Cuitláhuac, el “Coco” y el Cártel de la SSP

Cuitláhuac no cuenta todo. No dice que los mutilados, los congelados, la cabeza colgada en un puente, los arrojados en las calles, las mantas que incriminan, son la disputa entre policías delincuentes y los cárteles por el control de Veracruz.

No dice que Los Zetas ya no operan, ni los Zetas Vieja Escuela existen. No dice que hoy son fachada de grupos que suplantan y se cubren con el nombre y la estirpe de sangre de las organizaciones criminales para implantar el terror.

No dice el gobernador que los Zetas, o lo que quedaba tras la irrupción del Cártel Jalisco Nueva Generación en Veracruz en tiempos de Javier Duarte, fueron exterminados. O pararon en las cárceles. O huyeron. O se integraron a otros grupos delincuenciales. Y que su nombre sólo se usa en montajes policíacos.

Ya no hay Caballeros, ni Comandantes H, ni Gonzos, ni Luckys, ni Ardillas, ni los Osiris, ni los Erick, unos muertos, otros en la cárcel, y sus bandas desmanteladas a sangre y fuego, sangre de sus venas y fuego de las armas de quienes recibieron la encomienda de ir a cazarlos.

Aquellos zetas se extinguieron y sus matones fueron a parar a otros cárteles, el Jalisco Nueva Generación, el Sinaloa, el del Golfo, y las ramificaciones y vertientes, sicarios que van por el control de la plaza, derramando sangre, despedazando literalmente a sus rivales, imponiendo un lenguaje de sangre, un actuar violento y un destino de muerte.

Ya tampoco hay jefes de plaza contemporáneos de Osiel Cárdenas Guillén, líder máximo del Cártel Del Golfo, hoy en prisión en Estados Unidos. Ni sus lavadores, ni los operadores que tejían las redes de corrupción con las policías municipales, las policías de abajo, ni la estatal.

Ni los matarifes del Cártel Jalisco Nueva Generación que impactaron a Javier Duarte, que iniciaba su mandato, cuando arrojaron 35 cadáveres a los pies del monumento a Los Voladores de Papantla, frente a Plaza Américas, en Boca del Río, la zona más turística de todo Veracruz.

Los cárteles no se crean ni mueren, sólo se transforman. Ahí también hay cuarta transformación.

Poza Rica es la más reciente erupción. Una veintena, quizá más, de cuerpos mutilados, congelados en refrigeradores y neveras, detectados durante el cateo a cinco casas de seguridad, reveló que el horror aún está por venir.

¿Y la identidad de los caídos? Acaso centroamericanos indocumentados que dejaron sus tierras para ir en pos del american way of life y a mitad del camino los sorprendió La Maña y no sólo acabó con el sueño sino también con sus vidas.

“Se están dando”. La expresión no brota de los labios de Javier Duarte, como aquella que lo hizo célebre: “se están matando entre ellos”. La expresión es del gobernador morenista y la explicación le reventó el seso.

Pues no. No se están dando entre ellos sino que se dan, se matan, se mutilan porque en el mundo de los violentos quien infunde más miedo es quien tiene el control. Y se dan porque no hay gobierno. Hay vacío de autoridad. Y hay complicidad policíaca, judicial y política. Abrazos, no balazos y esto ya es una masacre descomunal.

A Poza Rica le ha seguido un festín de sangre. Otros muertos. Otros mutilados. Una cabeza colgada en un puente. Otros cuerpos sin vida cerca de una sede policíaca y el punto clave: mantas que advierten que los jefes policíacos están adentro con los cárteles.

Un cuerpo desmembrado fue dejado —miércoles 16— a unos metros del Mando Único en Córdoba, la Ciudad de los 30 Caballeros, que antes fue feudo zeta.

Según el reporte al 911, se trataba de una bolsa negra con manchas de sangre. La policía confirmó que se trató de hombre.

El jueves 17, una cabeza humana fue colgada en el puente Las Sillas, en la comunidad El Encinar, municipio de Nogales, en la carretera Orizaba-Puebla. Mientras los vehículos transitaban, podía observarse el macabro espectáculo.

Horas después familiares del occiso acudieron a identificarlo. Se trataba de un vecino del lugar que había sido levantado y desaparecido.

Horas antes, al amanecer del jueves 17, fue arrojado el cuerpo de un varón, mutilado, sobre la carretera Poza Rica-Cazones, cerca de la población La Victoria, ya en el municipio de Papantla.

Junto al cuerpo fue dejada una narcomanta con mensajes amenazantes, cuyo contenido se desconocen debido a la rápida acción de la policía que los ocultó.

Otras mantas fueron colocadas en distintos puntos de Poza Rica. El mensaje era una tácita denuncia contra el gobernador Cuitláhuac García, suscrita por un grupo criminal que se autodenomina Los Tercios.

Le imputaban una relación con un jefe criminal apodado “El Coco”, a quien señalan de ser quien desde hacia tiempo mantenía congelados los cuerpos mutilados en las dos casas de seguridad en Poza Rica.

“La limpia llegó y lo hemos demostrado, que nosotros llegamos a hacer nuestro jale. Poza Rica es nuestro ya. ¿Qué esperas, Cuitláhuac? ¿Qué te dio el ‘Coco’ para que lo protejas tanto? ¿A poco sí se creen esa mamadas que ya no está en Poza Rica ‘El Wacho’?

“Por órdenes del ‘Coco’ es que tenían los cuerpos congelados desde hace mucho tiempo.

“Cuando la ciudad ya es nuestra, nosotros andamos operando 24/7 sobre la idea pues es a lo que venimos”.

Tras lanzar amenazas a otros criminales, sentencian:

“Los de CFE con sus diablitos y Pemex apoyando con los contratos y el líquido”.

Cuitláhuac García sólo finge. Simula cero tolerancia. Simula que el morenismo tiene un plan de seguridad. Y pregona que la inseguridad cede.

No es así. Su policía, el Cártel de la SSP, actúa como los cárteles. Sus jefes levantan —caso Archi— y desaparecen, y luego sus víctimas son halladas sepultadas clandestinamente. Y todas las mantas hay nombres de jefes policíacos coludidos con los delincuentes.

El gobernador finge y oculta cuántos criminales ya no son zetas ni miembros del CJNG. Y cómo se creó el Cártel Nuevo Veracruz, del que nadie habla pero es el más poderoso.

Mientras, lo acusan del proteger al “Coco”, el que mutiló y congeló los cuerpos en Poza Rica.

Archivo muerto

“Un convoy de seis camionetas se nos cruzaron con armas largas, le apuntaron a la gente y a mí, sin decirnos nada”. Y el Güero Velasco no salía de su asombro, y de su ira. Una patrulla cerró el paso al vehículo del aspirante presidencial. De las otras unidades descendieron varios policías. Rodearon la camioneta del aspirante presidencial del Partido Verde que ese día, el viernes 18, se fue de Veracruz, no morado sino verde de coraje. Lo mismo ocurrió con los otros vehículos de su comitiva. Salía de la ciudad y se dirigía a Acayucan cuando la Policía de Cuitláhuac García lo encañonó. Su evento fue lo de menos. Nada tiene el Partido Verde Ecologista de México en Coatzacoalcos, como no sea el uso de una franquicia para pepenar espacios y candidaturas, siempre en alianza con el PRI y ahora con Morena. Fue a inaugurar la sede municipal del PVEM en medio de un desorden total. Tuvo que elogiar a Amado Cruz Malpica, cuya gestión es la peor en años, plagada de raterías, extorsión a constructores, dispendio, vida fifí de la familia real, o sea, Amado, su esposa y la parentela, y un insultante nepotismo que, por supuesto, implica violación a la Ley Orgánica del Municipio Libre. Y ya como despedida, la corcholata verde, Manuel Velasco, fue víctima del Cártel de la SSP. Fueron 30 minutos de revisión, como si los policías no tuvieran información específica sobre qué personajes políticos llegan al puerto, si arriban por aire o por tierra, en qué vehículos se mueven, qué eventos encabezan, qué información generan. Todo está en la agenda de Seguridad Pública de Veracruz, vía los informantes que infiltra la SSP en todo evento. Los “orejas” informan con detalle. Los “orejas” envían fotos, textos, videos. Son procesados en tarjetas informativas. Todo en tiempo real. Era imposible que el Cártel de la SSP desconociera que en ese convoy viajaba Manuel Velasco Coello. El parte informativo de la SSP es una absoluta idiotez. Se escudan diciendo que las camionetas tenían vidrios polarizados. La imbecilidad se cuenta sola. La SSP tuvo las características de las camionetas, marca, color, placas, desde que Manuel Velasco llegó a Coatzacoalcos. Sabían la identidad del personaje que viajaba en su interior. Y aún así, lo encañonaron. Encañonaron a un senador. Encañonaron a un aspirante presidencial. El incidente fue un calentón de Cuitláhuac García, desgobernador de Veracruz, y del sátrapa Eric Cisneros, alias Bola 8, alias secretario de Gobierno. Y el calentón también atrapa a Rocío Nahle porque lo ejecutaron sus esbirros… Al final, Rogelio Franco venció a Cuitláhuac García, a su perversidad, a su paranoia. Logra su libertad tras 15 amparos, 10 delitos imputados y seis procesos penales, dos años y medio tras las rejas. La justicia federal absuelve al ex secretario de Gobierno de Veracruz, el preso político número uno del gobernador morenista. A Rogelio Franco Castán no le pudo probar ni el delito de ultrajes a la autoridad, ni la asociación delictuosa, ni el desvío de recursos, ni el abuso de autoridad, ni la violencia intrafamiliar. Difamado en todos los frentes, ganando amparo tras amparo, Franco venció a Cuitláhuac y a la inquina de la fiscal Verónica Hernández Giadáns, y a la insidia venenosa de Eric Cisneros, el mal llamado secretario de Gobierno morenista sobre el que hasta el Ejército ha acreditado que protege a grupos delincuenciales. Franco Castán salió de la prisión de Pacho Viejo la noche del viernes 18, luego de horas y horas de trámites hasta que el régimen represor de Cuitláhuac García ya no pudo más. Se le varió la medida cautelar a prisión domiciliaria. Desde ahí continuará su defensa. Llegó a su hogar. Lo recibieron sus hijas, su madre, sus amigos, los leales que estuvieron a su lado siempre, que no cejaron ni desistieron, que alzaron la voz y marcharon por las calles. Convertido en el rehén político de Cuitláhuac, su libertad vale oro. Es un golpe demoledor al uso arbitrario, cruel y demencial del poder por parte de la pandilla que mal gobierna a Veracruz… Con la venia, o no, de Rocío Nahle, los emisarios de Juan Carlos Fong colocan un espectacular en terreno ajeno. Y son alevosos. Y abusivos. La mañana del sábado 19, se erigió un espectacular con las siluetas de Claudia Sheinbaum y Rocío Nahle, ella con su casco de pseudopetrolera, y las leyendas “En Veracruz es tiempo de las mujeres”, “En Veracruz, en la encuesta, Claudia es la respuesta”. Los obreros trabajaron a mil por hora. Colocaron zapatas de concreto bajo tierra, que son el soporte de la estructura metálica donde se fijó la lona con la imagen de las dos divas políticas. El terreno de 4 mil metros cuadrados es propiedad de Fernando Hernández Hernández y lo acredita con su boleta predial expedida por el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Año con año paga más de 30 mil pesos de impuesto. Oficialmente, Fernando Hernández es el propietario del terreno, ubicado sobre el malecón costero, frente a la Paloma de la Paz, casi esquina con avenida Las Palmas, fraccionamiento Paraíso. La escritura pública confirma su calidad de propietario. El antecedente de esa escritura sirvió al ex alcalde Edel Álvarez Peña para que una de sus empresas fachada se hiciera dueña, en juicio civil, del megaterreno ubicado a unos metros de Soriana, cuya mitad hoy ocupan La Parisina y Office Depot. ¿Quién colocó el espectacular de las divas políticas, Claudia Sheinbaum y Rocío Nahle? Los trabajadores señalan al arquitecto José Juan Ríos, y éste a Juan Carlos Fong Cortés. Y ahí está la punta del hilo. Y ese hilo lleva a Dos Bocas. A Fong Cortés, integrante del consorcio Huerta Madre, le correspondió el primer contrato del proyecto de la refinería Olmeca, que Rocío Nahle aún no entrega y que lleva un año dos mes de retraso. Fong se hizo de 5 mil millones de pesos por acondicionar el terreno en que se erige la refinería. Es un trabajo deficiente, razón por la que se inunda cada vez que llueve. Pero Rocío Nahle lo consiente y lo solapa. Fong y el compadre de Nahle, Arturo Quintanilla Hayek, son algo así como uña y mugre, participando hasta en pujas para agenciarse terrenos en remate. Hoy, según los trabajadores, es el que hace colocar el espectacular de Sheinbaum y Nahle en el malecón de Coatzacoalcos, pero lo hace en un terreno que tiene dueño, Fernando Hernández. ¿Y el alcalde Amado Cruz Malpica qué acción toma? Ninguna. Es el cómplice mayor de Nahle y su clan, así esté violando la ley. Aún no llega Nahle y sus sapos ya andan robando terrenos. Seguimos… Hay 200 sindicalizados en vías de pensionarse y Gersaín se frota las manos. Son plazas bien cotizadas, que reditúan millones. Son plazas que se venden en cifras de tres dígitos, léase miles de pesos cada una. El negociazo tiene un plus: las plazas se colocarán entre afines al regidor Gersaín Hidalgo Cruz, dueño del SUEM —Sindicato Único de Empleados Municipales—, sobre quien caen epítetos que van desde traidor genético —porque así es su ADN— hasta abyecto y servil al alcalde de Coatzacoalcos, Amado Cruz Malpica. A la par, Gersaín, vía el líder formal del SUEM, Francisco Díaz, pasa a retiro a una buena parte de sus adversarios incómodos, que antes le fueron leales, aprovechando que ya están en edad de retiro. O sea, es un negocio de tres bandas: cobran las plazas, los que las ocuparán son de los agradecidos sin dignidad y se deshace de quienes le causaban migraña. Vaya, pues, con la buena suerte del alcalde Amado Cruz Malpica, un abogado laboral prestigiado. Se encontró en el camino con un líder marrullero que le sirve para evadir los conflictos en Conciliación y Arbitraje, atizando la ambición del líder mentecato, “regidor lacayo, advenedizo, sin moral” y otros epítetos alzados de tono que le sueltan sus detractores. Gersaín le hace la chamba sucia a Amado. 200 plazas, cotizadas en miles, se vuelven millones. Ni sombra del Gersaín que defendió a su gremio, que marchó por las calles, que increpó al ex alcalde Víctor Carranza, que le dijo al padre Nicandro en la catedral de San José que el edil no salía de la iglesia porque era un “come santo y caga diablo”, aquel que cerró los accesos a Coatzacoalcos, que bloqueó el paso de vehículos en el túnel sumergido y que amagó con quemar el palacio municipal. Aquel sí era líder. Este Gersaín se volvió rufián…

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Foto: La Info de Veracruz