API de Nanchital: negocio en las sombras



* De copa en copa, Juan Manuel del Castillo quiere ser diputado  * Rocío Nahle y la desvencijada estructura de MORENA

 

Voraz es una palabra suave si se trata de describir al alcalde Alfredo Yuen Jiménez, futuro cacique de Nanchital, cuyos alcances le dan para encarnar la versión remasterizada de Chico Balderas y si el tiempo y la vida se lo permiten, quien habrá de deponer a Carlos Romero Deschamps de la cúpula del sindicato petrolero.

Hoy, por lo pronto, hace como que hace, gobierna a medio vapor, desgobierna le dicen sus críticos, y sume en el fango al municipio de Nanchital, enjaretado a los nanchitenses  como fallido alcalde, o quizá por maldición de los dioses, por segunda ocasión, como si su primera presidencia municipal, que fue lo más cercano a un desastre, no hubiera bastado.

Yuen Jiménez ha permitido negocios y triquiñuelas de su niño problema, Jorge Ramón Yuen Ricárdez, a quien, en uno de esos momentos de irreflexión, convirtió en presidente del sistema DIF, sin reparar, sin pensar siquiera, en la atracción fatal que existe entre el junior y el alcohol, agravada por su prepotencia y malsana vocación para trasladar su violencia interna a las novias en turno, deslumbradas primero y horrorizadas con el Demonio de Tasmania después.

Alfredo Yuen, sin embargo, tiene las manos metidas en asuntos que le son propios al municipio y en temas que tarde o temprano le han de quemar las manos a él. Es un fiasco como alcalde; tiene la ciudad hecha una inmundicia; la basura adorna cruceros y banquetas; el alumbrado es pésimo; los jardines de camellones carecen de chapeo, y colonias como la San Miguel Arcángel, Primero de Mayo, Jardín, Manuel Ramírez Romero, San Agustín y San Nicolás de Bari, se hallan en el mayor abandono.

Pasivo, tirado a la dolce vita, nada hace por el pueblo que deseaba gobernar. Como si estuviera en estado catatónico, con aspecto de muerto, sin pulso ni signos de que respire, pero vivo para el disfrute, no sale de Coatzacoalcos, su segundo hogar, y sobre todo de los restaurantes exclusivos, carísimos, como Piquitos, Trocadero y Pampas, o de tiendas selectas, como Liverpool. Para eso es el poder.

Que Nanchital sea un municipio pobre, no le impide a Alfredo Yuen administrar recursos vastos ajenos al ayuntamiento, sin rendir cuentas y sin cumplir con la ley.

Un filón de oro para su seguro de retiro, es la Administración Portuaria Integral de Nanchital, un ente de carácter municipal, convertido en elefante blanco, cuyas finanzas son el más preciado secreto del alcalde, del cual Alfredo Yuen es presidente del Consejo de Administración.

Creada como un puerto alterno, con desarrollo propio, en la margen derecha del río, la API-NAN contempló ser un recinto en que armaran plataformas petroleras, atracaran barcos de menor calado, con precios competitivos para piratearle clientes a la API de Coatzacoalcos. Así se le concibió pero la realidad fue distinta.

Caída en el olvido, sin movimiento ni clientela, la API-NAN sobrevive gracias a la renta de bodegas. Y a las transas casi imperceptibles de quienes ven el recinto portuario como negocio personal.

Virtualmente quebrada, la API-NAN mantiene un pasivo laboral, producto de la falta de pago a sus escasos trabajadores, a quienes desde hace años no les cubre su salario sino que esporádicamente le da “ayuda económica”. Su director, Carlos Andrés Canizal Olán, invariablemente aduce escasez de recursos.

Un expediente relativo a ese pasivo laboral, demuestra la infamia cometida contra cuatro empleados, a quienes se les adeudaba su salario desde 2009 a marzo pasado.

En uno de sus oficios, fechado el 14 de marzo, Filiberto García Castro, Víctor Manuel Santiago Miss, Juan Luis Moctezuma Cortés y Adrián Sánchez Mendoza se dirigen al alcalde y presidente del Consejo de Administración, Alfredo Yuen Jiménez, así como al secretario de APIN-NAN, Carlos Mario Pérez Ballesteros, a quienes les exponen su insostenible situación.

Solicitan la liquidación de las nóminas pendientes. A Filiberto García se le deben 189 mil 44 pesos; Víctor Manuel Santiago, 88 mil 244.80 pesos; Juan Luis Moctezuma, 65 mil 739.15, y Adrián Sánchez Mendoza, 51 mil 522.24 pesos. En total, el adeudo por salarios vencidos es por 394 mil 550.19 pesos.

Hartos de evasivas, los cuatro empleados urgen que se realice una auditoría que permitiría demostrar que la falta de recursos es un falso argumento del director de API-NAN, Andrés Canizal, el operador del alcalde Yuen. En el expediente exhiben copias la cuenta bancaria donde se registran los depósitos por 395 mil pesos, que cubrirían totalmente los salarios vencidos. Desmiente, pues, que no haya con qué pagarles.

En Santander, cuenta 65-50302701, sucursal Zaragoza y Morelos, de Coatzacoalcos a nombre de API-NAN, se tienen amparados ingresos por 189 mil 235.42 pesos, en agosto de 2011; 42 mil 340 pesos, en noviembre de 2011, siendo que ese mes tuvo saldo a favor por 62 mil 165.82 pesos, por remanentes de meses anteriores, y 69 mil 140 pesos, en enero de 2012, con un saldo favorable de 13 mil 681.02 pesos.

Como esa documentación, existe evidencia explosiva de que tanto Alfredo Yuen como Andy Canizal tuvieron recursos suficientes para cubrir los salarios de los trabajadores, pero dolosamente se negaron a cumplir con su obligación legal. Y es que un detalle demuestra que el alcalde de Nanchital conoció siempre del flujo de dinero en API-NAN: la cuenta bancaria tiene las firmas mancomunadas entre Yuen y Canizal.

Así como supo cuántos ingresos tuvo API-NAN, también firmó los cheques de pago, cuyos destinatarios sólo ellos, Yuen y Canizal, saben quiénes son, pues curiosamente liberaban pares de documentos con cantidades similares, lo que los empleados interpretaron como un ardid para repartirse el botín a partes iguales.

Determinar bajo qué conceptos ingresan otros recursos a la API de Nanchital, es extremadamente complicado. No sólo se rentan bodegas, sino que entre sus clientes se cuentan lancheros, cuyos pagos por servicios los hacen en efectivo, sin evidencia de que sea depositado en la cuenta bancaria de Santander.

Otro ingreso lo generó la venta de la camioneta marca Expedition, color verde, modelo 1999. No se supo a quién la entregaron ni por cuánto. Pero hubo algo peor: la venta se realizó sin acuerdo del consejo de administración. La concretaron el director de API-NAN, Andrés Canizal, y un personaje siniestro, pero sobre todo, perverso, Luis Vicencio Santos, alias “Güicho Panteón”, el contralor del Ayuntamiento de Nanchital, la eminencia gris, el otro yo del alcalde Yuen.

“Güicho Panteón” fue el encargado de coaccionar a los cuatro trabajadores. Con amenazas les arrancó la firma para que renunciaran a sus empleos, imaginando que se libraba del pago de los salarios. Seguro desconoce que los derechos laborales son irrenunciables y que nunca demostrará cómo realizó el pago de los sueldos vencidos.

Un cúmulo de irregularidades, atropellos a la ley, negocios turbios, suciedad pura, en cuyo vértice se hallan el alcalde Alfredo Yuen, Andy Canizal y Güicho Panteón, tienen a la API de Nanchital a un paso de perder su título de concesión, expedido por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, por no cumplir con las obligaciones señaladas.

Habrá que ver cuando sea auditada la API-NAN, cómo revientan.

 

Archivo muerto

 

De copa en copa, de güisqui en güisqui, va cumpliendo su misión pública Juan Manuel del Castillo, amigo y secretario particular del gobernador Javier Duarte de Ochoa. Las paredes del palacio, indiscretas como son, cuentan que en sus juergas tiene dos cuates del alma: uno se llama Iván y se apellida Hillman, coordinador de la oficina del gober (o sea nada) y el otro, Harry y se apellida Grappa, subsecretario de Turismo. Así camina el equipo cercano al gobernador de Veracruz. Juan Manuel del Castillo, que ya en la campaña de Javier Duarte a diputado federal por Córdoba, en 2009, dio la nota porque no tenía más tiempo que para tomar y tomar, y para bloquear periodistas, vocifera que el próximo diputado local por Córdoba será él y de ahí al gobierno siguiente. Se lo dijeron sus dos asesores: Johnny Walker y Don Julio, buenos pa’l mareo… Con qué ojos, dicen los perredistas, sería candidata a la alcaldía de Coatzacoalcos por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) la polémica Norma Rocío Nahle García. Vacía políticamente, repelente a trabajar en grupo, víctima del sospechosismo agudo, los votos que obtuvo en la contienda por la diputación federal, que perdió, fueron algo así como un milagro electoral. De sus 71 mil votos logrados en la elección federal, siendo candidata de la izquierda por este distrito, por lo menos 50 mil corresponden al efecto Peje. Así, pues, la señora Nahle sale sobrando en el proceso que viene, el municipal, a no ser que se le inscriba para hacer como que se hace y rendir la plaza, como suele ser la rentable estrategia del Clan de la Succión de los Robles-Barajas. En su nuevo refugio, sin liga con el PRD tras la salida de Andrés Manuel López Obrador, su guía moral, Rocío Nahle es ya un lastre menos para el perredismo local, que de por sí anda de capa caída y no ve un triunfo desde 2006. MORENA, en cambio, es lo más semejante a la Carabina de Ambrosio: no sirve para nada, carece de estructuras, descuida casillas, no promueve el voto y hasta la misma Rocío Nahle despotricaba en campaña contra la hechiza organización del Peje y lo propalaba ante quien quisiera oírla. Dilema grande para la señora: quemar la nave e irse con el Peje a MORENA o quedarse a ver qué migaja le arrojan en el PRD, donde ahora sí, no tendría padrino que le obsequie candidaturas