Terrorismo político, la última carta del gobernador

Al estilo Duarte, cuando el caos lo asfixia y Morena se hunde, Cuitláhuac alza el puño y golpea y desempolva historias judiciales, velando las armas y usando al aparato de policíaco, la fuerza de élite de Seguridad Pública de Veracruz, hasta ver al enemigo en prisión. Que el terrorismo político suplante a la ley.

A Rogelio Franco Castán, líder máximo del PRD, le activa los tórridos desencuentros con su ex esposa, Guillermina Alvarado, una víctima ni tan víctima, experta en artes marciales que un día —insólito— acusaba felpas asestadas por el ex secretario de Gobierno del yunismo y al otro aducía que la paliza no era real, que malévolos hackers, duendes cibernéticos, le metían mano a sus cuentas en Facebook, alterando fotografías. Aquella denuncia siguió y pese a que Franco exhibió un amparo en curso, el gobernador lo hizo encarcelar.

A Ramón Ortiz Cisneros, líder transportista de Coatzacoalcos, amigo de gente santa y non sancta, financiero y soporte de Fuerza por México, lo asedia con la Fuerza Civil, allanando sin orden de cateo la sede de una de sus oficinas, amagando al personal, aprehendiendo al dirigente obrero y horas después retornando para sembrar terror, robando equipo de cómputo, una caja fuerte con 20 millones de pesos, apaleando a hombres y mujeres, destruyendo el sistema de videovigilancia para eliminar pruebas de la agresión, conminando a callar o morir. Eso no es justicia; el móvil es político y tiene que ver con la elección a la alcaldía.

A 10 alcaldes del Partido de la Revolución Democrática les tiende un cerco. Se doblegan o que enfrenten la ley. O se hincan o a correr. A unos les revisan las cuentas públicas, la certificación de sus policías; los estados financieros no pasan, los reprueban, los investigan, les arman denuncias. Y la opción es huir. Eso también es terrorismo político.

A Floricel Ríos Delfín, alcaldesa de Jamapa, la ultimó un grupo armado pero el crimen político es obra de Cuitláhuac García, el gobernador, y de Eric Cisneros Burgos, el secretario de Gobierno, sus verdugos.

Días antes de ser levantada, torturada y muerta, Floricel reveló los alcances demenciales de Cisneros, la altivez, prepotencia, misoginia. O se iba o su esposo sería aprehendido. Siguió la acción del grupo armado que irrumpió en su rancho, la sustrajo y horas después fue hallada sin vida. Su cuerpo acusaba tortura, varios disparos, tiro de gracia. Terrorismo político el del gobernador con ayuda del crimen organizado.

A Marisela Vallejo Orea, alcaldesa de Mixtla de Altamirano, la interceptó un comando armado. Cosida a balazos, murió al instante. Murieron también su esposo y el conductor del vehículo. Sirvió el crimen para saciar los instintos delirantes de Cuitláhuac, los desfogues mentales de Cisneros, las taras políticas del líder del Congreso de Veracruz, Juan Javier Gómez Cazarín. Todos tras una alcaldía en un lugar clave.

Sobre el cadáver de Maricela, se tejió un agandalle legal. No dejar llegar a la alcaldesa suplente encarcelar al síndico acusándolo de ser el autor del crimen, aprehendiéndolo en Puebla y remitiendo a una cárcel en Veracruz. Y al cabo de todo, se instaló un concejo municipal, que la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que era inconstitucional.

Al pigmeo de palacio le aterra la realidad política, la debacle de Morena, el repudio social, la revuelta del morenismo, el gobierno sin resultados, los violadores y los acosadores sexuales cobijados en su falda, saber que la impunidad de sus depravados es el motor del voto en contra, que el nepotismo genera repulsa, que la corrupción es el botón para detonar la derrota en la elección.

Morena, en sus manos, es un caos. Morena gobierna mal. Morena divide. Morena destruye. Morena roba. Morena abusa. Los morenistas son el peor enemigo de Morena. Y Morena, Cuitláhuac, Cisneros, Gómez Cazarín, Hipólito, Carranza, Nahle, Huerta, Dorheny, Rosalinda, Ana Miriam, todos conforman una banda rapaz. Y eso huele, apesta a derrota.

Moralmente destruido, Cuitláhuac García asesta dos golpes arteros simulando hacer justicia. A Rogelio Franco lo pesca con el añejo conflicto con la ex esposa karateca que se dice víctima de violencia intrafamiliar y termina imputándole “ultrajes a la autoridad”, y a Ramón Ortiz con un montaje de la Fuerza Civil que lo asedia, le allana la propiedad, lo detiene, lo desaparece por horas y lo presenta ante la Fiscalía estatal para, una semana después, acusarlo de posesión de arma reservada a las fuerzas armadas, posesión de estupefacientes y también “ultrajes a la autoridad”.

Ambos son mensajes políticos. Y en ambos hay terrorismo político.

A Franco lo confina a una celda en el penal de Amatlán donde hay criminales que pararon ahí por las acciones judiciales del yunismo. O sea, lo vulnera, lo deja en manos de sus enemigos, lo acerca a la venganza, lo sitúa en el umbral de una felpa y de la muerte. Franco, si no hay quien evite una tragedia, correrá la misma suerte que Floricel Ríos, a quien Cuitláhuac García y Eric Cisneros la llevaron a morir.

Franco es el máximo líder del PRD en Veracruz, diputado federal, diputado local, dirigente del comité estatal, secretario de Gobierno en los días de Miguel Ángel Yunes Linares en el poder. Su aprehensión busca intimidar, quebrar la alianza opositora PRI-PAN-PRD. Así lo concibieron el pigmeo y Bola Voraz. Pero la treta falló.

A Franco le violaron un amparo. Alertado sobre una posible aprehensión, inició el juicio y obtuvo la suspensión. Aún así, la policía lo detuvo, le configuró el delito de “ultrajes a la autoridad”. 

Ocho meses pasará Rogelio Franco en prisión preventiva oficiosa, mientras en los medios y en las redes sus hijas lo defienden —la mayor sólo hija de Guillermina Alvarado— acusando que la mamá debiera de continuar con la ayuda psquiátrica y la ex esposa, en respuesta, llegando a decir el ex secretario de gobierno mantiene una relación sentimental con su hijastra.

Al empresario transportista, líder de la Confederación Auténtica de Trabajadores y Empleados de México en Coatzacoalcos, Ramón Ortiz Cisneros, no lo pilla por delitos reales sino para neutralizar a Fuerza por México, el partido que le roba votos a Morena.

Decía el gobernador que siguiendo una pista de extorsión, halló a Ortiz Cisneros. Y lo encarceló.

Nada real. Un video muestra al líder transportista ingresando a sus oficinas y detrás suyo varias patrullas de la Fuerza Civil. Ingresan sin orden de cateo, velando las armas y se los llevan.

Desapareció por horas. Se filtró que fue remitido la 29 Zona Militar en Minatitlán. Falso. Fue llevado a un área apartada y obligado a disparar un arma. Luego se le remitió a la Fiscalía local. Y una semana después, la prisión obligatoria de un año. ¿Y el delito de extorsión? Sólo posesión de arma reservada, 10 bolsas con estupefacientes y “ultrajes a la autoridad”, como en el caso de Franco.

El golpe es político. Cuitláhuac ata las manos del financiero de Fuerza por México. Sin recursos, la campaña se complica. Sin recursos, lo único que queda es la imaginación, la operación política, la búsqueda de votos a ras de piso, todo para enfrentar una elección de Estado.

Fuerza por México, junto con PRI-PAN-PRD y Redes Sociales Progresistas le restan votos a Morena. Sus candidatos van en ascenso mientras Morena se achica. Ofrece el paraíso cuando todo Coatzacoalcos vive el infierno de la violencia, la debacle económica, la quiebra de empresas.

Tres años de gobierno municipal infame, advierten una derrota brutal. Víctor Carranza, el alcalde, títere de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, es una nulidad. Es arbitrario, corrupto, déspota, intransigente, ignorante, mentiroso, un chamán con dotes mágicos, el brujo que desaparece más de 5 mil millones de pesos de presupuesto y su obra es un insulto a la sociedad.

Con ese lastre, Morena camina hacia atrás. La peor alcaldía en 20 años, superando al priista Iván Hillman Chapoy, que sumió en el atraso a Coatzacoalcos. Y ante una oposición que avanza, el manotazo del gobernador, la policía allanando propiedades, confinando en la cárcel al financiero de Fuerza por México.

Si fuera justicia, Franco enfrentaría cargos por violencia intrafamiliar y Ramón Ortiz por extorsión. Pero no. El tema es político. Es mensaje al enemigo.

Es terrorismo político, la última carta del gobernador.

Archivo muerto

Muy light, Emigdio Enríquez Merlín llora la muerte de su madre y hermana con una desenfrenada autopromoción. Va de entrevista en entrevista, en medios y en redes, con una dicotomía macabra: por un lado el doloroso relato del crimen de Gladys Merlín Castro, ex alcaldesa priista de Cosoleacaque, y su hija, Carla Enríquez Merlín, precandidata a la presidencia municipal por Morena, y por otro, el ego personal, sus logros empresariales, su hobbies y andanzas, y la consabida respuesta a las múltiples muestras de adhesión a que se inserte en el proceso electoral. O sea, luto con olor a jolgorio político. Menos de un mes tiene el doble crimen y a Emigdio Enríquez le sirve para darle vuelo a su imagen. Habla de lo que la Fiscalía de Veracruz oculta, el hermetismo de la indagatoria, de las cámaras de videovigilancia que fueron inutilizadas, para terminar cayendo en el lugar común: sus paisanos pidiendo que sea candidato a la alcaldía de Cosoleacaque. Lo burdo es lo suyo. Vaya promoción política tan macabra. Miyo montado en el dolor de los Merlín, trazando la candidatura que Morena le ofreció a su hermana Carla. Qué siniestro show… Gremio dividido, el del Sindicato Único de Empleados Municipales se parte en tres. Uno permanece bajo control de su líder, Gersaín Hidalgo, cada vez más erosionado; otro, Esther Acosta Cruz, y el tercero, Juan Carlos Sánchez Pérez, cuyo hermano Arturo, uno de los cercanos a Gersaín, fue ultimado cuando se relajaba tras un partido de béisbol. De aquel gremio que caminaba unido en torno a demandas y reclamos laborales, increpando al alcalde de Coatzacoalcos, Víctor Manuel Carranza Rosaldo, poco queda. Es un proyecto agotado, disminuido, desteñido, que dejó la dinámica, las marchas, la protesta, el cierre de los accesos a la ciudad, el bloqueo de unidades de limpia pública hacia el basurero de Villa Allende y el mitin con arengas de quemar el palacio municipal, proferidas por Gersaín Hidalgo, para terminar en una desangelada defensa de los intereses sindicales. Del grito bravucón se pasó al maullido de gato. Si eso es lo que Gersaín Hidalgo le ofrece al virtual candidato de la alianza Veracruz Va, Carlos Vasconcelos Guevara, los votos tendrán que contarse con los dedos de una mano y hasta les va a sobrar… Fan de la pepena política, Yazmín ahora va sobre Podemos, el partido con tufo a duartismo, nido de priistas que ya no caben en el PRI. Con un fardo de denuncias, señalamientos, una usurpación de profesión, violencia política de género, tácitamente echada de Morena, Yazmín Martínez Irigoyen recala en el feudo de Francisco Garrido, por cuyas manos pasaron las cuentas públicas de Javier Duarte, siendo presidente de la Comisión de Vigilancia del Congreso de Veracruz, y todo lo blanqueó o no lo objetó. Bonita pareja, pues. Se juntaron el hambre con las ganas de comer. Pepenadora política, Yazmín salió de Morena y se trepó en el PRD, postulada para diputada local. Un día, sin más, le dijeron bye y despertó del sueño. Intentó la nominación por Unidad Ciudadana y le cerraron la puerta. Fuerza por México estuvo a minutos de darle la candidatura pero una revuelta de militantes e integrantes de la Confederación Auténtica de Trabajadores y Empleados de México (Catem) prendió alarmas y dio marcha atrás. Su peregrinar tuvo recompensa. Es ya delegada municipal de Podemos (Robar), el partido cuyo líder, Francisco Garrido, fue el gran encubridor de Javier Duarte cuando ejerció el gobierno de Veracruz y saqueó sus arcas. Ahí, Yazmín, está en su nivel. El arte de la pepena política se le da… Pillado en plena violación a la ley, Sergio Guzmán Ricárdez va camino a ver frustrado su sueño de ser diputado local. Dos videos exhiben al precandidato de Morena intentando comprometer el voto de los ciudadanos de Agua Dulce, presumir obra y compromiso social, semanas antes que arranquen formalmente las campañas. Los videos son contundentes y el alcalde con licencia incurre en flagrantes actos anticipados de campaña. Si lo aprietan los adversarios de Morena, partido que lo postuló, y si el Órgano Público Electoral de Veracruz deja de conducirse como cómplice del gobierno morenista, la candidatura de Sergio Guzmán se va al caño… Sainete violento de Liliana Orantes Abadía, candidata a la alcaldía de Coatzacoalcos por Todos por Veracruz, en el fraccionamiento Balcones del Mar. Transgrediendo reglas internas, filmaba un promocional en el club de playa cuando la administradora del lugar, Rita Balboa, la llamó a desistir. En respuesta, recibió una andanada de insultos, altanería y palabras soeces, jalones de cabellos de una mujer que acompañaba a la candidata, agresión verbal de Lesly Bautista, hija de Liliana Orantes. Al pretender comunicarse con integrantes de la mesa directiva de Balcones del Mar, le fue arrebatado su teléfono celular por una de las agresivas invitadas y arrojado contra una banca y destruido; otra más continuó el ataque. De no ser por la intervención del esposo de Rita Balboa, la agresión habría sido mayor. Consta todo en un comunicado emitido por la administradora de Balcones del Mar a los condóminos. Se espera que en breve se presente la denuncia penal por el ataque y la destrucción del teléfono. Apadrinada por el menguado cacique de Las Choapas, Renato Tronco Gómez, Liliana Orantes es candidata de Todos por Veracruz a la presidencia municipal de Coatzacoalcos. La nominación se dio con el beneplácito del líder real de ese partido, Héctor Yunes Landa, que sigue reclutando escoria política y no termina de aprender (Ver: https://bit.ly/3d8iAkY)…

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