Ebrard: la ruptura simulada

Cómplice de todas sus transas, Marcelo Ebrard secundó a Andrés Manuel en la locura del presidente legítimo, el cash arrancado a las arcas públicas y hoy en el cuento del hijo pródigo que deja Morena para transformarse en oposición.

Herido, dicen los suyos, rompe con López Obrador pero sin mayor estridencia, sin llamarlo falaz o traidor, sin recordarle que en sus días de activismo reclutando bobos, Ebrard fue su mecenas, el del dinero subterráneo siendo jefe de Gobierno de la capital del país.

Herido está, cuenta su gente, luego de perder la nominación presidencial, pero no le reclama a Andrés Manuel ni el engaño, ni la falta de palabra, ni la promesa de que el ex canciller sería su sucesor.

No increpa a López Obrador por haber construido una figura maleable, Claudia Sheinbaum, sin propuesta propia, con mil defectos y delitos encima, dos crímenes por negligencia —Colegio Rébsamen y Línea 12 del Metro— y una ausencia de carisma total, ignorando la lealtad —y la complicidad— de Marcelo Ebrard en la ruta que trazaron juntos hasta alcanzar el poder.

Es un rompimiento pactado, inducido, bajo sospecha.

El agravio es mayor y Ebrard sólo ve incidencias en el proceso interno de Morena y sus aliados, manejos turbios de la dirigencia, una agresión de la policía bancaria contra su equipo en el World Trade Center de la Ciudad de México, y cuando debiera fustigar al capo mayor, mira en otra dirección.

No define si se va de Morena o no. No alude a un rompimiento. Y si transcurren las horas y Ebrard no confronta al presidente, es porque bajo la sábana siguen fundidos, alma con alma y piel con piel.

No había concluido el conteo de las encuestas cuando Ebrard ya decía que estaba fuera del proceso. Malú Micher, la tormentosa senadora, describió la agresión de la policía. Luego dijo que no se irían de Morena. Un día después, el jueves 7, Ebrard soltó que ya no tenía cabida en Morena. Y entonces López Obrador lo situó como candidato independiente y en última instancia en Movimiento Ciudadano para robarle votos a la oposición.

Horas más tarde, el silencio de Ebrard en torno a López Obrador sigue. Y el silencio dice todo. Porque si los malos son los capos menores y no el jefe de la banda, es porque el porro de la nación diseñó el juego así.

No se ha escuchado que Marcelo Ebrard lo llame tirano o dictador. No le ha pasado la cuenta de las misiones que en sus días de canciller cumplió: sofocar los embates de Trump, la Guardia Nacional cazando migrantes, la compra de medicamento, de vacunas para el Covid, de los insumos médicos, la demanda contra los vendedores de armas que tienen como cliente al crimen organizado mexicano y hasta dar la cara para no condenar a sátrapas en el poder como Daniel Ortega en Nicaragua, Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Díaz Canel en Cuba y el presidente de Perú, Pedro Castillo.

Vapuleado en la encuesta de Morena, confinado al segundo lugar, 10 puntos abajo de Sheinbaum, la muñeca de cuerda de López Obrador, Marcelo Ebrard se ha resistido a expresar la palabra traición.

Llama cobardes a Mario Delgado y Alfonso Durazo, pero no al Peje López Obrador.

Habla de deficiencias en el proceso interno de Morena, pero se cuida de mencionar la palabra “fraude” en la Cuarta Transformación.

Marcelo vio espectaculares de más, derroche al estilo PRIAN, uso de recursos públicos de Bienestar y gobernadores de la órbita de Claudia Sheinbaum, y los acusó de palabra pero no acudió a ninguna instancia legal, y tampoco marcó un alto y, en cambio, se prestó a la simulación.

Debió romper, exhibir el dedazo, reventar el proceso de elección del llamado coordinador de los Comités para la Defensa de la Cuarta Transformación, o sea el candidato presidencial de Morena, pero bailó al son que le quiso tocar López Obrador.

Y ahora pretende ser el candidato de la oposición.

Ebrard anda a los tumbos. Pudo ser el candidato del Frente Amplio por México pero dejó pasar el tiempo y al final los mandó al diablo.

Esa candidatura ya tiene dueña. Es Xóchitl Gálvez Ruiz, electa en un proceso accidentado, con las encuestas a su favor pero sin llegar a la consulta mediante voto por la infiltración morenista en la base de datos del Frente Amplio y el riesgo de violencia en la jornada del 3 de septiembre.

Ebrard no le quitará votos de la sociedad civil a Xóchitl Gálvez. La clase media se define con Xóchitl por ser la opción contraria al cuento de la Cuarta Transformación, la candidata que la Marea Rosa eligió.

Ebrard, por donde se le vea es obradorista. Ebrard, mientras no rompa, acuse, exhiba a López Obrador y sus excesos y sus arranques de dictador, seguirá en la línea del mesías tropical. Los votos que pudiera lograr se los arrancará a Morena, no a Xóchitl Gálvez.

El amasiato político es indisoluble. Marcelo Ebrard fue el mecenas de López Obrador en los días en que construía la campaña presidencial de 2012, el reclutamiento de bobos, el cuento de “primeros los pobres”, los pobres hijos de Andrés Manuel.

El amasiato implicó millones y millones, hurtados de las arcas públicas. Era Ebrard jefe de Gobierno de la Ciudad de Mexico y de ahí fluían los recursos para el proyecto obradorista, tal como lo reseña Elena Chávez, autora del libro El Rey del Cash.

El amasiato hizo de Ebrard un canciller poderoso una vez que López Obrador llegó al poder presidencial, en 2018. Fue su emisario, un comodín que lo mismo atendía la Cancillería que los temas económicos, de salud y de seguridad. Era la plataforma desde la que el iluso Ebrard creyó que sería el sucesor.

Hoy tiene un pie fuera de Morena y se resiste a expresar que la imposición de Claudia Sheinbaum, la marioneta útil de López Obrador, nace de un fraude.

Hoy, Ebrard acusa al líder nacional de Morena, Mario Delgado, su cómplice en la construcción de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, donde se infló el presupuesto de manera descomunal, y al presidente del Consejo de Político de Morena, Alfonso Durazo Montaño, de ser cobardes.

Pero hoy sigue Ebrard sin tocar a López Obrador.

La ruptura, por lo pronto, es una simulación.

Archivo muerto

Feliz, muy feliz, Rocío Nahle luce su litro de nafta. Simula que Dos Bocas ya comenzó a producir la gasolina que México requiere. Le llama “gasolina primaria”. Hay quienes la definen como gasolina ligera o nafta, que no es más que un componente de la gasolina. El jolgorio de Nahle es, consecuentemente, de risa. Le hace decir al presidente que el 1 de septiembre ya se está produciendo gasolina primaria y Andrés Manuel, que de eso sabe nada, muerde el anzuelo. Porque el punto no es si la gasolina es primaria o secundaria, o si se llama nafta o gasolina ligera, o si es de bajo octanaje y si sólo es un componente de lo que todos conocemos como gasolina, el alimento de los vehículos. El punto es que la zacatecana tuvo la osadía de comprometer su prestigio —no se rían— aduciendo que ella, y no las empresas especialistas— podría construir la refinería Olmeca en tiempo récord, tres años, con un costo, también récord, de 8 mil millones de dólares. El punto es que falló. El retraso es de 14 meses —un año, dos meses— más allá de lo prometido. Aún no produce la gasolina que requiere en país. Y el costo va por los 20 mil millones de dólares, algo así como 340 mil millones de pesos, el doble de lo ofrecido. Producir nafta es lo de menos. Pero los vehículos no se mueven con nafta. Nahle le volvió a ver la cara a López Obrador, y peor, lo hace decir que ya se está refinando gasolina. El punto crucial es alcanzar la meta de 340 mil barriles diarios y lograr la autosuficiencia, dejar de importar. Lo otro es que Andrés Manuel no termine cayendo en lo que los especialistas vienen advirtiendo: con los costos de Pemex, refinar es un negocio que sólo arroja pérdidas. Mientras, la señora Nahle está feliz. Ya tiene su primer litro de nafta en las manos… Claudia puede agredir a Amor, patearla, no pagar la renta de su casa, y termina siendo secretaria del Senado. Pudo tener un novio-primo de escándalos mayores, ingresos a la cárcel por abuso de menor y luego por un secuestro, y se mete a la mesa directiva del Senado. Tormentosa, Claudia Balderas Espinoza es el retrato de Morena, donde la estridencia y el conflicto no son defectos sino méritos para brillar. Pudo asestarle sus cates a su prima Amor Torres, evidenciada en videos que captaron su vena violenta, tirándole un puntapié, reclamándole a grito pelado, sacudiendo al Senado en pleno, y su padrino, Ricardo Monreal Ávila —antes su protectora fue Rocío Nahle García, secretaria de Energía— la coloca donde sólo debiera estar la gente de bien. Claudia Balderas viene de otro escándalo por negarse a liquidar 200 mil pesos correspondientes a la renta de la casa que habitó por varios años, motivando que la propietaria exhibiera el abuso y la desfachatez. Viene de los tres episodios en que su ex novio-primo, Omar Espinoza Cetina, paró en prisión. Una fue por llevarse a una menor a un cuarto de hotel; otra, por un incidente de tránsito en la Ciudad de México con policías, rufianes que le sembraron droga y luego lo tuvieron que soltar, y la más grave, acusado de pertenecer a una banda de secuestradores en Villa Allende, congregación de Coatzacoalcos, de la que en cosa de días quedó en libertad. Todas las libró El Gato Espinoza, obvio porque la senadora morenista pesa y su padrino, Ricardo Monreal, la corcholata que prefiere ser nada antes que traicionar al Peje López Obrador, pesa mucho más. Los escándalos en Morena son mérito. Bajo esa regla, la decencia es un lastre. Que lo diga Claudia Balderas, hoy secretaria del Senado mexicano. Ella sí que está haciendo historia… A Bantelo le va bien con Amado Cruz. Le rentó al ayuntamiento de Coatzacoalcos una pantalla, por un día, y se embolsó 10 mil 500 pesos. Ocurrió el 29 de abril pasado y fue con motivo del Día del Niño en la congregación de Mundo Nuevo, donde Cuauhtémoc López Bante fue agente municipal. En dicha pantalla se proyecto una película como parte de los festejos en honor a los pequeños. La factura con terminación 55F88FC presenta un importe de 9 mil 52.71 pesos más IVA; o sea, 10 mil 500 pesos cerrados. El evento se realizó el 29 de abril pero la factura se expidió dos semanas después, el 17 de mayo. El alcalde Amado Cruz Malpica ríe cuando escucha al presidente Andrés Manuel López Obrador que se ha terminado el régimen de privilegios. Los negocios, las prebendas a funcionarios, a sí mismo, a su familia, es el sello de Morena en el poder. El pago bajo el agua de gratificaciones que se cuentan en miles de pesos, es el combustible de la maquinaria que saquea al ayuntamiento de Coatzacoalcos. El dispendio en ferias que reportan números rojos, pero muy rojos, es la resultante de un grupo de mercenarios que llegaron a superar lo que hizo el PRIANRD y ahora hasta el empresariado baila al ritmo de ese son. Bantelo se llevó 10 mil 500 pesos en un día; la pandilla de Amado, familia incluida, lo único que no se llevará será el palacio municipal porque no lo puede cargar… Omar Osorio es una leyenda. Es atleta paralímpico, oriundo de Córdoba, y nadará en Coatzacoalcos por 12.5 horas. Su causa es ayudar y solamente ayudar. Nadará sin parar, sin descanso, sin tregua, de manera consecutiva, intentando atraer a las personas de bien. Se presentará este sábado 9 de septiembre en la alberca semiolímpica, ubicada en Ignacio de la Llave 610, en el centro de Coatzacoalcos. Su reto es nadar de 8:30 AM a 9 PM. La entrada es simbólica, 10 pesos y un kilo de ayuda: arroz, frijol, aceite, harina. Es de los esfuerzos que conmueven y que debieran ser una regla general en la sociedad. Omar Osorio es, repito, una leyenda. Participó en los Juegos Panamericanos de 1999, Mar del Plata, Argentina, en 2003; Río de Janeiro, Brasil, en 2007; Guadalajara, México, 2011, y Toronto, Canadá, en 2015. Lo patrocinan las asociaciones Moviendo las Fronteras con el Corazón, Miss Wheelchair México y Banco de Alimentos Región Olmeca. Lo que hace Omar Osorio es una hazaña deportiva y merece el respaldo de la sociedad y las instituciones públicas. Omar es un ejemplo de vida que debe ser secundado por quienes aspiran a la superación no solo personal sino de generaciones enteras…

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Fotos: La Silla Rota, Infobae, AMLO