López Obrador, el rey de las calles y del striptease

Llámenle pronarco, militarista, farsante y no se inmuta. Pero róbenle la calle, arrebátenle el discurso, la causa y los reflectores, y entonces aparece el vesánico Andrés Manuel, el furibundo que reta y amaga. Porque, a ras de piso, sólo él puede ser feliz.

Rétenlo con movilizar a miles, convocar al pueblo, azuzar a la rebelión del INE, por el INE y para el INE, y López Obrador se desboca, y pierde el juicio, y levanta el guante, y olvida la investidura presidencial y se enfunda en el disfraz del luchador social.

Las marchas no son de los marchantes, reza el evangelio según San Andrés. Son de López Obrador. Las marchas no pueden venir de nadie más. Ni de los padres con hijos con cáncer, ni de los demandantes de justicia, ni de las víctimas de la violencia, ni de Sicilia, ni de los Le Baron, ni de las madres de desaparecidos, ni de la ola verde, ni de las mujeres que no quieren morir ni ser violentadas, ni de los intelectuales que ejercen el derecho a la reflexión, ni del zapatismo que con sabiduría desdeñó los cuentos de López Obrador.

Las marchas —piensa el mesiánico— tienen dueño: él. La movilización social es suya y solo suya. La protesta, el reclamo, el reto al sistema, a los poderes establecidos, a los poderes fácticos, es un monopolio sublime y lo detenta Andrés Manuel, aunque él sea el poder establecido. Y ay de aquel que quiera marchar. Son los síntomas de un daño mental.

Y si alguien cree tener escriturada la movilización, ese es López Obrador. Así la paranoia 4T.

Aún con espuma en la boca, cinco días después de la marcha de los cretinos, la rabia hace estragos. Le deshidrata el seso averiando la corteza emocional.

Repito: esto es rabia, no ira. La ira es un término benevolente en él.

Qué osadía de los cretinos. Eso de defender al INE es un reto para el Rey del Cash. Urdió una reforma constitucional que tácitamente mataría al Instituto Nacional Electoral, y los muy insolentes —sarcasmo— le respondieron con una cachetada que lo hizo ver estrellas.

Qué afrenta el llamado a defender al INE. Qué afrenta para López Obrador que categoriza al INE como una fábrica de fraudes electorales, intentando matarlo de inanición.

Porque, en justicia, nadie le regatea que el INE se chupa una buena parte del presupuesto, aunque no tanto como el alambique petrolero de Dos Bocas que algún día Rocío Nahle terminará de construir, menos aún que el capricho del Tren Maya que deforesta y destruye el sistema hídrico, o lo invertido en la terminal avionera de Santa Lucía, que ahora sirve como tianguis de la mezclilla.

El INE cuesta, y qué bien. Es buena inversión contar con un órgano electoral confiable, prestigiado, columna vertebral de la democracia mexicana, garante de esa alternancia que el Peje del pantano niega pero que le permitió alcanzar la presidencia de México. Y lo llevó a habitar Palacio Nacional como el rey Juárez. Y desde ahí aplicar la teoría de la devastación nacional, la destrucción de las instituciones; suscribir su sociedad con el narco; dejar que la delincuencia amedrente, secuestre candidatos y le dé 22 gubernaturas a Morena y sus aliados; empoderar a los generales y almirantes, que no a la tropa; encubrir la corrupción de los suyos, y echarse a retozar sabiendo que en los hechos es un neoliberal aunque sus solovinos crean que es de izquierda.

El dilema no es el costo del INE. No son los salarios de Lorenzo Córdova, su presidente, y el resto de los consejeros. No son los miles de millones que reciben los partidos políticos, de los que Morena, el partido de López Obrador, se lleva la mayor tajada. Eso es pretexto. Es paja.

El punto está en otra parte de la reforma: control del INE, elección de consejeros propuestos por el presidente y Morena, desaparición del padrón electoral, entrega de la lista nominal de electores a la Secretaría de Gobernación, anular los Órganos Públicos Locales Electorales y tribunales locales electorales. El punto es la regresión a los tiempos en que el PRI disponía del sistema electoral, manipulado por quien se hallaba en el poder. Y hoy en el poder se encuentra Andrés Manuel.

Y por eso, aquellos a los que llamó cretinos —estúpidos— le cobraron el agravio. Y más allá. Le sirvió de pretexto para expresarle su repudio.

Y el presidente, que se engancha a la menor provocación, se fue de cabeza. No cesó de insultarlos, de enlodarlos, de ponerlos frente al paredón. Y lo pagó.

Marcharon con ganas de joderlo. Los había llamado racistas —la señora que le gritó “indio pata rajada”, por supuesto que es racista—. Les dijo clasistas —algunos otros lo son—. Les dijo corruptos, corruptazos, defraudadores, simuladores, ladrones. Quizá por su mente en realidad pasaban las jetas de José Ramón, Andy, Yeidckol, Esquer, Macedonio —éste aún tiene imputaciones de violación—, Napito, Guadiana, Durazo, Delgado, Sheinbaum, Nahle, May, Montiel, Cuitláhuac.

El domingo 13 detonó la Cuarta Putrefacción. Ríos humanos, una mancha desafiando al mesiánico, caminando y disfrutando, sabiendo que la protesta tenía los efectos de un misil impactando en la línea de flotación del barco insignia del obradorismo.

Andrés Manuel fue vencido en su territorio. Le tomaron la calle. Caminaron por Paseo de la Reforma, ahí donde en 2006 instaló carpas y más carpas, hiriendo de muerte a los capitalinos, imaginando que su ira por la derrota electoral sería compartida, traducida en repulsa hacia el PRIAN, repudio a Calderón, precipitando la anulación de la elección y la entrega del poder.

Entonces se equivocó y ahora se volvió a equivocar.

Un día después, el lunes 14, la ira presidió la mañanera. Dio nombres, fustigó la intención, descalificó la marcha y bordó en cifras sin reconocer la realidad.

La ira presidencial incorporó un nuevo elemento. Dijo que fue un striptease de la oposición.

Ok. Marchar, según Andrés Manuel, es mostrar lo que hay atrás. Marchar es exhibirse al desnudo. Marchar es un striptease. Pues esa ha sido la “vida política” de López Obrador. El encuere total.

Por 28 años ha vivido del striptease. Y ha cobrado bien. Desde los días en que organizaba a los petroleros de Tabasco, al campesinado, a los empleados de gobierno. Y tras tomar el zócalo, apretar a Pemex, a Salinas, a Zedillo, acallaba la protesta una vez que le resarcían “los gastos del movimiento”, una millonada en cash. Manuel Camacho Solís era el pagador.

La Presidencia lo muestra al desnudo. Día a día menos pudor. Es amigable con la transa, cínico con del dinero ilegal —el Rey del Cash y los sobres de Pío y Martinazo, el carrusel de Esquer—, el agravio a la Constitución —“y no me vengan con que la ley es la ley”—, las migas con el narco, el militarismo descarado, la indiferencia ante la violencia sin control, la ignorancia para gobernar.

El mesiánico se ha creído el cuento de que detenta el monopolio de la protesta. Nadie puede movilizar, sumar a cientos de miles y llevar a los solovinos —así les dice el majadero— a pastorear.

Y así, la marcha de los cretinos, que lo superó con creces y lo terminó de desquiciar.

El domingo 27 López Obrador volverá a marchar, a adueñar del rollo, situarse bajo los reflectores. Será la marcha del ardor. O como bien dice, será una peregrinación. El mesiánico y la feligresía.

Ese día, dejará la investidura presidencial y se mostrará como lo que es, un agitador social. Convocará a los suyos. Habrá carnaval. Será una celebración por sus cuatro años en el no poder. Pero en el fondo, es la respuesta a los cretinos que sin acarrear, sacudieron al país.

La rabia es tal, que los cables se le cruzan. Primero fustigó a los organizadores. Luego a los que se niegan a reformar al IFE. Cómo le dolió el tamaño de la marcha. Entonces anunció que la suya será más grande, desatando la sorna. Y ahora que la contramarcha no es por el IFE sino el festejo por sus cuatro años de estancar al país. Y por delante el ego, siempre el ego.

Irá al frente. Andrés Manuel encabezará la movilización de apoyo a Andrés Manuel. López Obrador repudiará a los enemigos de López Obrador. Y la secta lo aclamará. Y la mafia lo ensalzará.

Y todos disfrutarán el striptease.

Archivo muerto

Fiscal sin alma, perversa, ahora va por las hijas de Rogelio Franco. Les activa una denuncia interpuesta por su madre, Guillermina Alvarado, por retención de menor, sustracción de menor y omisión de cuidado. Verónica Hernández Giadáns, cuya misión es retener cuanto pueda al ex secretario de Gobierno yunista, Rogelio Franco Castán, ha ido demasiado lejos, tramitando órdenes de aprehensión que alcanzarían a las dos hijas mayores del perredista, Viviana y Luisa, al propio Franco y a su mamá, doña Mercedes Castán. La inquina es demencial. Hace 14 meses, la madre de las jóvenes engrosó el expediente judicial imputándoles que las hijas mayores se llevaron a Victoria, la más pequeña, y la mantienen con ellas. Pero nada se movió. Un año después, cuando los juicios de amparo favorecen a Rogelio Franco y su libertad es inminente, Verónica Hernández desempolva el caso. El objetivo es ganar tiempo. La fiscal y cualquier abogado saben que esta treta no prosperará. La respuesta se la dan las dos hijas mayores, acusando una trama insólita. Exhiben el odio enfermizo de su madre, Guillermina Alvarado, el olvido en que tuvo a la hija menor, una vida de maltrato y violencia y hasta un exorcismo, razón por la que, en julio de 2020, la pequeña pidió a sus hermanas que la sacaran del hogar materno. “Escuchen: 14 meses después decide denunciar —acusan en carta que circula en redes sociales—. Antes no le interesó ver a su hija o a los 14 meses se dio cuenta que su hija no estaba. En 28 meses no se ha preocupado por su estado de salud, alimentación, educación y vestido. Tampoco solicitó convivencia. Tampoco hizo alguna promoción en la vía civil o amparo para poder ver a nuestra hermana”. Y acusan: “Cuando nuestro padre fue detenido en Tuxpan, Victoria lo acompañaba. Desde ese momento mi abuela Mercedes actúo por la vía legal, promoviendo depósito judicial para hacerse responsable de nuestra hermana y de nosotras. Desde esa fecha vive junto a ella. En los meses anteriores hemos promovido un juicio por guarda y custodia. Además se demandó pensión alimenticia provisional que ya fue decretada favorablemente, que esperamos mi madre cubra. Tenemos hasta un amparo a favor para que Victoria continúe en el lugar correcto”. El relato es infinitamente más largo. Como se ve, por las venas de la fiscal espuria no corre sangre sino mala leche. Y por la de Cuitláhuac García, el minigobernador, veneno y hiel… Infausta tarea, ingrata, la que se impuso a César Soto, líder del PAN en Coatzacoalcos. Acude al PRI en aras de tejer fino, de concretar el entramado de la alianza de oposición. Va César Soto a la sede del partido piltrafa, otrora partido hegemónico, hoy convertido en un rancio recuerdo, amargo para muchos por las corruptelas y atropellos, el robo del erario, el despojo de los terrenos, el abuso indecente de la ley. César Soto, un hombre de limpia trayectoria y mejor conducta, teniendo que amarrar una alianza institucional con un partido en el que no creen ni los priistas, aborrecido por la sociedad. La alianza es de papel. Frente a Morena, es nada. El priismo se agazapa en un membrete, en las siglas de la corrupción, en los colores usurpados a la nación. Al priismo simulador le sobra lengua y le falta decencia. Se ufanan ser los soportes del PRI y sus candidatos y candidatas no ganan ni en la casilla en las que les toca votar; sus pseudo operadores ofrecen votos que en el escrutinio de la jornada electoral no existen. Y aún así se ostentan como el motor del PRI. Con esa runfla perdedora —y simuladora— tiene que tejer una alianza César Soto, el líder municipal del PAN en Coatzacoalcos. Ah, y también con el membrete sin militantes del PRD… Allá, en Cosamaloapan, el notario demente obliga a su esposa a tatuarse la espalda, y acá, el notario rufián violenta, amenaza, chantajea a su mujer. Y luego estampan su firma y dan fe, como si tuvieran moral. Sobre la piel de Mónica Taibo, en su espalda, en el brazo, en la muñeca, quedó la huella de fierro que usa el notario Sergio Hernández Vallarino, su marido, para marcar a sus animales. Cuenta en un video que la obligó a realizarse el tatuaje con la imagen del fierro de la cuadra ganadera. Habla, detalla, advierte su martirio. “He sido violada, amenazada, estafada y víctima de violencia familiar”, refiere. Señala cómo un día el notario demente tomó un arma y mató al perro mascota de la familia. Y le advirtió que la próxima en morir así sería Mónica Taibo. No es un juego. El peligro es real. Por ello, Mónica Taibo exige justicia a la fiscal espuria, Verónica Hernández Giadáns, y al pseudogobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez; que su denuncia no se pierda en los laberintos de la impunidad. Su caso sacude a Veracruz, a México, a las mujeres, a los colectivos que luchan por sus derechos, por preservarles su seguridad y su vida. Y revela la conducta desajustada del notario número uno de Cosamaloapan, hechura del ex gobernador, Fidel Herrera Beltrán. Acá, en Coatzacoalcos, el notario truhán, Alejando “M” (de madres) sigue sujeto a investigación, denunciado por violencia intrafamiliar, por el infierno en que convirtió la vida de su pareja desde que residían en Canadá. De regreso a México, en la capital del país, la siguió violentando. Intentó arrojarla desde el balcón de un edificio, valiéndole que hubiera testigos, según consta en la denuncia interpuesta por la dama. Y una vez que el caso llegó a la Fiscalía de Veracruz, el cobarde se dijo robado, implicando a su ex y a familiares de ella, intentando convertirse en víctima y no en el verdugo que es. En breve la justicia lo va a triturar. Otro brillante notario, el nefasto Alejandro “M”, beneficiado con una notaría en los tiempos de Fidel Herrera y Edel Álvarez Peña cuando éste se desempeñó como director del Registro Público de la Propiedad y Notarías del estado de Veracruz. Qué se toman, que se fuman, qué se meten los notarios que les hace aflorar al delincuente que llevan dentro…

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Fotos: Tribuna, AS MX, 24 Horas