Caso Del Río Virgen: ni así deja López Obrador de solapar a Cuitláhuac 

Andrés Manuel solapa a Cuitláhuac y Cuitláhuac tripula a la fiscal espuria. Y juntos, los tres, confinan tras las rejas a José Manuel del Río Virgen, imputándole un crimen que no cometió, exhibiéndolo como el homicida que no es.

Ya libre, Del Río oye palabras con tufo a pantano, la perorata sucia del gobernador, la amenaza velada, la inquina que no da tregua, el amago de volverlo a enjuiciar, la ira de un demente, y en el fondo, la impotencia por una venganza que se esfumó.

Ya libre, escucha el recital de la marioneta de palacio, Verónica Hernández Giadáns, que se ciñe al guión, que encarcela por encargo, que reprime porque ella es así.

“La sentencia emitida no exonera a José Manuel ’N’ ” —aduce la fiscal espuria—. Tampoco afirma que haya sido privado de la libertad de manera ilegal”.

O sea, el amparo otorgado por el juez federal, Jesús Arturo Cuéllar Díaz, confirmado por el Tribunal Colegiado, es ignorado y lo deslizan por su zona oscura, donde todo huele mal.

Y López Obrador, el artífice de este clima de atropello a la ley que se vive en Veracruz, vuelve a cobijar al gobernador. Es el cómplice ideal. Cómplice marca 4T.

“Cuitláhuac es incapaz de fabricar culpables”, vocifera desde su cuna de lobos, su atril de poder.

Es capaz de eso y más.

Acá, José Manuel del Río Virgen pone un pie fuera de Pacho Viejo y sabe que la pesadilla no ha terminado aún. Es, si acaso, un respiro.

Sabe que quebró a Cuitláhuac. Y a Eric Cisneros. Y a la fiscal Verónica Hernández Giadáns. Y al Poder Judicial de Veracruz.

Sabe que de paso jodió a López Obrador evidenciando que su protegido, Cuitláhuac, la vedette de Macuiltépetl, sólo sirve para imponer un estado de terror, encarcelando inocentes, amedrentando a la sociedad, atestando las cárceles de presos políticos.

Los tres —AMLO, Cuitláhuac García y la fiscal espuria— son responsables de un encarcelamiento ilegal. Uno por solapar al gobernador, dándole alas, mostrándolo como ejemplo nacional; el gobernador por fraguar una venganza contra el senador Ricardo Monreal, amigo y jefe de Del Río Virgen, y Verónica Hernández Giadáns por ser la mano ejecutora de esta bestialidad.

Nada en esta trama es judicial, aunque lo parezca. Es un thriller político. Es un duelo de habilidades y mensajes. Es un duelo de poder. Y Monreal los reventó.

Aquel 22 de diciembre, cuando la camioneta de José Manuel del Río Virgen fue interceptada, él aprehendido, su familia quedando impactada, el caso judicialmente estaba perdido.

La fiscal espuria espulgó entre las telarañas de su mente truculenta y halló pura viruta, aserrín legal. No había un testigo que señalara a Del Río Virgen. No hubo una pista que configurara la autoría intelectual del homicidio de Remigio Tovar Tovar, el malogrado candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Cazones. Nada tenía y aún así lo aprehendió.

Le imputó un delito que nunca le probaría. Le arrimó un delito sin agarradera legal. No había pruebas. Y así retuvo en la prisión de Pacho Viejo al secretario técnico de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, el número dos de Ricardo Monreal y amigo y operador de Dante Delgado, líder nacional de Movimiento Ciudadano, su mentor.

Monreal, que cuando pega, duele, tomó un caso explosivo: el encarcelamiento de cinco jóvenes xalapeños a quienes se les inventó el delito de ultrajes a la autoridad. Logró que los liberaran.

Luego ocurrió la aprehensión de José Manuel del Río Virgen, sus 177 días en la cárcel, el amparo que advirtió que quedaría libre, los pataleos de Cuitláhuac, la confirmación del Tribunal Colegiado, las nuevas rabietas del gobernador, la libertad y el amago de lo que volverán a encarcelar así violen la ley.

El thriller es político. El móvil, la venganza contra Monreal. Lo legal es pieza de sanitario.

Cuitláhuac García es un badulaque de mente chueca. A Del Río Virgen le lanzó la maquinaria, los verdugos, los cómplices, una fiscal marioneta, ministeriales arbitrarios y un juez de consigna que lo vinculó a proceso sin prueba alguna.

No supera que Monreal haya dimensionado el abuso de autoridad, que lograra una condena del Senado, que se investigara la violación a los derechos humanos y que Dante Delgado haya planteado la desaparición de poderes en Veracruz.

Y de no ser por el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, al someter a la bancada de Morena en el Senado, ya no sería gobernador. La comisión especial que investigaría los atropellos a la ley se desintegró, pero Monreal no soltó.

La estocada llegó desde el Poder Judicial Federal, el 9 de marzo. Ahí, el juez Jesús Arturo Cuéllar Díaz concedió el amparo a favor de Del Río Virgen con una argumentación demoledora.

“No hay algún señalamiento directo en contra del imputado como autor de los hechos. Tampoco de forma indirecta se obtiene información en ese sentido, pues los datos de prueba relatados por la Fiscalía no relacionan al quejoso con el evento por el cual se dio esa privación de la vida; y los hechos que se destacan como indicios tampoco permiten inferir de forma lógica la participación del quejoso en la comisión del hecho”.

Ese día, Cuitláhuac enfureció. Irascible, atacó al juez federal:

“Resulta deplorable la actitud del juez federal Jesús Arturo Cuéllar Díaz que determinó, que sin importar las pruebas ni el análisis que de ellas pueda hacerse, Juan Manuel ‘N’ sea un político intocable porque tiene amigos influyentes en el Senado y a esos políticos no se les vincula a sus delitos”.

Pero vendría lo peor. El Tribunal Colegiado por mayoría confirmó el amparo. O sea, determinó que no hay evidencia que vincule a Del Río Virgen con el crimen de René Tovar.

La reacción del gobernador ahora es cobarde. Ya no despotrica. Envía a la fiscal Verónica Hernández a confrontar al Poder Judicial.

“La sentencia emitida no exonera a José Manuel ’N’ —aduce—. Tampoco afirma que haya sido privado de la libertad de manera ilegal”.

Advirtió que el caso sigue, que llegarán más allá, que darán con los culpables. O sea, les vale el amparo otorgado por el juez federal.

Del Río Virgen les responde en tres frases: el amparo sí lo exonera, deberían ofrecerle una disculpa pública a él y a su familia, y Cuitláhuac lo mantuvo secuestrado 177 días.

Su caso es el retrato de una pandilla con rasgos delincuenciales ejerciendo el poder sin freno. A diario tuercen la ley. A diario atropellan. A diario fabrican culpables, inventan delitos, crean asesinos. Y a los verdaderos pillos les conceden impunidad.

Cuitláhuac, dice Andrés Manuel, seria “incapaz” de fabricar culpables para fabricar adversarios.

Ahí radica el cáncer de Veracruz. La vedette es un tirano porque se sabe protegido, encubierto, solapado por López Obrador. Al fin y al cabo, a los dos les gusta violentar la ley.

El caso Del Río Virgen desnuda a todos. A López Obrador por solapar y encubrir a Cuitláhuac; a Cuitláhuac por usar la ley para reprimir, violar derechos, tener presos políticos, agraviar a la sociedad e implantar un clima de terror; a Eric Cisneros y sus consejos de perseguir, amenazar y encarcelar, y a la fiscal espuria por ser el brazo ejecutor.

“No me vengan con que la ley es la ley”, vocifera López Obrador en el circo de las mañanas.

Y la vedette interpreta el sermón. Hay que inventar asesinos.

Archivo muerto

Veracruz, siempre adelante. Veracruz en tercer lugar con mayor número de grupos criminales. El líder es la ciudad de México, feudo de la corcholata mayor, Claudia Sheinbaum, y sede del poder federal donde (des)gobierna Andrés Manuel López Obrador. Son 51 bandas delictivas en la CDMX; 15 en Guerrero; 13 en Veracruz, empatado con Morelos; 12 en Chihuahua, y 11 tanto en Sinaloa como en Estado de México. Son cifras del Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Pero hay que oír a la vedette Cuitláhuac García, gobernador de Veracruz, y al secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, el Arturo Bermúdez del morenismo—, vociferar que tenemos los mejores récords en combate a la violencia. Si así fuera, los grupos criminales no existieran o hubieran migrado a otras entidades… Así que la élite de Amado Cruz Malpica se cotiza bien. Ganan como si fueran habitantes de una torre de oro, eficaces y decentes. Y no lo son. Y no dan una. No resuelven lo más elemental. Se les fueron seis meses afinando el violín y a ese paso se les terminará la audición. Pero la beca no se desprecia. Unos, los jodidos, perciben 20 mil pesos al mes. Por no hacer nada, hasta demasiado es. Otros, los machuchones de Amado, ganan entre 40 y 55 mil pesos mensuales. Es la élite guinda, una sarta de inútiles que poco hacen y cuando se esfuerzan, lo hacen mal. Y también hay “aviadores” (ver: https://bit.ly/3OrCnh2)… Siempre agudos, filosos, atinados, nada dejan pasar Claudia, Armando y Edgar. Si brillan con su pluma, su estilo propio, la evidencia, el arrojo y el valor en sus columnas, igual de certero es su análisis en la mesa de los martes en Línea Caliente. Ahí se desmenuzan los andares de un gobernador sin brújula, las trapacerías de un gobierno con las uñas igual de largas que las de Javier Duarte, las obsesiones delincuenciales de Eric Cisneros, las limitaciones bárbaras de la oposición. Nada se les va a Claudia Guerrero, autora de Entre lo Utópico y lo Verdadero; Armando Ortiz, director de Libertad Bajo Palabra, y Edgar Hernández, titular de Línea Caliente, la columna y el espacio de debate en redes sociales. De ahí merecidísimo galardón que les otorga el Club de Periodistas de México por su calidad, su profesionalismo y la profundidad de sus comentarios. Un aplauso desde acá… Christopher Alan Santos ahora es más naranja. Asume la presidencia de Movimiento Ciudadano en Coatzacoalcos, el partido que apunta a ser el que defina la contienda electoral en 2024. Forjado entre priistas, director de Catastro con Joaquín Caballero Rosiñol, Christopher Alan Santos si algo entendió fue cómo crear estructuras políticas, grupos que se muevan a ras de piso, que ofrezcan gestión, que lo traduzcan en votos. Su otra arista es el deporte y el rescate de áreas verdes, lo que otros políticos dejan pasar. En ambos nichos está el potencial de Movimiento Ciudadano, el partido de Dante Delgado Rannauro, el que habrá de marcar la ruta de la alianza opositora en máximo siete meses más, cuando, dice el ex gobernador, habrá plataforma y virtual candidato, quizá con panistas pero sin el PAN, quizá con priistas pero sin el PRI, quizá con Luis Donaldo Colosio como su figura a la presidencia de México, quizá con Ricardo Monreal, lo que implicará el mayor quiebre en Morena de cara a la sucesión; quizá con Pepe Yunes en la contienda por el gobierno de Veracruz y con Juan Manuel Diez, alcalde de Orizaba, a su lado…

[email protected]

[email protected]

www.mussiocardenas.com

 

Fotos: Sol de Tijuana, El Dictamen, Plumas Libres, La Razón