que mueve al joven Azuela es el negocio sucio que en cada edición se teje en torno a la mentada Expo Feria local. Invariablemente es lo mismo: puestos de tacos, de tortas, fresas con crema, tragadera de alcohol sin límite, una auténtica feria-mercado, como la definiera hace años el hoy líder de los hoteleros de Veracruz, Ezequiel Guzmán Arango. Pero el negocio —y eso Azuela lo sabe— está en el doble boletaje, en la venta de stands que no se reportan, en la contratación de artistas a un precio y su registro en la contabilidad al doble, o en la concesión del palenque también con cifras oscuras. Sabiendo cómo se las gasta Andrés Azuela, no extraña que afirme que la Expo no es rentable. Ya de entrada advierte pérdidas oficiales aunque el negocio esté en la doble contabilidad ¿O qué no le contó su papá lo que ocurrió en los años 90? ¿No le dijo cómo fraguó y ejecutó el fraude a la Expo Feria, documentado todo en una auditoría que evidenció el lodazal, pago de facturas por trabajos y servicios no realizados, el doble boletaje? Pues si no le contó, aquí tendremos la historia…

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