El espía de Yunes

 


* Duarte no está preparado para gobernar Veracruz: Ampudia  * La muerte del ex yerno de Fidel  * EPN filtró que no pactaría con el crimen organizado  * La desaparición del periodista de Poza Rica  * Willy Souza, encarcelado por fraude  * El de los 25 millones en efectivo, decomisados

 

No adornan grandes méritos la carrera política de Enrique Ampudia Mello, como no sea su execrable fama de espía y su don maléfico para la tenebra, la intriga de magnitud letal, tan necesaria para el régimen duartista que extraviado, ausente del mundo real, no da una en el intrincado desafío de gobernar Veracruz.

 

Nombrado subsecretario de Gobierno, Ampudia Mello no ha dejado de recibir metralla y, por igual, elogios demenciales a su brillante trayectoria política, con que lo describió su amo en turno, su nuevo arrendador, el gobernador Javier Duarte de Ochoa, polarizando los sentires de los opinadores en torno a la figura del recientemente contratado perverso de palacio.

Político, no es. Espía, sí. No fue Ampudia quien inventó ni armó el palomar del palacio de gobierno en el régimen chirinista, cuya autoría intelectual de aquel centro de información ilegal, situado en la azotea de la sede de gobierno, se le atribuye a Fernando Gutiérrez Barrios en su minigobierno, un área que concentraba la vida y milagros de los veracruzanos todos, amigos del fanático de la represión —terso para reventar a quien se cruzaba en su camino—y más aún a los enemigos del hombre leyenda —leyenda negra, como su pasado en los sótanos del poder— a quienes debía acalambrar con el poder de la información personal.

Ampudia cosechó todo aquel arsenal de datos. Lo usó para allanar el terreno agreste en el que se movía su jefe e impulsor, Miguel Angel Yunes Linares, formalmente secretario de Gobierno, pero en el ajedrez político el otro yo del gobernador Patricio Chirinos Calero, su mano ejecutora.

Enrique Ampudia ocupaba la Dirección de Gobernación. Desde ahí hurgaba en vidas ajenas y usaba ese filón para aplicar la quebradora; se entrometía en todo, sin ápice de ética, vulnerando intimidad, privacidades, secretos personales, cuanto fuera pero útil para someter o doblegar.

A la antigua, Ampudia Mello lograba grabaciones capturadas en los postes o en las centrales telefónicas. Nada que ver con el uso de aparatos sofisticados de hoy: escáner, micrófonos direccionales y todo lo que hoy ofrece la tecnología. Hacía su chamba para Yunes como Dios le daba a entender, con lo que tenía a su alcance, lo que fuera con tal de cumplir con su misión de espía.

Políticamente, Enrique Ampudia no existe. Así haya picado piedra en el PRI de Colosio, en la CNOP de Manlio Fabio Beltrones, donde fuera, no existe. Ser subsecretario de Gobierno es, pues, una locura descomunal, negado para la diplomacia y menos, mucho menos, para suavizarle el lomo a cientos de políticos a quienes persiguió y, sobre todo, agravió en el pasado.

Su vida institucional tiene que ver con los sótanos del poder y, paradójicamente, con la asistencia social. Yunes Linares lo llevó a la Coordinación de Sistema de Seguridad Pública y a la Secretaría General y Secretaría de la Junta Directiva del ISSSTE, bajo las botas del nacido en Soledad de Doblado.

Hay un error de cálculo en la designación de Javier Duarte. Que Ampudia pueda tender puentes con políticos a quienes torció la mano, es inimaginable. Le van a decir que sí, pero en cuanto la oportunidad se presente lo van a cortar con una daga en dos, derramando toda la sangre que se reuiera. Si el acuerdo es para conducir mejor el proceso electoral de 2013 —renovación del Congreso y alcaldías de cuatro años— lo que asoma es la pulverización del PRI, tan o más humillante que la derrota de 1997, cuando los priístas se la cobraron a Yunes Linares y lo echaron del PRI estatal.

No bien desempacaba Ampudia en la Subsecretaría de Gobierno, mostró su afán por el teatro de revista. Fingió un pleito a partir de una llamada telefónica que le hizo a Yunes Linares –a sus órdenes, jefe— para “contarle” que no supo cómo le cayó el nombramiento y, claro, le agradecía sus “enseñanzas”, obvio sin precisar el espionaje, la intromisión en vidas ajenas y la represión a los enemigos, pues se hubiera exhibido como lo que es.

Divulgada, colocada al alcance de todos, la grabación de la llamada se publicó en el diario Notiver, el que más espacio le dio a Yunes Linares cuando era candidato del PAN al gobierno de Veracruz. Ampudia, falsamente herido, recriminó al político azul y simuló un deslinde, incluido que lo contara en su lista de adversarios.

Patraña burda, nadie creyó en un pleito tan a modo. El objetivo era que Ampudia no fuera observado como los ojos, los oídos y las tenazas de Yunes en la cúspide del poder en Veracruz, aunque así sea.

Colgados de las lámparas, los priístas se preguntan qué hizo Javier Duarte al entregar tácticamente el gobierno de Veracruz. Ellos, descalzonados como son, no lo van a decir. Los periodistas que han hurgado en esta trama de pésimo guión sí.

Citan, por ejemplo, cuando Ampudia operaba para Yunes durante el conflicto poselectoral por la gubernatura. Recuerdan una reunión en Fortín de las Flores con las bases panistas. Ahí, barítono del coro yunista, el hoy subsecretario de Gobierno externó lo que en privado era vértice de la protesta de Miguel Angel: Javier Duarte fue llevado a la victoria en las urnas de la mano del crimen organizado.

Hipólito Cuevas, analista y observador de ese proceso electoral, lo reseñó y advirtió que entre los argumentos de Ampudia Mello ante los panistas estaba el gasto descomunal para apuntalar la campaña de Javier Duarte, que provocó la quiebra técnica del gobierno de Veracruz.

Cuevas usó, además una frase que hoy retrata el doble lenguaje del subsecretario Ampudia: “consideró que Javier Duarte no merece ser gobernador porque no es un veracruzano que esté preparado para enfrentarse a la exigencia de las difíciles circunstancias que vive el Estado de Veracruz”.

Le atinó. Diecinueve meses han bastado para medir las limitaciones de Javier Duarte, empantanado, Veracruz sin avance, a merced del crimen organizado, políticamente extraviado.

Y ahora, en manos del espía de Yunes.

 

Archivo muerto

 

Juan Armando Hinojosa García, empresario del círculo cercano a Enrique Peña Nieto, perdió la vida al desplomarse su helicóptero, en la sierra de Temoaya, en el Estado de México. Ocurrió al filo de la medianoche del sábado 28. Murió él y los dos tripulantes. Horas antes, había participado en una comida con el virtual Presidente de México. Su padre, Juan Armando Hinojosa Cantú, propietario de constructoras, empresas de aviación y diseño gráfico, se hizo acreedor al mote del “contratista favorito de Peña Nieto”, pues en su gobierno en el Estado de México, le otorgó obras por más de 7 mil millones de pesos. Una de sus compañías, HIGA, aparece en la triangulación de fondos, incluso desde el extranjero, para financiar la campaña de Peña Nieto. Hinojosa Cantú será, con toda seguridad, el contratista favorito del próximo sexenio. El fallecido Juan Armando Hinojosa García, fue esposo de Rosa Herrera Borunda, hija del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán. Las investigaciones apenas comienzan para esclarecer qué pudo provocar el desplome del helicóptero. Días antes, el 26 de julio, el asesor de Peña Nieto para asuntos de seguridad, el general colombiano Oscar Naranjo Trujillo, había expresado que una vez que EPN llegue a la Presidencia “no pactará con el crimen organizado”. Dos días después se desplomó la aeronave con saldo trágico. El helicóptero accidentado fue usado en diversas ocasiones por Peña Nieto en su campaña por la Presidencia de México… Sin una pista, como si se lo hubiera tragado la tierra, se esfumó Miguel Morales Estrada, fotógrafo de prensa, dedicado a la nota policíaca, de la plantilla de Diario de Poza Rica, periódico de la familia Macías, ligada estrechamente al gobierno de Veracruz, cuyos directivos dicen que tiempo atrás había dejado su empleo así, intempestivamente, por razones que no reveló. Desapareció hace ya semana y media, el jueves 19. No hay rastro de él, pero sí angustia, pesar y, sobre todo, malestar. Al paso de los días, al no darse con su paradero, sin saber qué ocurrió, su esposa interpuso una denuncia ante la Procuraduría de Veracruz. Miguel Morales se suma a la lista de desaparecidos, de los nueve comunicadores asesinados, algunos desmembrados, durante el régimen duartista, siendo ya Veracruz el estado más violento para el ejercicio del periodismo, en las manos de un gobernador, Javier Duarte de Ochoa, que no cesa en expresar de mil formas su repudio a la libertad de expresión y peor, mucho peor, a la crítica… Willy Souza, fotógrafo y productor de videos y promocionales, fue aprehendido y sujeto a juicio tras que se le dictara auto de formal prisión por una denuncia por fraude del orden de 85 millones de pesos, interpuesta por dos empresarias, quienes le depositaron 60 millones para la realización del proyecto México en tus sentidos, y otros 25 a cuenta de un préstamo solicitado por la madre del productor. Willy Souza —Luis Manuel Souza Teco— es el mismo al que supuestamente el gobierno de Veracruz le pagaría 25 millones de pesos en efectivo, para la realización de los promocionales del Carnaval de Veracruz, la Cumbre Tajín y la Fiesta de la Candelaria, decomisados en el aeropuerto de Toluca por la policía federal al no acreditarse inicialmente la legalidad de esa transacción. Souza jugó un papel relevante en esa maniobra. No aparecía en el padrón de prestadores de servicios del gobierno de Veracruz, pero se le haría llegar el pago de sus servicios en efectivo, lo que acrecentó las sospechas. Supuestamente por la premura por pagarle, el gobierno de Javier Duarte dispuso que no se le realizara una transferencia bancaria sino que se le llevara el dinero en una maleta, lo que evidentemente es un contrasentido. Finalmente, luego de varios meses de gestiones, el gobierno federal le regresó los 25 millones de pesos al gobierno veracruzano. Souza, el hoy encarcelado, les salvó el pellejo con su inverosímil coartada