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Enmudecer cuando los traidores a la patria son López Obrador y su corte

* Sergio Gutiérrez Luna se autoexhibe * Fue a Tragaluz y tragó camote * AMLO ya tiene su Vitacilina; es la Ley Minera * Ya había pasado la campaña y Cuitláhuac seguía tundiendo a los Yunes * Hoy, en el chiquero caben todos * Abuchard Kuri: más de 30 años de servicio y lo despiden * El Chocho impone agentes municipales en Agua Dulce

Acribillado a mansalva, Sergio Gutiérrez Luna pierde el habla, se le atora el seso, se le esfuma la razón. Enmudece cuando los traidores a la patria resultan ser Andrés Manuel, la Sheinbaum, un gobernador que manosea, militares que torturan, secretarios de gabinete que tanto gustan de violar la ley.

Hecho trizas, apenas si gesticula ante una ráfaga periodística y cuando lo hace, si acaso balbucea. En alguna dimensión extravió el argumento. Arquea las cejas. Intenta sonreír y se vuelve a paralizar ante la pregunta crucial: ¿Un guardia nacional que protege y libera a un narcotraficante es traidor a la patria?

Gutierritos no visualiza a un guardia nacional. Sabe que la alusión es a Andrés Manuel López Obrador. El que liberó a un narco pesado, fue Andrés Manuel. El que liberó a Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, cabeza del Cártel de Sinaloa junto con sus hermanos y el Mayo Zambada, fue el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. El traidor a la patria es el líder de Morena, el líder del movimiento, el mesías de los incautos, el jefe político del diputado Sergio Gutiérrez Luna.

Trece preguntas lo masacran. Gutierritos no sabe qué hacer ni qué decir. Fernando del Collado lo cuestiona, lo desuella, le arranca cada pedazo de piel hasta desnudar al político parlanchín que a la hora de la verdad no tiene de qué hablar.

Sergio Gutiérrez Luna fue a Tragaluz y terminó tragando camote.

Fernando del Collado aparece a contraluz, el perfil que apenas asoma en la oscuridad, con su estilo proverbial, incisivo, pregunta corta, respuesta corta, trapeando a un invitado que desmerece, de quinta, sin habilidad, sin reflejos, sin idea de cómo sostener el argumento de que la oposición incurrió en traición a la patria.

Sergio Gutiérrez Luna no está en su ambiente. Tragaluz no es la Cámara de Diputados. Ahí no es el que conduce el debate, la sesión, el que concede o restringe la voz, el que permite o no la interpelación.

Será presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados pero en Tragaluz es uno más. Y la metralla de preguntas lo hace pedazos.

—¿Traidores a la patria? —cuestiona Del Collado.

—El que vota por intereses extranjeros en detrimento de la patria, lo es.

—¿Eso fue lo que pasó?

—Así lo veo yo.

—¿Qué narrativa es esa, diputado?

—Narrativa de la realidad.

—¿Alguien lo escribió?

—Mucha gente, la mayoría.

—¿Un guardia nacional que protege y libera a un narcotraficante no es traición a la patria?

Un segundo, dos segundos. Gutierritos busca las palabras. Intuye la alusión a López Obrador por la liberación del narco Ovidio Guzmán.

—Si así fuera, pudiera ser.

—Un militar que asesina y tortura a un detenido, ¿no es traición a la patria?

Una mueca se dibuja en el rostro del diputado oriundo de Minatitlán.

—Habrá que ver el contexto.

—Un gobernador que viola y manosea incluso en un mitin público, ¿no es traición a la patria? (caso David Monreal, hoy gobernador morenista de Zacatecas)

—Habrá que ver qué dijo. Nuevamente el contexto.

—Una secretaria de Estado que es delincuente electoral, ¿no es traición a la patria?

—¿Quién es delincuente electoral? —re pregunta Gutiérrez Luna.

—Un dignatario que viaja a Estados Unidos en visita de Estado para alabar al presidente que denigra a los mexicanos, ¿no es traición a la patria? (López Obrador ante Trump)

—Habrá que ver el contexto.

—Un político que recibe aportaciones ilegales, ¿no es traición a la patria?

—Sí.

—Una administración que otorga siete de cada 10 licitaciones a modo, ¿no es traición a la patria?

—Está permitido en el marco jurídico.

—¿No es traición a la patria usar Ivermectina a pacientes de covid?

—Habrá que ver cuáles son los contextos de salud.

—¿Lo sabrá la gobernadora de la Ciudad de México (Claudia Sheinbaum, quien incurrió en un conflicto ético, aplicando 293 mil dosis de Ivermectina en paciente a los que no les informó que su uso era experimental, detonando un escándalo internacional)?

—Yo creo que tiene conocimiento de todo lo que pasa en la Ciudad de México.

Pasmado, Gutierritos va del monosílabo a la respuesta inocua. No abunda, no aclara, no especifica. No hay narrativa para sustentar por qué la oposición es traidora a la patria por haber votado contra la contrarreforma eléctrica y por qué López Obrador no sería traidor a la patria si mansamente cedió al chantaje del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convirtiendo a la Guardia Nacional en la border patrol americana pero en la frontera con Guatemala.

El contexto… el contexto.. el contexto, respondía.

Y de ahí no salió Sergio Gutiérrez Luna. A falta de argumento, a riesgo de evidenciar a López Obrador, el que pasará a la historia por haberle aplicado la ley fuga a Ovidio Guzmán, fortaleciendo la hipótesis de que AMLO llegó al poder con la venia del narco, se agazapó.

Algo le ocurrió a la lengua. Y al seso. No conectaban. O Gutierritos no quiso que conectaran. Temió terminar admitiendo que Andrés Manuel, su círculo íntimo, los militares, la Sheinbaum, la secretaria violadora de la veda electoral, el gobernador que le toca el trasero a la candidata a alcaldesa en Zacatecas, quedaran reducidos a auténticos traidores a la patria. Mejor calló.

Otro político, un político real, habría librado el reto. Un político de medio pelo, igual. Cualquiera habría argumentado. Pero Gutierritos no está en esos rangos. Es remedo de político. Es farsante. No tiene respuesta a lo más elemental. Morena lanzó la rueda de molino llamada “traición a la patria” y medio México se replantea con cuántas acciones López Obrador ha sido más traidor.

Sergio Gutiérrez Luna fue a Tragaluz y salió trasquilado. Imaginó encontrar prensa a modo, aduladora, corifeos que lo ensalzan, a los que enchufó en la ubre del Congreso federal, garrapatas que succionan el presupuesto sin parar. Y se llevó una santísima felpa.

Gutierritos gusta de preguntas suaves. Se mueve entre el elogio, el aplauso, el comentario cortesano, la prensa rentable, el despliegue fotográfico, los videos en redes, el comentario rastrero. Le gusta el mundo irreal. Lo que rehuye es la pregunta con filo. Por eso fue a Tragaluz y terminó tragando camote.

Políticamente, está hueco. Y el vacío lo llena con escoria, con basura. No tiene estructura política. No tiene cuadros que operen electoralmente. Se nutre de migajas y despojos del morenismo, de la diputada Naricita; del priismo, de Miguel Ángel Luna y el marcelismo, y del panismo al que ve como Plan B. Se rodea de oportunistas, ambiciosos, aquellos que identifican al primer burro en el camino y lo saben montar.

Sergio Gutiérrez Luna no tiene habilidad para responder 13 preguntas y así pretende gobernar Veracruz. Como si fuera otro Cuitláhuac, otra Nahle, otro Cisneros, otro Gómez Cazarín. 

Imaginó que Tragaluz, un segmento del portal Latinus, le serviría de balcón. Todo pintaba bien hasta que los traidores a la patria resultaron ser Andrés Manuel y su séquito gangsteril.

Y entonces Gutierritos prefirió enmudecer.




Archivo muerto

Andrés, el mesías, ya tiene su Vitacilina. Es la Ley Minera. Ardido por no haber impuesto la contrarreforma eléctrica, se untó el bálsamo que el obradorismo tanto receta a sus enemigos —Vitacilina pura— y que ahora le alivia la amarga derrota sufrida en la Cámara de Diputados. Por vez primera, se le niega a un presidente en el México moderno una reforma constitucional. Se entienden, pues, las rabietas de unos, las amenazas de otros, o los epítetos de “traidores a la patria” de la cúpula de Morena, que no son sino una estrategia para amedrentar diputados por las reformas que vienen, la electoral y la de la Guardia Nacional que Andrés Manuel López Obrador enviará al Congreso. Vitacilina al presidente para que mitigue lo que siente… La campaña ya pasó, dice Cuitláhuac García teniendo a unos metros a Patricia Lobeira Rodríguez, a la que intentó arrebatarle la alcaldía de Veracruz usando la inmensa fuerza de aparato de poder, y fracasó. “Sin miramientos de colores, ya las campañas ya pasaron, hoy tenemos que coordinarnos, por ustedes, por la gente”, apunta el gobernador de Veracruz. Pues las campañas ya habían pasado y Cuitláhuac no dejaba de arremeter, de vapulear, de perseguir. Las campañas ya habían pasado y el gobernador continuaba en su rol de perro de presa; Yunes, su clan, Winckler, al servicio de la delincuencia, les imputaba; Chiquiyunes (Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del ex gobernador) no sólo impedido para ser alcalde de Veracruz puerto sino denunciado por uso de documentos falsos al igual que su hermano Fernando, entonces presidente municipal de Veracruz. Ya habían pasado las campañas y Cuitláhuac García hurgaba una y otra vez en la transgresión a la ley que permitió la construcción de Torre Centro a espaldas del Edifico de Faros y Museo Venustiano Carranza, tildado de “adefesio” por López Obrador cuando visitó el puerto. Ya habían pasado las campañas y los odios seguían. Y de pronto todos se volvieron cuates. Y de pronto, las sonrisas, los aplausos, la desfachatez mutua. Y del evento en que se entregaron apoyos a personas en condición de pobreza, en la comunidad Vargas, al encuentro de Cuitláhuac García con el alcalde de Boca del Río, Juan Manuel de Unanue, también yunista, y luego la visita del presidente López Obrador con el embajador Ken Salazar, y finalmente el anuncio de la próxima construcción de la planta cervecera Constellations Brands, aquella a la que AMLO saboteó impidiendo que fuera erigida en Mexicali, Baja California. Tan pequeño el chiquero pero todos caben… Más de 30 años le entregó Daher Abuchard Kuri a Obras Públicas Municipales y terminó despedido. Lo apuñaló su jefe inmediato, Onésimo Mendoza Flores, director de Obras, a quien Abuchard Kuri solía aconsejar, enterar, aportarle proyectos y describirle detalles. El pago fue echarlo de la Dirección de Proyectos del ayuntamiento de Coatzacoalcos en los que el veterano ingeniero se desempeñó como todo un experto. Llegó una mañana, hará tres semanas, y cuando se disponía a colocar su tarjeta de ingreso en el reloj checador, se lo impidieron. Comandó el abuso Lizandro Pérez Hernández, el sátrapa que lo mismo se ostenta como abogado sin serlo, que le roba el teléfono celular a una empleada —le apareció en la bolsa del pantalón cuando ella lo rastreó con su smart watch—, que se asume como director jurídico de Obras Públicas sin nombramiento. Lizando Pérez “se plantó en la entrada de Obras Públicas, en el checador, dónde impidió de una manera corriente y déspota que el ingeniero Kuri checara y no sólo eso, prohibiéndole el acceso al edificio, ni si quiera para ir por sus pertenencias personales. Sintiéndose como máxima autoridad le dijo que a partir de ese momento ya no laboraba con ellos y que le hiciera como quisiera pero no iba accesar al edificio. Ni las gracias, ni buenos días ni nada”, señala un reporte interno. Del incidente existe evidencia, registrada en un audio que incrimina a Lizandro Pérez en un uso indebido de la función pública. Abuchard era quien realizaba los proyectos que luego Onésimo Mendoza Flores hacía pasar como de su autoría, según revelan fuentes internas de Obras Públicas. “Todos sabemos que no sabe ni abrir archivos en la computadora y no sabe de ingeniería ni nada de obra civil”. ¿A qué llegó esa runfla a Obras Públicas Municipales? ¿Al negocio al amparo del cargo? ¿A armar licitaciones amañadas y cobrar el diezmo? ¿A esquilmar incautos? ¿Quién los protege? ¿A qué geniecillo de la Cuarta Transformación le llenarán las alforjas de dinero malhabido? Menos de cuatro meses y esta pandilla ya entendió el verdadero sentido de “no mentir, no robar y no traicionar”… En Agua Dulce, a dos agentes municipales los impuso Jesús Martínez Monroy, “El Chocho”, quien por enésima ocasión se desempeña como secretario del ayuntamiento. Alexis Castillo Juárez ganó la elección en el ejido Manantiales y Fernando Salazar Casango, en El Muelle. Fueron las propuestas de Monroy, jugándole las contras al alcalde morenista José Noé Castillo Olvera, quien llegó al cargo con un enorme capital político, aplastando al PAN y al PRI, que ni en coalición habrían podido ganar la elección en 2021. Cualquiera sabe que Martínez Monroy obedece a sus intereses y lo dejan acaparar espacios, lo hace. Pero que haya operado la elección de agentes municipales en Agua Dulce a contrapelo del alcalde es alta traición…

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Fotos: Tragaluz, El País, Sol de Coahuila, El Financiero, Expansión, Proceso