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La derrota de Javier Duarte

 

* Pierde los cinco principales distritos  * Bringas temía al voto de castigo marcelista  * Fidel reventó en Boca del Río  * La votación de Erick  * Agresión a representante de Morena  * Rocío Nahle: en 2012, 70 mil votos y pierde  * A su lado el marcelismo, gana  * Escamotean pago a representantes priístas

 

Simulador, Javier Duarte proclama un triunfo abstracto, arrebatado, maltrecho. Dice que ganó. Y sí, ganó el PRI en 16 distritos electorales de Veracruz, como siempre, con sus trampas y su fraude. Pero las cinco joyas de las corona las perdió.

No ganó Xalapa Urbano, Veracruz, Boca del Río, Coatzacoalcos y Poza Rica, ahí donde se concentra el mayor poder político, capitales millonarios y la industria, el turismo y la más alta densidad de población, ventana al mundo, a los negocios, a la inversión.

Son las cinco joyas de la corona, las que Fidel Herrera Beltrán, su antecesor y mentor, mantuvo y retuvo, por las buenas o por las malas, y las que debió ceder, las regateó hasta el final.

Javier Duarte entregó Xalapa en 2012, al Partido de la Revolución Democrática, cuando la prosperidad comenzaba a desteñirse, a la vista su mal gobierno, su impudicia para el abuso, el cinismo para echar mano de los recursos públicos y en un alarde de magia desaparecerlos en un solo movimiento de mano.

Hoy, la debacle está ahí. Ganó el PRI 16 distritos electorales pero se le fueron enclaves de altísima relevancia.

Veracruz y Boca del Río siguen en poder del Partido Acción Nacional, aunque es de lo único que el vilipendiado panismo puede vanagloriarse pues tuvieron en sus manos Tantoyuca, Córdoba, Orizaba y Zongolica y los dejaron ir.

Xalapa Urbano, distrito sede de la capital de Veracruz, pasa a control de Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, que se posiciona en una sola elección, concentrando las vibras de los que repudian la violencia y la inseguridad, el secuestro y la extorsión, la impunidad y el atropello, la corrupción y la riqueza que no sólo es malhabida sino exhibida por la pandilla duartista.

Coatzacoalcos también es distrito para Morena, en parte por el voto de los indignados que repudian el desgobierno y el rezago social, el desempleo y el empleo mal pagado, la los levantones y la tortura, los mutilados, los sepultados en fosas clandestinas, el narco operando a todo vapor, los petroleros de los complejos petroquímicos amenazados con ser echados a la calle, y en parte por los rencores y venganzas entre priístas.

Poza Rica ya es del Partido de la Revolución Democrática. Golpe letal al feudo petrolero, al sistema represivo que obliga al trabajador a actuar como esclavo, a rendir pleitesía al líder en turno, descarada la explotación sindical, obvios los negocios de quienes dicen estar al servicio del gremio.

Son las cinco joyas de la corona que pesan por su potencial político, económico y social, por ser, por ejemplo Veracruz, Coatzacoalcos y Xalapa, los tres municipios con mayor presupuesto entre los 212 que componen la geografía veracruzana.

Boca del Río y Veracruz no solo son tradición. Representan más que un son, que un arpa y una jarana, que una pieza musical de Agustín Lara. Son el punto de referencia turístico del Golfo de México, con una impresionante capacidad hotelera, punto de atracción para mexicanos y extranjeros. Y la llegada constante de capitales.

Coatzacoalcos es polo industrial. Concentra en su territorio tres complejos petroquímicos, una terminal marítima industrial y otra comercial, la exportación de petrolíferos. Y en sus costas, un potencial petrolero próximo a explotar.

Xalapa es Xalapa. Es la sede del gobierno estatal, impensable perderlo en una elección. Denota la fortaleza de un gobernante, su capacidad electoral, el manejo de las estructuras para promover y defender el voto, para cooptar sectores de la población, para infiltrar a la oposición, atraer a sus líderes, desmantelar su capacidad de operación política. Si se pierde el distrito Xalapa Urbano, el gobernador se reduce a nada.

Perdidos, los cinco distritos clave reflejan el deterioro del proyecto duartista, la prosperidad que nunca llegó, salvo para los Spinoso, los Deantes, las Ginas, los Duartes, las Karimes, los Audirac, que han hecho de Veracruz un botín, saqueadas las arcas, armados los negocios con cargo al erario.

Ganó el voto de los indignados, los que no dejan pasar más abuso y atraco; ganó la oposición panista, morenista o perredista gracias también a la crisis del priismo, a la greña los militantes del PRI, confrontados, trabados en sus propios conflictos, incapaces de conciliar e incluso resentidos porque diciéndose dueños de la franquicia política, Javier Duarte no supo cómo desplazar y matizar. O sea, los echó y los escupió.

Todo se da en Javier Duarte, menos la seriedad. Acudió a votar con afanes provocadores. Vestía el gobernador de Veracruz, la mañana del 7 de junio, una chamarra blanca, en los brazos y cuello la estampa tricolor. No era la de la bandera nacional, ni los colores del PRI, sino los que distinguen a la Selección Mexicana de Futbol. Eso es no pensar.

Aporreado en las redes sociales, insultado, lo menos que se expresó ahí fue que el gobernador Javier Duarte es un personaje tramposo.

Desbordaba optimismo. Sonreía. Y horas después, cuando ya se sabía el tamaño de la debacle, Javier Duarte asumía el tono conciliatorio, la lección de la democracia en sus labios, el sentido de la reflexión, lo que se hizo bien y lo que hay que corregir, un llamado de atención a los partidos políticos porque al que hay que vencer es al abstencionismo.

Javier Duarte sabe que no ganó el PRI. Así tenga 16 distritos bajo su control, así regresen al escenario los fidelistas, Erick Lagos, Alberto Silva, Jorge Carvallo, Tarek Abdalá, María del Carmen Pinete, Fidel Kuri, hay cinco distritos clave que no son del PRI.

Falló ahí la operación política, la audacia para incrementar la intención de voto, la habilidad para conciliar entre priístas, cirugía mayor para restañar heridas, capacidad para menguar la fuerza de la oposición o la rudeza para someter a las fuerzas priístas en rebeldía.

Javier Duarte fue derrotado en Xalapa, Veracruz, Boca del Río, Coatzacoalcos y Poza Rica. Lo venció la oposición. También lo derrotó el desaseo con que armó candidaturas.

Reciclar cartuchos quemados trae broncas y conflictos.

Elizabeth Morales García no se llevó el palacio municipal de Xalapa porque no lo pudo cargar, pero por intención no paró. Goza de espíritu inmobiliario; de ahí que coleccione casas y mansiones. Usó la nómina para darle chamba a las chicas de su harem. Y así la hizo candidata el PRI.

Es el caso de Carolina Gudiño Corro, impuesta como alcaldesa de Veracruz, de pésimo historial, improvisada como presidenta del Congreso estatal, sin talento, o sí, buena para los negocios con el erario.

Otra reina de belleza, egresada del Carnaval de Veracruz, inventada como política. Ella es Anilú Ingram. Lupis con trabajo pronuncia un buenos días y ya la querían que condujera las sesiones de la Legislatura estatal. Un desastre fenomenal, de risa, de antología circense. Y de ahí a candidatura a diputada federal. Qué importa si firmó ante notario que no dejaría de ser diputada local. La mentira también se goza. Y burla al pueblo no tiene comparación.

Perdió Rafael García Bringas en Coatzacoalcos. Lo acabó Morena, pero sobre todo Marcelo Montiel, acérrimo rival, que no operó en campaña, presente sólo el día de la elección para dar línea en contra, voto de castigo. Y se gestó la derrota.

Sólo Javier Duarte puede creer que ganó. Lo cantan sus corifeos. Y el iluso que se lo cree. Pudo ganar el 16 distritos, pero sin las cinco joyas de la corona, de nada vale.

Mientras, Javier Duarte simula que está feliz.

 

Archivo muerto

 

Viernes 27 de marzo. Departía Rafael García Bringas, la sonrisa en los labios, la broma ocurrente, la gesticulación, afable el candidato del PRI a la diputación federal por el distrito de Coatzacoalcos. Variaba el ánimo, que iba del optimismo a la preocupación. Sorbía el café en céntrico restaurant italiano. Si la oposición se reparte el voto antipriísta, no crece, escuchó. “Toco madera”, dijo García Bringas. Confiaba en que no se polarizara el voto en un solo adversario, como finalmente ocurrió con Rocío Nahle. “Toco madera”, volvía a decir. Pero cuando se le advirtió que si Marcelo Montiel operaba con su estructura, si enviaba señales, si ordenaba votar en contra, la derrota era inminente. Y García Bringas admitió. Dice ahora García Bringas que no salieron a votar los priístas, que no acudió a las urnas el voto duro del PRI, y que no hubo fuego amigo. Le faltó decir que exculpa de todo pecado a Marcelo Montiel Montiel, su acérrimo enemigo, a quien le robó la candidatura para su pupilo y operador, Víctor Rodríguez Gallegos. Ahí, en esa mesa en que degustaba un café, García Bringas concedía: si se mete Marcelo Montiel no hay nada que hacer; con el voto de castigo gana la oposición. Y así fue. Fuego amigo, traición marcelista, que de no haberse dado, habría cerrado la contienda y quizá hoy Morena no cantaría el triunfo. Era la una de la tarde, el viernes 27 de marzo, cuando Rafael García Bringas esbozó que el marcelismo lo podía derrotar… Fue por lana, por una victoria en territorio yunista, y Fidel Herrera Beltrán regresó trasquilado. De su ahijada política, Carolina Gudiño Corro, no quedó ni el recuerdo. Boca del Río fue su tumba, repudiada su candidatura a diputada federal, repudiado Fidel, el ex gobernador que endeudó criminalmente a Veracruz. ¿Tenía caso ir al feudo de Miguel Ángel Yunes Linares, a jugar una diputación, pero sobre todo, a intentar definir la próxima gubernatura? Si esa fue la intención, Fidel Herrera no tiene nada que hacer en el proceso de sucesión de 2016. Su operación política fracasó. Lo barrió Yunes. Despedazó su proyecto. Acabó con lo que alguna vez fue Carolina Gudiño, relegada a la tercera posición, mitad por ser la punta de lanza del fidelismo, mitad por su desastroso paso por el conurbado municipio de Veracruz, donde también hizo de las suyas. Quiso derrotar Fidel a su acérrimo enemigo y su enemigo, Miguel Ángel Yunes, lo masacró… Dijo Javier Herrera Borunda, hijo de saben quién, que Erick Lagos Hernández obtendría la mayor votación en la historia del distrito de Acayucan. Y así ocurrió. El Terrible Erick logró 72 mil 93 votos, según el PREP, contra 11 mil 309 votos de la candidata de Morena, Janix Liliana Castro Muñoz. Fue la mayor votación en todo Veracruz. Seguro ahora se dirá que Erick Lagos será el coordinador de la bancada priísta veracruzana en la Cámara de Diputados y potencialmente el aspirante número uno de la fidelidad al gobierno de Veracruz, en 2016… Deleznable, la agresión a David Esponda Cruz. Había sido representante del Movimiento de Regeneración Nacional en la casilla 4724, en Lomas de Barrillas, al poniente de Coatzacoalcos. Lo conminaron a “hacerse tonto” mientras se registraba la votación, pero desoyó a los mapaches. Concluyó la elección, el triunfo para Rocío Nahle, candidata de Morena. Cuatro sujetos irrumpieron y lo agredieron ferozmente, golpeándolo en rostro y cuerpo, pateado a mansalva. Huyeron los agresores y minutos después llegó el consejero Noé García Onofre y miembros del equipo cercano a la candidata Rocío Nahle. Uno de los golpes le provocó un impresionante hematoma en el ojo izquierdo. Pero David Esponda dice que no se intimida ni se arredra, que el objetivo de cuidar el voto de Morena se cumplió… Lo que es una elección intermedia. Gana Norma Rocío Nahle García en Coatzacoalcos con 38 mil 433 votos, contra 25 mil 721 del priísta-verde, Rafael García Bringas. Son cifras del PREP con el 94.22 por ciento de las actas contabilizadas. Cifras definitivas y contundentes, que obligan a la comparación. En la elección de 2012, elección presidencial, con Andrés Manuel López Obrador en la boleta electoral, Rocío Nahle, entonces el PRD, obtuvo 65 mil 204 votos, que no le alcanzaron para vencer al candidato del PRI, Joaquín Caballero Rosiñol, quien registró 72 mil 516 sufragios. Nahle fue arrastrada por el efecto López Obrador, y de ahí su altísima votación, pero insuficiente ante el embate de la maquinaria marcelista que respaldó a Joaquín Caballero, que obtuvo casi 47 mil votos más que los que ahora generó García Bringas. Hoy es a la inversa. Marcelo Montiel, el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, no operó a favor del PRI, sacó las manos en campaña, dio línea en contra a operadores y promotoras y cayó el PRI. Si Marcelo Montiel hubiera impulsado la votación a favor de García Bringas, Rocío Nahle no habría pasado, como en 2012. Cuestión de cifras y de circunstancias… A ellos también les hicieron fraude. Son los representantes de casilla del PRI, en Coatzacoalcos. Les ofrecieron entre 2 mil 500 y 3 mil pesos por vigilar el proceso electoral, la emisión del voto, el escrutinio, y al final de la jornada les salieron con que el pago sería de mil pesos. Se quejan que además el INE excluyó a los segundos propietarios priístas, violando la ley, presuntamente por un acuerdo de consejo. Sería el domingo 7 un día productivo. No cualquiera gana semejante cantidad por vegetar un rato. Pero al PRI le salió lo mañoso, lo que es, ahora con los suyos. Había recursos, un fondo para sufragar el pago de los representantes del PRI en las casillas, los llamados rc, pero el dinero llegó rasurado o no llegó…

 

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