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La “Diputada Cochambre” al rescate de Duarte


* Marcela Aguilera a Investigaciones Ministeriales  * Fue tapadera del ex gobernador * Mano sucia en Comisión de Justicia  * PAN: desaparecer poderes  * Otra caja china  * Edel: pasión por la tierra… ajena  * Alcalde Carranza: que se joda el SAT  * Arzobispo le cree al gober  * ¿Y cuando relance la ley pro-aborto?  * Funcionario de la 4T pide moches

Arreando peones, sembrando cuentos, Marcela Aguilera dejó el campo y se hizo útil a Duarte aplaudiendo los desvaríos del gran ladrón, el endeudamiento de Veracruz, simulando que hacía justicia a periodistas asesinados e imponiendo a la escoria en el Tribunal Superior de Justicia. Y vuelve para encubrir al ex gobernador.

Su parcela es hoy la Dirección de Investigaciones Ministeriales, impuesta por otra impuesta, Verónica Hernández Giadáns, fiscal carnala del gobernador Cuitláhuac García, empleada de Eric Cisneros, el remedo de secretario de gobierno, tras el asalto a la Fiscalía General del Estado y la violación al orden constitucional.

Su encomienda es el caso Javier Duarte, las denuncias en curso, las carpetas con miles de fojas que dejó en tránsito Jorge Winckler Ortiz hasta que fue tumbado de la Fiscalía por la Comisión Permanente del Congreso de Veracruz, que carece de facultades ni tiene asidero legal.

Su reto, neutralizar la debacle duartista, deja impune el robo del erario con empresas fantasma, la imputación por desaparición forzada y la denuncia y extradición de Karime Macías Tubilla, la esposa de Duarte que en los hechos fue gobernadora, jefa del gabinete formal.

Lo sucio es lo de Marcela Aguilera Landeta, la del mote genial, “Diputada Cochambre”, de la autoría de Gabriel García Esquivel, bautizada así el 23 de junio de 2014 en la columna Se Dice que, publicada en Crónica de Tierra Blanca, reseñando la inquina y la insidia con que actuaba, la polarización del priismo y su pulverización.

Aludía García Esquivel a la “mente cochambrosa” de Marcela Aguilera que sembraba odio e inoculaba veneno entre aspirantes a la diputación federal, generando fracturas y resentimiento, y que devino en su humillante derrota cuando intentó ser alcaldesa, en 2017. En aquella jornada electoral le cobraron todas.

Operadora a ras de piso, se movió siempre entre organizaciones campesinas, los de la UGOCEP de Margarito Gómez Parra, de final trágico, emboscado en Chihuahua, muriendo él y otros 12, familiares y amigos; o en las huestes de la CNC —Confederación Nacional Campesina—, la central priista que mantiene a los pobres más pobres y a sus líderes los vuelve fifí.

Con Fidel Herrera Beltrán, doña Marcela Aguilera tuvo su plenitud del pinche poder. Llegó a ser directora de la Comisión Veracruzana de Comercialización Agropecuaria y titular del Consejo para el Desarrollo de la Cuenca del Papaloapan.

Ya con Javier Duarte entró a la élite del poder. Fue subprocuradora regional de Justicia en Cosamaloapan y un cargo que definiría que lo suyo es encubrir: fiscal especial para Delitos Cometidos Contra Periodistas.

Por sus manos pasaron los crímenes de Milo Vela, columnista de Notiver; su hijo Misael, reportero gráfico del mismo diario, y su esposa Agustina, y la desaparición de Gabriel Manuel Fonseca Hernández, “Cuco”, en Acayucan. Nada aclaró, nada hizo, nada explicó.

Era el inicio del señorío Zeta. Y el fidelato lo dejó pasar. Del rinconcito donde hacen su nido las olas del mar, Veracruz se tornó tierra de cárteles, sus campos en territorio narco, su sociedad bajo el terror, la zozobra, el dolor, y las mayores fosas clandestinas del país, y el levantón, y la trata de blancas, y el secuestro y venta de migrantes, algunos reclutados por el crimen organizado para el sicariato o el trasiego, y algunos más ejecutados para calentar la plaza.

Y en un escenario de muerte, la oleada violenta contra la prensa, atizada por los odios de Javier Duarte que deslizaba amenazas y operando su vocera, Gina Domínguez, presiones con los convenios de publicidad —plata o veto—, la fiscal Aguilera pasó de la intrascendencia a la ineptitud.

Sus días en el duartismo son de náusea. Una vez soltó aquello de que con Duarte se había superado la herencia de inseguridad de los tiempos del fidelismo.

“A mí que me tocó ser Subprocuradora —expresó—. Recuerdo cómo estaban los ayuntamientos totalmente cooptados por la delincuencia. Hoy puedo decir que esto ya no sucede en muchas partes del estado”.

Pues sucedía y terminó peor. Sucedía y sigue sucediendo. Proliferó la narcopolítica, los narcos conviviendo con alcaldes, diputados, policías, propiciando el cambio de mando, la entrega del poder a la delincuencia. Y los crímenes de periodistas, hasta hoy impunes.

Ya diputada local, fue cómplice del saqueo, omisa en la revisión de cuentas, levantadedos a la hora de votar, sin cuestionar si las cifras cuadraban, si los recursos federales se aplicaban, si había respuesta del gobierno duartista a las inconsistencias detectadas por la Auditoría Superior de la Federación.

Servil a Duarte, la Diputada Cochambre cumplía su misión de tejer una red de impunidad. Presidía la Comisión de Procuración de Justicia y ahí orquestó la designación del fiscal anticorrupción que cubriría la huida del entonces gobernador y lo que vendría si el panista Miguel Ángel Yunes Linares ganaba la elección, en 2016, como finalmente ocurrió.

Debía imponer a un lacayo de Duarte, Francisco Portilla Bonilla, y fracasó. Nunca alcanzó los votos en el Congreso. Nunca construyó la mayoría calificada —el PRI y sus aliados— ni supo operar la infamia. A lo máximo que llegó fue a ver a Portilla investido como magistrado integrante de la Sala Anticorrupción. Y a Flavino Ríos le confeccionó el escenario para ser impuesto como gobernador sustituto en cuanto Duarte huyó.

Hoy vuelve a la plenitud del pinche poder. Y lo hace por los caños del drenaje, impuesta por una fiscal que no es fiscal. Verónica Hernández, la de las ínfulas tipo Juana Gallo —“todos están a mi disposición”—, es encargada de la Fiscalía de Veracruz tras el golpe de estado de la banda morenista en el Congreso, y sitúa a Marcela Aguilera en la Dirección de Investigaciones Ministeriales.

Ahí se concentran las denuncias del ministerio público del fuero común contra el ex gobernador Duarte, las trastadas en secretarías de su administración con empresas fantasma, cobrando facturas por servicios inexistentes, el saqueo del que se acusa a Javier y su esposa Karime, por el que serían denunciados también Tarek Abdala, Fernando Charleston, Tomás Ruiz, El Cisne Silva.

Manchada por ese régimen, la Diputada Cochambre va al rescate de su viejo patrón, limpiando las huellas del atraco, torciendo las denuncias, omitiendo acusaciones, allanando el camino de Duarte a la libertad.

Por las manos de Marcela Aguilera pasa la denuncia por desaparición forzada, los cuerpos de las víctimas, producto de la tortura de los grupos de élite de la Secretaría de Seguridad Pública, Los Fieles y otros asesinos, que Javier Duarte, según testimonios, habría ordenado desaparecer.

Morena, Cuitláhuac, López Obrador le cumplen así a Javier Duarte, con un golpe al orden legal, apropiándose de la Fiscalía de Veracruz, imponiendo a Juana Gallo en condición de fiscal carnala y a la Diputada Cochambre en el rol de celadora de la suerte judicial del ex gobernador. Así de infame el pacto de impunidad.

Tiempo atrás, Marcela Aguilera arreaba ilusos y sembraba cuentos, usaba al campesino y polarizaba al priista, pasaba de una diputación a las esferas de poder, tejiendo redes a modo, los serviles en los espacios anticorrupción.

Hoy va por el rescate de Duarte.

 

Archivo muerto

 

Camina Javier Duarte hacia la libertad mientras Veracruz fija su mirada en la banda La Adictiva, en las sandeces de Gloria Sánchez y el cuento de la fuga de los Yunes y Winckler, en la obsesión del gobernador Cuitláhuac García por el fiscal depuesto cada vez que se le cuestiona por la violencia sin control. Asesta el Congreso un golpe de estado y se apodera Morena de la Fiscalía y Veracruz se distrae con las bobadas del secretario de Gobierno, Eric Cisneros, o en el papel picado que trasluce el nombre de AMLO en el fiestión patrio de la Cuarteada Transformación, a espaldas de la comunidad pejista, o en la piloto que sugiere lanzar una bomba en el Zócalo en pleno Grito de Andrés Manuel, suscitando condenas y hasta la exigencia de despido de Internet por parte de aquellos que proponían lo mismo cuando el presidente era Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto. Y mientras el distractor funciona, el aparato judicial se alinea generando las condiciones para que Javier Duarte pueda eludir a la justicia. Política de albañal, de drenaje, de aldea, y un pueblo que sucumbe a las cajas chinas… Desgranándose, el PAN quema la pólvora en infiernos menores, en guerras contra molinos de viento, en fuegos fatuos. Así Cuitláhuac García sea una nulidad, gobernador por accidente, un lastre para Morena y una desgracia para Veracruz, la proclama de desaparición de poderes es una superchería descomunal. Sin mayoría en la Cámara de Diputados y el Senado, la propuesta panista no pasa. Gobierno fallido sí lo es, pero sin las condiciones políticas el proyecto no tiene futuro. Se trata de un ardid, una treta, un albazo, pero ni soñando lograrían, desde su minoría, tumbar a Cuitláhuac del gobierno estatal. Así sea un gobierno sin rumbo, Cuitláhuac permanecerá en el cargo hasta cumplir sus dos años de gobierno. Luego se irá. O lo echarán. Tras el ataque al bar Caballo Blanco, en Coatzacoalcos, el 27 de agosto, con saldo de 30 muertos, tuvo Andrés Manuel López Obrador las condiciones para mandar a García Jiménez a su finca y lo aguantó. Luego lo respaldó, le alzó la mano, lo abrazó, le confirmó su complicidad. Un cero a la izquierda al frente del gobierno de Veracruz y el presidente prefiere tenerlo ahí antes que reconocer su terrible error. Cumplidos los dos años, Cuitláhuac se irá sin necesidad de convocar a nuevas elecciones, que Morena obviamente perdería. Sólo si AMLO estuviera harto del desgobierno de su pupilo y los errores se multiplicaran, aprovecharía la solicitud de desaparición de poderes en Veracruz, pero hoy prefiere no arriesgar. Y mucho menos le concedería ese triunfo a sus adversarios del PAN… Voraz como es, Edel Álvarez Peña tiene una sensible debilidad por las tierras ajenas. Hay interminables juicios civiles trabados por el presidente del Poder Judicial de Veracruz contra inmobiliarios que reclamaban su derecho sobre predios enormes. Uno de ellos, el de José González, ganado en algunas instancias por el ex alcalde de Coatzacoalcos y perdido en otras, usando la polémica escritura de la sucesión Bringas a la que Fidel Herrera y Javier Duarte nunca le confirieron autenticidad pero que sirvió al gobierno de Veracruz para regularizar terrenos invadidos. Otros predios, atribuidos a Edel Álvarez en el seno del Poder Judicial, estarían destinados a instalaciones de Ciudades Judiciales, lo que despide tufo a corrupción. Y así la cadena de trapacerías… De octubre de 2018 a la fecha, Publicidad e Imagen del Sureste facturó en 14 ocasiones al ayuntamiento de Coatzacoalcos. Por sus servicios de arrendamiento de anuncios espectaculares, organizar y acondicionar el primer informe del alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo y por el suministro de alimentos, tramitó pagos por más de un millón 300 mil pesos. Todo bien si no fuera porque es empresa fantasma. O por lo menos, empresa que factura operaciones simuladas (EFOS), según la terminología de Hacienda. Oficialmente, está boletinada por el SAT —Servicio de Administración Tributaria— desde el 30 de marzo de 2019. Ya en 2017, en Mérida, donde tiene su asiento social, se le imputó ser “empresa fantasma”, facturando servicios al ayuntamiento del panista Mauricio Vila Dosal, hoy gobernador de Yucatán. Y aquí el alcalde Carranza y sus corifeos, el tesorero Mario Pintos Guillén, y la directora de Contabilidad, Yolanda Sagrero Vargas, le otorgan contratos y le tramitan pagos. ¿Sabrán lo que es el delito fiscal y cuándo éste lleva a la figura de delincuencia organizada? Los detalles en https://bit.ly/2ks1jw3… Hipólito, el arzobispo, coquetea con Cuitláhuac, el gobernador. Le ve virtudes el prelado: que aprende rápido, dice. Y lo disculpa: que hay que darle tiempo, que nueve meses no bastan para ver resultados. Anda encantado el líder de la iglesia católica —y caótica— en Veracruz con el gober de Morena. Seguro lo va a secundar cuando Cuitláhuac García eleve, vía el Congreso estatal, a rango constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo y la legalización del aborto, eso a lo que el catolicismo llama cultura del escándalo y cultura de muerte. Hipólito Reyes Larios verá entonces qué tan rápido aprende el gobernador… ¿Quién es ese morenista de medio pelo, vil ejemplo de la Cuarteada Transformación, empleado de Bienestar, que engaña y engatusa a ingenuos empresarios con el señuelo de allegarles jugosos contratos una vez que sea designado alto funcionario de la Secretaría de Educación en la delegación de Coatzacoalcos? Pista 1: estuvo confinado en Las Choapas. Pista 2: se dice doctor (en ciencias ocultas). Pista 3: su hermano es funcionario del ayuntamiento de Coatzacoalcos…

 

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Foto: Huellas de México