Marcelo Montiel: entre la crisis y la traición

* Sus hijos políticos, a los arañazos  * Lejos de Héctor, cerca de Miyuli  * Los votos que no le allegó al PRI  * Presiona Yunes azul a Duarte para entrega-recepción  * Congreso: sólo juntos PANPRD, Morena y PRI lograrían mayoría calificada  * Quintanilla y los votos que no son suyos

Más sombra que sol en el cacique: lo masacra Morena; lo ignoran sus hijos políticos, que se atropellan y se muerden, que se arañan y se tiran a matar; desoye, burla, engaña a Héctor Yunes, y sucumbe a su esencia, la traición. Así es Marcelo Montiel.

Sale masacrado de la elección local. Su candidato, su operador, el artífice de sus guerras sucias, Víctor Rodríguez Gallegos, es barrido en las urnas, golpeado por la fuerza del voto que conlleva repudio, que concentra la ira de la sociedad.

Sale masacrado Víctor Rodríguez —el Negro que no se raja— en su enésima búsqueda de un cargo de elección popular. Ya en 2015 había intentado ser diputado federal y a minutos de ser registrado le fue negada la candidatura, Javier Duarte, el gobernador, asestando el golpe final.

Sale masacrado de una contienda en que no probó la derrota cuando las casillas habían cerrado, los votos contados y los resultados revelaban el triunfo de la oposición, sino desde días y semanas antes, al identificarse la intención del electorado para votar por el Movimiento de Regeneración Nacional, con una aprobación superlativa.

Lo venció Amado Cruz Malpica, la carta de López Obrador y la familia Robles, dueña de Diario del Istmo e Imagen de Veracruz, del líder estatal morenista Manuel Huerta Ladrón de Guevara, su operador local Benito Soriano Aguilera, que fue quien insistió e insistió hasta convencerlo de ser candidato, pero también fue presa el priista del rechazo de una sociedad hastiada al marcelismo y al duartismo, a aquel por el hartazgo de saberlos monopolizando todos los cargos en disputa y a éste por destrozar las finanzas de Veracruz, por endeudar al gobierno de manera descomunal, por provocar la violencia cuando se aliaron con los cárteles y por generar un ambiente de desprecio a la ley e impunidad.

Lo vence Amado Cruz Malpica, el candidato de los Robles, el Clan de la Succión, que por años presumen de un falso izquierdismo —Roselia Barajas, Mamá Succión, no fue pionera de la izquierda como aseveran los ignorantes— y que nutren su fortuna en los ayuntamientos priistas, en el gobierno de Veracruz, en el gutierrezbarrismo, en el dandismo, en el alemanismo, en el fidelismo y en el duartismo. Si no les alcanza con los convenios, ahí está la industria del chayote.

Lo vence el repudio a su paso por los cargos municipales, Víctor Rodriguez en programas sociales, Víctor Rodriguez en la Secretaría de Gobierno, usando a las promotoras, matizando conflictos, engañando, sin aportar soluciones de fondo, alejado Marcelo Montiel del fuego, pero sin sofocar la demanda social. Para una protesta un chocholero profesional.

Su fracaso en las urnas es la crónica de una derrota anunciada. Se advertía desde 2014, a finales de aquel año, cuando el marcelismo inició su crisis, polarizando su fuerza en dos bastiones, el del joaquinismo y el del victorismo.

Desdeñaron la voz del amo las huestes del alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, sus protegidos y empleados, la corriente que lidera Jesús Moreno Delgado, director del DIF municipal, compadre del secretario de Gobierno, Oliver Damas de los Santos, y sus respectivas pandillas.

Se resistían a condescender con Víctor Rodríguez, que había pasado por la Unidad Administrativa de la sedesol estatal, en los días de gloria de Marcelo Montiel en el gobierno duartista, y luego como subdelegado administrativo en la delegación de la Sedesol federal en Veracruz, un mundo de millones, un escándalo por las denuncias de desvío de recursos, de robo de dinero a adultos mayores, de pago a empresas fantasma, de uso de los programas sociales con fines electorales.

Ningún marcelista había alcanzado tal nivel. Y eso provocaba el rencor y el odio, todos en la tenebra, grillando a quien advertían como el sucesor de Marcelo Montiel en el cacicazgo, el heredero a la vista.

Regateaban, pues, la decisión de su padre político, promoviendo a Jesús Moreno Delgado en colonias y ejidos, en redes sociales, advirtiendo que sería mejor candidato, con mayor carisma, menos rechazo, con más palabra, con menos engaño y menos mentira.

Así entró el marcelismo en la crisis que hoy enfrenta, confrontados los  líderes de grupo —Joaquín Caballero, Jesús Moreno y Oliver Damas en un extremo, y Víctor Rodriguez en el otro, con la mirada perdida y la actitud pasiva del tesorero Alfonso Morales Bustamante y del contratista Miguel Antonio Wong Ramos, el rey del bacheo— mientras el marcelismo se polarizaba.

Por sus enconos se perdió la candidatura a la diputación federal en 2015, advertidos por Javier Duarte que así, divididos, era imposible ganar la elección.

Su teoría era errada. En 2012, siendo elección presidencial, estando Andrés Manuel López Obrador en el ánimo de un amplísimo número de seguidores, la candidata perredista a la diputación federal por Coatzacoalcos, Rocío Nahle García, obtuvo una votación impresionante y aún así perdió ante el marcelista Joaquín Caballero Rosiñol.

Cifras que no mienten, cifras que son frías, cifras que revelan que cuando Marcelo Montiel opera vence hasta al efecto Peje: elección 2012, diputación federal, Rocío Nahle obtuvo 65 mil 204 votos, que no le alcanzaron para vencer al marcelista Joaquín Caballero, quien registró 72 mil 516 sufragios.

Cifras que tampoco mienten, las de la elección del 5 de junio. Amado Cruz Malpica obtuvo 49 mil 523 votos, ciertamente en un territorio menor, sólo Coatzacoalcos, sin Allende y Mundo Nuevo y los ejidos y sin los municipios de Nanchital y Agua Dulce. Víctor Rodríguez, 20 mil 728 sufragios.

Esta vez Marcelo Montiel no operó. Ni levantó a Víctor Rodríguez, ni caminó en las colonias, ni se metió a impulsar el voto. Cuando mueve a los electores, los sacude, les cobra facturas de otros tiempos, obras realizadas en su primera administración —la segunda fue un fiasco— jala votos.

Ahora no. Se le vio días antes de la elección llamando a votar desde un cómodo sofá, en un video insulso, sonriendo, pidiendo a la locutora, al camarógrafo, a quien tenía a su alcance, que ayudaran a ganar la elección. Les decía por qué: para que haya mejores carnavales, fiesta, alegría, como si el relax fuera motor de desarrollo.

Tampoco motivó intención de voto para el candiDuarte al gobierno de Veracruz, Héctor Yunes Landa. Siendo su coordinador en el sur, lo ignoró, lo dejó morir.

A media campaña ocurrió el abandono. Marcelo Montiel burló a Héctor Yunes, dejando la campaña, sin mover sus fuerzas, sin cumplir el compromiso de llevarlo al triunfo en el sur de Veracruz.

Dejó caer la elección en un escenario de traición. Se sabía de la intención de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato del PAN-PRD, de no terminar la elección separado de Héctor Yunes, aún perdiendo no despegársele al priista. Y así fue.

Eso le valió tener los votos que lo llevaron al gobierno de Veracruz, desplomado Héctor Yunes, con el favor consciente o inconsciente del marcelismo.

¿Por qué en 2012 sí pudo vencer al efecto Peje, siendo López Obrador candidato presidencial, y no pudo Marcelo Montiel vencer a Morena, este 5 de junio, sin AMLO en la boleta electoral, llegando el Mesías a Veracruz esporádicamente?

No gana la elección Marcelo Montiel, ni su pupilo mayor, Víctor Rodríguez, pero a la par limita los votos de Héctor Yunes. No los mueve, ni los exige, ni lo deja despegar.

Ganar no es lo más importante; lo es todo. Pero no siempre. Ver perder a Héctor Yunes tiene su rentabilidad política pues son adversarios naturales, así simulen que hay química,  así se elogien y se abracen, así se alcen el brazo en señal de triunfo, Héctor en la línea de Gonzalo Guízar, su referente en Coatzacoalcos, a quien convertiría en alcalde si hubiera llegado al gobierno de Veracruz.

Son las sombras de Marcelo Montiel. Lo masacra Morena, sus alfiles se atropellan y se muerden, se arañan y se tiran a matar, y él se concentra en no moverle votos a Héctor Yunes. Son los síntomas de la traición.

Así es Marcelo Montiel.

Archivo muerto

Con más rollo que argumento, va Miguel Ángel Yunes sobre el duartismo. Le advierte el gobernador electo que quiere la entrega-recepción ya ya ya, que ningún documento sea sustraído, que no sucumba la burocracia del gobierno de Veracruz a la tentación de desaparecer evidencia. Quien lo haga enfrentará acciones legales, dice. Y avizora que auditará al sexenio fidelista y a la pandilla duartista. Todo bien, pero cuándo. Le responden que la entrega-recepción, por ley, se realiza en noviembre. Y que hay impugnaciones al resultado de la elección. Hay riesgo de que la elección se anule. Hay fases del proceso electoral que primero se deberán desahogar. Entonces la entrega-recepción hoy no tendría sustento legal. Aún así, Yunes Linares le mete ruido al tema y exige que el gobernador Javier Duarte disponga la entrega de información a quien lo habrá de suceder en el cargo. Miyuli es Miyuli y no va a cambiar… Salvo lo que arroje el caso Cosoleacaque, cuya votación se realiza en Xalapa por el encono y el reclamo de triunfo entre Morena y Nueva Alianza, el Congreso de Veracruz se perfila así: PAN-PRD, 21 diputados; Morena, 16; PRI-rémoras, 12; Nueva Alianza 1, incluidos los de mayoría relativa y los plurinominales. Ningún partido por sí solo logra mayoría simple, o sea el 50 por ciento más uno. Habrá que ver con quien traba alianza Morena para frenar a Miguel Ángel Yunes. Si lo hace con el PRI, estaría confirmando que hubo pacto Javier Duarte-López Obrador. Juntos PRI-Morena podrían obtener mayoría simple pero no les da para la mayoría calificada, que se requiere para modificaciones constitucionales. La mayoría calificada —34 votos— sólo se tendrá con la unión de las tres fuerzas políticas, algo impensable en teoría, porque los apóstoles del Pejemesías jamás irían en la misma tónica del PAN-PRD… Nada que presumir en la cuadra de Mónica Robles. Nada que haya logrado Jaime Quintanilla Hayek en la elección de diputado en el distrito Coatzacoalcos Urbano. Sus 4 mil 900 votos para el Partido Verde provienen del trabajo de afiliación que realizó el equipo que meses atrás recorría colonias. Es un voto urbano, muy superior al logrado por Mónica Robles de Hillman en 2013, apenas 3 mil 500 sufragios, y eso que el marcelismo no le lanzó voto cruzado y la masacró. Este 2016 la militancia creció a más de 5 mil afiliados, de los cuales 4 mil 900 le dieron su voto al Partido Verde. Nada tuvo que ver en ello Jaime Quintanilla, repudiado hasta por el círculo social en que se mueve, rechazado por la trapacerías en que se ve envuelto, juicios en contra, incluidas las dos sentencias judiciales clonadas que exhibió para adjudicarse un predio y cobrarle una afectación a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes…

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Foto: Plumas Libres

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