Rocío Nahle ya siente que sus crías la devoran

Adentro, muy en sus adentros, Rocío Nahle siente el asedio de sus crías, el filo de los puñales, el reacomodo de los aliados que ven la judicialización de su candidatura y el fracaso por ser nativa de Zacatecas y pretender gobernar Veracruz.

Muy en sus adentros, ha de saber que Zenyazen Escobar no la acuerpa; la sigue y la presiona, conociendo que incumple el requisito central, por no ser veracruzana por nacimiento o por no ser hija de veracruzano o veracruzano y se acoge a la residencia efectiva de cinco años

Siente la daga de Mónica Robles, su sombra, un fantasma, emisaria del Clan de la Succión, que aún lidia con el desdén de la zacatecana que hace cinco años, en 2018, la vetó para ser senadora suplente de Morena por su pasado priista, por el cobijo de Fidel Herrera y hasta por un pacto de no agresión con el panista Miguel Ángel Yunes Linares con el que el padre, José Pablo Robles Martínez, intentó cobrar los 25 millones de pesos que Javier Duarte, aliado de los depredadores del Istmo, les quedó a deber.

Mordida por unos, intrigada por otros, Nahle tiene un enemigo frontal, Sergio Gutiérrez Luna, diputado federal morenista, políticamente hueco, sin estructuras electorales, tan falto de arraigo que ni en su pueblo, Minatitlán, le ven trazas de gobernador.

Nahle carga en la conciencia la traición a Manuel Huerta Ladrón de Guevara, viejo perredista, operador de su campaña a diputada federal por Coatzacoalcos, en 2015, el que reagrupó a las fuerzas de Gloria Rasgado Corsi, némesis de Nahle, su acérrima enemiga, con las que tuvo que apuntalar a un sector del priismo, el marcelismo, que le allegó votos porque por sí sola la zacatecana no gana ninguna elección. 

Y le quita el sueño el más desleal, su engendro, Eric Cisneros Burgos, el siniestro Bola 8 que mandó al diablo al propio Andrés Manuel López Obrador cuando lo instó a dejar de promoverse para gobernador o renunciar a la Secretaría de Gobierno. Si Bola 8 abriera la boca, si contara tantos y tantos atropellos a la ley, y quién los urdió, Rocío Nahle no tendría cara para contender.

Todos fingen que la aman y todos la quieren descarrilar.

Todos son nacidos en Veracruz o hijos de veracruzano, menos Rocío Nahle.

Todos cumplen con el requisito constitucional; Norma Rocío Nahle García, no.

Pareciera la favorita del mesías pero, en el tablero político, es la más frágil.

Los cuervos de Veracruz apuestan a la judicialización de la candidatura de Rocío Nahle. Y vendrán decenas de impugnaciones y alegatos en órganos electorales y la resolución en tribunales. El punto crucial será si cumple con el requisito constitucional: ser veracruzana o no. Y que no se cuelgue de los cinco años de residencia efectiva porque eso no invalida el precepto legal.

Será una guerra con daños directos y colaterales. Será fuego amigo y gozo entre el enemigo. Y el crujir de dientes y el llanto en la soledad.

La judicialización de la candidatura de la secretaria de Energía equivale a una implosión en Morena. Reventarán por dentro. Exhibirán el agandalle de Rocío Nahle y el canibalismo de los contendientes, los amores simulados y los odios a flor de piel.

Entre los cuervos de Veracruz destaca Sergio Gutiérrez Luna, alias Gutierritos, diestro en derecho electoral. Su experiencia se da en las trifulcas en el Instituto Nacional Electoral cuando Morena comenzaba a ascender.

Gutierritos no orbita en torno a Claudia Sheinbaum, virtual candidata presidencial. No fue de Ebrard ni de Monreal. Fue el único alfil del ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, entre los aspirantes al gobierno de Veracruz.

Gutierritos le tiene cantada la judicialización de la candidatura a Rocío Nahle. Lo ha pregonado. Atacará su origen, ser oriunda de Zacatecas, no tener padres veracruzanos, incumplir el requisito constitucional.

Habrá decenas de impugnaciones, de morenistas y no morenistas, los que sufrieron los aceleres de Rocío Nahle, el atropello a sus aspiraciones, la imposición de candidatos, el encumbramiento de ladrones que hicieron de ayuntamientos y gobiernos un auténtico botín.

Aflorarán las tretas de la secretaria, su altanería, la intransigencia, su corrientez. Nahle es un lastre. No suma resta. Nahle fracciona al morenismo, lo divide, atiza disputas.

Morena sufrirá un desgaste interno y todo porque la zacatecana no quiso —y no podría— gobernar Zacatecas y se le puso que gobernaría Veracruz.

Los cuervos también traicionan. Cuitláhuac García, el bailarín que desgobierna a Veracruz, congregó en mayo a sus alfiles. Acordó no ir ya con Rocío Nahle e impulsar al secretario de Educación estatal, Zenyazen Escobar García, un striper con el mote de Tarzan Boy que en sus años mozos divertía a las damas de la mejor sociedad.

Filtrado a los medios de comunicación, viralizado en las redes sociales, aquel cónclave y la reordenación de la candidatura movió a Rocío Nahle a reencontrarse y ceder. Nahle iría para la gubernatura y Zenyazen para la senaduría por Morena. Y luego vinieron las fotos y la faramalla vociferando que eso, todos sonriendo a la cámara, era muestra de poder.

Abierto el registro de aspirantes a “coordinador de los comités para la transformación”, o sea la precandidatura al gobierno de Veracruz, Morena comienza a arder. Se apuntaron Zenyazen, Gutierritos, el delegado de Bienestar federal, Manuel Huerta; Eric Cisneros; la ex diputada priista y ex diputada morenista, Mónica Robles Barajas, de la cuadra duartista, y peces de menor nivel.

Al registro de aspirantes seguirá la decisión del consejo estatal de Morena sobre quiénes irán a la encuesta. De ahí saldrá el candidato o candidata al gobierno de Veracruz. El resto se acomodará en posiciones hacia el Senado, diputaciones federales y locales. La fiesta de la simulación.

Pero el incendio avanza hacia Rocío Nahle. Si la judicialización complica su candidatura, tendrá que concertar. Cederá candidaturas al Senado, quizá Gutierritos en lugar de Zenyazen, o Manuel Huerta y Eric Cisneros; la de mujer para Mónica Robles con tantos negativos que aseguraría un descalabro electoral, o la diputada Claudia Tello, Citlali Navarro, Irene Navarrete.

Nahle camina en la cuerda floja. Y al final la cuerda se incendia. No sólo no acredita ser veracruzana, en términos del artículo 11 de la Constitución Política del Estado de Veracruz que habla de los nacidos en el territorio o ser hijos de padre o madre veracruzanos así haya nacido fuera de la entidad, sino que incumple el artículo 43 para aspirar a ser gobernador, que exige ser “veracruzano en pleno ejercicio de sus derechos”.

Nahle esgrime los 30 años de residencia en Veracruz. Eso acredita vecindad y la vecindad no es el requisito que exige la Constitución local para contender por la gubernatura.

Nahle intentó parchar la Constitución de Veracruz en dos ocasiones. Una, a cargo de su esbirro legislativo, hoy peón en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, Amado Cruz Malpica; la otra, a manos de la diputada local por Cosoleacaque, Magaly Armenta. Era la Ley Nahle con la que   un oriundo de otra entidad pudiera ser veracruzano sólo por tener hijos nacidos en Veracruz.

La primera fue a la congeladora. La segunda pasó. Se aplicó el mayoriteo. Pero la Suprema Corte de Justicia de la Nación anuló parcialmente la trastada. El origen se da padres a hijos, no al revés. Pero dejó abierto el resquicio de la residencia de cinco años en términos del artículo 116 de la Constitución General de la República.

Sergio Gutiérrez Luna sabe que mientras la Constitución política de Veracruz no se reforme, sólo los veracruzanos por nacimiento pueden aspirar a gobernar.

El vodevil es de antología. Los depredadores de la nación luchando a mordidas y navajazos.

Nahle los crió y ahora los cuervos de Veracruz la comienzan a devorar.

Archivo muerto

Candil de la calle, podredumbre de su casa. Qué aleccionador es oír las condenas de Marlon Ramírez a la corrupción. Miles de millones de pesos desviados en el gobierno de Cuitláhuac García. O la trama de los empleados que son contratistas, llámese Araly Rodríguez Vez. O los contratos millonarios a jóvenes beneficiarios de programas sociales que no rebasan los 20 años de edad. Un pozo de estiércol en que se convirtió, entre otras, la Secretaría de Salud. Y 17 dependencias más saqueando a placer. Los 40 ladrones del célebre Alí Babá debieron tomar un curso intensivo en la Cuarta Transformación. Sólo qué… Marlon Ramírez, líder aún del PRI en Veracruz, hace lo mismo, obviamente con menos millones, con los suyos. Cinco quincenas sin liquidarle a dirigentes y empleados del tricolor. Como Cuitláhuac, destina las prebendas para su círculo cercano —Arianna, Kuri, Anilú— y sus corifeos. Muy loable la expedición de Marlon al centro del drenaje, hallando casi mil 600 millones de pesos con tintes de corrupción. Muy audaz zambullirse en el mugrero de la Cuarta Putrefacción, siguiendo el rastro de las ratas, hallando el modus operandi y el modus robandi, documentando la uña inmensa del gobernador y su grupo delincuencial, la falsa honestidad, la profunda simulación. Pero candil de la calle es oscuridad de su casa. Marlon Ramírez nada dijo cuando vio hacer lo mismo a Javier Duarte, el pillastre que saqueó el gobierno de Veracruz. Hubo empresas fantasma y Marlon calló. Hubo robo de participaciones federales a municipios y Marlon calló. Hubo una licuadora que concentró recursos federales para luego dispersarlos y no saberse su destino al tiempo que Javier Duarte presumía un yate, cuatro penthouse en Boca del Río, un rancho con cuadras de caballos en Valle de Bravo, y los testimonios de los cómplices, registrados en las pesquisas de la entonces Procuraduría General de la República dando cuenta del torrente de efectivo en empresas y firmas fantasma, en México y Estados Unidos, y Marlon ni se inmutó. Candil de la calle, putrefacción del PRI… Junior predilecto, Farid Lamarque Rosas gusta del trago y los finales violentos. Gusta de amigos y novias de sus amigos que arman trifulca, lanzan botella, hieren rostros y huyen del antro, no como si fuera película violenta sino como la realidad violenta que les gusta protagonizar. Farid Yael Lamarque es el nieto incómodo y consentido de Esmeralda Mora Zamudio, la comadre política de Rocío Nahle, la cuasi candidata de Morena al gobierno de Veracruz, la jefa de la banda siniestra. Farid es el nieto de la alcaldesa de Nanchital. Aquella noche del viernes 22, en el antro Agua Mala, hubo violencia innecesaria. Una versión —la de Gerardo Enríquez Aburto— refiere que Darina Cruz, media naranja del susodicho Farid Lamarque, se puso histérica cuando una vecina de mesa, asediada por el nieto de doña Esme, le pasó el dato y le pidió que le pusiera bozal. Darina la emprendió, no contra el intrépido Romeo sino contra la víctima del asedio. Y de ahí volaron las mentadas, los reclamos y, como debe ser, las botellas. Una de ellas se estampó en el rostro de otra damita que nada tenía que ver. La otra versión —la de Víctor Nazariego Ortiz— dice que el zafarrancho lo armó Karla Michelle Olea Cid, tesorera municipal de Nanchital, novia de César Ortega, el mejor amigo de Farid Lamarque; Karla Michelle es pieza clave en el manejo de los dineros y le imputan también que en los negocios de Farid que, vía prestanombres, realiza con el erario de Nanchital. De acuerdo con videos subidos a las redes sociales, la fuga fue al estilo Tarantino: una damita fuera de control, una camioneta conducida en sentido contrario sobre uno de los carriles del malecón de Coatzacoalcos, la exquisita dama trepada a la fuerza, los vecinos de farra arrojándoles vasos con licor y la unidad motora intentando arrollarlos hasta emprender la huida. No es un borrachazo más. Es el retrato de un junior y su banda ejerciendo el poder en las cantinas. Es la imagen de Farid Lamarque Rosas, el nieto incómodo de la alcaldesa de Nanchital, Esmeralda Mora Zamudio, en plan destroyer. Es Farid Yael, aquel mozalbete sorprendido y aprehendido con una camioneta con reporte de robo, remitido a la Fiscalía en Nanchital, por el que la abuelita metió las manos hasta lograr su liberación. Reza la conseja pública: deja impune al malhechor y su mundo será la delincuencia. Peor cuando la madrina política es Rocío Nahle. Con esa pandilla piensa gobernar Veracruz… A Gersaín Hidalgo, ni el PVEM ni la diputación federal. Vetado por Javier Herrera Borunda; por su padre, el ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, y por Rocío Nahle, el líder real del Sindicato Único de Empleados Municipales (SUEM) dejó de tener futuro político. Intentó apoderarse del Partido Verde, tomar el control del comité municipal, colocar su estructura política y financiarlo y los dueños del Verde no lo dejaron pasar. Palabras más, palabras menos, sentenciaron que el PVEM era —y es— para Isaac Férez Esparza, así cargue un historial de señalamientos, cinco acusaciones en el Me Too sexual de la Universidad Anáhuac. Esa, sin embargo, es historia aparte y explosiva. Gersaín Hidalgo, que fuera peón de los Chagra, el corre, ve y dile de Mili, hoy está en la desgracia, viendo cómo la nave naufraga. Año y medio arrastrado ante el alcalde Amado Cruz Malpica, pisoteando la historia combativa del SUEM, y al final Morena lo repudia. Rocío Nahle le cobra el asedio a Víctor Manuel Carranza Rosaldo, primer alcalde morenista que la zacatecana impuso en Coatzacoalcos, un cero a la izquierda, un marrullero que permitió hasta la falsificación de un acta de cabildo. Nahle le cobró las manifestaciones, bloqueo al Túnel Sumergido, cierre de los accesos a Coatzacoalcos y hasta la baladronada de quemar el palacio municipal. Gersaín se le arrastró a Amado Cruz Malpica, prestándose a joder los derechos de sus agremiados, suponiendo que así se ganaba el derecho a ser candidato del PVEM a diputado federal. Se ve que Gersaín Hidalgo no conoce a la secretaria de Energía. Lo usó, se burló y lo desechó. Su futuro y su suerte ya la decidió Rocío Nahle. Y no pinta bien. Mejor dicho, pinta muy mal… 

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